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Irán y anticomunismo, herramientas ucranianas para apelar a Trump

De camino a Estados Unidos para homenajear a su amigo Lindsey Graham, que murió la semana pasada apenas un día después del que sería su último viaje a Ucrania, Volodymyr Zelensky realizó ayer una breve parada en el Reino Unido. Allí fue recibido en Downing Street por Andy Burham, primer ministro desde hace una semana y que ha elegido al presidente ucraniano como el primer jefe de Estado con el que reunirse, signo inequívoco de la política continuista que va a seguir el nuevo líder laborista en política exterior. Como se esperaba, Burnham ratificó el apoyo británico a la causa ucraniana y aprovechó la visita de Zelensky para oficializar la cesión de la propiedad intelectual del diseño de los inhibidores de señales Stone Cloak británicos, que Ucrania podrá producir en masa. “Ambos países utilizarán datos del campo de batalla para mejorar las armas futuras”, explica The Telegraph. Nada es gratis y para el Reino Unido el uso del laboratorio ucraniano es una inversión militar en su preparación de una confrontación contra Rusia -o quizá también China- que prevé a largo plazo.

Acostumbrado a no conformarse con la generosidad habitual de los países europeos, en una entrevista concedida a Sky News, con la que Zelensky quería colocar su discurso en la prensa británica antes de aterrizar en el país, el presidente ucraniano aprovechó para lanzar su siguiente propuesta. “Quiero construir una gran fábrica [de drones] en Gran Bretaña, ofrecer nuevas tecnologías y compartirlas con nuestros socios. Por supuesto, estamos listos para compartir toda nuestra experiencia con el Reino Unido, y espero que el Reino Unido haga lo mismo”, afirmó Zelensky. Teniendo en cuenta la situación financiera de Ucrania y la percepción de que los países occidentales deben pagar una deuda a Ucrania por la sangre derramada en una guerra común, es previsible que el líder ucraniano espere que los costes corran a cargo de Londres.

Pese a la importancia que el Reino Unido ha tenido para Ucrania a lo largo de esta guerra, el punto fuerte del viaje de Zelensky será la reunión que mantenga hoy con Donald Trump, encuentro para el que el presidente ucraniano ha realizado una importante preparación previa. El hecho de que el presidente de Estados Unidos publicara en su red social personal un comentario favorable a la entrevista que Zelensky concedió a la influencer trumpista Laura Loomer, una de las caras más conocidas de la extrema derecha estadounidense, indica que el plan ha tenido éxito. Loomer, abiertamente racista y defensora del uso masivo de la violencia contra aquellos que considera que han de ser los enemigos de Estados Unidos -generalmente países de mayoría islámica-, ha sufrido recientemente una conversión proucraniana que Kiev ha querido explotar para llegar a la audiencia trumpista y al propio Donald Trump. Con acceso directo a la Casa Blanca, Loomer ha llegado a influir en los nombramientos del Gobierno, por lo que Ucrania parece aspirar a conseguir un mejor trato por parte de Estados Unidos apelando a esta publicista de ultraderecha sin ningún conocimiento sobre Rusia, Ucrania o Irán, obsesión que comparte con Donald Trump y Volodymyr Zelensky. “¿Un funeral para Jamenei? A eso es a lo que llamamos un entorno repleto de objetivos”, escribió Loomer añadiendo al final del texto el emoji de una bomba.

Consciente del tipo de audiencia a la que se dirigía, el equipo de Zelensky seleccionó cuidadosamente los lugares por los que paseó a Loomer, incluido el monasterio Pechersk Lavra, del que la nueva iglesia ucraniana ideada en tiempos de Poroshenko se ha apropiado estos años y donde la influencer pudo dejar su titular más sonado: “Vladimir Putin ha bombardeado a Jesucristo”. Aprovechando que el sector del trumpismo al que representa Loomer es fanáticamente anticomunista y mantiene las obsesiones de la guerra Fría, Zelensky centró su mensaje en ese odio común. “La URSS mató a todos los idiomas. Ocuparon los territorios, mataron las tradiciones y destruyeron las iglesias. Mataron la religión, las tradiciones y el idioma durante 70 años”, afirmó Zelensky reinventando la historia para adaptar su discurso a las tendencias fascistas de su entrevistadora. La institucionalización del discurso nacionalista como discurso nacional hace que apenas haya distancia entre la narrativa de grupos de ultraderecha como Azov o Svoboda y el del Estado, cada vez más escorado a los postulados de grupos antes considerados fascistas. La entrevista con Loomer ha sido una victoria para Ucrania, que ha logrado el “very nice” de Donald Trump, y también para Loomer, que ha obtenido el beneplácito del establishment liberal occidental por su capacidad de admitir su equivocación sobre Rusia y sobre Ucrania.

Como se ha podido comprobar con Giorgia Meloni, calificada de extrema derecha hasta que mostró su apoyo explícito a la OTAN, actualmente la diferencia entre la ultraderecha aceptable y la inaceptable es su posición sobre Ucrania. Casi todo queda perdonado si se está en el lado correcto en la cuestión ucraniana. De ahí que no haya minado el discurso de épica conversión proucraniana en los artículos sobre Loomer pese a que, desde Kiev, escribiera que “una cosa que realmente amo de Ucrania es que no he visto a un solo musulmán aquí. Es tan refrescante. Me han dicho que hay musulmanes en Ucrania, pero noto que no dominan los espacios públicos como lo hacen en otras partes de Europa. Rusia no puede decir lo mismo. Tampoco puede hacerlo Estados Unidos, que ha permitido que musulmanes indisciplinados y violentos se infiltren en nuestras instituciones políticas y contaminen nuestro país como una enfermedad incurable. Aquí todo está muy limpio y ordenado. Eso probablemente tiene mucho que ver con ello”.

