Entrada actual
Alto el fuego, Bloqueo económico, Bombardeos, Clase obrera, Economía, LPR, Lugansk

Lugansk: una vida dura, pero sin otro lugar al que huir

Reportaje y fotografías de Alexadr Kots y Dmitry Steshin para Komsomolskaya Pravda

“Sin una solución fácil”

Hace exactamente un año, Lugansk comenzó a hervir como una olla a presión. El “Consejo Revolucionario” se reunía en el capturado edificio del SBU, defendido por barricadas. Cada día, miles de ciudadanos se reunían en concentraciones improvisadas a su alrededor, alentados por la euforia post-Crimea. Parecía que la liberad estaba a la vuelta de la esquina, no había más que empujar un poco más y florecería una vida feliz lejos del gobierno de Kiev. Los cargos nombrados por Kiev aún se aferraban a la administración regional, pero los signos de su poder se fundían como la mantequilla en el microondas: rápidamente y haciendo mucho ruido. La policía, dejando tras de sí sus armas y arsenal, abandonaban el edificio del Ministerio del Interior y subían a autobuses camino de Kharkov. En sus bases, los soldados encendían el cielo disparando al aire toda su munición para después abrir las puertas a la milicia. La libertad llegó fácil, con escaso derramamiento de sangre. O eso parecía entonces…

Un año después, la sensación de ilusión y alegría ha desaparecido. Las barricadas ya no están, como tampoco las endebles barreras en las carreteras. El ejército de Kiev pronto dejó claro que los bloques de llantas eran incapaces de aguantar las voleas de proyectiles disparados desde 20km de distancia. Las fachadas de edificios residenciales, museos o iglesias muestran los agujeros y las heridas de los ataques aéreos o los constantes bombardeos de artillería.  El personal de la ciudad puede arreglar fácilmente esos detalles cosméticos, pero no puede arreglar las almas de los residentes. Esos corazones heridos por el horror del pasado verano, otoño y este invierno no se curarán tan rápidamente. Además, la sensación general no contribuye a la recuperación. El estatus de la república sigue estando en suspenso. La situación económica y humanitaria es, cuando menos, complicada. Paseando por las calles de Lugansk y observando las caras de los residentes, tan cambiados en este año, tratamos de comprender si la población local cree que ha valido la pena.

“No puedo decir que el sentimiento [hacia el Gobierno de Kiev] haya cambiado en exceso. La gente cambió mucho tras el bloqueo del verano y otoño”, asegura el escritor local Gleb Bobrov. Hace 8 años, su novela “La era que nace muerta” predijo esta terrible guerra.

Gleb, veterano de Afganistán, lucha sus propias batallas en el frente de la información. Y en paralelo apoya también la vida cultural de su ciudad natal. En medio de los bombardeos, hizo revivir a la unión local de escritores y ha publicado una colección de historias cortas sobre la guerra de escritores que luchan en la milicia.

“A lo largo del último año, comprendimos que nuestra elección era la única posible: nadie esperaba una actitud tan salvaje, tanto odio [de Kiev]. Es como si esta guerra no hubiera empezado ahora, como si hubiera durado una vida entera. Hay fatiga, por supuesto, pero todos comprenden que no hay vuelta atrás. Toda la sociedad está movilizada. Existe la sensación de que si nos rendimos y volvemos, habrá terror. El Gobierno ucraniano no lo esconde. Los asesinatos públicos de Kalashnikov y Buzina son una señal directa al público de que se ha pasado a la siguiente fase. Ahora, simplemente matan a la disidencia. La gente lo ve y lo comprende con claridad”.

Gleb Dobrov, a pesar de los bombardeos nunca abandonó la ciudad

Gleb Dobrov, a pesar de los bombardeos nunca abandonó la ciudad

“Pero la situación no se ha resuelto, todo está en el aire”.

