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Donbass, Ejército Ucraniano, Minsk, Poroshenko, Rusia, Ucrania, Zelensky

El día del conocimiento

Como las demás repúblicas exsoviéticas, Rusia y Ucrania celebraron ayer el primer día del nuevo curso escolar, una fecha generalmente conocida como el Día del Conocimiento y que en las dos capitales se produjo ayer como un símbolo de resiliencia. En el contexto de la actual guerra, con una situación cronificada de conflicto militar en una preocupante fase de escalada que afecta directamente a las grandes ciudades, el primer día del curso fue muy diferente al de otros años, especialmente en Kiev. Sin la munición necesaria para sus sistemas Patriot, Ucrania comenzó en julio una ofensiva aérea cuya respuesta se ha centrado en Kiev y Odessa, lo que ha provocado una situación dramática mucho antes de lo esperado. Ucrania era consciente de que Rusia endurecería los bombardeos a medida que se acercara el invierno, pero no se molestó en anticipar la respuesta más previsible, que Rusia adelantaría esa campaña para provocar lo que está sucediendo actualmente: Kiev se está convirtiendo en una ciudad del frente en la que se producen bombardeos a diario.

Decidida a mantener su ofensiva aérea, Ucrania se escuda en sus aliados en busca de munición para sus sistemas de defensa aérea, misiles PAC-3 o PAC-2 de los que carecía cuando inició la escalada de drones y misiles contra Rusia. Ahora, de forma precipitada y con semanas de retraso, los aliados de Ucrania buscan países a los que coaccionar o suplicar sus proyectiles para los sistemas Patriot. La situación es especialmente desfavorable para Zelensky teniendo en cuenta que el martes por la noche, Estados Unidos utilizó alrededor de un centenar de esos misiles para defender de los misiles iraníes sus instalaciones en Jordania, unas cifras con las que Ucrania nunca ha contado. Ayer, Kaja Kallas, líder de la diplomacia de la Unión Europea, declaró que Bruselas busca entre los países europeos y otros que no lo son formas para recibir donaciones para Ucrania. “El principal problema son las defensas aéreas: les faltan interceptores. Sabemos que algunos países tienen interceptores que caducarán pronto, así que sería muy positivo que se entregaran a Ucrania para que puedan usarlos y proteger a su población”, anunció Kaja Kallas. Concretamente, la UE busca que España y Grecia, que supuestamente cuentan con más misiles en sus arsenales, donen los PAC-2 que se encuentran al borde de su fecha de caducidad.

Mientras Kiev continúa con su campaña mediática de exigencia de munición, los misiles rusos continúan causando bajas y daños en las ciudades ucranianas ante las dificultades de la defensa aérea, que posiblemente haya agotado prácticamente el “pequeño paquete” de misiles para los sistemas Patriot. La situación actual implica bombardeos diarios que no respetan tampoco el primer día de clase. Doce personas murieron en los bombardeos de Ucrania la noche antes del 1 de septiembre, día en el que, coincidiendo con la visita de Zelensky a una escuela, saltaron las alarmas antiaéreas. Sin embargo, sin bombardeos durante la mañana, el momento en el que se produjo esa alerta es una perfecta coincidencia con la que Zelensky pudo reafirmar su discurso de agresión deliberada rusa contra la población civil y concretamente contra la infancia.

“Hoy comienza un nuevo año escolar en Ucrania. Y para muchos niños ucranianos, no empezó con la emoción de volver a la escuela, sino con explosiones y alertas de ataques aéreos”, escribía la cuenta oficial del Estado de Ucrania en redes sociales, que añadía que “aun así, los niños regresan al aprendizaje. Algunos se sentarán en sus pupitres en las aulas. Otros estudiarán online o en un formato mixto. Y para muchos, las clases continuarán en refugios cuando los misiles y drones rusos activen las alertas de ataques aéreos”. “Hoy comienza un nuevo año escolar, y a pesar de todos los intentos del enemigo por interrumpir la temporada escolar, nuestros niños han iniciado sus estudios”, declaró Zelensky en su visita a un colegio de Kiev. “Los rusos son unos completos depravados. Incluso los enemigos deberían entender que los niños no deben convertirse en participantes de la guerra”, sentenció el presidente ucraniano. La visita se vio convenientemente interrumpida por las alertas aéreas y el sonriente presidente tuvo que trasladarse al refugio junto al alumnado.

