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Ejército Ucraniano, SBU, Syrsky, Ucrania, Zelensky

«El estrangulador»

“Syrsky puede ser o no un gran comandante militar, pero eso ya no es relevante. En una guerra en la que la nación entera está luchando y el ejército está compuesto por un millón de civiles de ayer, el comandante no puede ser tan impopular como para provocar protestas en toda Ucrania, incluidas las de veteranos e incluso tropas en servicio activo”, escribió el sábado el corresponsal jefe de The Wall Street Journal Yaroslav Trofimov, que hace mucho tiempo perdió todo intento de pretender cierta objetividad, confunde su opinión con el análisis y se permite el lujo de utilizar su altavoz como periodista para dar consejos al Gobierno ucraniano. En realidad, ni el ejército ucraniano tiene un millón de civiles de ayer, muchos de ellos reclutados por la fuerza, ni las protestas exigen realmente el cese de Syrsky, que no es sino la cara visible de unas fuerzas armadas de las que miles de hombres tratan de huir. Reducir lo que actualmente ocurre en Ucrania a un conflicto entre el modernizador Fedorov y el soviético -o ruso- Syrsky es ignorar el marco en el que se produce una disputa que es mucho más profunda entre los diferentes focos de poder en la Ucrania actual, entre el sector civil y el militar y entre los estratos vinculados a las ONG’s y otras instituciones con financiación extranjera y los nacionalistas.

Zelensky ha dejado claro que el tiempo de Fedorov al frente de Defensa se acabó. Sus disputas con el Estado Mayor dificultaban un trabajo común en el que el hasta ahora ministro estaba alcanzando unas cotas de poder que Zelensky no podía tolerar. Como hombre de Palantir en Ucrania y como alguien que, con una única llamada telefónica consiguió convencer a Elon Musk de impedir que el ejército ruso utilizara la red Starlink en Ucrania, Fedorov se estaba creando un perfil excesivamente elevado. En un país que depende completamente de la tecnología extranjera para mover a su ejército, que quien tiene esa capacidad se convierta en un foco de poder autónomo y enfrentado al establishment militar era un peligro para el presidente de Ucrania, que ha optado por la vía más sencilla. Cambiar a un hombre era más fácil que modificar la estructura del ejército y cesar a los grandes generales, que pese a afirmaciones como las de Trofimov, mantienen apoyos más que relevantes, entre ellos los comandantes fuertemente armados.

Sin embargo, como hace un año, cuando se produjeron protestas en las calles y recibió una llamada al orden desde la Unión Europea por tratar de poner bajo su control las instituciones anticorrupción, Zelensky no parece haber presagiado el descontento que iba a producir su decisión. “Ayer y hoy han estado llenos de consultas. Por supuesto, escucho lo que la gente está diciendo. Hoy, hablé largamente con Mijailo Fedorov. También hablé con Oleksandr Syrsky hoy. Se trabajarán las decisiones respecto al ejército”, afirmó el sábado por la noche Zelensky. El presidente ucraniano no quiere ceder ante quienes le han exigido durante una semana que no cesara a Fedorov, pero tampoco puede permitirse que eliminar a un potencial rival le cueste un cisma interno. Por primera vez desde que fue nombrado para sustituir a Valery Zaluzhny, el puesto de Syrsky al frente del ejército parece estar en el aire.

Las protestas, la reacción internacional y las exigencias de cese de Syrsky han monopolizado los comentarios sobre lo ocurrido esta última semana, por lo que ha pasado desapercibido el relevo que se ha producido al frente de la inteligencia. Frente a lo que se había especulado, que iba a ser Ihor Klimenko, hasta esta semana ministro del Interior, quien quedaría al frente de Defensa, Zelensky ha optado por Evheny Jmara, que dirigía el SBU y que había obtenido el puesto a raíz de los cambios obligados por la caída de Andriy Ermak. “Los medios de comunicación y ONG’s financiados por Occidente están convencidos de que Zelensky no estaba satisfecho con la falta de entusiasmo de Malyuk a la hora de reprimir a los organismos anticorrupción durante los últimos seis meses. Debido a la indecisión de Malyuk a la hora de poner fin a la investigación por corrupción, el 28 de noviembre Zelensky se vio obligado a destituir a su querido jefe de gabinete, Andriy Ermak”, escribió en aquel momento Peter Korotaev en su blog Events in Ukraine. El foco de aquel artículo no era Jmara, sino quien iba a ser su lugarteniente, Oleksandr Poklad, que, con los cambios de esta semana, pasará ahora a dirigir el SBU.

