Aún con la negociación para reabrir el estrecho de Ormuz en el aire -a pesar de la constante insistencia de Estados Unidos, que alega falsamente que controla el estrecho y que el acuerdo es inminente-, Washington se plantea también reanudar los contactos con Rusia y Ucrania para recuperar la poca diplomacia que ha habido a lo largo de estos años en la guerra europea. La vía Witkoff, único intento mínimamente continuado de llegar a un entendimiento a tres en busca de una hoja de ruta con la que negociar los aspectos más ásperos, lleva meses paralizada y nunca llegó a desbloquearse. Los países europeos, por su parte, jamás han sido capaces de presentar una alternativa creíble al diálogo estadounidense y siguen insistiendo en hablar en el lenguaje del ultimátum, exigiendo a Rusia que asuma el papel de parte perdedora y acate una vía de resolución que carece totalmente de realismo. Sin embargo, incluso la UE, o al menos algunos de sus oficiales, han abierto la puerta a una diplomacia oficiosa en la que posibilitar al menos un canal de diálogo. Hace unas semanas, los medios informaban de una iniciativa de Antonio Costa que, pese a contar con la bendición de Zelensky, fue duramente criticada por las potencias europeas -el E3 formado por Reino Unido, Francia y Alemania-, cuyos ministros habían acudido poco antes al Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa para reafirmarse en su ultimátum.
La guerra no puede terminar sin diálogo y sin diplomacia ni siquiera cuando hay victoria completa de uno de los bandos, algo que no va a ocurrir en Ucrania con este conflicto en el que ninguno de los dos países va a conseguir todo lo que buscaba. En fase clara de escalada y con las dos capitales confiadas en que pueden obtener mejores condiciones negociadoras si continúan luchando, la diplomacia parece algo utópico. Sin embargo, como ha relatado esta última semana Bloomberg¸ “exoficiales europeos y rusos analizan las condiciones para la paz en Ucrania”. Se trata de lo que se conoce como “track 2” o diplomacia de segunda vía, extraoficial y liderada por actores no estatales, generalmente miembros influyentes de las élites de los países en conflicto y cuyo objetivo es iniciar un diálogo que rompa la barrera inicial, generar confianza y fomentar el entendimiento mutuo. Este tipo de negociaciones al margen de los canales oficiales no busca firmar un tratado ni resolver el conflicto, pero, con el tiempo, puede dar lugar a las condiciones en las que llevar a cabo una diplomacia más tradicional.
“Según fuentes familiarizadas con el asunto, el mes pasado se reunieron en Viena antiguos altos cargos del Reino Unido, Francia, Alemania y Rusia para estudiar las posibles condiciones de unas negociaciones de paz que pongan fin a la guerra de Moscú contra Ucrania”, explicaba Bloomberg, que precisa que “según indicaron dichas fuentes, el grupo estaba formado por el exasesor de seguridad nacional británico Tim Barrow, el exsecretario de Estado alemán Markus Ederer y el veterano diplomático francés Pierre Vimont, que hablaron bajo condición de anonimato para tratar asuntos confidenciales. Se negaron a revelar la identidad del antiguo funcionario del Kremlin que asistió a la reunión”.
“Barrow no respondió a una solicitud de comentarios. El Ministerio de Asuntos Exteriores francés se negó a hacer declaraciones. El Ministerio de Asuntos Exteriores alemán afirmó que «no tiene constancia de las conversaciones mencionadas. No se llevaron a cabo en nombre del Ministerio Federal de Asuntos Exteriores ni en coordinación con este». Un portavoz del Gobierno británico declaró: «El Reino Unido apoya los esfuerzos por garantizar una paz justa y duradera para Ucrania. No hacemos comentarios sobre antiguos cargos públicos»”, continúa Bloomberg, recogiendo las reacciones, o las no reacciones, de las autoridades de los países cuyos exdiplomáticos han participado en la última iniciativa de apertura de diálogo entre Moscú y las capitales europeas.
La actual iniciativa, de la que no se conocen más detalles y que tampoco Moscú ha confirmado, no es el primer intento de exoficiales y personas relevantes del establishment de política exterior para reanudar los contactos con Rusia. En 2023, NBC informó de que un grupo de exaltos cargos había mantenido “conversaciones secretas con figuras destacadas de Rusia, de las que se cree que son cercanas al Kremlin —y, al menos en un caso, con el máximo representante diplomático del país—, con el objetivo de sentar las bases para unas negociaciones que pongan fin a la guerra en Ucrania, según han afirmado media docena de personas al tanto de las conversaciones”. Aquella iniciativa incluyó a algunos pesos pesados que habían pasado por las instituciones de política exterior estadounidense.
Como explicó en aquel momento NBC, esta iniciativa incluyó una reunión con Sergey Lavrov. “Según afirmaron funcionarios actuales y antiguos, en la reunión con Lavrov participó Richard Haass, exdiplomático y presidente saliente del Consejo de Relaciones Exteriores. Al grupo se unieron el experto en Europa Charles Kupchan y el experto en Rusia Thomas Graham, ambos antiguos funcionarios de la Casa Blanca y del Departamento de Estado que son miembros del Consejo de Relaciones Exteriores”.
Como todas las iniciativas de diálogo, tampoco esa diplomacia de segunda vía tuvo el más mínimo efecto. Era julio de 2023 y Ucrania se encontraba aún en plena contraofensiva. Aunque ya era evidente que las tropas de Kiev no iban a ser capaces de romper el frente de Zaporozhie en dirección a Crimea, Ucrania se negaba a ver la realidad y mantenía la esperanza de lograr una gran victoria que obligara a Rusia a negociar en posición de debilidad. La diplomacia no era la prioridad en ese momento en el que Zelensky y sus aliados esperaban imponer los términos a Rusia.
La situación se repite ahora que Kiev insiste en que solo hace falta un mayor suministro de armas para conseguir el objetivo deseado: obligar a Rusia a ceder a una versión de la resolución de la guerra que pase por aceptar congelar el frente e iniciar un diálogo según los términos impuestos por la Unión Europea. Como en 2023, Ucrania no busca fomentar la diplomacia sino conseguir más apoyo de sus aliados -más armas, financiación, inteligencia y, si es posible, una participación más directa, por ejemplo, derribando misiles rusos para cerrar los cielos– para conseguir por la vía militar un resultado que consolidar en un proceso de negociación en el que Rusia no tenga voz ni voto y que simplemente tenga que acatar la oferta europea.
Esta visión era utópica en 2023 y, pese a la retórica triunfalista actual, lo sigue siendo ahora. Así lo prueba que el resultado de la campaña de bombardeos ucranianos de larga distancia sea que Ucrania se haya quedado sin defensa aérea y no pueda derribar misiles rusos o que la consecuencia de la operación para destruir los buques que se dirigen a los puertos rusos haya concluido con el cierre efectivo de las exportaciones marítimas de los puertos ucranianos del mar Negro a causa del contraataque ruso.
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