La saga de disputas internas en la política ucraniana continúa y el presidente Zelensky ha regresado a Ucrania después de su gira triunfal con una serie de decisiones importantes que tomar. El miércoles, el líder ucraniano se reunió con Úrsula von der Leyen en lo que fue un acto de relaciones públicas en el que Ucrania celebraba una nueva tradición para conmemorar una fecha manipulada de la historia, que utiliza ahora para consolidar su ideología. El Día del Estado conmemora el bautismo de Volodymyr el Grande, una figura reivindicada -hasta 2014 en común- por las tres repúblicas eslavas, Bielorrusia, Rusia y Ucrania. Según la reescritura ucraniana de la historia, ese bautismo de Rus indica el inicio de la estatalidad de Ucrania, un anacronismo absurdo en una construcción política laxa, de ninguna manera unitaria y que solo se puede equiparar a un Estado estirando hasta el infinito la definición del concepto. Sin embargo, en la coyuntura actual, es un argumento utilizado cada año para construir retroactivamente un Estado con una historia milenaria que solo existe en la ficción.
Aprovechando el aniversario, Zelensky otorgó a la presidenta de la Comisión Europea la Orden de Europa, un premio de creación aún más reciente que el Premio FIFA de la paz e ideado con el mismo objetivo, agasajar a la persona a la que se dirige para conseguir un trato de favor. Esa imagen era el único objetivo de la undécima visita de von der Leyen a Kiev desde 2022, ya que todo lo que tenía que negociarse esta semana, concretamente la cuestión de la coalición antibalística, se trató ya en París a principios de semana. Sin embargo, el frente mediático exige constantemente imágenes de reafirmación del apoyo europeo a Ucrania y de confirmación de la pertenencia del país a la familia europea.
La visita de von der Leyen a Kiev en el primer día de vuelta de Zelensky a Kiev ejerció también de puente entre la agenda internacional y la doméstica del presidente, para quien la situación interna es mucho más complicada. El apoyo incondicional y la unanimidad a favor de Ucrania y de la opción de la guerra como herramienta para conseguir concesiones de Rusia no se replican internamente. Los movimientos de Zelensky para garantizar unas elecciones con una oposición limitada y controlada para contar con un Parlamento que, más allá de unos futuros comicios, siga actuando como eco de la voz del Gobierno son evidentes, pero la actuación del presidente no se limita a preparar el futuro, sino que se centra también en el presente.
El domingo se confirmó que Zelensky había exigido la dimisión de Yulia Sviridenko, protegida a Andriy Ermak y, hasta ahora, primera ministra del país. La caída de Sviridenko es consecuencia del cambio obligado de política desde el pasado diciembre. Zelensky sustituyó a Ermak con quien había sido su rival, Kirilo Budanov. Pese a la actuación de Sviridenko y otras personas hasta entonces asociadas a Ermak, que exigieron al presidente el cese de quien les había ofrecido sus puestos, el tiempo de la primera ministra siempre pareció contado. Según la prensa ucraniana, Zelensky le habría ofrecido ejercer de embajadora de Ucrania en Estados Unidos, un puesto apetecible y que garantiza presencia en los medios y en Naciones Unidas, pero un poder limitado a la hora de negociar cuestiones políticas.
El martes se consumó el cese de todo el Gobierno, un paso previo para que el presidente nombre a un nuevo gabinete en el que se esperan cambios relevantes y que, desde el anuncio del cese de Sviridenko dieron paso a una serie de especulaciones y a una campaña de defensa de uno de los ministros cuya posición se ha puesto en cuestión: Mijailo Fedorov, el ministro de Defensa que, según la narrativa ucraniana y occidental, ha revolucionado el ejército, su organización, forma de actuar y que ha elevado a Ucrania a líder en la guerra moderna. En su puesto de ministro de Transformación Digital, Fedorov fomentó la gamificación de la guerra, una trivialización de la muerte a base de dar puntos a los soldados por la cifra de bajas que infligen al enemigo. Y como ministro de Defensa, Fedorov ha acelerado la implantación del dron como principal arma de la guerra. Ese papel le ha otorgado el apoyo que, a nivel nacional e internacional, se ha manifestado desde el momento en el que medios como Ukrainska Pravda se alertara de que Zelensky se encontraba a punto de cesar a Fedorov.
El objetivo de Zelensky siempre ha sido mantener el control, por lo que figuras que han adquirido un perfil excesivamente elevado le resultan incómodas. Sin embargo, Zelensky no puede permitirse tampoco enemistarse con ellas, de ahí que se busque ofrecer una posición de relativa presencia mediática pero ningún poder real a esas personas a las que se trata de apartar. Según los medios, Zelensky habría ofrecido a Fedorov el puesto de primer ministro, una posición que el titular de Defensa rechazó, obligando al presidente a ceder ante una campaña en la que se ha mostrado apoyo al ministro desde la extrema derecha de Sternenko hasta los principales defensores de Ucrania en Occidente o posicionarse del lado de los generales de las fuerzas armadas.
