“Las fuerzas de drones ucranianas han logrado paralizar los suministros rusos en el sureste de Ucrania ocupado y causar escasez de combustible en Crimea al inicio de la temporada turística. Este éxito está afectando directamente las capacidades ofensivas, así como defensivas, rusas en la región de Zaporozhie, donde las fuerzas ucranianas están construyendo visiblemente las condiciones para operaciones de contraataque. Un logro real en comparación con los ataques muy publicitados a depósitos de petróleo que producen hermosas imágenes de televisión, pero cuyo impacto económico es cuestionable, según el último análisis de Reuters y Meduza”, escribió el domingo el periodista opositor ruso Leonid Ragozin, que estas últimas semanas se ha destacado por su escepticismo a la hora de valorar el triunfalismo que se ha instalado en los medios, que han dado por hecho que ya se ha producido un cambio de tendencia en la guerra y Ucrania tiene ahora la iniciativa.
Los éxitos ucranianos, más peligrosos siempre que se refieren a Crimea, ya han provocado un aumento de los ataques rusos contra infraestructuras clave, como el bombardeo de la semana pasada en los alrededores del Danubio, que causó que un dron impactara en un edificio residencial en una ciudad rumana. Los avances ucranianos en Zaporozhie, que están causando un empeoramiento de la situación en ese frente tan sensible, contrastan con los progresos en la infiltración rusa en la ciudad de Konstantinovka, en el frente de Donetsk, absolutamente prioritario para Moscú, donde parece estar repitiéndose el escenario que se produjo en Pokrovsk y Mirnograd (Krasnoarmeisk y Dmitrov), pérdidas que Ucrania nunca ha admitido públicamente.
La prolongación de la guerra, la acumulación de sanciones o los efectos de los bombardeos ucranianos contra las infraestructuras energéticas rusas empiezan también a minar la economía rusa que, al contrario que Ucrania, no cuenta con fondos prácticamente ilimitados con los que sus aliados financian la guerra proxy. Aunque la debilidad rusa no se acerca a la imagen que de la situación económica, política, militar o social dan los medios de comunicación o las autoridades políticas occidentales, el momento parecería propicio para una negociación en una mejor posición que hace unos meses. Sin embargo, como en 2022, cuando la debilidad rusa era una realidad objetiva y el Kremlin se encontraba mucho más presionado de lo que ha estado en ningún momento de esta guerra -incluido el actual-, el establishment europeo insiste en aferrarse a una imagen irreal de la guerra y a unas expectativas cuya consecuencia solo puede ser la continuación de la muerte y destrucción que implica la guerra.
Ahora que se da por fracasado el intento estadounidense de resolver el conflicto rusoucraniano sobre la base de la idea de territorios para Rusia (mantenimiento del que ha capturado y entrega de la parte de Donetsk que Ucrania aún domina) a cambio de garantías de seguridad para Ucrania (una especie de adhesión camuflada a la OTAN con la presencia militar de países miembros de la Alianza), los países europeos comienzan a abrir la puerta a dialogar directamente con Rusia. Aunque no hay que ver en ello una moderación de la beligerante postura de la UE, el cambio es notable, ya que hasta ahora la posición de Bruselas se parecía más a la exigencia de rendición de Rusia que a un posicionamiento diplomático.
Limitándose a los titulares y sin el más mínimo análisis, los medios han dado por hecho que este cambio fomenta la diplomacia y busca una salida negociada y justa a la guerra en Ucrania. Superficial, simplista y errónea, esa lectura de los hechos ignora que las expectativas de la Unión Europea y la práctica totalidad de los Estados miembros siguen identificando el final de la guerra con una vendetta contra Rusia.
