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Ejército Ucraniano, Reino Unido, Rusia, Ucrania, Zelensky

Cambios para que todo siga igual

El jueves, Volodymr Zelensky mostraba su “especial agradecimiento a Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido, con quien hemos realizado un gran trabajo serio durante la guerra a gran escala. El Reino Unido siempre ha estado al lado de Ucrania y continúa haciéndolo. Y valoramos eso enormemente”. El aún líder británico recordaba entonces haber visitado el país “cuatro veces como primer ministro y he visto de primera mano la devastación causada por la invasión de Rusia. El apoyo del Reino Unido a Ucrania nunca flaqueará. Por eso estamos financiando aviones de combate para Ucrania, fortaleciendo su capacidad para defenderse mientras apoyamos miles de empleos cualificados en el Reino Unido”. Deseoso de reafirmar el apoyo del Reino Unido a Ucrania, Starmer eligió Kiev como su último viaje al extranjero.

En menos de dos años, el premier británico ha dinamitado los apoyos que llevaron a su partido a una victoria electoral que le garantizó una mayoría amplia con la que debió haber sido capaz de gobernar con tranquilidad. Sin embargo, pese a sus intentos de sacar pecho y mostrar resultados con los que despedirse de una forma menos triste que admitir que ha sido derribado internamente por quien fracasó dos veces en su intento de llegar al liderazgo del partido, los aspectos en los que Starmer puede mostrar resultados son francamente limitados. Como otros jefes de Estado y de Gobierno con dificultades internas -Pedro Sánchez y Emmanuel Macron, sin ir más lejos, Starmer ha hecho uso de la política internacional para elevar su perfil.

En línea con la actuación del resto de países europeos occidentales, su principal proyecto ha sido apoyar a Ucrania en la guerra común contra Rusia. Seguramente, el principal proyecto del mandato de Starmer haya sido el de la Coalición de Voluntarios que, junto a Macron, ha planteado como misión armada europea con la que tener presencia militar sobre el terreno en la Ucrania posterior un hipotético alto el fuego, una idea coherente con la voluntad de rearme continental y de preparación de la paz armada que sucederá a la guerra. Y pese a depender de la cobertura aérea y de inteligencia de Estados Unidos y de un acuerdo previo con Rusia, tanto Starmer como Macron han presentado esta misión como parte de la autonomía estratégica europea y muestra de tomar la iniciativa en la seguridad continental.

Desde 2014, el Reino Unido ha sido uno de los grandes baluartes de Ucrania. Al contrario que los países de la UE, Londres ni siquiera se molestó en defender con la boca pequeña, como hicieron Bruselas o París, los acuerdos de Minsk. Desde el punto de vista británico, la vía del compromiso y la reconciliación continental de quienes, en realidad, tenían intereses comunes, nunca fue prioritaria. Y desde febrero de 2022, ya no hubo dudas a la hora de apostar por la movilización de recursos como forma de ayudar a Ucrania a derrotar a Rusia, enemigo histórico del Reino Unido en la Guerra Fría y en el gran juego del siglo XIX. La vendetta política e histórica rápidamente se convirtió en deseo de aprovecharse de la coyuntura para, por ejemplo, adquirir más presencia en un lugar estratégico como el mar Negro, una obsesión británica desde, por lo menos, la Guerra de Crimea.

En estos doce años de conflicto en Ucrania, en los que han pasado por el número 10 de Downing Street siete primeros ministros -Cameron, May, Johnson, Tuss, Sunnak, Starmer y ahora Burnham-, ni los cambios de nombres ni la alternancia de partidos ha modificado la dinámica ni la postura de Londres hacia Ucrania. “Ucrania y el Reino Unido han construido la asociación más sólida en la historia de las relaciones entre nuestros dos países y ciertamente continuaremos trabajando para ampliarla aún más. Acordamos discutir nuestra cooperación futura, incluida nuestra labor dentro de la Coalición Antibalística, durante una reunión en un futuro cercano. Gracias, Andy”, escribió Zelensky el lunes para referirse a su primera conversación con el nuevo líder británico. En su primer día en el puesto, el exalcalde de Manchester conversó con Donald Trump, Úrsula von der Leyen y Volodymyr Zelensky.

Informando sobre su conversación con Andy Burham, Úrsula von der Leyen comentaba ayer que “ambos estamos comprometidos a acercar cada vez más a la UE y al Reino Unido. Juntos, trabajaremos hacia una Cumbre exitosa que beneficie a nuestras empresas, a nuestros jóvenes y a nuestra seguridad compartida. Y continuaremos nuestra excelente cooperación en apoyo a Ucrania. Europa es más fuerte cuando la UE y el Reino Unido trabajan codo a codo”. Esa es también la postura del nuevo premier británico, que con sus primeras decisiones ha marcado una voluntad de continuidad que choca frontalmente con su discurso de cambio y de ruptura con 40 años de políticas neoliberales. Dos de los nombramientos de Burnham definen que la continuidad va a ser la norma en el ámbito internacional, en el que destacan tres aspectos: las relaciones con Bruselas y Washington -en ese orden si se atiende al primer comunicado del nuevo ministro de Exteriores-, el rearme y el apoyo a Ucrania como herramienta de la lucha contra Rusia.

