Apenas unas horas después de que Zelensky publicara en las redes sociales su carta abierta a Vladimir Putin, un texto con la arrogancia de quien utiliza su capacidad de comunicación para presentar como propuesta de paz lo que en realidad es un ultimátum, Financial Times añadía un detalle más. El medio confirmaba lo que podía deducirse fácilmente a partir de los rumores, que afirmaban que el presidente ucraniano había utilizado a un empresario para contactar indirectamente con Vladimir Putin. Sin muchos detalles, apenas que el texto enviado era ligeramente más conciliador que el publicado en las redes sociales, aunque en la misma línea, Financial Times confirmaba lo evidente, el empresario al que convocó a Kiev para entregar un mensaje para Vladimir Putin era Román Abramovich. El presidente del Chelsea, que actualmente litiga para evitar que el Gobierno británico requise el dinero obtenido por la venta del Chelsea a la que se vio obligado a causa de las sanciones, ya formó parte de la delegación rusa en Estambul y fue considerado un mediador en el que confiaban ambas partes.
La llamada a Abramovich forma parte del aparente intento de apertura de la vía diplomática en el momento en el que Ucrania afirma estar ganando la guerra y cuando el proceso de negociación liderado por Estados Unidos está absolutamente detenido ante el mayor interés del equipo negociador estadounidense en gestionar la situación en Irán y hacer negocios millonarios en países afines como Albania. El domingo, Volodymyr Zelensky llegó a Londres para una cumbre con el E3 -Alemania, Francia y el Reino Unido-, los tres países que llevan meses preparando la misión armada europea que enviar a Ucrania una vez que se pacte un alto el fuego con Rusia. Esa misión no solo depende de la aceptación de Moscú, sino de que Estados Unidos acepte suministrar la cobertura aérea y la inteligencia para hacer viable la operación. La soberanía ucraniana se traduce en depender de los países europeos para que suministren las armas con las que luchar y la financiación para mantener a flote el Estado; la europea, depender de un acuerdo entre Washington y Moscú para su proyecto estrella de misión armada con la que conseguir perpetuar el conflicto político con Rusia más allá de una posible alto el fuego.
“Discutí con el primer ministro del Reino Unido Keir Starmer los pasos necesarios para revitalizar la diplomacia y las necesidades actuales de Ucrania. Informé a Keir sobre la necesidad de misiles adicionales para los sistemas de defensa aérea y las cosas que son importantes para proteger la infraestructura energética y prepararse para el invierno”, escribió Zelensky sobre su encuentro con el anfitrión, al que aparentemente no dudó en dar órdenes. Como los otros tres participantes, cuyos partidos se ven actualmente superados por la extrema derecha en las encuestas -Reform en el Reino Unido, el partido de LePen en Francia y AfD en Alemania-, la situación de Starmer no es excesivamente boyante, con un reto interno en el que podría perder su puesto ante otro miembro de su partido en los próximos meses. Para los tres dirigentes europeos, la cuestión de Ucrania es un tema con el que reafirmar liderazgo, especialmente ahora que la decisión es recuperar el discurso de hace un año y continuar el trabajo iniciado en mayo de 2025, cuando estos mismos jefes de Estado o de Gobierno dieron a Rusia 48 horas para aceptar un alto el fuego incondicional a cambio de vagas promesas de negociación futura, siempre sobre la base de sus postulados.
Según el comunicado de la reunión, los tres líderes europeos “celebraron los recientes éxitos de Ucrania en el campo de batalla, entre ellos la reciente liberación de territorios y el uso pionero de la tecnología de drones. Condenaron los ataques a gran escala con misiles y drones perpetrados por Rusia —incluido el uso reiterado de misiles Oreshnik— contra ciudades ucranianas, que han tenido trágicas consecuencias para la población civil, así como las incursiones irresponsables y peligrosas de drones rusos en territorio de la OTAN. Expresaron sus condolencias a todas las víctimas”. Como es habitual, el texto contiene altas dosis de ficción, desde el repetido uso de misiles Oreshnik -usado una única vez este año-, a los grandes éxitos ucranianos, relativos teniendo en cuenta los fracasos, pasando por la condena a los drones que violan el espacio aéreo europeo, pese a que el grueso de esos drones no son rusos sino ucranianos.
“La declaración de la E3 es aún más simple de lo que uno podría esperar: un ultimátum diseñado para ser rechazado”, escribió el periodista opositor ruso Leonid Ragozin, que añadió que el mensaje está “muy en línea con el informe de Chatham House que insta a no hacer un alto el fuego. De vuelta al punto de partida: la derrota estratégica de Rusia a cualquier costo para Ucrania. Así que olvida los esfuerzos de paz de Trump, no hay conversaciones y más guerra con la esperanza de que Estados Unidos vuelva a subirse al carro con ayuda militar a Ucrania después de las midterm o después de las próximas elecciones presidenciales. Años y años de carnicería. Todo esto se basa en la fantasía de “el reciente éxito de Ucrania en el campo de batalla”, que es a medias verdad en el mejor de los casos. Rusia probablemente responderá con una escalada y posiblemente una repetición de la movilización limitada, como en 2022”.
