La noche del lunes al martes, Rusia volvió a aprovechar la escasez de defensa aérea en Kiev para lanzar otro ataque concentrado en la capital. “Dos misiles balísticos Kn-23 y cuatro misiles de crucero hipersónicos Zircon tuvieron como objetivo Kiev, mientras que cuatro misiles balísticos Kn-23 impactaron en la ciudad de Zaporozhie. Por primera vez en semanas, se han disparado misiles interceptores Patriot PAC-3 desde Kiev para intentar derribar los misiles Kn-23. Se han observado al menos cuatro lanzamientos”, escribió AMK Mapping al informar sobre el bombardeo. Horas después, Bloomberg confirmaría lo que las cuentas de seguimiento en directo de la guerra ya habían percibido. “Ucrania ha dejado de informar sobre el número de misiles lanzados por Rusia durante los ataques, al tiempo que sigue pidiendo ayuda a sus aliados para reforzar sus defensas aéreas”, indicaba el medio, que añadía que “aunque las Fuerzas de Defensa Aérea afirmaron que durante la noche se derribaron 98 de los 120 drones rusos, omitieron los datos sobre el número de misiles lanzados. Esto se produce días después de que dejaran de informar sobre las interceptaciones de misiles balísticos, tras un ataque de la semana pasada en el que Ucrania no logró detener ninguno de los 28 proyectiles.
Según el artículo, “las Fuerzas de Defensa Aérea han cambiado su formato de información como medida de seguridad en respuesta a los ataques rusos”. El motivo de seguridad es proteger el discurso de triunfalismo a base de no tener que admitir la enorme superioridad rusa en un aspecto, la guerra aérea, en el que Ucrania se ha jactado de sus capacidades. Mientras Fire Point presume de sus misiles del futuro y saca pecho sobre los Flamingo, que Rusia cada vez derriba con más frecuencia, Zelensky y sus aliados -entre ellos la prensa occidental- continúan suplicando ayuda urgente.
“Cuando regresé de cubrir la invasión a gran escala de Rusia a Ucrania en 2022, Washington respaldó inequívocamente y con vehemencia a Kiev y condenó a Rusia. Legisladores de ambos partidos prometieron ayuda «el tiempo que sea necesario». Ahora, cuando Rusia ha encontrado una nueva forma de arrasar el país, Estados Unidos está virtualmente desaparecido. Los fundamentos de la guerra no han cambiado. Solo la política, exacerbada ahora por el vaciado de los depósitos de municiones de Estados Unidos”, escribió hace unos días el periodista de CNN Jim Sciutto. La retórica de Sciutto es la tónica general de todo un establishment político y mediático que denuncia que Washington ha abandonado a Kiev a su suerte porque aspira a llegar a un acuerdo con Rusia que deje a Ucrania a merced de su enemigo.
El supuesto desinterés estadounidense por Ucrania que los medios predican constantemente choca con la realidad. “Según expertos que llevan mucho tiempo siguiendo de cerca la situación en Ucrania, la relación de intercambio de información entre Estados Unidos y Ucrania ha vuelto a alcanzar los niveles máximos anteriores, lo que supone un impulso muy bienvenido en un momento crucial para el esfuerzo bélico ucraniano”, explicaba la semana pasada Politico. La colaboración de inteligencia es imprescindible para Kiev a la hora de detectar objetivos en la Federación Rusa, una forma de asistencia militar tan importante como las armas y que pasa desapercibida, especialmente cuando la fidelidad a una causa se mide únicamente en armas.
Sin embargo, Estados Unidos sigue siendo el principal proveedor de armas de esta guerra, incluso a pesar de la priorización de sus necesidades y las de sus aliados para la guerra contra Irán. “La razón por la que las municiones están bajas es porque Biden dio 300.000 millones de dólares a Ucrania. Nunca les gusta mencionarlo. Ahora, yo también doy a Ucrania, pero tienen que pagar. Me refiero a la Unión Europea, no trato directamente con Ucrania. Se lo doy a la Unión Europea. Ellos tienen dinero y pagan el dólar completo”, ha comentado esta semana Donald Trump, que se reafirma en su postura de no ofrecer asistencia militar a Ucrania, pero poner al servicio de los países europeos el complejo militar industrial estadounidense para que sean los países europeos los que enriquezcan a la oligarquía norteamericana y suministren muerte y destrucción para la guerra.