Por una parte, Burnham ha nombrado ministro de Asuntos Exteriores a Ed Milliband, exlíder laborista que llevó al partido a la derrota que dio lugar al ascenso de Jeremy Corbyn. “Seré un secretario de Relaciones Exteriores que luche por los intereses de Gran Bretaña y nuestros valores de democracia, libertad y el estado de derecho en el escenario mundial”, afirmó Milliband en su primer comunicado. “Hoy, cuando enfrentamos un momento de mayor inestabilidad y amenaza para el derecho internacional y la democracia que en cualquier otro momento desde la Segunda Guerra Mundial, estos valores son más importantes que nunca”, añadió antes de presentar las prioridades que marcarán su trabajo. “Desde la guerra ilegal de Rusia en Ucrania hasta el conflicto en Oriente Medio, una y otra vez hemos visto las consecuencias de un mundo más peligroso en la crisis del costo de vida que enfrentan familias y empresas”. Y aunque el Reino Unido se ha visto más afectado por la guerra de agresión de sus aliados Estados Unidos e Israel que por la guerra de Ucrania, es esta última la única que Milliband osa condenar. La frase recuerda a una muy similar pronunciada por Kaja Kallas. El 12 de julio, la líder de la diplomacia comunitaria afirmaba que “los ministros discutirán la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, la situación en Oriente Medio y el enfoque estratégico de la UE hacia la región del mar Negro”. Es probable que la sintonía sea aún mayor que con David Lammy e Ivette Cooper, predecesores de Milliband.

Por otra parte, en su intento por no asustar a los mercados -supuestamente temerosos de la llegada de la derecha blanda, la soft left, del laborismo-, Andy Burnham ha dejado en manos de John Healey la cartera de Finanzas. Healey, que dimitió hace apenas unas semanas del Gobierno de Starmer, en el que había ejercido de ministro de Defensa, tendrá ahora la llave de la política económica del ejecutivo británico. Healey abandonó el barco de Starmer cuando ya se hundía, posiblemente con el objetivo de lograr un puesto en el equipo de Burnham, pero, en este caso, lo más relevante es el motivo elegido por el entonces titular de Defensa. Frente al fuerte énfasis realizado por Starmer estas últimas semanas, en las que el caído líder británico ha tratado de insistir en sus éxitos, el argumento de Healey fue precisamente que el Gobierno no había hecho lo suficiente por el rearme y la movilización de recursos para incrementar el gasto militar. Su presencia al frente de las finanzas garantiza ahora que el Reino Unido mantendrá su apoyo militar a Kiev.

Para Londres, la inversión en armamento para Ucrania no es solo una forma de asistencia militar a un proxy que lucha contra un enemigo histórico, sino que se ha convertido en un entorno en el que probar armas en desarrollo. El laboratorio ucraniano no es solo un campo de muerte, sino de testeo en condiciones de combate de las armas del futuro. Cuando llegue, tras la guerra, esa paz armada en la que perpetuar el rearme, el planteamiento pasa por utilizar Ucrania como lugar en el que externalizar producción militar a un país con una mano de obra educada y especializada, pero mucho más barata que en el resto de Europa. El Reino Unido ya comienza a probar ese aspecto. Según informa esta semana The Wall Street Journal, “un fabricante de armas nacional de Ucrania iniciará la producción del L119 de BAE Systems, un obús ligero que se remolca hasta su posición o se transporta en helicóptero y dispara proyectiles con un alcance de hasta 10,5 millas. Estas armas, una clase de cañones móviles de cañón largo que disparan proyectiles, han sido un pilar fundamental en la guerra de Ucrania contra Rusia”. La empresa británica es pionera, aunque, como indica el artículo “varias empresas de defensa occidentales han barajado la posibilidad de fabricar armas en este país devastado por la guerra. Sin embargo, solo un puñado de pequeños fabricantes extranjeros de drones han logrado poner en marcha la producción”. Según el medio, la actuación de la empresa británica se considera “un posible modelo a seguir para el objetivo de Kiev de producir otras armas de diseño occidental, incluidos los misiles Patriot”.

El cambio en el Reino Unido se debe más a la necesidad de ofrecer un liderazgo capaz de detener la pérdida de credibilidad del Partido Laborista como partido de gobierno que a un cambio de políticas. Con un estilo diferente, menos formal y con más carisma, Andy Burnham aspira a sustituir a Starmer estos dos años para impedir llegar a unas elecciones en las que se produzca un colapso similar al sufrido por el Partido Conservador. Líder municipal y con una trayectoria muy centrada en la política interna, el papel de Burnham en política exterior va a limitarse a una continuidad que pasa por consolidar el rearme e insistir en la militarización como herramienta para reactivar la economía y para seguir luchando contra Rusia hasta el último ucraniano.

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