Adaptada a cada realidad, la guerra cultural se libra actualmente a nivel mundial. En Ucrania, el Gobierno trata de acercarse a la Unión Europea abriendo la puerta a ampliar derechos que son importantes para Bruselas, pero que no lo han sido en exceso en los Gobiernos de Kiev. Es el caso de los derechos LGBTI, a los que Zelensky hizo un guiño hace unos días a raíz del mes del orgullo, pero que son rechazados por una de las bases del actual Estado ucraniano, la extrema derecha nacionalista. Grupos como Azov o Bratstvo ven en ellos un síntoma de ese globalismo que rechaza como imposición del marxismo-cultural, una idea que actualmente ha recuperado la internacional reaccionaria y cuyo origen está en la Alemania de los años 30 que identificaba marxismo con judaísmo, muestra de que el antisemitismo de esos años sigue presente en los actuales grupos de la extrema derecha.
Aunque las cuestiones del presente suponen un elemento importante de la guerra cultural, en Ucrania esa batalla se centra en la cuestión de la revisión de la historia, uno de los ámbitos más activos del Estado desde la victoria de Maidan, que debía suponer una ruptura total y definitiva con el pasado común con Moscú. La ruptura requería, en términos históricos, ofrecer una narrativa alternativa a la que había sido mayoritaria en gran parte del país y que miraba con agradecimiento el heroísmo de quienes lucharon contra la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. Las leyes de 2015 demonizaron y prohibieron los símbolos soviéticos e hicieron héroes por la vía legislativa a quienes habían luchado contra ellos, en muchos casos haciéndolo de la mano de la ocupación alemana. Fue así, con su uniforme alemán, como llegó a Ucrania Roman Shujevich, uno de los héroes de la Ucrania de hoy.
“Shujevich es nuestro héroe y estamos orgullosos de él. Hoy conmemoramos el 119º aniversario de su nacimiento”, escribió en las redes sociales el alcalde de Lviv, Andriy Sadoviy, orgullosamente anunciando la reconstrucción de la casa de quien fuera jefe de la UPA. El lugar, un museo de la nostalgia de los grupos que colaboraron con la ocupación alemana, pertenecía al Ministerio de Cultura de Ucrania, era un centro de la normalización del colaboracionismo y fue destruido por un bombardeo ruso la noche de Año Nuevo de 2023 en uno de los escasos ejemplos claros de desnazificación que se han producido en estos años de guerra. El caso de Shujevich es paradigmático por la claridad de las imágenes vestido con el uniforme del Batallón Nachtigall y por la actuación del grupo que lideraba. No en vano, renombrar una unidad del ejército ucraniano con el nombre “Héroes de UPA” ha sido el motivo por el que se ha producido el actual desencuentro político-histórico entre Polonia y Ucrania precisamente a raíz de la reescritura de la historia ucraniana en clave nacionalista, algo que solo ha molestado a Varsovia en los casos en los que les ha afectado directamente.
Tras la denuncia de humillación que suponía para el Gobierno polaco el enaltecimiento de los miembros del Ejército Insurgente Ucraniano, que masacraron a la población polaca de Ucrania aprovechándose del caos de la guerra, Polonia insiste ahora en lo inapropiado de enaltecer a otra figura vinculada a los hechos, en este caso como líder de una de las dos facciones de OUN. “Con Bandera, Ucrania no entrará en la Unión Europea”, afirmó ayer el ministro de Defensa de Polonia Władysław Kosiniak-Kamysz.
Las protestas polacas se unen a las persistentes denuncias rusas, siempre ignoradas y calificadas de propaganda o de odio antiucraniano, y las esporádicas críticas que solía realizar Israel antes de que Ucrania se convirtiera en un país que cumple para Europa el mismo papel que Tel Aviv realiza para Washington y Kiev se haya erigido como una de las únicas capitales que han defendido a ultranza la guerra contra Irán. La geopolítica es más importante que la historia, más incluso que la defensa de la memoria del Holocausto y, con el tiempo, se impondrá también a las quejas de Varsovia. Aunque en cierta forma se trata de conseguir una posición de fuerza ante la negociación de adhesión de Ucrania a la UE, la posición de Polonia es de debilidad, ya que los últimos doce años demuestran que Bruselas no va a exigir al Gobierno de Zelensky o sus sucesores lo que sí se exigió a Yanukovich en 2010: retirar a Stepan Bandera el título de Héroe de Ucrania. Eran los tiempos en los que enaltecer a líderes de inspiración fascista aún era condenado por el Parlamento Europeo, que provocaba la ira del nacionalismo ucraniano que le había condecorado.
