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Armas, Ejército Ucraniano, Reino Unido, Ucrania

El rearme y las enseñanzas de Ucrania

El 11 de junio, John Healey se convertía en el segundo ministro del gabinete de Keir Starmer en dimitir ante la certeza de que el premier británico era ya un cadáver político. El argumento de Healey para bajarse precipitadamente de un barco a la deriva no fue dar paso a un nuevo líder o aspirar a formar parte del futuro equipo de alguno de los aspirantes que se postulaban aquellos días. La Europa del rearme da a los ministros de Defensa unas posibilidades que no existen para los titulares de otras carteras. Healey “afirmó que la propuesta de acuerdo para el plan de inversión en defensa (PID) «se queda muy por debajo de lo que se necesita para la defensa y para el país en estos tiempos tan peligrosos». Además, en una mordaz carta de dimisión, señaló que el primer ministro había sido «incapaz» y que el Ministerio de Hacienda «no había estado dispuesto» a «destinar los recursos que la nación necesita para defender el país en estos tiempos de crecientes amenazas»”, comentó aquel día la BBC. Según el ya exministro de Defensa, Keir Starmer, que dio el pistoletazo de salida al rearme acelerado antes incluso que la Unión Europea y marcó el paso de abrir la puerta a recortes sociales para financiar la inversión de defensa, no había hecho lo suficiente en esta materia.

La respuesta de Starmer fue anunciar que su plan supondría “un aumento sin precedentes del gasto en defensa” que iba a producirse de forma “justa y sostenible”, sin tener que recurrir a “un endeudamiento irresponsable”. Justo, sostenible e irresponsable son tres términos altamente subjetivos más fáciles de consolidar en una coyuntura en la que la narrativa del peligro inminente de invasión rusa justifica cualquier aumento del gasto militar, aunque sea a costa de recortes sociales o un endeudamiento que desde el establishment político y mediático siempre va a ser considerado responsable.

Pese a su intención inicial de disputar el liderazgo del laborismo y del Gobierno, el equipo de Starmer comprendió finalmente que el actual premier no tenía ninguna opción de superar a Andy Burnham, que había obtenido una amplia victoria con el 54% de los votos en una circunscripción en la que la extrema derecha de Reform había obtenido el 50% en las elecciones locales celebradas hace solo unas semanas. La victoria de Burnham dio paso a la confirmación de su intención de retar al actual líder del partido y a la fulminante dimisión de Starmer, anunciada un día antes por Donald Trump, la penúltima humillación del presidente de Estados Unidos a un hombre al que ha manejado a su antojo, pero a quien no le perdona que no le acompañara en su ofensiva contra Irán.

La dimisión de Starmer no supone el cambio de cromos inmediato, por lo que el aún premier ha ratificado su intención de cerrar asuntos pendientes. En la Europa del rearme, la principal cuestión de cada uno de los Estados es blindar el aumento del gasto militar. No se trata de evitar el riesgo de que un futuro sucesor vaya a revertir la inversión en Defensa -o en ataque-, ya que todo el establishment político europeo está perfectamente comprometido con el uso del gasto militar como motor del crecimiento económico y con la idea de la amenaza rusa como justificación máxima. Starmer no busca evitar el peligro inexistente de que Burnham, veterano de los gobiernos neoliberales de los tiempos de Blair y Brown, vaya a modificar el dogma establecido, sino que aspira a dejar un legado. Con escasos resultados en los casi dos años de mandato, Starmer ha querido despedirse con un plan concreto que marcará la política y la economía británica de los próximos años.

Aunque no será considerada una herencia envenenada ni el futuro primer ministro renegará de ello, el plan presentado esta semana por Starmer implica necesariamente ajustes. “Keir Starmer ha sugerido a Andy Burnham que pida prestados miles de millones más para cubrir el agujero en el plan de inversión en defensa (DIP) del Gobierno, una medida que, según los economistas, reduciría considerablemente el margen de maniobra del probable próximo primer ministro respecto a sus normas fiscales”, explicaba The Guardian, que recalcaba, sin embargo, que “fuentes gubernamentales afirman que esto apenas afectaría a la situación fiscal del Gobierno, dado que la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria calculó a principios de este año que los ministros disponían de margen para endeudarse en 22.000 millones de libras esterlinas adicionales antes de alcanzar sus límites”. El rearme no corre ningún riesgo de quedarse sin financiación y si hay que ajustar déficit o deuda, siempre puede hacerse en otra parte.