Pese a la declaración de Zelensky, que insiste en que los y las menores no son participantes en la guerra, el discurso bélico los utiliza activamente para su propaganda, no solo a nivel de Estado, sino también a nivel mediático. “Los niños ucranianos que comienzan la escuela por primera vez esta semana nunca han conocido a su país en paz”, escribía ayer The Telegraph. Al otro lado del frente, en el olvido de la prensa occidental desde 2014, los y las estudiantes de Donbass menores de trece años no han conocido aún la paz y han crecido en el limbo posterior al golpe de Estado del 24 de febrero de ese año, la operación antiterrorista, la operación de fuerzas conjuntas y finalmente la operación militar especial, todo ello sin la solidaridad de los países occidentales, las facilidades de asilo en la Unión Europea y la financiación para mantener los salarios del profesorado.

Como el alumnado, también el profesorado ha sido objeto de la disputa política de estos doce largos años de guerra en Donbass y en Ucrania. Históricamente señalados por los gobiernos autoritarios, los profesores han sido a lo largo de estos años uno de los colectivos a los que Ucrania aspiraba a castigar y expulsar de la profesión. La mención especial a los y las profesoras fue una constante en los sucesivos intentos ucranianos de aprobar una ley de amnistía con la que cumpliera la letra de la exigencia de los acuerdos de Minsk, pero quedara abierta la posibilidad de sancionar y marginar a determinados colectivos. Hasta el último intento, fallido pocas semanas antes de la invasión rusa, la Rada en la que Zelensky disfrutaba de la mayoría absoluta dirigía sus iras contra el profesorado que hubiera “colaborado” con la “ocupación rusa” y decretaba un cargo generalizado de adoctrinamiento de la infancia. Mucho antes, de facto en el verano de 2014 y oficialmente aquel otoño, el presidente Petro Poroshenko había interrumpido el pago de salarios al personal docente, al igual que al resto del personal público. La infancia de Donbass quedaba, no solo a merced de los bombardeos ucranianos, sino a la espera de la llegada de la ayuda rusa para mantener los salarios del profesorado y donar el material escolar con el que hacer posible la enseñanza, demonizada desde entonces por utilizar libros de texto rusos, un proceso que continuó con Zelensky, pero que comenzó con Petro Poroshenko, el presidente que gestionó los meses más duros de la guerra de Donbass y que dio inicio a la política de aislamiento de Donbass con el objetivo de hacer imposible la vida y obligar así a la población a rendirse a la voluntad ucraniana.

Ayer, el expresidente ucraniano, que desde hace tiempo trata de elevar su perfil para volver a posicionarse como la principal figura de la oposición, conmemoraba también el primer día del nuevo curso resaltando las condiciones en las que se ven obligados a estudiar los niños ucranianos. “La primera campana de hoy se ve interrumpida por una alarma antiaérea. La primera clase puede empezar en el pupitre y continuar en el refugio”, escribió Poroshenko, que añadió que “Rusia quiere que la guerra se convierta en algo habitual para los niños ucranianos. Nosotros luchamos por un futuro diferente. Para que los niños se preocupen por los exámenes, lleguen tarde a clase, se enamoren, elijan universidades y hagan sus planes sin tener que adaptarse a la guerra”. El expresidente acompañaba su texto con imágenes de niños y niñas observando los daños producidos por un bombardeo.

El sufrimiento de la infancia se siente de forma muy diferente dependiendo de si se produce a un lado u otro del frente. Las palabras de Poroshenko reivindicando el derecho de la infancia a estudiar en paz contrastan con las que pronunció en un acto político en 2014, cuando afirmó aquella célebre frase en la que afirmaba que “nosotros tendremos trabajo, ellos no. Nosotros tendremos pensiones, ellos no. Nosotros contaremos con el apoyo de los niños y los jubilados, ellos no. Nuestros hijos irán a guarderías y colegios, los suyos se quedarán sentados en los sótanos. ¡Porque no saben hacer nada! Así es como vamos a ganar esta guerra”. Doce años después, no solo la infancia de Donbass sufre los peligros de una guerra que ni Zelensky ni Poroshenko quisieron nunca terminar.

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