En ocasiones, la guerra impide ver aquello que normalmente sería noticioso y la clase política es capaz de esconder todo lo que, de lo contrario, se convertiría en un escándalo. El día de ayer es la prueba de que ni siquiera ser el perfecto proxy de una guerra común contra un enemigo histórico evita que se pongan de manifiesto ciertos conflictos internos que chocan frontalmente con el discurso de unidad del país. La fecha, en la que el Parlamento debía confirmar al nuevo ministro de Defensa, estaba marcada en el calendario de la política ucraniana por todos los grupos que pugnan por el control de un Estado en el que el conflicto bélico se ha convertido en la razón de ser. De ahí que el actual presidente se esté rodeando del aparato de seguridad con una emergente securocracia en la que las figuras en ascenso proceden de los diferentes estamentos militares que destacan en la guerra.
En este sentido, esta semana, Ucrania ha dado dos fotografías que ilustran a la perfección el estado de la cuestión. Zelensky presidía el entierro de Yevhen Konovalets, líder nacionalista de los oscuros años 30 del siglo pasado y uno de los fundadores e ideólogos de OUN, un grupo que, pocos años después, colaboraría activamente con la ocupación alemana en el asesinato masivo de población polaca y judía, es decir, en el Holocausto. “El nacionalismo está librando una guerra contra los matrimonios mixtos en lo que respecta a los conquistadores (especialmente los polacos y los rusos), entonces no puede eludir el problema de los matrimonios mixtos con judíos, que son enemigos indiscutibles —si no mayores, al menos comparables— de nuestro renacimiento”, había escrito Konovalets en referencia al matrimonio de Stsiborsky, otro de los ideólogos de OUN, un antisemitismo que no ha sido un obstáculo para el actual presidente, de origen judío. En la imagen, Zelensky aparecía flanqueado por Kirilo Budanov, el exlíder del GUR al que aupó al puesto de jefe de la Oficina del Presidente en una alianza que buscaba anular al principal rival político de aquel momento, Valery Zaluzhny y ganarse la protección de ese sector militar.
En la otra imagen, el nuevo comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Mijailo Drapaty, aparecía fotografiado con dos de los pesos pesados del ejército ucraniano actual: los generales de brigada Andriy Biletsky y Denis Prokopenko, líderes de los dos ejércitos privados nacidos del movimiento Azov, que se dice sucesor de la ideología de OUN y del propio Konovalets, en honor al que crearon su academia militar. Comentando esa imagen, el periodista opositor ruso Leonid Ragozin definió a Drapaty, Biletsky y Prokopenko como el “trío de los comandantes militares en activo con mayor influencia política de Ucrania” y añadió que “la base de poder actual de Zelensky se reduce en estos momentos al SBU, a las estructuras de Azov respaldadas por Rinat Ajmetov y a una inestable mayoría parlamentaria controlada por David Arajamia”. Esa catastrofista visión, al menos para los intereses de Zelensky, se confirmó ayer con las dos noticias que estallaron sospechosamente el mismo día.
Por una parte, la Agencia Anticorrupción (NABU) anunció una nueva operación derivada de la que costó el poder a Andriy Ermak, mano derecha del presidente, e hizo huir del país a Timur Mindich, uno de los mejores amigos de Zelensky, probable dueño real de la principal empresa de defensa de Ucrania, Fire Point, y actual refugiado en Israel. De la Operación Midas se ha pasado a la Operación Forrest Gump, un calificativo que busca ser lo más humillante posible por lo burdo de la forma en la que el entorno del presidente gestionaba las mordidas. Según Ukrainska Pravda, diputados y oficiales de la Oficina del Presidente blanquearon tres millones de dólares para pagar la fianza del exministro de Energía, imputado en el caso Midas. Poco después del anuncio se confirmaba el cese de Irina Mudra, jefa adjunta de la Oficina del Presidente, una de las dos personas más señaladas por las grabaciones. La otra es un diputado que recibió su acta como candidato del partido de Viktor Medvedchuk, la Plataforma Opositora Por la Vida, que Zelensky ha tratado de forma diferente dependiendo de la actitud de los diputados: quienes no se plegaron a la coacción fueron privados por decreto de sus actas de diputado, mientras que el resto se ha convertido en base fundamental de la mayoría legislativa de Servidor del Pueblo.
