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Armas, Ejército Ucraniano, Rusia, Ucrania

El papel de los nuevos héroes

“El problema de la delincuencia organizada y el submundo criminal de Ucrania, que ya era grave antes de la guerra, va a ser completamente distópico después de la guerra. Un Estado central débil y corrupto y decenas de miles de veteranos entrenados y organizados, muchos procedentes de unidades semiautónomas adoctrinadas en una ideología de extrema derecha”, comentó en las redes sociales Mark Ames. El periodista estadounidense reaccionaba a una noticia publicada por los medios ucranianos, que afirman que el comandante de la 155ª Brigada está siendo buscado por las autoridades por haber dado orden a sus subordinados de secuestrar y asesinar a dos hombres. Nueve miembros en activo de la brigada han sido detenidos y apartados de sus puestos.

“Las fuerzas del orden han iniciado una investigación sobre el incidente. El Centro de Mando de Sever está prestando un apoyo integral a las fuerzas del orden y promoviendo la máxima transparencia en la investigación. Todas las acciones ilegales serán objeto de las medidas legales correspondientes. Los responsables deberán rendir cuentas de acuerdo con la legislación aplicable”, confirma el comunicado del Centro de Mando. Según las informaciones periodísticas que han trascendido, los dos hombres insultaron a la esposa de Stanislav Luchanov, comandante de la 155ª Brigada. La investigación considera que, tras la disputa, el comandante ordenó que los dos hombres fueran ejecutados. “Secuestraron a dos hombres, Maksym M. y Roman M., residentes en el pueblo de Kalynivka, en el distrito de Bila Tserkva, los llevaron a la región de Dnipropetrovsk y se deshicieron de ellos”, afirma Zerkalo Nedeli.

“Los cadáveres, que, según datos preliminares, pertenecen a las víctimas, ya han sido exhumados. Entre los nueve militares detenidos se encuentra el comandante del batallón de la 155ª Brigada de Fusileros Motorizados, el teniente primero O. Dolgolenko”, añade el medio ucraniano. El modus operandi es exactamente el mismo que se cree que utilizaron un miembro en activo del GUR y un exmiembro del SBU para deshacerse de la sospechosa del asesinato fallido del oligarca ucraniano Vadim Ermolaev en Mónaco. Bajo la premisa de proteger a la mujer, que había llegado a Ucrania antes de que Interpol emitiera la orden de búsqueda y captura, los dos hombres la llevaron un bosque, donde fue ejecutada. Los objetivos de los dos asesinatos son diferentes, pero tanto el resultado como las formas son las mismas. En el caso del asesinato de Anastasiia Berezovska, acusada de colocar un paquete bomba a las puertas de la vivienda de Vadim Ermolaev, el objetivo era, sin duda, eliminar pruebas que relacionaran a los dos hombres con el atentado de Mónaco, ya fuera a título personal o para tapar los vínculos entre el intento de asesinato y la inteligencia de Ucrania.

El secuestro y asesinato de dos personas por haber insultado a la esposa del comandante, sin embargo, es un acto de tomarse la justicia por su mano que solo es posible por las circunstancias en las que se encuentra el país desde 2014. La guerra no solo es el caldo de cultivo para los odios sociales entre grupos o un ecosistema favorable para el que el tráfico de armas, sino para todo un abanico de opciones criminales que son posibles por la existencia de zonas grises en las que el Estado desaparece y la ley depende de quien la impone a su antojo por la fuerza de las armas.

El golpe de estado de febrero de 2014 eliminó los equilibrios políticos existentes y provocó un conflicto social que, en Donbass, derivó en una guerra en la que el Estado rápidamente movilizó a su sector más ideológicamente comprometido, la extrema derecha armada y dispuesta a matar. Empoderar a grupos como Azov o el Praviy Sektor, algunos de cuyos miembros han sido nombrados héroes de Ucrania, tiene como consecuencia la infiltración de estos sectores en el Estado y, sobre todo, la normalización de sus formas de actuar. A lo largo de los años de guerra en Donbass, cuando el foco mediático de los primeros meses ya había desaparecido, numerosas informaciones dieron cuenta de la forma en la que el regimiento Azov, por aquel entonces aún unificado y con base en Mariupol, imponía su ley en la ciudad a base de amenazas y uso de la fuerza, en ocasiones llegando a las armas. En la retaguardia, el peso de estos grupos armados en el crimen organizado está más que constatado en tramas como el negocio de los centros de llamadas fraudulentas o la extorsión a pequeños propietarios para la expropiación de tierras. Generalmente, si los crímenes no son de sangre, el estatus de veterano garantiza impunidad ante la justicia, aunque no necesariamente ante grupos rivales igualmente armados y formados también por personas que han pasado por el frente.

Extrema derecha, crimen organizado y un Estado que ni puede ni quiere controlarlos es una fórmula que acarrea consecuencias. Grupos armados han cometido pogromos contra minorías, especialmente la población romaní, en los que, en ocasiones, han participado también las fuerzas del orden. Desde 2022, con la movilización general y permanente, el porcentaje de veteranos de guerra en el país ha ascendido notablemente. Se trata de hombres que han conocido las trincheras, han sido entrenados para matar y, en muchos casos, con la percepción de impunidad para actuar a su antojo. Casos como el de la 155ª Brigada recuerdan las posibilidades de la guerra a la hora de cometer crímenes y tratar de ocultarlos o dejarlos pasar como acciones de la guerra. Y son también un recordatorio del grave problema que van a padecer tanto Rusia como Ucrania a la hora de reinsertar a los veteranos en la sociedad una vez terminado el conflicto.