Hace más de un año que Washington no aporta asistencia a fondo perdido a Ucrania y se limita a vender armamento a los países de la OTAN, que a su vez lo trasladan a Ucrania. De ahí que Trump siga insistiendo en la cifra que dio inicialmente, 300.000 millones de dólares, y no haya aumentado aún más esa mentira. Según el tracking del Instituto de Kiel, la ayuda bilateral entregada por Estados Unidos a Ucrania asciende a 115.930 millones de euros frente a los 181.370 entregados por la Unión Europea, sus Estados miembros y otras instituciones europeas, una cifra que incluye asistencia militar, financiera y humanitaria que ya ha llegado a Ucrania. En lo que respecta a la asistencia militar propiamente dicha, la asistencia europea (79.170 millones de euros) también supera ya a la estadounidense (64.620 millones de euros), todo ello sin añadir la aportación del Reino Unido, que pese a no ser miembro de la UE, va de la mano de Bruselas en esta misión común. Londres ha aportado 21.300 millones de euros en total, 16.190 de ellos en asistencia militar. A diferencia de Estados Unidos que, más centrado en el envío de armas, siempre comprometió su aportación a corto plazo -y, por lo tanto ha llegado a Ucrania prácticamente en su totalidad-, la UE ha adquirido compromisos a largo plazo. La asistencia total comprometida por Estados Unidos asciende a 118.960 millones de euros (137.255 mil millones de dólares), lejos de los 300.000 a los que constantemente se refiere Trump y también de los 326.760 millones de euros comprometidos por los países europeos, principal soporte del Estado y el ejército ucraniano.
«¿Ucrania está sola»? La UE paga el presupuesto estatal civil completo de Ucrania y parte del presupuesto militar, y esto sin contar las armas proporcionadas por países de la UE a Ucrania ni los datos de inteligencia occidentales ni cómo el territorio europeo ahora funciona como profundidad estratégica ucraniana”, comentó la activista Almut Rochowanski en respuesta a una de las muchas quejas mediáticas sobre la soledad de Ucrania por parte de un analista. La UE y el Reino Unido siguen dispuestos a invertir en armas estadounidenses para la guerra, pero el mercado ha de dar esas opciones. Actualmente, como informaba ayer Politico, “Europa se está quedando sin misiles Patriot mientras Ucrania se prepara para los ataques invernales de Rusia. La nueva producción llegará demasiado tarde, las reservas estadounidenses están al límite y los principales donantes afirman que disponen de pocos misiles interceptores de reserva”.
“Europa y Estados Unidos son como una pareja divorciada que está en la ruina y ahora discute sobre quién es responsable de las compras de vuelta a la escuela de su hijo”, comentó la historiadora ucraniana Marta Havryshko. Ante la dificultad para conseguir de sus aliados occidentales las cantidades deseadas de munición para los sistemas Patriot, Zelensky busca otros socios a los que apelar. El intento ucraniano de ampliar miras y lograr armas de terceros países no es nuevo. Zelensky no perdió el tiempo y viajó a Oriente Medio para presentar los interceptores ucranianos como los salvadores de los cielos de los países árabes aliados de Estados Unidos en su lucha contra Irán. Aunque esas armas no habían protegido excesivamente a Ucrania el pasado invierno, el presidente ucraniano, espoleado por un discurso mediático que hacía de ellas las nuevas wunderwaffe que todo el mundo desearía, intentó conseguir un trueque: interceptores ucranianos por munición para los sistemas Patriot, una jugada imposible incluso para Zelesnky, acostumbrado a lograr todo lo que pide.
La situación en Oriente Medio, con la cronificación del peligro y perpetua amenaza de reanudación y endurecimiento de la guerra, imposibilita a Zelensky insistir en ese intercambio a los países árabes. Entre las demás opciones de Ucrania destacan dos. “A menudo nos preguntan por Israel. A nosotros también nos gustaría que nos proporcionaran sistemas de defensa aérea. Estaríamos dispuestos a comprarlos. De momento, no tenemos esa posibilidad, aunque estamos en conversaciones”, afirmó el presidente ucraniano en Belgrado. Zelensky está dispuesto a pagar por el Iron Dome, se entiende que con la asistencia financiera que aporta la Unión Europea. Pero la medida estrella de Ucrania esta semana es insistir en el factor norcoreano.
“Rusia está utilizando misiles norcoreanos para atacar Ucrania, afirma Zelensky”, titulaba ayer la BBC pese a que se sabe que los misiles que Ucrania no alcanza a derribar son rusos. Sin embargo, el argumento es útil para advertir a los países vecinos de la República Popular de Corea de que la participación en la guerra de Ucrania está suponiendo un aprendizaje que posteriormente podría utilizar en el teatro asiático. En su línea de ofrecer respuestas simples a problemas complejos -o imaginarios-, el líder ucraniano da a Seúl la posibilidad de evitar los peligros del futuro apoyando a Ucrania a derrotar a Moscú y Pyongyang.
“En mi opinión, la República de Corea debería estrechar su cooperación con Ucrania. Estamos abiertos a ello. Nos gustaría mucho recibir apoyo de Corea del Sur en un ámbito en el que tenemos carencias. Me refiero a los sistemas de defensa aérea”, afirmó Zelensky en una entrevista emitida el pasado sábado, ofreciendo a Seúl el privilegio de apoyar a Kiev. La respuesta coreana se ha limitado a insistir en que “el Gobierno ha ofrecido apoyo a Ucrania en diversos sectores, entre ellos la energía, las infraestructuras, la sanidad y la educación, y seguirá estudiando medidas para ayudar a Ucrania a recuperar la paz y a reconstruirse”. Es previsible que la decepción no provoque la renuncia a conseguir que Seúl, como Israel o los países árabes si se normaliza la situación en Oriente Medio, ofrezcan a Ucrania la asistencia que les exige.
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