“La trama se complica: un oficial en activo de la inteligencia ucraniana retiró el jueves su confesión anterior de haber matado a la mujer acusada de llevar a cabo un intento fallido de asesinato contra un magnate ucraniano en Mónaco, declarando ante un tribunal de Kiev que su coacusado había apretado el gatillo”, escribió el periodista de Financial Times Cristopher Miller, que acostumbra a contar con buenas fuentes en las esferas de poder del Estado ucraniano. Cuatro días después de que se encontrara en Ucrania el cuerpo sin vida de la mujer cuya imagen se había distribuido como sospechosa del intento de asesinato del multimillonario ucraniano Vadim Yermolaev, que dejó malherida a su esposa, los medios siguen haciendo equilibrismo entre destapar lo ocurrido y plantearse cuál es el significado de la presencia de miembros de los dos servicios de inteligencia del país en un caso de tal gravedad.
Estos días se ha conocido la identidad de Vladislav Reut, el miembro activo del GUR detenido como autor material del asesinato de Anastasiia Berezovska, que, tras colocar un paquete bomba a las puertas de la vivienda de la víctima, pudo regresar con facilidad a su país. Como ha quedado claro con la cronología de los hechos relatados tanto por los medios como por uno de los acusados, Berezovska ya estaba muerta en el momento en el que Interpol dio la alerta y activó la orden internacional de detención. “Hay preguntas sin respuesta sobre cómo Berezovska logró volver a cruzar a Ucrania y si actuó sola o no en Mónaco”, indica esta semana The Guardian con el comentario más cercano preguntarse si la inteligencia militar de Ucrania o la inteligencia civil contribuyeron de alguna forma en la huida u ocultaron la llegada al país de la sospechosa de intento de asesinato.
El relato de Reut, que ha renegado ya de su confesión inicial y actualmente culpa a su cómplice tanto de la ejecución en sí como del plan para llevarla a cabo, es suficiente para tener un esbozo de la narrativa que va a utilizarse a partir de ahora. En el thriller que relata, el oficial del GUR acudió a una cita en la que su amigo Zhykovych alegó que debían esconder a una mujer cuya vida corría peligro. Aunque se habla de que existen pruebas de que ambos hombres habían enviado pagos a Berezovska, Reut niega conocerla. El miembro de la inteligencia militar de Ucrania recogió a Zhykovych y posteriormente a Berezovska y condujo según las indicaciones que recibía. En un momento dado, Zhykovych le habría dirigido a un bosque en el que le hizo detener el vehículo. Tras distraer a Berezovska, habría sacado un revólver -una Makarov según The Guardian- y tratado de obligar a Reut a disparar a su víctima.
“La Fiscalía había acusado a Reut de haber disparado a la mujer cuatro veces antes de que los dos hombres enterraran su cadáver en un bosque a las afueras de Kiev y se deshicieran del arma del crimen en un lago cercano”, escribe Financial Times, que afirma que las autoridades consideran que “Zhykovych, de 50 años, había reclutado a Reut, de 34, para llevar a cabo el asesinato”. Pese a la confesión inicial, Reut rechaza esa versión y trata de utilizar su historial militar en su defensa. “Sí, he matado a gente, pero fue durante una guerra”, sentenció para justificar que “acabé con el enemigo para defender mi país…[pero] no tenía ningún motivo para matar a una mujer desarmada”. Los pagos de Reut y Zhykovych a Berezovska, el asesinato fallido y la publicación de la imagen e identidad de la sospechosa parecen un motivo de peso para que ambos hombres trataran de eliminar las pruebas que los vinculaban directamente a un asesinato de alto perfil.
“Me negué a hacerlo. Ni siquiera le apunté con la pistola”, declaró Reut, que insistió en que “estaba a un metro de distancia, más o menos. Entonces Zhykovych perdió los estribos, me arrebató la pistola y, de pie detrás de Berezovska, le disparó el primer tiro en la nuca”. El relato continúa dando una imagen de Zhykovych como un hombre que perdió el control, disparó todas las balas de las que disponía, volvió a cargar el revolver y siguió disparando al cuerpo ya sin vida de Anastasiia Berezovska.
