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Ejército Ucraniano, Nord Stream, Rusia, Ucrania, Zaluzhny, Zelensky

La épica de un atentado

Olvidado como argumento de guerra al no haber podido culpar al enemigo ruso, el Nord Stream reaparece en los medios de comunicación solo de forma esporádica debido a lo incómodo de la información. Posiblemente, quien ha realizado un seguimiento más constante has sido The Wall Steet Journal, uno de los primeros en tomar las pistas que estaban aportando las autoridades policiales europeas, fundamentalmente las alemanas, única investigación que no se ha cerrado. Uno de los periodistas que han tenido acceso privilegiado a las fuentes, Bojan Pancevski, ha publicado un libro con la información que se conoce hasta ahora y a partir de la cual ha conseguido reconstruir los hechos para detallar cómo se realizó el golpe, un acto que el autor califica de “misterio geopolítico de alto perfil”.

En los tres años y medio transcurridos desde lo que habría sido calificado de atentado de terrorismo internacional en caso de haberse probado que todo partió de Rusia, el establishment ha pasado de la indignación contra el Kremlin por un ataque inaceptable a tratar el tema con la ligereza que precisa exculpar a un aliado o proxy. El objetivo del seguimiento de medios como Der Spiegel o The Wall Street Journal no es tanto aportar la información disponible, sino consolidar ese marco en el que exculpar a determinadas personas e incluso justificar los hechos, perfectamente claros a raíz del escaso intento de quienes participaron en la trama de tapar su participación. Hace mucho tiempo que las pistas no apuntan a Moscú sino a Kiev, se conocen los detalles de cómo se organizó el comando, cuál fue la ruta realizada, los explosivos que se utilizaron, la empresa pantalla de la que se valieron para camuflar el flujo económico e incluso hay una persona a la espera de juicio. Los acusados en este juicio podrían haber sido dos, pero Polonia rechazó la petición alemana de extradición del segundo detenido, realizando una lectura política de los hechos y justificando el ataque como un acto legítimo de defensa propia de Ucrania al destruir un gasoducto ruso. El hecho de que el Nord Stream sea también propiedad de Alemania, aliado de la UE y de la OTAN, es un detalle menor que tiende a olvidarse salvo que sea para criticar a Berlín por la existencia de las infraestructuras.

“Desde el principio, el proyecto fue objeto de polémica. Todos los gobiernos de Estados Unidos se opusieron a su construcción, desde la segunda administración de Bush. Trump impuso sanciones a Nord Stream 2. Biden prometió «ponerle fin» si Rusia atacaba Ucrania. Los políticos británicos criticaron el acuerdo energético. Polonia lo comparó con un pacto de la época nazi”, recuerda Pancevski, insistiendo en la narrativa oficial de que el problema del Nord Stream no fue su destrucción en un ataque que habría sido considerado un acto de guerra en caso de participación rusa destruyendo un gasoducto del que es copropietaria, una idea absurda que fue la única hipótesis del establishment mediático durante meses.

“Los investigadores alemanes que intentaban determinar quién había saboteado el Nord Stream descubrieron el Andromeda en un dique seco de la isla de Rügen. Cuando los expertos forenses subieron a bordo, vestidos con trajes blancos de protección y guantes azules de látex, comprobaron que las pruebas del interior se encontraban prácticamente intactas, según los investigadores alemanes. Las únicas personas que parecían haber manipulado la embarcación después de los ucranianos eran representantes de los propietarios, que la habían guardado durante el invierno”, describe Pancevski, que añade que “la policía encontró una botella de plástico medio llena de agua cubierta de huellas dactilares. La mesa del comedor y el cuarto de baño conservaban rastros de explosivos que coincidían con los residuos encontrados en los lugares de las explosiones, según documentos judiciales alemanes. Otro gran avance provino de una cámara de tráfico en Rügen que captó fotografías de presuntos miembros de la tripulación, según los investigadores alemanes”. Todo indica que las autoridades judiciales alemanas disponen de pruebas para determinar con claridad los hechos. Y es igualmente evidente que no hay voluntad de tratar las implicaciones políticas que supondría la participación de un Gobierno extranjero -uno del que Alemania es un proveedor imprescindible y que depende de que ese flujo económico se mantenga- en un ataque contra infraestructuras críticas.

“El Gobierno ucraniano sostiene que no participó en la operación. El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, ha negado tener conocimiento alguno de la misma, y un portavoz de Zelensky no respondió a una nueva solicitud de comentarios. Un alto mando ucraniano que afirma haber participado en la planificación del ataque y tres personas al tanto de los hechos afirman que Zelensky fue informado al respecto por el entonces comandante de las fuerzas armadas, el general Valeriy Zaluzhniy, que desde entonces ha sido sustituido. Estas personas afirman que la operación de sabotaje se planeó en la fase inicial de la guerra, cuando Berlín aún se mostraba reacio a enviar armas a Kiev”, alega el artículo en las únicas menciones a Volodymyr Zelensky, a quien quiere exculpar a base de presentar toda la narrativa de los hechos, justificarlos y, en todo caso, señalar a Zaluzhny, ahora rival político del presidente ucraniano, ya que gran parte del grupo de sabotaje estaba formado por militares en activo y agentes de inteligencia.

