Desde hace varios días, los medios occidentales tratan de descubrir detalles sobre el reciente intento de Antonio Costa de abrir un canal de comunicación entre la Unión Europea y Rusia. Aparentemente independiente, la iniciativa de Costa coincide con un nuevo impulso de varios países europeos -Reino Unido, Alemania y Francia-, que tras meses en los que se han conformado con seguir suministrando material y financiación para la guerra, han recuperado la idea de una negociación como complemento a su política de máxima presión. Varios artículos han informado sobre ese canal supuestamente secreto con el que Bruselas estaría intentando ofrecer a Moscú una vía a la negociación.
“El jefe de gabinete del presidente del Consejo Europeo, António Costa, Pedro Lourtie, se puso en contacto en dos ocasiones durante las últimas semanas con funcionarios de Moscú, mientras la UE buscaba formas de reanudar las negociaciones con el presidente ruso, Vladímir Putin. Dado que los intentos liderados por Estados Unidos para poner fin a la guerra de Rusia contra Ucrania parecen estar en un punto muerto, las capitales europeas se han mostrado divididas sobre hasta qué punto se debe dar prioridad a la diplomacia frente a la ayuda a Ucrania para que salga victoriosa en el campo de batalla”, escribía este pasado fin de semana Politico.
Como escribe en un artículo inicialmente previsto para su publicación en ese mismo medio y ha manifestado en sus últimas apariciones, las iniciativas europeas de contactos han sido recibidas con el mayor escepticismo por parte de Sergey Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa. Los países europeos, afirmó el ministro de Asuntos Exteriores ruso, “siguen jactándose de algunos ‘principios’ suyos, aunque no sé a qué principios se refieren, y diciendo que a Rusia solo se le puede hablar desde una posición de fuerza. «Lo dijeron nuevamente en alguna cumbre de la UE. De repente, afirman que quieren ser mediadores, mientras al mismo tiempo emiten un ultimátum. Eso es exactamente lo que pasó después de que Starmer, Merz y Macron se reunieran con Zelensky en Londres. El 7 de junio, produjeron un ultimátum de cinco puntos, cinco párrafos, que luego los embajadores de esos tres países llevaron al ministerio ruso. Realmente no sé cómo imaginan que pueden presentarse como negociadores después de eso”.
La crítica de Lavrov al planteamiento de máxima presión acompañada de aparente apertura a la negociación no es el único rechazo a una opción diplomática que estos días recoge la prensa. Tanto es así que el presiente del Consejo Europeo, que ni siquiera ha confirmado realmente que exista algún tipo de plan para un diálogo con Rusia, se ha visto obligado a justificar sus actos. La Unión Europea, argumenta, “no puede depender solo de otros para interpretar los mensajes rusos” y debe tener la capacidad de transmitir a Moscú sus propios mensajes. La pregunta es si la Unión Europea o los países que la componen y sus aliados tienen algún mensaje que enviar al Kremlin que vaya más allá de lo que comunican los misiles, las sanciones o la captura de buques petroleros de la flota fantasma rusa.
“Cuando el jueves por la tarde dio comienzo en Bruselas la cumbre de líderes de la UE, quedó claro que muchos gobiernos desconocían la iniciativa”, añade Politico en referencia a la actividad diplomática de Antonio Costa. “Algunos manifestaron su oposición a que se llevara a cabo, según cinco diplomáticos al corriente de las conversaciones. El desacuerdo amenazaba con ensombrecer una reunión que había comenzado con buen pie, con los líderes animados por la firma de un acuerdo de paz provisional entre Estados Unidos e Irán a principios de semana”, explica el artículo.
Como había indicado días antes Bloomberg, primer medio en desvelar los contactos de la Unión Europea con Rusia por medio de un enviado de Antonio Costa, Lourtie tuvo que justificar su actuación frente a varios países miembros. El jefe de gabinete defendió la apertura de contactos alegando que había sido el propio Volodymyr Zelensky quien había solicitado esa apertura. La teoría de Ucrania es que la política de máxima presión, el acoso contra Crimea, donde ayer mismo murieron cuatro civiles en uno de los muchos ataques con drones, ha de obligar a Rusia a volver a la mesa de negociación. Rusia nunca se ha levantado de esa mesa, por lo que hay que entender en este sentido que la palabra negociar significa realmente negociar en posición de debilidad, única forma en la que Ucrania está dispuesta a negociar políticamente con Moscú.
