Las tropas rusas presionan a las ucranianas en toda la línea de contacto, ha comentado Vladimir Putin esta mañana en una de las pocas menciones que ha realizado recientemente sobre el estado del frente puramente militar de la guerra. Aunque la apreciación del presidente ruso no es errónea, también las tropas ucranianas presionan a las rusas en varios puntos de la línea de contacto, a lo que hay que añadir una situación cada vez más complicada en las retaguardias de los dos países, donde los misiles y drones pueden causar daños y víctimas civiles en cualquier lugar y casi en cualquier momento. Hace mucho tiempo que la guerra no se limita a tratar de avanzar por tierra y resistir en el frente económico para aguantar un día más que el oponente en esta lucha de desgaste que amenaza con dejar exhaustos a los dos ejércitos más grandes y bregados en las trincheras del continente europeo.
Aunque con menor protagonismo que en otros momentos, la batalla de la primera línea continúa, ya que los avances territoriales son una de las formas con las que los oponentes presionan a su enemigo y muestran su fortaleza. Para Ucrania, que cuenta con el apoyo de toda la maquinaria mediática de Occidente, cualquier mínimo avance obtiene titulares con los que justificar la retórica de victoria que el Gobierno de Zelensky trata de conseguir un aumento sustancial de la asistencia a Ucrania y de las sanciones y medidas coercitivas y militares contra Rusia. Para Moscú, el único frente realmente importante es el de Donbass, donde de forma explícita ha afirmado que su objetivo pasa por la captura de la totalidad de los antiguos oblasts ucranianos de Donetsk y Lugansk. De ese objetivo resta solo el último – posiblemente más difícil- avance sobre las ciudades fortaleza que Ucrania lleva años preparando para resistir y provocar miles de bajas rusas ante un intento de asalto. El modelo de ese tipo de resistencia se vio con claridad en Artyomovsk, Bajmut, donde Rusia incomprensiblemente optó por un asalto frontal que solo podía avanzar en el combate urbano a costa de enormes bajas y de sacrificar una infantería formada en una parte importante por unidades de Wagner, muchos de ellos reclutados en las cárceles rusas. Rusia fue capaz de capturar la ciudad tras meses de enfrentamientos que dejaron la ciudad completamente destruida.
La forma en la que se gestionó la batalla y la cantidad de bajas sufridas tuvo dos consecuencias: el motín de Wagner, del que esta semana se cumplen tres años, y el cambio de táctica por parte de Rusia, que finalmente comprendió los insostenible de tratar de asaltar frontalmente las fortalezas de Donbass. Otras batallas, como las de Avdeevka o Pokrovsk, aunque han contado con una parte de lucha cuerpo a cuerpo y avances urbanos, han abandonado la táctica del ataque frontal para proceder a una fase de cerco, aislamiento de las tropas enemigas, infiltración y no pocas dosis de operaciones que, de haberse producido a cargo de las tropas ucranianas, habrían obtenido grandes titulares por su ingenio.
Desde la captura de Pokrovsk y Minograd, que Ucrania, como ocurriera en Artyomovsk en 2023, ni siquiera se ha molestado en admitir oficialmente, los avances rusos se han limitado considerablemente. Es más, Ucrania se jacta ahora de estar recuperando más territorio del que pierde, una huida hacia adelante teniendo en cuenta que su país es el que más se está resintiendo en la retaguardia y sufre mayores dificultades para llenar las filas que han de poblar las trincheras. En un momento en el que las prensa quiere presentar la guerra como una batalla en la que Ucrania ha recuperado la iniciativa y marca el paso en el frente, los avances rusos en Donetsk son un contratiempo que rompe con la narrativa deseada.
De ahí que en los últimos meses se haya olvidado deliberadamente la existencia de un frente en el centro de Donetsk, donde las tropas rusas llevan un tiempo cercando e infiltrándose en Konstantinovka, izando su bandera en los distritos de las afueras y esperando el momento de realizar el asalto final. Como ocurre con otras ciudades de la zona, la importancia de Konstantinovka no es estratégica, sino táctica y responde a la necesidad de acorralar al enemigo e ir derribando poco a poco las defensas creadas desde hace más de una década, ampliadas y reforzadas desde 2022.
“Varias restricciones sobre la cantidad de combustible que se puede comprar en las estaciones de servicio han sido impuestas en 53 regiones rusas. Un éxito tangible de la campaña de drones ucraniana al inicio de la temporada de cosecha”, comentaba ayer el periodista opositor ruso Leonid Ragozin, muy crítico con el triunfalismo ucraniano en este momento en el que la situación vuelve a complicarse en la primera línea del frente. “Mientras tanto”, añadía, “la batalla por Konstantinovka está entrando en la fase final. Los mapeadores de DeppState han colocado tardíamente todos los distritos del sur de la ciudad en zona gris, mientras que tanto los blogueros militares ucranianos como los rusos informan de presencia rusa o incluso control en los distritos del norte. Los rusos también están montando espectáculos de banderas en Liman, una puerta de entrada a Slavyansk, aunque los observadores ucranianos afirman que no manifiesta un control total en ninguna parte de la ciudad. Los rusos también han vuelto a avanzar en Kupiansk”.