Como Loomer, muy centrada en el papel de la Federación Rusa en la guerra de Irán, también Zelensky ha querido aprovechar estos días previos a su encuentro con Trump para tratar de vincular nuevamente la guerra de Ucrania y la de Irán. El domingo, Ucrania se jactó de sus “buenos resultados” en el Cáucaso, un bombardeo de buques que Irán afirma que eran civiles en el que murió un marinero. El episodio ha causado una crisis diplomática en la que Irán ha advertido de que responderá a lo que ve como una provocación gratuita de un proxy que solo quiere servir a su maestro. “Zelensky ha atacado un buque comercial iraní, matando a un marinero. Una flagrante violación de la Carta de la ONU hecha a instancias de Israel para arrastrar a Europa a su guerra. En llamadas con la Alta Representante de la UE, Kallas, y el ministro de Exteriores, Lavrov, dejé claro que lo que hizo el gorrón en Kyiv NO PUEDE QUEDAR SIN RESPUESTA”, escribió el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi. “El régimen ucraniano convirtió a su país en una herramienta para las disputas geopolíticas entre potencias hace ya cuatro años. Durante este periodo, ha acusado a diversos países. En lugar de centrarse en resolver el problema y salvar a su país y a la región de la guerra que ha impuesto a Europa del Este —y, en cierto modo, al mundo entero—, no ha dejado de culpar a los demás”, añadió Esmail Baghaei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores. Desde sectores más duros del establishment político iraní, el diputado Ebrahim Azizi sugería que Irán responderá militarmente al ataque ucraniano. “Ucrania también se dará cuenta pronto de que la República Islámica de Irán no deja ninguna deuda sin saldar”, insistió.

Resumiendo las diferentes posturas que se han producido estos días en Irán, el académico iraní Hamidreza Azizi explicaba que “hay quien cree que la actuación de Ucrania formaba parte de un esfuerzo de Zelensky por demostrar tanto sus capacidades como su valor como socio de Estados Unidos. Esto cobra especial relevancia en un momento en el que Trump se muestra frustrado con los aliados de Washington en la OTAN por negarse a apoyar operaciones militares contra Irán o a participar en los esfuerzos para reabrir el estrecho de Ormuz”. El hecho de presentarse como una solución a los problemas y aliado más fiable que otros países ha sido claro en el discurso y la actuación de Zelensky, que ha realizado giras por Oriente Medio para postularse como salvador de los aliados árabes de Estados Unidos y ahora dice estar impidiendo la asistencia rusa a Irán.

Ayer, en declaraciones a Sky News, el presidente ucraniano habló de tres peligros a los que se enfrenta Ucrania. No se trata de la perpetuación de la guerra, la despoblación y la pobreza que implica, sino “primero, Corea del Norte va a enviar a Rusia 30.000 soldados. Segundo, Irán está enviando a Rusia misiles balísticos. Tercero, y el mayor: China está ayudando a Rusia con satélites y tecnología de puntería, para atacarnos con mayor precisión”. En el caótico discurso ucraniano, la República Popular de Corea, cuyos soldados participaron en la contraofensiva de Kursk -territorio de la Federación Rusa según sus fronteras internacionalmente reconocidas- ha atacado a Ucrania y pese a denunciar el apoyo militar ruso a Irán, es Teherán quien envía misiles balísticos a Moscú. Los misiles que las defensas aéreas ucranianas no pueden derribar estos días no son iraníes, sino rusos, pero la acusación es un argumento fácil para exigir a sus aliados más munición para los sistemas Patriot.

Al contrario que Ucrania, que no acostumbra a pensar en las consecuencias de sus actos -el endurecimiento de la guerra aérea o los ataques en el mar, que han provocado una respuesta similar por parte de Rusia-, Irán es consciente de que cualquier escalada contra un tercer país arriesga a vincular excesivamente las dos guerras, algo que nunca ha sido de su interés. Irán considera la agresión de Estados Unidos e Israel una guerra regional, mientras que Ucrania aspira a convertir los dos escenarios bélicos en una misma guerra en la que Estados Unidos deje de ver los toros desde la barrera y los países de la OTAN se involucren de forma aún más directa en la lucha contra Rusia, una postura capaz de acercar un poco más al mundo al desastre.

“Zelensky sabe que el único camino de Ucrania hacia la victoria contra Rusia es la participación directa de la OTAN/Estados Unidos. Se dice que Biden solía quejarse de cómo Zelensky intentaba arrastrar a Estados Unidos a Ucrania. Unirse a la guerra de Estados Unidos-Israel contra Irán es la mejor oportunidad de Ucrania para una Tercera Guerra Mundial”, resumió el periodista estadounidense Mark Ames. El actual intento ucraniano de mostrar su apoyo incondicional a la guerra de su principal aliado coincide con un momento de cierto silencio en el frente iraní. Como confirmó ayer Donald Trump, Irán y Estados Unidos, que no ha bombardeado el país persa estos últimos tres días, se encuentran “en conversaciones muy avanzadas con Irán. Si no funcionan, volveremos a una acción militar muy fuerte”. “No hay mucho tiempo. O se hace rápido o no se hace en absoluto”, escribió más adelante el presidente de Estados Unidos, para quien negociación significa amenazar con bombardeos aún más duros. Puede que en ese caso Ucrania vuelva a serle de utilidad.

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