“Al menos seis muertos en un ataque ruso contra la región de Kiev, a plena luz del día”, denunciaba ayer EFE sin mencionar, como hizo más adelante, que se trataba de “un evento de la industria de armamento”. Una hora antes, también a plena luz del día, la agencia escribía en la misma red social que “un misil de crucero ucraniano Flamingo impacta contra la empresa militar rusa Avitek, situada a 800 kilómetros al noreste de Moscú”. Solo abriendo el enlace se llegaba a un titular en el que se anunciaba la muerte de seis personas. El ejemplo de ayer repite la diferente forma de narrar los hechos dependiendo del lado del frente en el que se produzcan y no se limita a los ataques contra infraestructuras estrictamente militares.
“Ucrania provoca el caos en regiones rusas con ataques a almacenes de comercio electrónico”, titulaba entonces EFE. Había que acudir al texto para saber que habían muerto en el ataque ocho personas, ocho trabajadores y trabajadoras que realizaban su tarea habitual en su puesto de trabajo, probablemente precario. Los ucranianos mantienen que fue el ejército ruso el primero en iniciar las hostilidades contra esos centros logísticos al atacar desde principios de año las instalaciones de su más popular empresa de correos, Nova Poshta. A mediados de junio tres misiles balísticos rusos habrían destruido su centro más innovador en Kiev y hace unos días ocurrió lo mismo en la región de Járkov. Kiev respondió atacando el pasado sábado dos almacenes de la compañía privada Wildberries, conocida como la Amazon rusa”, comentaba el artículo, que se preguntaba si este tipo de objetivos pueden considerarse militares.
“Hoy, las sanciones de largo alcance de Ucrania atacaron con éxito importantes objetivos en las regiones rusas de Krasnodar y Stávropol: centros logísticos implicados en el suministro de componentes para drones, equipamiento de navegación y otros artículos”, afirmó aquel día Zelensky, con su habitual forma de trivializar la muerte de ciudadanos rusos, en este caso civiles que simplemente trabajaban en una empresa cuyos centros logísticos han sido aparentemente declarados objetivo militar de Ucrania. Al contrario que los medios, que buscan justificar los ataques ucranianos alegando que son similares a los rusos, Zelensky no tiene la necesidad de afirmar que es ahí donde se ensamblan drones. La impunidad de actuar como proxy de Occidente hace que el presidente ucraniano pueda permitirse bromear sobre la muerte de más de media docena de civiles. Los ataques ucranianos no solo no se han detenido a pesar de la evidencia de que se trata de instalaciones comerciales, sino que ha aumentado. Ayer mismo fueron atacadas las instalaciones de San Petersburgo. Ucrania no ataca Wildberries por ser un objetivo militar, sino como forma de llevar la guerra a Rusia y hacer a la población sufrir sus consecuencias. De ahí también el intento de destruir las instalaciones petroleras y ataques como el de esta semana contra una gasolinera, realizado a plena luz del día, cuando podía observarse a la perfección una cola de vehículos que acudían a repostar. Los ataques rusos contra gasolineras generalmente se producen por la noche, fuera de las horas de servicio o de grandes acumulaciones.
Frente al intento de presentar Wilberrries como un objetivo legítimo alegando que Rusia atacó primero, esta semana se ha producido un ejemplo de cómo la excusa de que esos centros logísticos son utilizados como almacenes militares es mucho más creíble en Ucrania. El lunes, la Policía Nacional de Ucrania borró precipitadamente un post que denunciaba el ataque con drones de unas infraestructuras civiles en la región de Sumy al constatarse que podían observarse cajas de una conocida empresa que se dedica a la producción de drones. Desde 2014, se conoce perfectamente que la descentralización del ejército ucraniano implica la participación de todo tipo de organizaciones de la sociedad civil nacional e internacional -con un gran protagonismo de Canadá por medio de la diáspora ucraniana- para suministrar a los soldados de los drones que el Estado no suministraba. Desde 2022, Ucrania ha apostado por la vía ultracapitalista del emprendedurismo para el desarrollo de armas, mientras que Rusia ha optado por la producción centralizada. Y aunque una parte de los drones, especialmente los de vigilancia, puede desarrollarse a partir de drones comerciales adquiridos de China, ese fenómeno tiene mucha más presencia en Ucrania, por lo que el uso militar de instalaciones comerciales es más probable en Ucrania, donde como han admitido incluso los corresponsales más proucranianos, el ensamblaje de drones puede realizarse en cualquier vivienda unifamiliar de Donbass camuflada por la apariencia civil del entorno.