“No hay una solución fácil ni rápida. Nuestra esperanza de que los elementos razonables dentro de la sociedad ucraniana reinaran en la banda de Kiev no se hizo realidad. Al contrario, pese a las devastadoras derrotas y una situación económica catastrófica, la Ucrania controlada por Kiev sigue haciendo caso a la propaganda y se consolida. Como escribió Zakhar Prilepin, debemos olvidar nuestras esperanzas de ganar nuestra libertad fácilmente. Nos enfrentamos a un enemigo obstinado que no se va a rendir. Ahora mismo, el enemigo no siente el dolor. Han perdido miles de soldados pero la sociedad no lo entiende, no lo ve, no le importa. Es un estado de psicosis masiva, de locura, una explosión agresiva y poco sana del patriotismo. Esto es peligroso principalmente para ellos. Porque a largo plazo, esto va a explotar fuera de control y va a destruir el resto del país.

La guerra no cambia la pobreza

Durante los desastres, los estratos sociales más bajos no desaparecen y tampoco son los más afectados por la situación. Cuando se está acostumbrado a vivir en el umbral de la pobreza y dependiendo de prestaciones sociales, ¿importa quién las distribuye? ¿Qué sentido tiene pensar en la política si esta no va a afectar a sus vidas? Lo escuchamos en la administración municipal de Lugansk. Describen a la familia en pocas palabras: “Once niños, la situación es difícil, les ayudamos nosotros mismos y enviamos a su casa voluntarios con ayuda humanitaria”. La casa resulta ser la residencia de una antigua fábrica, pequeños apartamentos para jóvenes obreros en las afueras de la zona industrial. Aunque las casas en la calle estaban numeradas, en algunos casos la numeración va en sentido opuesto. Pero si alguien tiene que venir aquí, lo encuentra. Nosotros lo hicimos.

Tiene todas las características de un gueto de libro. Pese a ser de día, deambula gente bajo los efectos de la droga,  o tirados  en el asfalto. El ascensor ya estaba destruido antes de la guerra y el hueco se usa ahora como vertedero. El pequeño apartamento de dos habitaciones está cubierto por capas de ropa y cada centímetro libre se usa para dormir. Hay yeso en lugar de papel pintado, pero el lugar está limpio. En la oscuridad de una sala grande, una televisión muestra imágenes rojas y negras. Pasamos junto a una bolsa de fruta –naranjas, mandarinas- 11 de cada. Encontramos una esquina en la que sentarnos. La madre, Maya Zaratuychenko, nombra los niños y habla sobre una familia, la suya, difícil de comprender. Por edad, son prácticamente tres generaciones: David tiene un año y 10 meses; Bogdan, 12; Lera, 10; Kate, 2; Diana, 7; Christina, 20; Vick, 15; Yaroslav, 16; Nastia, 4; Alina, 3; Sofía, 1. Algunos de los niños están ahora en el hospital para un chequeo médico. Nos hablan de la guerra:

“La zona, por supuesto, fue duramente bombardeada. Diana se rompió un brazo al huir de los bombardeos. En la estación de autobús, casi nos matan sentados en el autobús. Nos encontramos bajo los bombardeos con cuatro de los niños. Saltamos del autobús y nos escondimos bajo los árboles. Nos escondimos en el sótano de los vecinos. Eso fue duro, claro. Tenemos 11 niños con nosotros: seis menores y cinco nietos. Todos vivimos en el mismo piso”.

Maya Zaratuychenko

“¿Reciben alguna ayuda económica?”

“Sí, no mucho, claro. En marzo recibimos 1800 hryvna ($90). El mes pasado recibimos 2660 ($133).

“¿De quién?”

“De la RPL. Olvídate de Ucrania. Tenían que habernos pagado 116.000 por el nacimiento de David (hace 1 año y 10 meses). Nunca lo recibimos. La última vez que recibimos algo de ellos fue en julio, 1500.

“¿Cómo dieron de comer a toda esta tropa durante la guerra?”

“Íbamos a la Casa Blanca a por ayuda humanitaria. En medio de bombardeos y artillería. Teníamos miedo, claro, ¿pero qué opción teníamos? Más adelante, los milicianos empezaron a llevarnos hasta allí”.