Estados Unidos es el país indispensable a la hora de suministrar la guerra -es en Washington donde los países europeos adquieren las armas más importantes, los misiles de largo alcance y, sobre todo, la munición para la defensa aérea-, pero su postura no es lo suficientemente proucraniana a ojos de Kiev. Las palabras de Scott Bessent que se han publicado estos días y que el secretario del Tesoro de Estados Unidos habría pronunciado a Donald Turmp durante las primeras semanas de la administración trumpista son solo el último recordatorio de que la implicación de este Gobierno es muy diferente a la del anterior. Según un libro recién publicado, que confirma lo que en su momento informó Christopher Miller en Financial Times, que se encontraba al otro lado de la puerta escuchando junto a Andriy Ermak, la reunión Bessent-Zelensky en la que el secretario del Tesoro de Estados Unidos trató de obligar al presidente ucraniano a firmar el acuerdo de minerales estuvo lleno de gritos y de insultos. Scott Bessent habría recomendado a Donald Trump no recibir a Zelensky en la Casa Blanca el día del famoso enfrentamiento en el Despacho Oval calificando a Zelensky de “niño con necesidades especiales” o “mister Bean puesto de crack”. La actitud del Gobierno estadounidense hacia el ucraniano ha pasado por diferentes fases de hostilidad y cooperación, pero siempre desde el punto de vista de una relación transaccional, sin la implicación que han tenido y siguen teniendo los países europeos. De ahí que las condiciones que Estados Unidos está dispuesto a aceptar como parte de un acuerdo de paz son mucho más generosas con Rusia de lo que lo serían las europeas, motivo por el cual la UE y el Reino Unido son imprescindibles para Ucrania a la hora de gestionar una posible negociación. Como han dejado claro los países europeos y Bruselas, una diplomacia en manos de la Unión Europea y el Reino Unido abandonaría cualquier progreso que se haya producido en los contactos de Steve Witkoff, considerado prorruso, para tratar de imponer unos términos mucho más draconianos para Rusia en términos territoriales, presencia de tropas europeas en Ucrania y exigencia de millonarias reparaciones de guerra a Ucrania.
Aunque es evidente que los contactos de Costa no buscan continuar por el camino estadounidense de la paz por medio del compromiso, varios medios indican que la iniciativa “ha provocado críticas”. “Varios líderes, entre ellos el canciller alemán Friedrich Merz, han respondido con dureza al presidente del Consejo Europeo, António Costa, después de que su oficina se pusiera en contacto con el Kremlin para sentar las bases de unas posibles negociaciones de paz con Ucrania”, afirma Financial Times. “Aunque algunos líderes coincidieron en que Costa, como figura política emblemática del bloque de 27 países, era la persona idónea para hablar en su nombre, subrayaron que no era el momento adecuado para entablar conversaciones con el Kremlin y que se debería haber consultado a todas las capitales antes de dar ese paso”, añade el artículo, que solo menciona a Austria como un país cuyo canciller ha defendido abiertamente la iniciativa de diálogo.
“Los países bálticos —Letonia, Lituania y Estonia— se mostraron especialmente «furiosos» por el acercamiento a Rusia, según un diplomático europeo que trabaja en el tema. Varios líderes no se enteraron de las llamadas hasta que aparecieron en los medios de comunicación y se mostraron indignados al respecto, según afirmaron otros tres diplomáticos”, explica Politico, que añade que países como Italia o Polonia, posiblemente el que espera imponer a Rusia unas condiciones más duras, buscan tener un papel en cualquier contacto con Moscú a iniciativa europea.
La actual disputa interna dentro de los países de la UE y su aliado británico responde al intento de diferentes actores de hacerse con el mando en un proceso de negociación que todos ellos tratan de arrebatar a Estados Unidos, centrado en la situación en Oriente Medio e incapaz de avanzar hacia una hoja de ruta sobre la que Rusia y Ucrania puedan negociar un acuerdo de paz. Y aunque la postura de todos los países y de la Unión Europea es la misma, imponer a Rusia los términos más duros posibles, la división actual muestra los dos bloques existentes en el continente: aquellos que buscan obligar al Kremlin a negociar en posición de debilidad y quienes quieren continuar la guerra hasta la destrucción de Rusia.
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