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Ejército Ucraniano, Política, Rusia, Ucrania, Zaluzhny, Zelensky

Controlar el futuro

Con la guerra como la razón de ser del Estado ucraniano, la política ha quedado relegada a un segundo o tercer plano. Sin embargo, como se pudo observar el pasado diciembre cuando la oposición y parte del partido gobernante amenazaron con una rebelión que despojara al presidente Zelensky de gran parte de su poder y le dejara prácticamente como un hombre de paja, las maniobras políticas nunca desaparecen completamente. Incluso dentro de la Oficina del Presidente las y los subordinados de Ermak exigieron al presidente el cese de la persona a la que le debían el puesto y su cota de poder. Nadie quería arriesgar su posición por defender a Andriy Ermak. Zelensky se quedó sin argumentos y tuvo que ceder a las presiones internas y externas. Era el final de la era Andriy Ermak y el inicio de una nueva fase en la presidencia de Zelensky, que tuvo que recomponer su equipo para sustituir a quien había sido su mano derecha desde 2019.

El presidente ucraniano optó por un cambio radical al elegir como sustituto de Ermak a Kirilo Budanov, hasta entonces jefe de la inteligencia militar, puesto del que su antecesor no consiguió destituirle. Desde el momento del nombramiento, quedó claro que Zelensky tenía un triple objetivo. En primer lugar, elegir al principal rival de Ermak mostraba distancia, un cambio de rumbo con el que quería demostrar que Ermak no mantendría el poder en la sombra a través de un proxy de su elección. En segundo lugar, Zelensky buscaba protegerse rodeándose del aparato de seguridad, en ascenso desde 2014 y, sobre todo, desde 20222 y sin cuyo favor no hubiese sido posible gobernar la actual Ucrania. Ambos aspectos han sido ampliamente analizados, pero no tanto como un tercer factor: el intento de Zelensky de aliarse con el tercero en discordia, Budanov, para anular a quien en aquel momento era el claro líder en intención de voto en las encuestas, Valeriy Zaluzhny.

El relevo de Ermak  Budanov exigió más cambios. “A pesar de las protestas de los altos mandos militares, los nacionalistas y los políticos prooccidentales, Zelensky también destituyó al jefe de los Servicios de Seguridad de Ucrania (SBU), Vasyl Malyuk, por su excesiva independencia. El famoso «estrangulador» Oleksandr Poklad fue ascendido a subdirector del SBU (y probablemente a jefe de facto). Es probable que el ascenso de Poklad fuera, en parte, una forma de contrarrestar el ascenso de Budanov, ya que Poklad y Budanov llevan mucho tiempo enzarzados en un violento conflicto. Además, el ilustre pasado de Poklad en el crimen organizado y la política turbia le valió una amistad de décadas con Ermak, quien sigue siendo bastante influyente en el círculo más cercano de Zelensky”, escribía recientemente Peter Korotaev, autor del blog Events in Ukraine, en un artículo sobre las tendencias políticas del año.

En el juego de equilibrios de Zelensky, Budanov es útil para contrarrestar a Zaluzhny, considerado el futuro candidato del espacio político que desde 2014 había ocupado Petro Poroshenko. Sin embargo, el actual presidente no puede permitir un ascenso excesivo de Kirilo Budanov, que en los últimos días se ha dejado ver rodeado de personas con aspiraciones de alcanzar puestos políticos. “Ucrania es el pueblo elegido de Dios, y entre los eslavos definitivamente es el pueblo elegido de Dios. Por eso estamos resistiendo y seguiremos resistiendo. Todo comenzó aquí”, afirmó tras su participación en una misa en conmemoración del aniversario del monasterio Pechersk Lavra. Además del mesianismo nacionalista -que no puede ser noticia teniendo en cuenta que durante sus años en el GUR contó con los servicios de grupos como Bratstvo, conocido como el talibán cristiano-, la presencia en actos institucionales de tinte populista acostumbra a ser una señal política.

El peso de Budanov y la posición de Zaluzhny son dos aspectos que trata un reciente artículo publicado por Ukrainska Pravda en el que se analiza el momento político y, sobre todo, las maniobras que está realizando el círculo de Zelensky para capitalizar políticamente el momento de triunfalismo militar. “Según fuentes de «Ukrainska Pravda» que han tenido acceso a las encuestas, Zelensky parece haber revertido la tendencia de larga duración de descenso gradual de sus índices de popularidad. Tras meses de erosión constante, las últimas encuestas han sido las primeras en registrar un aumento modesto, pero constante, del apoyo público. Las encuestas también indicaban que, entre los encuestados que ya habían decidido su voto, alrededor del 33% respaldaría al presidente en el cargo en la primera vuelta”, escribe el medio, considerado cercano al sector de Poroshenko-Zaluzhny, al que define como el principal rival de Zelensky y que “cuenta con el apoyo de alrededor del 22% de los votantes decididos. Otro candidato potencial cuyos índices de popularidad han ido aumentando de forma constante en los últimos meses es Kirilo Budanov, jefe de la Oficina del Presidente. Casi el 14% de los encuestados afirmó que le apoyaría en la primera vuelta”.