Por algún motivo, habíamos pensado que esta gran familia vivía aquí de forma temporal. Pero no es así, siempre han vivido aquí. Antes de la guerra, la ciudad, las autoridades ucranianas, les ofrecieron mudarse a otro piso en el que una anciana había muerto y había yacido allí durante un mes. La familia rechazó tal regalo. Todo permanece como antes de la guerra. Salvo el agua. Ahora solo hay agua corriente por la noche.

Un “museo” de antigüedades

En Novorrusia no sorprende a nadie que una gasolinera protegida por sacos de arena siga vendiendo gasolina bajo los bombardeos. Tampoco sorprenden las tiendas en los sótanos durante los bombardeos: la gente corre a cualquier puerta abierta para esconderse, quizá también compren algo. ¡Marketing! Lo único que nos ha sorprendido es una tienda de antigüedades en las afueras de Lugansk. Nunca cerró. Nunca. Decidimos ir a conocer a su inflexible dueño, coleccionista y vendedor de antigüedades Alexander Nikolayevich. En el interior, la tienda resulta ser un verdadero museo de la vida de los siglos XIX y XX. Fuimos los únicos visitantes esa semana. El dueño se queja de que no hay clientes, no hay “proveedores”: gente que vendía todo lo que podía el pasado otoño. Como casi todos en esta semidesierta ciudad, espera al final de la guerra, aunque llegue a costa de nuevos ataques y pérdidas:

“En agosto, los proyectiles impactaron contra la siguiente sección a nuestra casa, junto detrás de la pared de mi apartamento. Todo lo que estaba junto a la escalera se colapsó y se quemó. Mi piso aguantó. Puede que sea porque tengo muchos iconos cristianos en casa…”

Junto a la tienda hay un pequeño supermercado con la selección habitual en estos tiempos. No hay mucho que ver. Solo hay un par de tipos de zumo, pero hay todo tipo de agua mineral imaginable. Hay leche, pero no crema o comida para bebés. Productos congelados, verduras, pasta…se puede vivir si se puede pagar. En los últimos meses, las autoridades de la RPL han empezado a pagar salarios y pensiones, pero sigue sin haber colas en la tienda. El precio de las patatas en Lugansk es aproximadamente el doble que en Artyomovsk, controlado por el ejército ucraniano. Antes, llegaban a la ciudad verduras desde Stanitsa Luganskaya, a 20 minutos en autobús. Pero también eso está controlado por tropas del Gobierno. Y bajo el bloqueo.

Volvemos a comprar caramelos para los niños, pagando en la caja especial en rublos. Y vamos a la otra parte de la ciudad. Allí, nos encontramos con un estudiante local, Sergey Ugnivenko, que ha perdido a su familia en esta guerra. El 6 de diciembre, su padre fue al bosque a por leña y pisó una mina. La madre y hermana de Sergey estaban con su abuela en Dnepropetrovsk, pero volvieron para el funeral y decidieron quedarse para el tradicional luto de 40 días. El 10 de enero, en el pueblo de Kryakovka, fueron alcanzadas por un “Grad” y murieron en el acto. Sergey estaba en la universidad. Ahora vive con su tía y su prima.

Tatiana y Anastasia vivieron en Veselaya Gora, ocupado por la Guardia Nacional, hasta el otoño. Cuando la milicia tomó el pueblo, se mudaron a la ciudad, al piso vacío de un amigo. Su casa había quedado dañada por la batalla.

Sergey Ugnivenko, un estudiante local que ha perdido a toda su familia en la guerra

“Necesitan la tierra, no a nosotros”

“¿Le hizo algo la Guardia Nacional?”, pregunto a Tatiana.

Oh, estuve escondida todo el tiempo. Mi marido está en la milicia. Iba de sótano en sótano por los callejones traseros, para no encontrarme con ellos. Me avisaron por teléfono de que si me cogían en alguna parte, no enseñara mi pasaporte…No iba a la tienda, mis vecinos me traían pan y de todo. Y entonces fuimos liberados”.

“¿Así que tienen una lista de familiares de milicianos?”

