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Ejército Ucraniano, Reino Unido, Rusia, Ucrania, UE, Unión Europea

Sanciones y exigencias

“Por primera vez proponemos prohibir la entrada en la Unión Europea a cualquier persona que haya servido en las fuerzas armadas rusas desde el comienzo de la guerra. Europa queda fuera de límites para cualquiera que haya participado en la invasión de Ucrania. Así de simple”, afirmó ayer Úrsula von der Leyen, orgullosa de anunciar el inicio del proceso que dará lugar al vigesimoprimer paquete de sanciones contra Rusia desde 2022. Además de lo esperado -medidas restrictivas contra la energía, refinerías, bancos, operadores de criptomonedas en terceros países, etc.- la UE introduce la prohibición de entrada a veteranos de la guerra a la UE, convertida ya en “Europa”, en el intento de Bruselas de apropiarse del término que designa al continente, lo mismo que Estados Unidos ha hecho con la palabra América. El veto a rusos que hayan participado en la guerra del lado incorrecto contrasta con la iniciativa de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa de incluir como representación rusa a una serie de grupos y personas disidentes entre los que se encuentran miembros del RPK, el grupo liderado por uno de los neonazis más conocidos de Europa, Denis Kapustin, White Rex, vetado de la Unión Europea por sus actividades pasadas en Alemania. Sin embargo, ahora lucha en el lado correcto de las trincheras.

Europa, aunque con una definición ligeramente más inclusiva, que contiene también a países como Azerbaiyán, técnicamente en Asia, es también un argumento utilizado por Zelensky para mostrar su fuerza diplomática. “Dentro de Europa están aislados y también de Estados Unidos. Así que, están solos”, ha declarado durante su reciente visita al Reino Unido el presidente ucraniano en una entrevista concedida al diario The Guardian. En su eurocéntrica visión del mundo y de la geopolítica, el resto del mundo parece no existir y es irrelevante que gran parte del Sur Global no se haya unido a las sanciones impuestas por Occidente y que continúen comerciando con Rusia con la normalidad que permite la desconexión del sistema internacional de pago Swift. El aislamiento de Rusia implica una relación comercial con la segunda potencia mundial, relaciones fluidas con el país más poblado del mundo, aumento del comercio en Asia Central, participación en el G20, en la Organización de Cooperación de Shanghai, BRICS o el asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas pese al intento ucraniano de privar a Moscú del lugar heredado de la Unión Soviética. Sin embargo, para Zelensky, la palabra aislamiento se limita a la relación política y económica con los países occidentales, únicos verdaderamente importantes para el líder ucraniano.

Los límites del poder occidental han quedado en evidencia ante la negativa de gran parte del mundo a aceptar las órdenes económicas de no comerciar con Rusia. Moscú se ha aprovechado también de la relativa descentralización del sistema financiero internacional, que con sus zonas grises permite utilizar terceros países como pantalla para esquivar algunas de las sanciones. Entre esos países destacan algunos aliados de Estados Unidos, especialmente los Emiratos Árabes Unidos, sin grandes dificultades para compaginar el apoyo incondicional a la guerra de Trump contra Irán con ofrecer los servicios financieros para que Teherán pueda esquivar las sanciones de Washington o ser un centro financiero utilizado por Moscú para conseguir el mismo objetivo.

Pero, aun así, e incluso teniendo en cuenta la pérdida relativa de poder de los países occidentales en términos económicos, el mundo no ha cambiado tanto y son Estados Unidos y los países europeos los que siguen teniendo el mando en las instituciones financieras globales. Los países sancionados aprovechan la apertura que suponen las zonas grises y, sobre todo, la aparición de nuevos sistemas que ayudan a la descentralización aunque, por el momento, no puedan competir con el entramado económico occidental. Ese poder de las instituciones tradicionales es al que apela Volodymyr Zelensky en cada ocasión en la que exige a sus aliados sanciones que hagan descarrilar la economía rusa y consigan que Moscú no pueda continuar suministrando armamento a su ejército o bienes esenciales a su población. Como la UE, el presidente ucraniano aún no ha perdido la esperanza de conseguir el sueño de obligar a Rusia a rendirse, algo que trata de lograr sin éxito por la vía militar y económica desde hace cuatro años.