Poklad es una de las caras habituales del equipo de Zelensky, al que en noviembre de 2021 nombró jefe de contrainteligencia. En aquel momento, medios como Zerkalo Nedeli citaba a oficiales de inteligencia que calificaban el nombramiento de “extraño y peligroso” y afirmaban que la propuesta había partido de Andriy Ermak.  Entonces, la escalada política y diplomática acompañaba a los preparativos rusos para la invasión de Ucrania que llegaría apenas tres meses después. Era el momento más tenso de la legislatura de Zelensky, cuando, en lugar de moderación, las partes optaron por decisiones radicales como poner la contrainteligencia en manos de alguien conocido como “el estrangulador”.

“Algunos informes sugieren que Poklad fue encarcelado en los años 90 por chantaje. Los registros sobre esto son nebulosos. Lo que está claro es que estuvo a cargo de la quinta dirección de contrainteligencia de Ucrania: una unidad potente creada con la ayuda de la CIA que se ha centrado en trabajo sucio”, escribió en las redes sociales el periodista de The Economist Ollie Carroll, autor del artículo en el que se daba cuenta del programa de asesinatos selectivos del SBU. En aquel artículo, Valentin Nalivaychenko se refería a la necesidad de una actuación más dura que el encarcelamiento de defensores de la RPD y la RPL en Ucrania, algo que no estaba logrando el objetivo de disuasión del apoyo que había en la población a las Repúblicas de Donbass. Como en 2014, cuando Kiev inventó una operación antiterrorista para justificar el uso de las fuerzas armadas para resolver un problema político, Ucrania eligió escalar la violencia e inició un programa de asesinatos de figuras relevantes y personas que hacían posible el funcionamiento de las estructuras políticas y militares al otro lado del frente.

“El quinto departamento del Servicio de Contrainteligencia (ROC), que él dirige, se dedicaba a misiones especiales. «En primer lugar —durante los años 14 y 15— detrás de la línea del frente. Estas misiones se parecían más al modus operandi del GUR”, comentaba en 2021 Zerkalo Nedeli sin precisar que estaba refiriéndose al asesinato selectivo de personas civiles o militares a las que Ucrania les ha aplicado una pena de muerte sin necesidad de sentencia. Aunque en ocasiones no es posible conocer cuál de las dos inteligencias realiza cada acto de sabotaje o asesinato, tanto el GUR como el SBU han actuado de forma similar, con programas de asesinatos que han costado la vida a comandantes importantes de Donbass, generales rusos, ingenieros, fiscales, concejales, expolíticos e incluso -quizá por error- a Darya Dugina, hija de Alexander Dugin. Una parte importante de esos crímenes fueron cometidos por la quinta dirección de contrainteligencia de Ucrania liderada por quien ahora va a dirigir, al menos temporalmente, el SBU, la inteligencia civil de Ucrania.

Quizá el asesinato más conocido del programa de ejecuciones sumarias no se produjo al otro lado del frente, sino en pleno Kiev. “Su asesinato más famoso fue el del banquero ucraniano y negociador con Rusia Sergei Kireev, que fue sometido a intensas torturas antes de morir. Más tarde, la agencia de inteligencia rival del SBU, la Dirección General de Inteligencia (GUR), declararía a la prensa occidental que Kireev era su agente y el jefe de la GUR, Kirillo Budanov, culpó directamente a Poklad del asesinato”, escribió Korotaev sobre el famoso episodio de 2022 en el que el SBU se jactó de haber liquidado a un traidor y el GUR elogió al asesinado insistiendo en que había muerto como un patriota.

“Los métodos de el estrangulador siguen siendo los mismos, ya sea como gánster a principios de la década de 2000 o como agente secreto en la actualidad. Extorsión, tortura, drogas, explosivos, asesinatos por encargo y sadismo”, añadía Peter Korotaev sobre una forma de actuar y un historial delictivo que no solo no ha minado las posibilidades de Poklad de ascender, sino que le han aupado a un alto cargo de la inteligencia y que le ha dado la confianza de Zelensky, que en 2025 le nombró integrante de la delegación ucraniana enviada a Estados Unidos para negociar las condiciones para el final de la guerra. Pero, ante todo, el ascenso de personas como Pokland es indicativo de cómo ha gobernado Zelensky, rodeándose de figuras sin escrúpulos vinculadas directamente al aparato represor y de seguridad.

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