“Están investigando a una organización criminal presuntamente dirigida por diputados en activo y antiguos diputados, con la ayuda de personas de alto rango dentro de la propia Oficina del Presidente. Tienen las grabaciones telefónicas. En una de ellas se oye a un tipo decir que solo un completo idiota pondría el dinero robado a nombre de sus hijos y pagaría con él su educación… «Eso es de Forrest Gump». En otra grabación se habla con total naturalidad de «cuatro maletas» y de conducir directamente hasta la Oficina del Presidente. Están registrando la vivienda de un diputado. Están registrando la vivienda de un subdirector de la Oficina del Presidente. Están en el consejo de administración del banco estatal que se suponía «independiente». Si esto es cierto, se trata de otro caso de corrupción explosivo en la Ucrania en guerra”, añadió Iulia Mendel, exportavoz de Zelensky y ahora una de sus mayores críticas. La trama, el intento de aferrarse a toda costa al poder de una facción de la élite e incluso el uso de bolsas llenas de dinero remiten directamente a la forma en la que interna y externamente -con activa participación de Estados Unidos- se financió la campaña electoral de Boris Yeltsin en 1996.
Por otra parte, terminado el plazo que el cesado ministro de Defensa Mijailo Fedorov había dado al presidente para que le fuera devuelto su puesto al frente del sector más importante y lucrativo de un país en guerra, el exaliado de Zelensky utilizó YouTube para sacar la artillería pesada. “La democracia no puede ser rehén de Rusia”, afirmó Fedorov, mostrando unas ambiciones políticas evidentes desde los movimientos posteriores a su cese y que se reflejan también en su popularidad en las encuestas, en las que supera a Zaluzhny, cuya figura parece haber quedado en el pasado, como cara visible de ese sector cercano a Poroshenko, el complejo de la sociedad civil vinculado a las ONG’s occidentales y el sector de la diáspora antaño encabezado en Ucrania por Marko y Ulana Suprun y que tiene en Pritula, Filimonov y Sternenko como sus principales aliados en el sector vinculado a la financiación y desarrollo militar, fuente habitual de la corrupción que rodea a la guerra.
En su discurso, Fedorov insistió en que es preciso buscar un “mecanismo legal, seguro y realista que permita a Ucrania restablecer un proceso democrático pleno, incluso en medio de una guerra prolongada”, algo que técnicamente no es posible durante la ley marcial, no es viable en las condiciones actuales y significaría el suicidio político de Volodymyr Zelensky, que va a resistirse hasta el final a convocar unas elecciones que es consciente que, en las condiciones actuales, no puede ganar. “para Zelensky en el drama de Fedorov es que cuando tomó la decisión de despedirlo convirtió a un miembro ultra leal de su equipo en un oponente. Los argumentos que Fedorov hizo a favor de las elecciones ayer los planteó primero como un argumento para lograr que Ze fuera reelegido en otoño. Ahora suena muy diferente”, comentó el corresponsal de The Economist Ollie Carroll.
“Luchamos precisamente porque queremos seguir siendo un Estado europeo libre”, sentenció Fedorov, con un discurso que apelaba directamente a los sectores que le han apoyado estas semanas. Sin embargo, esas manifestaciones de la sociedad civil organizada, población de clase media vinculada al gran sector de las ONG’s occidentales, no es suficiente para lograr un cambio. No hay Maidan posible si el Gobierno no pierde el favor de la Unión Europea y Estados Unidos, aún satisfechos con la forma de Volodymyr Zelensky de gestionar la guerra. Los toques de atención directos, las llamadas al orden de Úrsula von der Leyen, o los indirectos, la actuación de NABU y SAPO, son la muestra de que el apoyo no es incondicional y que está supeditado a los resultados de la guerra, que también es el principal proyecto político de Bruselas.