Más allá de las lagunas de la historia de Reut, es llamativa la postura de los medios occidentales, que en términos generales han dado aún menos información sobre los acusados que la propia prensa ucraniana. Según Radio Svoboda, Reut no solo es un miembro en activo de la inteligencia militar de Ucrania, absolutamente clave en la estrategia ucraniana de asesinatos selectivos en la retaguardia rusa, según Radio Svoboda, “desde 2022, es probable que Vladyslav Reut haya servido en la unidad militar A2772, el centro de entrenamiento de las Fuerzas de Operaciones Especiales de las Fuerzas Armadas de Ucrania”. Reut no era un soldado raso ni su unidad una cualquiera.
Curiosamente, estos días se ha hablado mucho menos del segundo acusado, Zhykovych, el exmiembro del SBU, la inteligencia civil que también ha contado con un programa de asesinatos selectivos al otro lado del frente de Donbass,. Otro detalle que no suele trascender en la prensa occidental es que, en 2014, era miembro del Praviy Sektor, el grupo entonces dirigido por Dmitro Yarosh, que había sido una de las fuerzas de choque de Maidan. El grupo de extrema derecha, una de las muchas formaciones paramilitares armadas, estuvo presente en el frente desde sus inicios y Yarosh ha llegado a reivindicar haber realizado los primeros disparos de la guerra, entonces civil y centrada en los alrededores de Slavyansk. Sin poder confiar en que el ejército fuera a disparar contra su propia población, Ucrania reclutó para la causa al sector de población más preparado, movilizado y motivado para luchar contra la rebelión de Donbass, la extrema derecha. Grupos como Azov nacieron ya integrados en el Estado, concretamente en las tropas del Ministerio del Interior dirigido entonces por Arsen Avakov, que tenía a su mando también al SBU, parte integral de la guerra desde sus inicios. Extrema derecha y SBU se confundían entonces de la misma manera que lo ha hecho el GUR desde 2022, cuando las fuerzas especiales de Budanov estuvieron formadas por grupos como Bratstvo o Kraken. Zhykovych es uno más de los muchos vínculos entre los grupos de extrema derecha nacionalista y los servicios de inteligencia del país, muestra también de la infiltración en el Estado que han logrado esas bandas paramilitares de inspiración fascista.
Aunque, como en el caso del Nord Stream, la intención de los medios es exculpar al Estado ucraniano, la identidad y trayectoria de los acusados en ambos casos es un claro indicio de participación de la inteligencia civil, militar o de ambas en los dos ataques. La facilidad con la que tanto el detenido que está siendo juzgado actualmente en Alemania como de Berezovska regresaron a Ucrania es también una pregunta cuya respuesta queda en el aire. La identidad de la víctima, Vadim Yermolaev, y sus vínculos directos o indirectos con los flujos de la economía en la sombra recuerdan también la relación directa entre los servicios secretos y el crimen organizado.
“Resumen de lo que he oído hasta ahora. 1. La inteligencia militar ucraniana trabaja con el crimen organizado, incluidos señores de la droga. 2. El ucraniano objetivo en Mónaco tenía intereses comerciales en competencia con uno de esos señores de la droga. 3. La mujer que intentó matarlo era freelance vinculada a la inteligencia militar ucraniana. 4. Después de que fallara y se publicara su foto, la mataron de un disparo en la cabeza, presuntamente por un oficial de inteligencia militar”, escribió ayer Bojan Pancevski. A continuación, el periodista de The Wall Street Journal añadía una serie de preguntas sin respuesta. “¿Sabía el liderazgo de la agencia de inteligencia GUR? ¿O los oficiales simplemente actuaron por su cuenta (como suele ocurrir)? Se dice que la recompensa supera el millón de dólares, lo cual es mucho para un trabajo de asesinato. Este evento no es del todo inusual en el nexo entre la inteligencia y el submundo criminal en esa esquina del mundo”, añadía antes de utilizar la oportunidad para promocionar su libro. Ninguno de los artículos ucranianos u occidentales en la prensa generalista se plantean siquiera qué dice del Estado ucraniano de la infiltración de grupos de inspiración fascista ni de la forma en la que los servicios secretos civiles y militares se confunden con el crimen organizado y este con la extrema derecha.
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