Pero la ayuda occidental no se limita a buscar que Rusia tenga que ceder a las presiones económicas. En su reunión con sir Kir Starmer en Londres esta semana, el presidente ucraniano no se ha limitado a exigir armas para Ucrania, sanciones para Rusia y un plan totalmente carente de realismo para Europa. El presidente ucraniano mencionó también una petición mucho más concreta al premier británico. Como se había conocido unos días antes, Zelensky había utilizado a un empresario ruso, Román Abramovich, para enviar un mensaje a Vladimir Putin. En su habitual línea de aceptar como positiva cualquier proposición de Kiev y no dudar en absoluto de las palabras de Volodymyr Zelensky, la prensa y el establishment político occidental han presentado como apertura a la diplomacia lo que, en realidad, es un ultimátum imposible a la Federación Rusa. También se ha presentado como paso positivo la presencia en Kiev de Román Abramovich, el oligarca que utilizó su buena relación con el Kremlin y sus muchos años y negocios en el Reino Unido para mediar entre los dos países en 2022.

El papel de Abramovich no fue desinteresado entonces y tampoco lo es ahora. Por sus vínculos pasados con el Estado ruso y también por su nacionalidad -una de ellas, ya que el oligarca tiene también pasaporte portugués e israelí-, Abramovich se vio afectado por las sanciones impuestas tras la invasión rusa. Por aquel entonces, los jugadores del equipo del que era propietario y al que había llevado a ganar la Champions League, el Chelsea FC, detallaban la surrealista situación del club, que no podía siquiera vender camisetas en su tienda oficial. Esa fue la forma con la que el Reino Unido logró que Abramovich se viera obligado a vender el club, con la vaga promesa de que una parte de esos ingresos serían enviados a Ucrania.

“Creo que hay diferentes opiniones entre el entorno de Putin. La mitad quiere continuar con esta guerra. La otra mitad quiere ponerle fin. Y creo que quienes provienen del mundo empresarial son conscientes de que la economía rusa se encuentra en una situación terrible. Está al borde del colapso”, ha afirmado Zelensky en su conversación con The Guardian con unas palabras que bien podrían aplicarse a Ucrania, que sobrevive únicamente gracias a las subvenciones y los créditos occidentales. Es más, pedir más dinero se ha convertido en la principal cualidad del presidente ucraniano, para quien las concesiones económicas de sus aliados y las sanciones contra su enemigo nunca son suficientes. “No trajo su dinero”, se burló Zelensky sobre el multimillonario Abramovich. “Le dije: necesitamos tu dinero”, insistió. Según The Guardian, el presidente ucraniano sacó el tema de los fondos de la venta del Chelsea en su reunión con Starmer.

Según informaba en abril Reuters, “el Gobierno británico advirtió a Abramovich el año pasado de que debía liberar el dinero, o podría ser llevado a los tribunales. Los abogados de Abramovich en Kobre & Kim afirmaron que el dinero de la venta sigue siendo «propiedad exclusiva» de su cliente y acusaron al Gobierno de realizar «declaraciones con carga política y gran repercusión mediática» sobre él. Afirmaron que Abramovich sigue plenamente comprometido con destinar el dinero a fines benéficos y que las restricciones del Gobierno sobre cómo se puede gastar son las culpables del retraso”. Abramovich se niega a entregar el dinero a Ucrania alegando que aspira a utilizarlo para paliar la situación humanitaria que vive la población a ambos lados del frente. Como explica The Guardian, Ucrania aspira a utilizarlo como parte del sistema PURL, con el que los países europeos adquieren a Estados Unidos las armas con las que seguir luchando eternamente contra Rusia. “El Gobierno británico ha destinado 2.400 millones de libras procedentes de la venta del Chelsea a necesidades humanitarias en Ucrania, pero los fondos aún no se han transferido”, escribe esta semana RBC Ukraina, mencionando una cifra sustancial si se emplea para cuestiones humanitarias, pero que no lo es tanto en términos de adquisición de armas en comparación con los 90.000 millones de euros que la UE ha concedido a Ucrania para sus necesidades militares. Sin embargo, esa es la prioridad de Zelensky y de Ucrania, que desde hace catorce años antepone la compra de armas al bienestar de la población que sufre a causa de la guerra.

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