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D.E.P, Ucrania — 2 de mayo de 2014

Cuarenta y tres personas murieron según los datos oficiales de Kiev. Testigos presenciales e incluso algunos políticos afirman que el Gobierno ucraniano ocultó los datos reales de una tragedia en la que podrían haber perdido la vida, quemadas vivas y asesinadas, hasta cien personas y en la que 147 resultaron heridas.

elegyHace un año, la noche del 2 de mayo, mi madre y yo pasamos prácticamente toda la noche siguiendo, en directo, las noticias que llegaban de Odessa. No había periodistas, ni de los canales públicos ni de los canales privados; pero aparecían en YouTube vídeos grabados con teléfonos móviles, todos desde distintos ángulos, posiciones y distancias. Era gente común informando desde el lugar, junto a la Casa de los Sindicatos, y cada grabación contenía una sola cosa: horror, una masacre real y deliberada. Ese día fue crucial para mucha gente, también para mí.


Ahora el nombre de Donbass suena familiar para la mayoría, pero no muchos conocían esta pequeña región de la enorme Ucrania antes de que empezara la guerra allí: una región donde la población es pacífica, trabajadora y tolerante. Las minas de carbón han sido la principal ocupación de los habitantes de Donetsk y Lugansk durante décadas y muchas familias solían ganarse la vida en esa industria. Estas gentes no solían protestar o manifestarse contra nada: trabajaban para mantener a sus familias. Esa es mi gente y yo soy exactamente como ellos.

Para mí y los míos Donbass era Ucrania. Pero también debo decir que tampoco considerábamos a Rusia como un país extranjero porque no era diferente a nosotros. Estudié en un colegio ucraniano donde estudié tanto en ruso como en ucraniano. El año que comencé a estudiar fue el último en el que los alumnos estudiarían las asignaturas de primaria en ruso: a partir de ese año, todas las clases serían impartidas en ucraniano y el ruso sería calificado como “lengua extranjera” en nuestros colegios. Tratamos este cambio como una decisión razonable porque se trataba del idioma oficial y absolutamente todos podíamos comprender perfectamente el ucraniano hablado y escrito: las películas extranjeras y dibujos animados eran doblados al ucraniano, los programas e informativos de los canales estatales, periódicos y revistas estaban en ucraniano. Pero la lengua ucraniana nunca ha sido mi lengua materna o la lengua que los residentes del este de Ucrania usan en su día a día. De hecho, el territorio del margen izquierdo [al este del río Dneper] siempre ha estado habitado por población de habla rusa (al contrario que el margen derecho, donde la población habla ucraniano entre sí).

No podemos elegir a nuestros padres o nuestra patria. Soy ucraniana de nacionalidad, nací en Donbass justo tras la disolución de la Unión Soviética. En aquel momento, la población quedó dividida entre el 10% que se hizo inmensamente rico y el 90%, inmensamente pobre. No vengo de una familia rica: mi padre era mecánico y mi madre estuvo desempleada hasta que empecé el colegio. La vida fue muy dura en los 90, pero no recuerdo que mis padres se quejaran: aprendimos a valorar todas las cosas buenas (puede que fuera porque eran escasas). Recuerdo que mi madre recogió hojas de frambuesa y grosella para usarlas para hacer té: explicó que ese té era más sano, pero en realidad lo que ocurría era que no tenía dinero para comprar té normal. ¡Pero el té de hojas de frambuesa me pareció el mejor del mundo! De niña no era consciente de que vivíamos en la pobreza, como todos los que vivían a nuestro alrededor, buscando un mejor futuro en ese Estado recién nacido. Sí, la Ucrania independiente era un país joven, un barco que navegaba contra viento y marea, tratando de buscar su camino entre otros barcos con personal más experimentado a bordo. Sus intentos de ser único e independiente eran comprensibles. Toleramos la ucranización de la población…Hasta la última gota.

Amaba a mi Ucrania, estaba orgullosa de ella: conozco bien su historia, su himno o el significado de los símbolos del Estado mejor que muchos de esos jóvenes ucranianos de verdad. Si alguien me hubiera preguntado a principios del otoño de 2013 si querría ver a Donbass separado de Ucrania y uniéndose a la Federación Rusa habría dicho que no. No porque no me gustara Rusia, sino porque quería a mi Ucrania. No era perfecta, pero podíamos aguantarlo.