Esa cuestión tiende a plantearse en términos mediáticos únicamente para el caso de Rusia, donde se da por hecho que se producirá un fuerte aumento del crimen organizado tal y como ocurrió tras las guerras de Chechenia. Sin embargo, la implicación de personal en activo del ejército o los servicios de inteligencia recuerdan que es en Ucrania donde el problema va a ser más grave, ya que la situación demográfica, social y política va a contribuir al ascenso de los veteranos de guerra como parte esencial de la nueva clase dirigente en alza.

Los datos proporcionados esta semana por la Unión Europea muestran un aumento de la cifra de población ucraniana refugiada en los diferentes países miembros. La esperanza de Zelensky es que la paz traiga el retorno de esos millones de personas que salieron del país huyendo de la guerra y que se convertirán en la base sobre la que se sustente la recuperación económica. Sin embargo, como apuntaba el periodista económico Ben Aris, la paz puede implicar también una fuga de hombres en edad militar que no han podido salir del país durante la guerra y que emigren para reunirse con sus familias en los países en los que se han asentado. La prolongación de la guerra durante tantos años supone que una parte de esa población refugiada rehaga sus vidas en el extranjero sin intención de regresar a Ucrania. La pérdida de población, unida a la demonización de quienes no hayan luchado en la guerra hará aún más relevante al sector de los veteranos de guerra.

“Ucrania está creando poco a poco un sistema para la contratación de veteranos, pero aún no ha establecido un sistema para su reinserción en la vida civil. Y aunque el Estado informa sobre los programas de apoyo, el trabajo real lo realizan las organizaciones públicas, las fundaciones benéficas, los empleadores particulares y los propios veteranos”, explica Zerkalo Nedeli en referencia al intento del Estado de preparar el terreno para la reinserción de los veteranos de guerra en la vida civil. En su línea de privatización de gran parte de las atribuciones del Estado, Ucrania prefiere dejar en manos de organizaciones privadas ese proceso, algo que, en la práctica, implica dar más poder al entramado de ONG’s y organizaciones asociadas a los países europeos y, en muchos casos, al gran capital extranjero.

“Al regresar a casa, un veterano se enfrenta a una realidad económica diferente. En las ciudades pequeñas, las ofertas de trabajo con un salario de entre 15.000 y 20.000 grivnas [295-365€] suelen considerarse bastante competitivas. Para una persona que acaba de terminar el servicio, tiene problemas de salud, necesita tratamiento o se ve obligada a alquilar una vivienda en otra ciudad, una oferta así suele parecer un camino hacia la pobreza. Por eso, el problema es mucho más profundo que las simples «expectativas excesivas de los veteranos». De hecho, se trata de la falta de un mecanismo de transición entre dos sistemas de ingresos completamente diferentes. El Estado lleva años hablando de gratitud hacia los defensores, pero en la práctica no ofrece herramientas que permitan a una persona superar esta transición financiera sin que se produzca una caída brusca de su nivel de vida”, explica el medio en lo referente a los programas de empleo para veteranos, a gran parte de los cuales les espera a su vuelta a casa un empleo en condiciones de pobreza, algo que ya ocurrió en la guerra de Donbass y que supuso un incentivo para la participación de los veteranos en tramas criminales o en la economía sumergida.

“Ucrania ha creado un sistema de movilización a gran escala. A cada persona se le forma, se le equipa, se le asigna a una unidad y se le proporciona ayuda económica. Pero cuando finaliza el servicio, el sistema prácticamente desaparece. El veterano se queda solo ante la necesidad de encontrar un trabajo, recuperar la salud, someterse a rehabilitación, resolver problemas de vivienda y, al mismo tiempo, proporcionar ingresos a su familia”, añade Zerkalo Nedeli, que recuerda que “formalmente, se está desarrollando la infraestructura para veteranos en Ucrania. Están surgiendo nuevos programas, ayudas a los empleadores, subvenciones para empresas, centros de apoyo y servicios digitales. Pero cuanto más surgen este tipo de iniciativas, más claro se hace el problema principal: no forman un sistema único. El Estado sigue pensando en términos de proyectos individuales, mientras que un veterano necesita un itinerario integral para reincorporarse a la vida civil. Desde el momento de la desmovilización hasta el empleo, desde el tratamiento hasta la recualificación, desde la asistencia psicológica hasta la estabilización financiera. Hoy en día, ese itinerario no existe”. Con un programa económico más cercano al libertarianismo de Javier Milei que al liberalismo europeo, Ucrania avanza por el camino thatcheriano en el que no existe la sociedad, solo el individuo.

En un país en el que los veteranos se toman la justicia por su mano, el Estado espera que se ocupen también de su reinserción en la sociedad. Con la experiencia del frente y del uso de la fuerza, no será de extrañar que el retorno a la vida civil de una parte relevante de los veteranos se produzca en la economía sumergida o el mundo del crimen.

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