La guerra mutua contra las instalaciones logísticas es un espejo de lo que está ocurriendo en el mar. A mediados de junio, Zelensky exigió que se confisque el petróleo de los buques rusos detenidos por sus aliados europeos, primer paso para demandar que el crudo o sus beneficios sean enviados a Ucrania. Ayer, The Telegraph afirmaba que “el petróleo requisado de un carguero ruso se venderá a beneficio de Ucrania”. En paralelo, a principios de julio, Zelensky declaró objetivo militar legítimo a cualquier carguero que transporte petróleo ruso como parte de la llamada flota fantasma. Las palabras del presidente ucraniano solo hacían oficial una actuación que Ucrania lleva meses realizando, no solo contra cargueros, sino contra todo tipo de buques que navegan por el mar Negro -e incluso el Mediterráneo- y se dirigen a puertos rusos. Hace unos días, Kiev y sus aliados se jactaban de que Rusia había detenido temporalmente sus exportaciones de grano a través del mar de Azov ante el aumento del peligro por la presencia de drones ucranianos, que habían comenzado una campaña en la que han alcanzado docenas de buques de carga civiles.
El jueves, narrando el empeoramiento que se ha producido para la navegación, varios medios recordaban que Rusia y Ucrania suponen el 30% de las exportaciones mundiales de grano, una cantidad más que relevante que hace que cualquier disminución del suministro pueda provocar alza de precios -algo que afecta desproporcionadamente a países del Sur Global- o escasez. Sin embargo, nada de ello fue un problema hasta que, después de una larga campaña, Rusia optó por la respuesta más previsible. El objetivo de Ucrania con esta actuación es el mismo que con sus ataques de larga distancia contra las refinerías rusas. La táctica de escalar para que Rusia se vea obligada a desescalar siempre iba a lograr exactamente lo contrario. Desde el aumento de los bombardeos ucranianos de larga distancia, la respuesta rusa se ha convertido en más dura y desde que Kiev comenzó a atacar buques civiles en el mar de Azov además de en el mar Negro, práctica que Ucrania ya realizaba desde hacía meses, Moscú ha respondido con la misma medicina. A ambos lados del frente, los buques son objetivos vulnerables, ya que carecen de defensa aérea y cualquier explosión puede producir el hundimiento. Y pese a la confianza ucraniana en su superioridad aérea, la capacidad de Rusia de causar daños a buques que navegan hacia puertos ucranianos es similar.
Después de una campaña de catorce días con ataques, de repente, atacar buques se convirtió en un problema. No lo fue cuando los drones ucranianos comenzaron a atacar masivamente buques civiles que portaban grano ruso, pero sí cuando las empresas han anunciado que cesan sus servicios a Ucrania ante el evidente peligro que supone la guerra en su estado actual. “Ucrania está luchando por enviar grano a través del Mar Negro mientras Moscú intensifica los ataques contra buques comerciales en represalia por una semana de intensos ataques de Ucrania contra el transporte marítimo ruso. Los ataques con drones rusos contra el puerto de Odesa, el mayor puerto marítimo de Ucrania, han causado que la capacidad de almacenamiento disminuya en un tercio, según la compañía de seguridad marítima Ambrey, mientras que los armadores se niegan a enviar barcos a la zona por temor a ser atacados”, explicaba Financial Times la semana pasada, cuando apenas habían pasado seis días desde el inicio de los ataques rusos.
“Ayer, ni un solo barco entró al puerto”, afirmó Zelensky el jueves en referencia a Odessa, uno de los tres puertos profundos de Ucrania. “Han estado atacando todos los buques. Van a aumentar eso”, se quejó según citaba Reuters, que añadía que Rusia había “atacado 28 buques civiles y asesinado a 21 personas entre el 20 y el 21 de julio”. El medio no mencionaba las docenas de buques rusos y extranjeros atacados por Ucrania durante semanas. La narrativa occidental se limita a destacar las pérdidas que esto supone para Ucrania. “La suspensión refleja el rápido deterioro de la logística portuaria y la capacidad de exportación de Ucrania, aspectos clave para una economía que ha quedado devastada por la guerra de Rusia. Según han señalado comerciantes y analistas, hasta la semana pasada, Ucrania —uno de los principales productores agrícolas— había perdido aproximadamente un tercio de su capacidad para exportar cereales a través de los puertos del Mar Negro debido a los ataques”, insistía Reuters.
Como era de esperar, pese a que la situación ha empeorado de la forma más previsible por la incapacidad de Ucrania de prever que la respuesta rusa será equivalente a la campaña de ataques que recibe, Ucrania busca presentarse como una víctima inocente de una situación que no ha creado y por la que puede sufrir el mundo entero. “Moscú está intensificando sus ataques en el mar Negro, amenazando la libertad de navegación, interrumpiendo el comercio global e intentando tomar como rehén la seguridad alimentaria mundial”, escribió el ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, que exige una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para tratar la amenaza que supone Rusia -nunca Estados Unidos, que ejerce un bloqueo naval de Irán- para la libertad de navegación.
La situación en los mares ha empeorado gravemente y ha llegado a una situación en la que la solución más factible sería un acuerdo tácito de no agresión en el mar, un escenario que Ucrania espera evitar, ya que los ataques contra buques civiles son parte integral de su ataque contra Crimea y castigo colectivo contra su población por la deslealtad de haber elegido a Moscú en lugar de a Kiev.
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