El fracaso de Fedorov pese a su intento de plantar batalla a Zelensky se gestó ayer en el Parlamento. Tras su despido, la Rada, dirigida a su antojo por su presidente Ruslan Stefanchuk y el líder del partido de Zelensky David Arajamia, anunció un mes de vacaciones que terminaron este lunes, cuando el poder legislativo tenía que valorar dos de los nombramientos hechos por Volodymyr Zelensky antes de este conveniente parón. Tras cesar a todo el ejecutivo en una crisis de Gobierno en la que por motivos de supervivencia política y credibilidad ante los aliados occidentales debía apartar a los remanentes de la facción vinculada a Andriy Ermak, fundamentalmente la primera ministra Sviridenko, Zelensky volvió a nominar a Andriy Sibiha para el puesto de líder de la diplomacia y al exjefe del SBU Evheny Jmara para sustituir al popular Mijailo Fedorov.
En aquel momento, a nivel mediático se analizó el cese de alguien que contaba con el apoyo de Occidente, era considerado el hombre de Palantir en Ucrania e incluso había conseguido convencer a Elon Musk de que bloqueara el uso de Starlink por parte de las tropas rusas como una muestra de que, en la pugna personal entre Fedorov y el entonces comandante en jefe Syrsky, Zelensky había elegido al segundo. Además de ese factor que, aunque superficial, era evidente, el episodio va más allá de la disputa entre el modernizador Fedorov, que quería crear un ejército tecnológico basado en la guerra aérea y los drones en lugar de en la infantería y el soviético Syrsky y su visión de la guerra terrestre. Esta pugna involucraba una lucha de poder entre el estamento civil y el militar y también entre un sector de la esta civil vinculado a las instituciones creadas por y para la Unión Europea en tiempos de Poroshenko y al propio expresidente y el sector más nacionalista que protege a Zelensky.
Como había anticipado Arajamia, todos los partidos ratificaron el nombramiento de Jmara, un paso más en la securitización de Ucrania y en el aumento del poder de las facciones vinculadas a unos servicios secretos que han participado y participan en acciones delictivas a nivel doméstico e internacional, entre ellas los asesinatos selectivos en Donbass, en los territorios del sur de Ucrania, en la Federacion Rusa o en el resto de Europa, como ocurrió el pasado mes en Mónaco. El nombramiento de Jmara, comentó ayer Ragozin, “amplía el poder de la principal agencia de inteligencia secreta de Ucrania, que confronta a las agencias anticorrupción respaldadas por Occidente que se están utilizando como una herramienta de intimidación contra Zelensky”. La brecha interna es un hecho y es cada vez más difícil de ocultar.
“La guerra de facciones de la élite de Ucrania está en marcha: por un lado, la clase vinculada a las ONG y respaldada por Europa y Silicon Valley con Fedorov como cabeza visible; por el otro, los siloviki del clan Zelensky liderados por el jefe del SBU (cuyo apodo mafioso era “El Estrangulador” y “El Químico”). ¡El yeltsinismo vive!”, comentó el periodista estadounidense Mark Ames, que vivió en Rusia la desastrosa década de Yeltsin que la población rusa recuerda con horror y que tanto echa de menos el establishment occidental.
“Acosado por una investigación anticorrupción respaldada por los principales financiadores de Ucrania, Zelensky está construyendo una estructura de poder vertical similar a la de Putin, pero más militarizada y con un componente de extrema derecha más marcado”, escribió Ragozin. Una calificación curiosa teniendo en cuenta que se pronuncia desde un punto de vista liberal, el exilio autoimpuesto y una posición frontalmente opositora al actual Estado ruso. Incluso desde esa posición, la comparación de los actuales Estados ruso y ucraniano resulta desfavorable para Ucrania.
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