“Las fuerzas ucranianas llevan años fortificando y defendiendo este territorio estratégico a un coste enorme, y ahora se encuentra sometido a un ataque que los residentes temen que sea el principio del fin”, escribía el lunes The New York Times en un reportaje sobre Slavyansk en el que la actual aproximación de las tropas rusas parece la primera ocasión en la que la guerra llega a la ciudad. En realidad, Slavyansk es el lugar en el que comenzó todo, en cuyos alrededores se dieron los primeros escarceos, se inició la primera batalla -el 2 de mayo de 2014, coincidiendo con la masacre de la Casa de los Sindicatos de Odessa- y el destino de la primera columna de blindados enviada por el ejército ucraniano. La guerra se alejó de Slavyansk en julio de 2014, cuando el frente llegó a las puertas de la ciudad de Donetsk y Ucrania se creyó capaz de derrotar a las Repúblicas Populares antes de que recibieran apoyo de Rusia. Evitar que el frente retorne a Slavyansk y Kramatorsk es el objetivo de Ucrania, motivo de la importancia de Konstantinovka, Druzhovka y, en menor medida por su ubicación, Krasniy Liman (Liman según la terminología ucraniana).
“Las tropas rusas se han infiltrado en la ciudad estratégica de Konstantinovka, en el este de Ucrania, y ahora están intentando rodearla. Según han declarado soldados ucranianos a la BBC, toda la ciudad se encuentra ahora, en la práctica, en una «zona gris», fuera del control de cualquiera”, describía ayer el medio público británico, que semanas después de que sea evidente que Konstantinovka se ha convertido en epicentro de la batalla, admite finalmente la dura situación de la ciudad y de las tropas ucranianas en ella. “Los soldados rusos han avanzado desde el sur e incluso han sido avistados en el otro extremo de la ciudad, en las afueras del norte. Moscú afirma que sus fuerzas están avanzando rápidamente en la zona suroeste de Konstantinovka y que han rodeado a las unidades militares ucranianas. Kiev lo desmiente y el general de brigada Oleksandr Bakulin, comandante del 19º Cuerpo de Ucrania, encargado de las unidades que defienden la ciudad y sus alrededores, insiste en que «la situación sigue bajo control» y que «el enemigo no está logrando ningún avance». Sin embargo, reconoce que todavía hay unos 130 soldados rusos dentro de la ciudad”, añade el artículo, que da completa credibilidad al relato ucraniano, que reproduce exactamente el discurso de Kiev durante el avance ruso en Pokrovsk. Por aquel entonces, Ucrania negaba los progresos rusos y limitaba a unas decenas de hombres en pequeños grupos aislados y sin capacidad de actuación la presencia rusa en la ciudad. Mientras tanto, Rusia consolidaba posiciones y obligaba a Ucrania a retirarse, algo que parece intentar reproducir actualmente en Konstantinovka.
“Las fuerzas rusas en Konstantinovka han adoptado una estrategia similar a la utilizada en la toma de Pokrovsk y otras ciudades importantes del este de Ucrania, avanzando por los flancos para rodear la ciudad y cortar las rutas de suministro”, admite la BBC en su artículo. Sin embargo, el medio británico prefiere ver motivos ocultos que la simple continuación de la guerra de desgaste, en la que Moscú ha planteado la captura de todo el territorio de Donetsk como uno de sus objetivos más claros. “Estas noticias han contribuido a desviar la atención de los ataques de Ucrania contra refinerías de petróleo situadas en el interior de Rusia y contra las rutas de suministro a Crimea, así como de la grave escasez de combustible que han provocado”, sentencia la BBC. Increíblemente, para los medios occidentales que Rusia continúe haciendo exactamente lo que ha realizado desde 2022, avanzar poco a poco en la guerra de desgaste en el frente prioritario de este conflicto desde 2014, es motivo de suspicacias, una simple operación de desviar la atención.
“La idea detrás del actual avance ucraniano es detener en seco la ofensiva rusa sembrando el caos en la retaguardia e infligiendo daños económicos en Rusia. Eso aún no se ha logrado. Tal y como están las cosas ahora, la retórica sobre un «frente detenido» es solo retórica”, sentenció Leonid Ragozin. Al margen de la situación en la retaguardia, Rusia continúa, con más o menos dificultades en cada zona del frente, tratando de conseguir sus objetivos. Entre ellos destaca el avance en la zona más fortificada de Donetsk, cuya captura, o incluso simplemente el avance sobre Slavyansk-Kramatorsk, sería un signo claro de debilidad de Ucrania, exactamente el mensaje que el Kremlin trata de lanzar mientras Ucrania recupera mediática y políticamente la idea de la integridad territorial.
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