Todo empezó a cambiar el 21 de noviembre de 2013. Con el tiempo, Ucrania dejó de existir. Cuando los activistas de Kiev comenzaron el Maidan alentados por la derecha occidental apoyada por Estados Unidos, callamos: quizá podía acabar de alguna manera. Cuando los revolucionarios del Sector Derecho derrocaron al presidente de Ucrania, elegido legalmente por la población ucraniana en 2012, también callamos: quizá podía arreglarse de alguna manera. Entonces Maidan tomó una decisión por nosotros: hacer de todo el Estado ucraniano una trampa de occidente bajo el lema “queremos entrar en la Unión Europea”. La obsesión de la población con esta idea sin base alguna solo ha traído a la sociedad agresión, locura impulsiva y violencia incontrolada. Esta locura ucraniana se ha convertido en histeria masiva y la actual ucranización ya no significa que “Ucrania es un Estado independiente por su propio derecho”, sino que “Ucrania es lo opuesto a Rusia”. Como poseídos por un hechizo, los activistas del movimiento de la “integración europea” repiten constantemente lemas beligerantes: “¡Gloria a Ucrania! ¡Gloria a los héroes! ¡Muerte a los enemigos!”, “¡Muerte al moskali!”, “¡Moskali el que no bote”! y demás. Aún no había ningún indicio del referéndum de Crimea, así que no había motivo alguno para acusar a Rusia de injerencia en los asuntos internos de Ucrania pero estas proclamas ya existían y eran muy populares entre los verdaderos ucranianos.

En abril, cuando empezábamos a prepararnos para la celebración del Día de la Victoria, se produjo otro punto de inflexión. Durante décadas había sido una tradición lucir los lazos de San Jorge semanas antes y después de esa fecha y empezamos a hacerlo con normalidad también el año pasado. Los ucranianos también solían hacerlo, hasta que inventaron otro para ellos, “un antiguo símbolo europeo en memoria de la Segunda Guerra Mundial”: la amapola. Coincidencia o no, el símbolo de la amapola coincide con los colores rojo y negro de la bandera del Sector Derecho. Después de todo, los ucranianos comenzaron a asociar nuestro lazo de San Jorge a un escarabajo colorado (por los colores y las rayas) y a identificar a quienes lo lucieran como colorados. No se trata solo de un accesorio negro y naranja y no lo llevamos porque sea bonito sino por lo que significa. Mi bisabuelo fue veterano de la Gran Guerra Patria y aún le recuerdo perfectamente. Todos en Donbass tienen algún veterano en su familia. El lazo es una parte material: un símbolo del triunfo contra el fascismo en nombre de la contribución de nuestros bisabuelos. Conmemorar la memoria de los veteranos que consiguieron la paz para nosotros ha sido, durante generaciones, gran parte de nuestra educación. La mayor parte de los ucranianos ha rechazado sus valores históricos en nombre de los valores europeos y, en el último año, han tratado de privarnos de nuestras raíces. Y nos hemos hartado de ello. Pero para asesinar nuestra memoria primero tendrán que asesinarnos a todos.

Cuando la población de Crimea organizó su referéndum, Kiev afirmó que había sido fabricado. Otorgó calificativos como “Vatnik” (una chaqueta acolchada que, según la definición de los verdaderos ucranianos es una persona pro-rusa que actúa bajo influencia del Kremlin). Los ucranianos son buenos en el arte de poner etiquetas: una vez que se  te adjudica una, te conviertes en alguien peligroso para la seguridad de Ucrania, por lo que puedes incluso ser asesinado, y los ucranianos lo justificarán porque eras  un colorado o un vatnik, un separatista, hijo de un separatista o padre de un futuro separatista.

Esas etiquetas fueron rápidamente adjudicadas a la población de Donbass al completo. De hecho, la milicia comenzó a tomar edificios administrativos en las regiones de Donetsk y Lugansk antes de que Crimea celebrara su referéndum. Fue pacífico y organizado: se permitió a los trabajadores abandonar esos edificios llevándose sus posesiones y documentos importantes y nadie resultó herido.