“Una nueva inyección de fondos de 15.000 millones de libras para transformar las Fuerzas Armadas y garantizar la seguridad del Reino Unido”, titulaba el propio Gobierno británico al presentar una propuesta que va mucho más allá de esa inversión inmediata en equipamiento y tecnología. “El Plan de Inversión en Defensa contará con una inversión de 298 000 millones de libras esterlinas durante los próximos cuatro años, incluidos 15.000 millones de libras esterlinas de gasto adicional respecto a la revisión presupuestaria del año pasado. Esto supondrá un aumento de la financiación para defensa, que pasará de los 54.000 millones de libras esterlinas anuales del gobierno anterior a casi 80.000 millones de libras esterlinas anuales para 2029, y hará que el gasto en defensa del Reino Unido aumente hasta el 2,7 % del PIB”, continúa el triunfalista comunicado del fallido Gobierno de Starmer. En tiempos de preocupación por el precio de la vivienda y crisis del coste de la vida, el laborismo se jacta de su gran aumento del gasto militar que “significa que, a finales de esta década, la proporción del PIB destinada a defensa será mayor que en cualquier otro momento de los últimos treinta años, y sitúa al Reino Unido en el buen camino para cumplir los objetivos de gasto en defensa de la OTAN para 2035”.

El plan prevé “790 millones de libras esterlinas durante los próximos cuatro años para reforzar la protección del territorio nacional del Reino Unido y de sus bases en el extranjero frente a amenazas aéreas, de drones y de misiles. Esto revolucionará los sistemas de mando y control y permitirá la adquisición de nuevos radares y sensores. También invertiremos en armas de energía dirigida, actualizaremos el sistema «Sea Viper» para nuestros destructores Tipo 45, ampliaremos los sistemas de defensa contra drones y construiremos un nuevo Centro Integrado de Operaciones de Defensa Aérea, Espacial y Antimisiles”. Además, se prevé destinar “más de 5.000 millones de libras esterlinas durante los próximos cuatro años para financiar la transformación de nuestras Fuerzas Armadas mediante el uso de drones. Como parte de esta iniciativa, se destinarán 650 millones de libras esterlinas a la adquisición de sistemas autónomos desechables y económicos, entre los que se incluyen drones y vehículos terrestres no tripulados, con el fin de mejorar rápidamente la capacidad letal del Ejército, la Fuerza de Comandos y las Fuerzas Especiales”. Estos dos puntos son especialmente importantes, ya que se desvían de la forma en la que los países europeos han realizado el rearme, centrados en material pesado, como la producción de tanques -base del rearme alemán, más centrado en reavivar la industria y la economía que en la lógica de la defensa y de la guerra moderna- y se inspira claramente en lo aprendido en los cuatro años de guerra de alta intensidad en Ucrania.

“Una de las medidas más llamativas del DIP es el anuncio de que no se destinarán nuevos fondos a la construcción de hasta ocho destructores de misiles guiados del Tipo 83 y fragatas del Tipo 32, proyectos que habían sido fundamentales para la reconstrucción de la flota de la Marina Real en la década de 2030. En su lugar, el Reino Unido invertirá en al menos seis nuevos buques de combate comunes que actuarán como buques de control para sistemas no tripulados, entre los que se incluyen los buques antisubmarinos Tipo 93, plataformas de misiles no tripuladas del Tipo 91 y plataformas de sensores no tripuladas de los Tipos 92 y 94 para el aire y el mar, lo cual es digno de mención porque, a pesar de no tener armada, Ucrania derrotó a la Flota del Mar Negro de Rusia con una combinación de drones marítimos y aéreos y misiles”, comentaba Politico.

Mientras tanto, la prensa ucraniana se jactaba también de la forma en la que Ucrania, su experiencia y su actuación contra Rusia están marcando los planes de rearme europeos. “Starmer calificó el plan como una «transformación generacional de nuestras fuerzas armadas», que también incorporará las lecciones aprendidas de Ucrania”, escribía The Kiyv Independent. “Se han descartado muchos proyectos heredados y costosos y los fondos se están destinando a prepararse para el tipo de guerra que se está librando en Ucrania”, recalcaba otro artículo de Politico.

Drones, misiles, enseñanzas de la guerra de Ucrania y una respuesta afirmativa a la pregunta de la prensa de si este plan será suficiente para disuadir un ataque de Rusia o luchar contra ella para 2030 son los elementos centrales de un plan que, como el de otros países europeos, se basa en exagerar el peligro del este para justificar un aumento masivo del gasto militar mucho más allá de un futuro alto el fuego. La actual coyuntura, en la que más que la amenaza rusa se responde a la decisión estadounidense de centrarse en otras zonas de mayor interés geopolítico y a las exigencias de Donald Trump de aumento del gasto militar, implica que toda la retórica ha de centrarse en la guerra. Solo el peligro puede justificar los ajustes y recortes sociales que necesariamente implicará el rearme. Y sin aspiraciones diplomáticas ni voluntad de crear una estructura de seguridad que sea capaz de resolver conflictos y evitar futuros choques, el camino hacia el 5% del PIB en gasto militar no es sino elevar gratuitamente el riesgo de una guerra aún más peligrosa que esa de la que ahora aprenden los países occidentales.

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