Pese a que la realidad sobre el terreno no se corresponde a lo afirmado por Ucrania, que insiste en unos avances mucho más exagerados que los que se plasman en los mapas de control del territorio incluso de las fuentes ucranianas, Zelensky parece ver que es el momento de buscar una negociación en la que, con presencia de sus aliados, pueda tratar de conseguir unas condiciones más favorables a las que le ofrece la versión estadounidense. “Creo que hay una ventana para las negociaciones, porque cada mes Rusia perderá más y más tropas”, afirmó el domingo Zelensky describiendo lo que había trasladado a Estados Unidos en enero, cuando Ucrania comenzó a instalar nuevamente la versión de victoria en los medios de comunicación e inició la campaña para alegar unas bajas rusas absolutamente insostenibles e insistir en que Rusia se disponía a iniciar una movilización masiva que, como en otras ocasiones en las que Ucrania lo ha presagiado, nunca se ha producido. La intención de Zelensky no es lograr un acuerdo, sino imponer sus condiciones, para lo que precisa la presencia de actores más beligerantes que Estados Unidos. “Ahora no pueden ocupar más territorio en un mes del que nosotros liberamos. Por lo tanto, creo que necesitamos encontrar una vía diplomática – sentarnos y hablar – antes del próximo invierno. Pero esto depende de la presión interna sobre Putin de su sociedad, así como de la presión de las sanciones estadounidenses y europeas sobre Rusia”, insistió en su aparición en Face the Nation, uno de los programas políticos de referencia de la televisión estadounidense para posteriormente preguntarse “¿quién podría representar a Europa en las negociaciones? Existe un formato E3 – el Reino Unido, Francia y Alemania. No sé si este es el mejor formato, pero creo que estos países podrían ser negociadores de Europa. También tenemos socios nórdicos confiables. Turquía siempre quiso ser mediador, y tuvimos algunos éxitos en traer de vuelta a nuestros prisioneros de guerra con su ayuda. ¿Quién representará a Europa después de todo? Depende de Ucrania y Europa decidirlo. Pero no menos importante es que Rusia debe estar lista para el diálogo y la presencia europea. Ucrania siempre ha rechazado negociar políticamente si no contaba con la presencia de actores externos que no actuaban como mediadores, sino como parte de la delegación ucraniana.
La mención de Zelensky a la necesidad de presencia europea en las negociaciones coincide con el reciente impulso de la Unión Europea por obtener un lugar en una posible negociación. Curiosamente, el presidente ucraniano no menciona en su lista de candidatos a la participación en la diplomacia a la Unión Europea como institución ni a su jefa de política exterior, Kaja Kallas, cuya visión es tan radical que quizá es excesiva incluso para Zelensky. “No podemos ser mediadores, no podemos ser neutrales tratando a ambas partes de igual manera, porque hemos estado claramente del lado de Ucrania”, se jactó la líder de la diplomacia comunitaria al destacar una obviedad que es el motivo por el que Rusia siempre ha rechazado su presencia en las negociaciones, una actitud que ahora parece que se extiende también al presidente ucraniano. El discurso de base de Kallas es, en esencia, el mismo que el de Zelensky. Ambos alegan que, hasta ahora, ha sido Ucrania quien ha realizado todas las concesiones, una afirmación falsa, ya que Kiev ni siquiera se dignó a reanudar el pago de pensiones y prestaciones sociales a la población de Donbass cuando incluso Cruz Roja se lo suplicaba. Desde la invasión rusa, Ucrania no ha realizado ninguna concesión política, ya que las negociaciones nunca se han acercado a ese punto. Ucrania eligió el riesgo de una nueva guerra a la espera de una mejor posición negociadora, algo que ahora repite Kaja Kallas, que no se limita a exigir a Rusia la rendición incondicional en Ucrania, sino que exige que se retire de “otros territorios ocupados”, entre los que incluye Transnistria, Abjasia, Osetia del Sur, Bielorrusia, e incluso las bases en Armenia, una burla a la diplomacia que la desacredita ante Rusia e incluso hacer que Ucrania sienta que no es un activo en una posible negociación sino un obstáculo para conseguir sus objetivos.
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