Lo único que queríamos era un proceso legal de separación de Ucrania a causa de una serie de motivos, principalmente porque no queríamos seguir el camino de integración en la Unión Europea. Al ocupar esos edificios, la población local protestaba contra el régimen de la junta, porque no los habían elegido y porque no compartían su política. Los activistas de Maidan izaron banderas para dejar claro su deseo de unirse a la Unión Europea; nosotros no apoyamos esa idea, comprendiendo perfectamente que nuestro nivel de vida no es comparable con el de los países de la Unión, por lo que nunca seríamos iguales. La condición necesaria para ese “Ucrania es Europa” era romper todos los lazos con Rusia. Donbass izó banderas rusas sobre los edificios administrativos para mostrar que no queríamos separarnos de Rusia. Este divorcio pudo haber sido pacífico, pero los verdaderos ucranianos querían sangre.

El 2 de mayo, la extrema derecha cometió un crimen contra la humanidad: quemaron vivas a más de 40 personas. Es un hecho que nadie puede negar, hay demasiadas evidencias gráficas. Al ver la masacre de Odessa no podíamos imaginar nada peor, pero parecía que solo era el principio. Se podía ver a chicas enfundadas en banderas ucranianas vertiendo gasolina en botellas destinadas a ser arrojados contra otras personas (¿cuál si no, podría ser su uso?) y esa noche la bandera ucraniana dejó de existir para mí. Había quedado manchada por esos cócteles Molotov, pero desde el Gobierno nadie juzgó esta profanación. Se podía ver a chicos con símbolos del Pravy Sector en las mangas apaleando hasta la muerte a quienes habían conseguido salir de la Casa de los Sindicatos, ya envuelta en llamas. Quemaron a Ucrania en la Casa de los Sindicatos de Odessa; la mataron con la joven Kristina y a su bebé en Gorlovka; la derribaron con el MH17; la atropellaron con Polina, de ocho años, en Konstantinovka; la tirotearon con Oles Buzina en Kiev.

Estimados lectores, recuerden y honren sus raíces y los actos de sus bisabuelos, que se sacrificaron por la paz. Es fácil manipular a una población que está dispuesta a olvidar su pasado, a reescribir su historia, obsesionado con una revolución solo en nombre de la revolución. Defendemos un futuro mejor en nombre de nuestro pasado. El momento de la ruptura ideológica se ha producido ya. Es Donbass, es Novorrusia. Tendremos nuestro segundo Día de la Victoria.

O.C. para Slavyangrad.org
Traducción de Nahia Sanzo / Imagen de cabecera de Marcel Sardo

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Comentarios

2 comentarios en “D.E.P, Ucrania — 2 de mayo de 2014

  1. Estimada Olga Luzanova, ( gracias a la traducción de Nahia Sanzo ) soy de esos europeos que desde un principio entendimos, quizás por los antecedentes históricos de mi país, que ibais a ser pasto de la sin razón y la locura de una guerra civil instigada por intereses ajenos a vuestra realidad cultura e ideológica. También tuve claro que esa irracional Eurofilia proclamada por sectores partidarios del supuesto ” el dorado ” EEUUropeo, llevaría a vuestra nación al caos y a la miseria. ¿ Cómo entender que una confederación de estados supeditados única y exclusivamente a los intereses económico-comerciales no es el camino para ser ni grandes, ni libres ?. La realidad de la Unión Europea ( o lo que sea esa cosa ) es más siniestra de lo que podáis percibir, porque como ciudadano de la misma he visto como una vez caes en sus redes burocráticas, y bajo el yugo de su legislación, tienes las manos atadas para poder afrontar de forma autónoma, problemas, reveces, desacuerdos…, e incluso se te llega a coarta tu libertad a la negación y/o disidencia. Como dice un dicho español: ” No es oro todo lo que reluce, y mucho menos lo que brilla “. y si sus compatriotas han prendido fuego a su propia nación por esa entelequia, mal negocio…, muy mal negocio han hecho. En cuanto al dolor desgarrador de las perdidas humanas, la destrucción, el desmoronamiento de una identidad cultural y la desesperación de tener que afrontar una nueva realidad nacional, siempre será mejor ir de la mano de los que sangran contigo en pos de un nuevo futuro que esperar el entendimiento y reconocimiento internacional. Mi reconocimiento y mis mejores deseo a todos aquellos que como usted han decidido respetar sus raíces, sus vínculos históricos con la nación rusa y afrontar una nueva realidad: NOVORRUSIA. ¡ Por vuestra victoria !.

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    Publicado por ahiur | 17/05/2015, 17:10

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