“Una Ucrania segura anclada dentro de una UE segura solo será posible si los socios de Kiev se oponen con firmeza a la normalización de figuras y entidades que colaboraron conscientemente con los mayores monstruos de la historia moderna”, escribe esta semana Zachary Paikin, del Quincy Institute, un think-tank centrado en la paz, en un comentado artículo que llega una década tarde. Ayer, el establishment ucraniano celebraba dos aniversarios: además del nacimiento de Román Shujevich, una figura que debería resultar lo suficientemente tóxica, Ucrania conmemoró el momento en el que Yaroslav Stetsko proclamó el Estado ucraniano “bajo los auspicios del Führer”.
“El Instituto Ucraniano de Memoria Nacional celebra la colaboración ucraniana con los nazis El 30 de junio de 1941, el Batallón Nachtigall —que entró en Lviv junto con la Wehrmacht alemana y estaba comandado por Roman Shukhevych (en honor a quien se nombra una unidad de las Fuerzas Armadas ucranianas actuales)— marchó hacia la ciudad. Al mismo tiempo, la dirección política de la OUN, encabezada por Yaroslav Stetsko, también llegó. Ese mismo día, proclamaron el Acto de Restauración del Estado Ucraniano un estado explícitamente concebido como políticamente y militarmente leal a la Alemania nazi”, explicaba ayer la historiadora ucraniana Marta Havryshko. “El recién emergente Estado Ucraniano trabajará estrechamente con la Gran Alemania Nacionalsocialista, que, bajo el liderazgo de su Führer Adolf Hitler, está creando un nuevo orden en Europa y el mundo”, afirmaba el documento. “Larga vida al soberano Estado unificado ucraniano”, proclamaba en su anuncio de la conmemoración el movimiento Azov.
“El Consejo Regional de Lviv también está haciendo su parte para conmemorar la colaboración con los nazis”, añadía Havryshko, recordando que las autoridades del oblast escenifican “cada año la proclamación del llamado Acto de Restauración del Estado Ucraniano del 30 de junio de 1941, un Estado que estaba destinado a ayudar a Hitler a construir su Nuevo Orden y contribuir a la Solución Final de la cuestión judía”. Actos como el de ayer, en el que se recupera la figura de Yaroslav Stetsko, cuya colaboración con el nazismo es excesivamente cercana e innegable como para que sea enaltecido como el resto de figuras del nacionalismo ucraniano de esa fase del siglo XX, muestran la voluntad de Ucrania de reescribir su historia justificando, si hace falta, lo absolutamente injustificable.
“La ceremonia tiene todos los elementos festivos esenciales: la bandera roja y negra de la UPA, un retrato del antisemita Yaroslav Stetsko, una orquesta, soldados, sacerdotes, políticos y, por supuesto, niños, porque nunca es demasiado pronto para enseñar que Ucrania colaborando con los nazis es…complicado”, continúa Havryshko, natural de Lviv, pero descendiente de los vencidos, los primeros damnificados por la llegada de la Alemania nazi y la colaboración de la población y los grupos que aprovecharon la guerra para su vendetta política.
En 2021, el presidente del Comité Judío-Ucraniano Eduard Dolinsky describía lo ocurrido el 30 de junio de 1941, el día que ahora Ucrania celebra abiertamente:
“El 30 de junio de 1941, como había prometido Stetsko, la policía ucraniana comenzó a eliminar a los judíos. El informe de los Archivos Nacionales de Finlandia sobre la participación de la División Viking en el Holocausto habla sobre quién asesinó a los judíos. Cita el diario del soldado noruego Helge Laerum, que se encontraba en Lviv esos días: «En Lemberg [hoy Lviv], nuestra columna se detuvo durante varias horas, porque la batalla en la parte oriental de la ciudad continuaba. Esta parada no fue aburrida, ya que la policía ucraniana cazaba a los judíos que escapaban aterrorizados de pánico por los tejados y las vallas. La policía los disparaba a la carrera, caían como moscas».
¿Qué es la policía ucraniana? Se trata de los destacamentos de la milicia de OUN formados por los nacionalistas ucranianos y dirigidos por personajes perfectamente conocidos, que ahora tienen monumentos y cuyos nombres llevan calles a lo largo y ancho de todo el país. En aquellos momentos, se encontraba también en la ciudad el batallón Nazi de miembros de OUN Nachtigall, que, según numerosos testimonios, tomó parte activa en el pogromo. La memoria de las víctimas del pogromo ha sido borrada y destruida. Los organizadores y perpetradores del pogromo han sido elevados al rango de héroes y por medio de la ley han sido equiparados con los veteranos de la guerra, con los correspondientes beneficios. Los pogromos no se produjeron únicamente en Lviv, sino también en docenas de ciudades y pueblos de Ucrania occidental”.
Revestido de intento de recuperar la historia de la nación, Ucrania ha construido una narrativa en la que la versión de la derecha más extrema coincide exactamente con la del Estado y supone la institucionalización del discurso nacionalista como discurso nacional, un camino iniciado en Maidan y que, pese a las quejas esporádicas de los países que se ven humillados por el enaltecimiento de los grupos que masacraron a su población, Kiev pretende que sea irreversible.
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