“Puede que no de todos. Fueron a casa de su hermano: lo rompieron todo, se llevaron sus cosas, dispararon a los cerdos y se los llevaron. Pero puede que no tuvieran nuestra dirección”.

“Puede que se lo dijera alguno de los vecinos…”

“Sí, teníamos gente así de amable. Siempre hay algunos, no muchos, pero los hay. Pero se marcharon con la Guardia Nacional”.

“¿Qué piensa la gente que se ha quedado en el pueblo? No siempre nos lo cuentan a los periodistas”.

“Hay buen humor, todos esperamos un futuro mejor. Nadie que ha permanecido aquí quiere ser parte de Ucrania. Los que querían se han marchado, pero se pueden contar con los dedos. El resto no quiere tener nada que ver con Ucrania. O más concretamente, con este Gobierno. Este Gobierno es inaceptable para nosotros. Nosotros, rusos, somos gente autóctona aquí y nos atacaron diciendo: “salid de nuestra tierra”. Necesitan la tierra, no a nosotros”.

“Hace un año, la rebelión estuvo alentada por la euforia post-Crimea. Entonces nadie esperaba que todo resultaría en una odisea de más de un año. ¿No hay algo de decepción?”

“Hay decepción con el estado ucraniano. Por supuesto, esperábamos cualquier cosa de ellos, pero no una guerra abierta. Seguiremos luchando por nuestros derechos. Sí, hay una guerra. Sí, hemos perdido mucho. Pero ya no podemos aceptar que nos gobierne esta gente, no estaría bien”.

Sergey estudia mecánica y Nastia es estudiante de coreografía en el Instituto de Cultura. Los chicos dicen que gran parte de sus compañeros se han marchado, en todas las direcciones. Solo siguen en contacto con quienes están en Rusia.

“Todos dicen que quieren volver a casa”, sonríe Sergey.

“Los que están en Ucrania, es como si fueran otras personas”, dice Nastia. “Han cambiado completamente. Están enfadados con nosotros, hablan de Ucrania unida. No estaban aquí en verano, cuando nos estaban uniendo con bombardeos indiscriminados. Estábamos en una buena zona, solo impactaron unos seis proyectiles. En cuanto empezaban a sonar las sirenas, nos sentábamos en el pasillo… No teníamos que salir de casa, aunque tampoco había dónde ir. Salíamos a la terraza. Cada dos días, la milicia nos traía pan y agua…”

Tatiana y Anastasia

Al despedirnos, preguntamos a Tatiana qué necesita la familia. Pero se encoge de hombros: “estamos bien, sobreviviremos”. No se puede pretender juzgar el estado de ánimo de un país en general solo con una familia. Pero esta es la respuesta que más recibimos en Lugansk. Es cierto que los disidentes no son francos con los periodistas. O se han marchado o visten una armadura de silencio.

Se ha publicado recientemente una encuesta de opinión en la RPL, con la que se da una idea de la condición moral y material de la población. El 14,5% de los encuestados califica su situación de crítica; el 27% dice “vivir con lo justo”  el 47% dice que lo está pasando mal, pero aguantará. Casi la quinta parte de la población no está satisfecha con las autoridades. El 33% dice que es demasiado pronto para juzgar al liderazgo de la república y algo menos piensa que las autoridades hacen lo que pueden en estas circunstancias. El grupo más amplio, el 35% piensa que los acuerdos de Minsk son solo un respiro antes de la inevitable reanudación de la guerra.

Continuará. La república sigue viviendo como si estuviera en el frente. Aquí, incluso los ascensores se paran con el toque de queda. Todos los anuncios sobre refugios antibombas siguen actualizándose. En las calles vacías, patrullas inspeccionan los coches y retumban los tanques. En ocasiones se escuchan disparos de armas pequeñas o destellos en las afueras. No hay dónde retirarse y nadie va a hacerlo.

Anuncios

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Reportes del frente archivados.

Registro

Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 38.257 seguidores

Estadísticas del Blog

  • 1,103,818 hits
A %d blogueros les gusta esto: