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Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Reclutamiento, Rusia, Ucrania, Zelensky

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En su paso por Estados Unidos, Zelensky quiso aprovechar el tiempo siguiendo la lógica de hablar directamente a Donald Trump sin que el presidente pueda, como acostumbra a hacer, cambiar de tema. Para ello no hay mejor opción que acudir a realizar declaraciones y colocar el discurso en Fox News. “Sus pérdidas ascienden a alrededor de 1.600.000 bajas, de las cuales 700.000 serían muertos. Aproximadamente”, afirmó el presidente ucraniano a la pregunta de si conoce la cantidad de bajas rusas. El objetivo de la declaración es consolidar la idea de que Rusia sufre unas bajas insostenibles, desestabilizar la Federación Rusa a base de crear desconfianza en un Estado que envía a sus jóvenes a morir masivamente, insistir en que las tropas no están bien armadas e instruidas y, sobre todo, recordar a Donald Trump que debe obligar a Vladimir Putin a detener la guerra.

Perfectamente consciente de que nunca va a recibir preguntas sobre de dónde sacan los servicios secretos ucranianos esos datos que difieren tanto de las cifras dadas por las organizaciones que realizan el seguimiento diario de las bajas, Zelensky es capaz de instalarlos en la conciencia colectiva a base de repetición en los medios. Un hombre muy impresionable, el dato de más de un millón de bajas es un argumento poderoso para convencer a Trump de que actúe para lograr el fin del derramamiento de sangre que, eso sí, ha de ser según los términos ucranianos que, igual que sus cifras, carecen de un mínimo realismo. Por la misma lógica, el presidente ucraniano puede permitirse dar datos aún menos creíbles sobre las bajas ucranianas.

Zelensky cifró en “unos 50.000 los muertos que ha sufrido Ucrania en la guerra. “Y hemos tenido unos 400.000 heridos. Además, hay un gran número de desaparecidos”, añadió. El 8 de diciembre de 2024, la BBC afirmaba que “Zelensky dice que 43.000 tropas han muerto en la guerra con Rusia. Tres meses después, el medio británico actualizaba y afirmaba que “Zelensky dice que 55.000 soldados ucranianos han muerto en la guerra con Rusia”. Según el presidente ucraniano, desde hace 20 meses, Ucrania no ha superado la decena de miles de bajas y, desde febrero, no solo no ha sufrido ninguna, sino que incluso ha recuperado para la vida a miles de soldados. Mientras tanto, alega, Rusia pierde 30.000 soldados muertos al mes, un dato que ha repetido incluso Donald Trump.

Para cubrir las inmensas bajas que sufre su ejército, Rusia realizará otra movilización. “Quiere aumentar su movilización”, afirmó Zelensky a Sky en referencia a Vladimir Putin. Personalizar la guerra en el presidente ruso es una de las tácticas habituales de Ucrania. “No abiertamente”, continuó el líder ucraniano, “porque teme a su sociedad, pero lo hará a principios de octubre si no le creamos problemas con la logística, las armas, la gasolina, el diésel y si nuestros socios no imponen sanciones totales por su agresión”. “Pretende movilizar entre 300.000-500.000 personas”, añadió. “Habrá dudas internas al respecto, porque el país -he visto las encuestas- está en contra de la movilización”, sentenció sin la más mínima ironía. Nadie ha tenido que explicar de momento por qué es Ucrania y no Rusia quien ha de reclutar personal forzosamente por las calles de las ciudades.

Anunciar movilizaciones ajenas se ha convertido en algo periódico en Ucrania. Vladimir Putin también iba a realizar una movilización tras las elecciones presidenciales del 15-17 de marzo de 2024. Por aquel entonces, estaba totalmente consolidada la tendencia a exagerar las bajas rusas, subestimar las ucranianas, anunciar el reclutamiento ruso y no preguntar a Zelensky si en algún momento iba a permitir la desmovilización de quienes llevaban meses sin descanso en el frente. Desde aquel momento, Zelensky y Kirilo Budanov han insistido de forma repetida en que Rusia se encuentra otra vez a punto de realizar un reclutamiento masivo, argumento que han utilizado para justificar la continuación de su movilización general, el reclutamiento forzoso por las calles, la represión de quienes tratan de defenderse con la fuerza frente a los agentes que intentan capturarles y, sobre todo, la continuación del statu quo.

“No va a poder entrenar a estas personas con rapidez. De nuevo, esto significa que enviará al campo de batalla a soldados mal instruidos. Y esto, a su vez, implica grandes pérdidas”, añadió Zelensky a Sky en referencia a los soldados rusos que serán movilizados, según su desinformación de inteligencia, tras las elecciones legislativas rusas. El modus operandi de Zelensky, especialmente cuando trata de dirigirse a Donald Trump, de quien sospecha simpatías prorrusas, es aparentar cierta preocupación por la población rusa, asediada por la locura de su propio presidente y a quien es necesario salvar de la guerra, y por las tropas rusas, meros peones de la barbarie causada por una sola persona.

 Nuevamente, el discurso ucraniano pasa por exagerar o inventar determinadas dificultades rusas mientras obvia las propias, todo ello para dar una sensación de superioridad aplastante sobre la que construir el ejército victorioso que solo necesita un empujón más para conseguir la victoria común por la que todos están luchando. De ahí el chantaje emocional que Zelensky ofrece a sus aliados, a los que les promete una movilización rusa en caso de que no den a Ucrania todo lo que pide: armas para Kiev, capacidad para atacar exactamente los objetivos que sus drones y misiles están atacando actualmente y sanciones masivas contra Moscú. La receta es la misma que hace unos meses, cuando Ucrania tenía aún más bajas de las que tiene ahora, o de hace un año, cuando aún no se había instalado a nivel mediático el discurso de victoria que domina ahora.

Como ha escrito esta semana el periodista Mark Ames, “Ucrania siempre está a una sola wunderwaffe occidental de la victoria, si tan solo el cobarde Occidente/Estados Unidos les permitiera ganar… Primero fueron los HIMARS, luego Leopards, Bradleys, Abrahms, F-16s, Storm Shadows, ATACMs… y cuando se entregan, siempre es demasiado tarde. Hay un patrón aquí”. El ciclo de esta guerra es alertar de la posibilidad de una derrota o de una recuperación inminente rusa si Ucrania no recibe exactamente las armas y acción sancionadora contra Rusia que demanda, momento al que sigue el triunfalismo del “la guerra ha pasado un punto de inflexión”. Ese momento de victoria exige más armas, ya que, de lo contrario, Rusia realizará otra movilización que finalmente no realiza, pero como Occidente actuó con lentitud o no dio a Ucrania todo lo que pedía, el riesgo de derrota vuelve a aumentar, por lo que son necesarias aún más armas y todavía más sanciones contra Rusia.

“Seamos honestos: un gran número de personas quiere destruir a Rusia más de lo que quiere salvar a Ucrania. Con un celo creciente leemos, varias veces al mes, los fervientes artículos en los medios principales que anuncian que Rusia está a punto de colapsar. Los hemos estado leyendo durante casi un cuarto de siglo. El precio de ese colapso a cámara lenta es mi nación, mi país, mi Estado: Ucrania”, escribió la exportavoz de Zelensky en su primera fase de mandato, Iuliia Mendel, que apuntaba a otro patrón que se repite en esta guerra. La destrucción mutua asegurada no era solo una cuestión nuclear.

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