Según estos datos, Zelensky habría recuperado el liderato perdido a medida que su figura fue resintiéndose debido a la situación en el frente y el líder militar emergía como alternativa política. Enviado a Londres como forma de apartarlo de la primera línea militar y también mantenerlo alejado de la lucha política, Zaluzhny ha ido perdiendo apoyos cuando han quedado claras sus carencias políticas. Errores como las imágenes disfrutando de vacaciones mientras los soldados en el frente no consiguen una ley que permita su desmovilización le han costado parte del crédito político que había logrado por su actuación en la guerra.

En guerra, las posibilidades de reelección de un Gobierno o de un presidente radican en la situación en frente. La percepción de mejora es el principal argumento para el aumento de la intención de voto a Zelensky al que apunta Ukrainska Pravda. En ese contexto se ha producido una reunión que el medio califica de “sesión estratégica del liderazgo del país” impulsada por David Arajamia, líder de Servidor del Pueblo en la Rada y uno de los diputados que el pasado diciembre amenazaron con despojar del poder a Zelensky si no se producía el cambio de liderazgo y se dejaba caer a Andriy Ermak. “Entre los presentes se encontraban el presidente Volodymyr Zelensky, el jefe de su oficina, Kirilo Budanov, y su adjunto para asuntos de seguridad, Oleh Tatarov. En representación del Parlamento asistió David Arajamia, mientras que el Gobierno estuvo representado por el ministro de Defensa, Mijailo Fedorov. También asistió, en representación del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa de Ucrania, su presidente Rustem Umierov”, indica el medio, al que llama la atención la ausencia del presidente del Parlamento, Ruslan Stefanchuk y la primera ministra Sviridenko. Esta última incógnita se resolvió el domingo, cuando Zelensky anunció el cese de Sviridenko en un proceso de renovación del equipo de gobierno. Y sorprende ligeramente la presencia de Fedorov, cuyo cese se da por hecho y se espera la confirmación de su sucesor para hoy.

“El debate estratégico se centró en tres cuestiones clave: si se debían celebrar elecciones; en caso afirmativo, cuándo; y quiénes podrían participar en una posible campaña electoral”, explica Ukrainska Pravda. Es significativo que, para ello, Zelensky contara con la figura fuerte del partido en el Parlamento, pero no con el presidente de la Rada y que todos los demás participantes fueran miembros del aparato de seguridad. A la hora de determinar cuándo, cómo y con la participación de quién se puede reanudar un proceso político mínimamente normalizado, Zelensky ha querido contar fundamentalmente con personas dedicadas a la guerra y al control del aparato represivo.

Hace unos días, Ukrainska Pravda informaba de una reunión entre Zelensky y Zaluzhny en la que el actual presidente habría tratado de convencer a su oponente de presentarse a unas hipotéticas elecciones. Según el medio, esta reunión buscaba analizar el papel del tercero en discordia, Kirilo Budanov. “Uno de los objetivos prácticos de la reunión celebrada en la residencia del Gobierno no era solo debatir sobre las elecciones en sí, sino también evaluar si Kirilo Budanov podía plantearse un acuerdo político en el que no se convirtiera en rival de Volodymyr Zelensky”, argumenta el artículo, que explica que el equipo de Zelensky entiende que ningún partido conseguirá una mayoría absoluta en la Rada en unas hipotéticas futuras elecciones. En ese caso, el presidente tendría un menor margen de maniobra que el que ha disfrutado Zelensky durante su legislatura extendida, en la que ha manejado la Rada a su antojo.

Si el resultado electoral no permite el control del Parlamento, es preciso buscarlo por otra vía. Las tendencias autoritarias de Zelenesky y su intento de centralizar el poder en pocas manos no es nuevo ni va a desaparecer más allá de la guerra. De ahí que, el escenario ideal que plantea el equipo del actual presidente es el de una reelección de Zelensky y un acuerdo con Kirilo Budanov, que sería nombrado presidente del Parlamento. “Un presidente del nuevo parlamento con gran poder podría ir consolidando poco a poco su propia influencia política, reforzar su posición institucional y, finalmente, erigirse como el candidato natural a la presidencia una vez que finalice el mandato de Zelensky”, afirma Ukrainska Pravda, que da por hecha una segunda legislatura de Zelensky con la intención de crear las condiciones para una sucesión de Budanov, una forma de llevar al poder al aparato de seguridad de Ucrania en un contexto de guerra o de paz armada posterior, que es coherente con la idea de militarización de todos los aspectos de la sociedad. Si Ucrania ha de jugar para la UE y el Reino Unido el papel que Israel juega para Estados Unidos en Oriente Medio, es preciso un presidente que mantenga el apoyo de los grandes poderes políticos y económicos occidentales y que disponga de un poder que ha decidido sustentar en el aparato de seguridad. El plan de Zelensky es, en este sentido, la continuación lógica del proceso de centralización del poder, eliminación de cualquier opción política mínimamente opositora y elevación de las figuras que han emergido en la guerra como los grandes poderes del Estado.

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