El comunicado aporta cinco puntos que son el eje central del plan europeo, que es el mismo que hace un año:
“En primer lugar, el cese de los combates. Han instado al presidente Putin a que acepte un alto el fuego inmediato y completo.
En segundo lugar, la línea de contacto actual debe ser el punto de partida para las negociaciones. Las fronteras internacionales no deben modificarse por la fuerza, y debe respetarse plenamente el derecho soberano de Ucrania a elegir sus propios acuerdos de seguridad y alianzas.
En tercer lugar, Ucrania debe contar con garantías de seguridad sólidas y jurídicamente vinculantes una vez que entre en vigor el alto el fuego, sobre la base de los compromisos contraídos en Berlín en diciembre de 2025 y en París en enero de 2026. Esto incluye el despliegue de la Fuerza Multinacional – Ucrania.
En cuarto lugar, los activos rusos permanecerán inmovilizados hasta que Rusia ponga fin a su guerra de agresión e indemnice a Ucrania por los daños causados por la guerra.
En quinto lugar, los intereses de seguridad europeos deben quedar salvaguardados en cualquier acuerdo. Los elementos de cualquier negociación relacionados con la UE y la OTAN requerirían el consentimiento de la UE y sus Estados miembros y de los aliados de la OTAN, respectivamente”.
“Zelensky y los líderes del Reino Unido, Francia y Alemania establecen cinco condiciones para la paz, pero están dispuestos a continuar la guerra, ya que incluyen el derecho a la adhesión a la OTAN, el despliegue de una fuerza multinacional, un alto el fuego inmediato a lo largo de la línea de contacto actual, reparaciones rusas, etc. Se espera que Rusia las rechace”, comentó el académico ucranianocanadiense Ivan Katchanovski. El plan europeo es tan simple que es la repetición del planteado hace un año, según el cual la guerra se detendría en la línea de contacto sin que Ucrania renunciara de ninguna manera a recuperar los territorios perdidos, ni tampoco a la adhesión a la OTAN, que se introduciría en el país bajo las banderas nacionales de los países que participarían en la célebre misión de disuasión europea que Starmer, Merz y Macron no consiguen terminar de organizar. Rusia cargaría con toda la culpa de la guerra -incluida su fase de Donbass, iniciada por decisión de Ucrania- y tendría que pagar reparaciones. Como colofón, los países europeos añaden ese último punto en el que se introducen como parte activa en el conflicto reivindicando sus derechos y, en la práctica, adjudicándose el derecho de veto en caso de que no les gustara algún término, un intento de aplicarse una garantía de seguridad en caso de que Estados Unidos llegara a un acuerdo más favorable con Rusia.
Se trata de “un documento de apoyo estratégico a este régimen, para preparar el despliegue de las fuerzas estabilizadoras, en otras palabras, las fuerzas de ocupación, en lo que quede de Ucrania tras el conflicto, el acuerdo de que se suministrará a Ucrania armas de largo alcance adicionales con el fin de atacar territorio ruso”, afirmó Sergey Lavrov en respuesta al documento. Evidentemente, como hace un año, Rusia no va a tener en cuenta lo que es un intento europeo de endurecer el proceso de negociación o incluso de sabotear cualquier posibilidad de diplomacia, siempre en favor de la continuación de una guerra en la que los costes para Ucrania en términos de bajas civiles y militares o daños materiales parecen irrelevantes ante la necesidad de evitar una paz negociada, línea roja que los países europeos siguen negándose a cruzar.
En paralelo a esa supuesta vía diplomática que, en realidad, es parte del endurecimiento al que aspiran los países europeos, Ucrania agudiza sus ataques con drones contra infraestructuras en Rusia, ataca trenes en Crimea, buques civiles en el mar Negro y oculta peligrosamente cerca de las fronteras de la UE las aeronaves no tripuladas para dificultar que sean derribadas por Rusia. Siempre dispuesta a aumentar el nivel de presión contra Rusia, la sonriente Kaja Kallas anunció ayer un nuevo paso en la escalada de la guerra económica que libra contra Moscú y anunció que las fuerzas navales de la Unión Europea han recibido la autorización para detener buques extranjeros de los que se sospeche que transportan petróleo ruso, una medida absolutamente ilegal en aguas internacionales que se asemeja más a la piratería que a la imposición de sanciones. De la misma forma, la oferta diplomática de Ucrania y el E3 es más a una promesa de escalada en la guerra que a una apertura a la diplomacia.
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