“El caso lo ha presentado la Fiscalía Federal alemana contra un oficial militar ucraniano, ahora retirado, que fue detenido mientras viajaba por Italia. La Fiscalía alega que este hombre, identificado en un comunicado de prensa como Serhii K., se encontraba a bordo de la embarcación que transportó a los buzos hasta el gasoducto. Los documentos judiciales alemanes indican que existe una alta probabilidad de que él, al igual que el resto de participantes, actuara en nombre de las autoridades estatales ucranianas”, comenta The Wall Street Journal, admitiendo de facto que el ataque fue un acto de terrorismo de Estado, aunque de forma lo suficientemente vaga para no tener que inculpar directamente a Zelensky.

Como es habitual, el marco de la información no es esclarecer los hechos, de los que ya quedan pocas dudas, castigar a los culpables, ni tampoco analizar las consecuencias económicas y políticas o el precedente que supone atacar las infraestructuras críticas de un aliado, sino blanquearlo y señalar como consecuencias negativas únicamente aquellas que se cree que podrían beneficiar a Rusia. Cuando los hechos son tan claros, puede resultar complicado reescribir la narrativa para dar un toque de épica a un atentado. Sin embargo, tópicos, escritura rimbombante y un estilo de periodismo muy marcado por la ficción han conseguido ese efecto. Uno de los detalles que más se ha resaltado del libro de Pancevski es el de la presencia de una actriz porno ucraniana en el grupo.

“Olas de siete pies sacudían el barco en medio de un vendaval atronador. La tripulación, empapada y pálida por el mareo, votó uno a uno a favor de abortar la misión. Parecía un acto suicida sumergirse 80 metros en el mar Báltico para colocar bombas en los oleoductos con una tormenta de este tipo. Entonces, entre los hombres de rostro ceniciento, se alzó una figura menuda. Era una instructora de buceo civil, la única mujer del equipo, y quizá la razón por la que uno de los mayores actos de sabotaje de la historia moderna se llevó a cabo con éxito, según las personas que participaron en su planificación y la policía alemana que lo investigó. Gritando para hacerse oír por encima del viento, se ofreció voluntaria para bucear sola”, escribe como apertura del amplio reportaje publicado por The Wall Street Journal como reclamo publicitario del libro. “El proceso de selección del equipo fue agotador y, según los oficiales militares de alto rango, estuvo a punto de ser descartada porque no era capaz de bucear con un rebreather, un dispositivo que recircula el gas exhalado; llevar tanques de respiración adicionales la ralentizaría. Uno de los oficiales ucranianos de alto rango comentó que también existía la preocupación de que la presencia de una mujer pudiera alterar la dinámica del equipo. Sin embargo, el otro oficial, un veterano de la guerra encubierta, se percató de algo inusual en ella. La buceadora no solo era audaz, pensó, sino que parecía genuinamente incapaz de sentir miedo”, añade para dar otro toque de épica más a la selección de personal para hacer estallar infraestructuras críticas de terceros países como acto de venganza política contra un enemigo, Rusia, y un aliado, Alemania.

“El grupo, formado por cuatro hombres y una mujer, iba equipado con material de buceo, explosivos y, posiblemente, la coartada más absurda de la historia del espionaje. Si la policía los detenía, los buceadores estaban preparados para alegar que estaban rodando una película pornográfica de temática acuática. «Esto no llamará la atención en absoluto en Alemania ni en Suecia», insistió su comandante, un oficial de inteligencia militar de la era soviética que tenía poca experiencia en Europa occidental”, escribe The Telegraph en su artículo sobre el libro de Pancevski. El estereotipo como tapadera.

Al final, más allá de dar épica y hacer que el público simpatice con quienes cometieron los actos, la única preocupación en esta operación de reescritura de lo ocurrido en el Báltico es qué podría obtener Moscú a consecuencia de las investigaciones sobre el ataque con el que fue destruida su única vía de unión directa con quien hasta ahora era su principal cliente, Alemania. “A principios de 2025, la policía alemana había dictado órdenes de detención secretas contra toda la tripulación del Andrómeda. El oficial militar que esperaba juicio en Hamburgo fue detenido en Italia en agosto de 2025, según documentos judiciales alemanes, y trasladado a Alemania en noviembre. Las revelaciones de su juicio podrían tensar las relaciones entre Ucrania y Alemania y reforzar a la oposición prorrusa alemana, ya dispuesta a criticar el generoso apoyo que el país brinda a su aliado”, explica el artículo. Lo único verdaderamente importante es que Ucrania no pierda la financiación de países como Alemania, que han de mirar hacia otro lado y justificar los hechos para poder seguir financiando al país que no dudó en atacarle.

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