“¿Se quedará o se irá? Con el puesto de primer ministro asegurado para Sergii Koretskyi, la mayor pregunta sin respuesta que rodea el nuevo reajuste de gabinete del presidente Zelensky es si destituirá al popular ministro de defensa Mykhailo Fedorov”, comentó en las redes sociales Christopher Miller, uno de los periodistas occidentales con más acceso a fuentes ucranianas gracias a su cercanía a las figuras fuertes del Gobierno. Según Miller, “varias figuras destacadas cercanas a Zelensky afirmaron que el presidente había mantenido conversaciones sobre la sustitución del ministro, mientras se prepara para presentar su nuevo Gobierno el jueves”. El periodista confirmaba el rumor que se había extendido a lo largo de la semana: el puesto de Fedorov corría peligro por su choque con varios de los generales de las Fuerzas Armadas de Ucrania. La tarde del miércoles, Zelensky confirmaba a Koretskyi como primer ministro. Las prioridades están claras: prepararnos para el invierno”, alegó el presidente al nombrar a quien ha ejercido de CEO de Naftogaz, la compañía pública de gas. El invierno pasado, la receta de Naftogaz fue no preparar el invierno y permitir que la población padeciera el frío, en ocasiones bajo cero, en sus viviendas.
Horas después, periodistas como Christopher Miller u Ollie Carroll apuntaban al cese de Fedorov, que se confirmó ayer. El nombramiento de Yevhen Jmara, hasta ahora jefe del SBU, apunta a la importancia del aparato de seguridad, si no el aparato represor, en el Estado ucraniano. Como la inteligencia militar, el GUR, el SBU se ha visto directa o indirectamente implicado en casos como el Nord Stream o el reciente intento de asesinato en Mónaco y desde hace años cuenta con un programa de asesinatos selectivos en la retaguardia rusa.
El cese de Fedorov supone una derrota de la campaña nacional e internacional en defensa de la persona a la que se acredita con haber modernizado el ejército para dar la vuelta a la guerra y una victoria para los generales. Ucrania y Occidente han centrado tanto la información sobre la guerra en los drones, que cualquier otro aspecto parece menor. Ese era precisamente el argumento de los generales de las Fuerzas Armadas de Ucrania, que insisten en que no se ha llegado a un punto de inflexión y ponen el acento en la situación en el frente terrestre, donde la superioridad de la que se jacta Kiev en el aire no se extiende al resto de aspectos de la guerra. La apuesta de Fedorov y de los países occidentales se limita a utilizar la guerra aérea para obligar a Rusia a negociar en posición de debilidad, una posibilidad que no parece realista al estamento militar, que no se siente amenazado por Fedorov solo por ser el hombre de Silicon Valley o de Palantir en Ucrania, sino porque son conscientes de que la guerra no se juega en el aire, sino sobre el terreno.
Como se había advertido en días previos, las quejas que llegaron del extranjero se produjeron incluso antes de que Zelensky confirmara lo que ya habían filtrado diputados de la oposición y periodistas occidentales. “ha ganado un lugar en los libros de historia por su valiente e incansable liderazgo frente a la brutal agresión de Rusia. Pero su gestión política en el ámbito doméstico a veces resulta desconcertante, difícil de justificar y contraproducente. Esta es una de esas ocasiones”, escribió el miércoles por la noche Financial Times en un editorial que es un buen resumen de la postura mediática: apoyar a Zelensky en general, pero marcar los límites que no debe cruzar. Porque si los años de guerra han enseñado algo es que el presidente ucraniano tiene vía libre para imponer su voluntad, prohibir partidos, quitar por decreto actas de diputado conseguidas en las urnas o condenar a la población al frío del invierno para emplear todos los fondos en el ejército, pero no ha de minar los intereses occidentales. Así ocurrió cuando Zelensky trató de poner bajo su control las estructuras anticorrupción -creadas por y para Occidente- y puede ocurrir ahora.
En aquel momento, las protestas de la clase media y los sectores afiliados al enorme complejo casi industrial de las ONGs y fundaciones financiadas desde Occidente fueron la avanzadilla de la llamada telefónica en la que Úrsula von der Leyen exigió explicaciones y dio a Zelensky órdenes que comprendió rápidamente: la Rada aprobó apenas unos días después una legislación que contradecía la adoptada una semana antes. El cese de Fedorov, que ayer provocó protestas en las calles de varias ciudades del país, corre el riesgo de transcurrir por el mismo camino. El ahora exministro está apoyado por algunos de los sectores más movilizados del país. El ejemplo es Serhii Sternenko, que ha trabajado para el Ministerio en el desarrollo de drones. Veterano del Praviy Sektor y una figura muy conocida de la extrema derecha ucraniana, Sternenko es ahora un respetable miembro de las élites vinculadas a la financiación occidental, un sector de población centrado en la industria de la defensa -y el ataque- y con un poder y financiación en alza.
Sutil en sus formas pero provocador en el fondo, Fedorov confirmó tanto haber rechazado el puesto que Zelensky le ofrecía como su intento de cesar a generales como Oleskandr Syrsky, a quien culpa de las elevadas bajas del ejército y de la insuficiente modernización de las Fuerzas Armadas de Ucrania, un mensaje populista cuya difusión no ha hecho más que empezar y que está logrando adeptos en el intento de presionar a Zelensky para minar su posición de Gobierno.
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