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Batallón Vostok, Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Ucrania, Voluntarios internacionales

Compromiso hasta el final

Muchos han sido los soldados extranjeros que, a un lado y al otro de la línea del frente, han luchado a lo largo de los ocho años de guerra en Donbass y los últimos meses de guerra abierta extendida a todo el país. Frente a mercenarios y soldados de fortuna movidos por la búsqueda de aventuras o de sacar rédito económico a la miseria de la población que supone la guerra, muchos llegaron a Donbass como simples voluntarios. Una parte de esos voluntarios, sin experiencia militar, fue utilizada fundamentalmente para la propaganda. Con el tiempo, aquellos que adquirieron capacidades de lucha y cierta habilidad para manejar la lengua, sin la que los soldados no serían más que un estorbo, fueron integrándose en las unidades creadas de forma espontánea en la primavera y el verano de 2014. Una de ellas fue el batallón Vostok, creado por Alexander Jodakovsky y que continúa luchando en primera línea del frente a día de hoy. Ayer mismo, Jodakovsky anunciaba que las tropas habían pasado a la ofensiva en el sector de Ugledar, donde el batallón ha vivido en estos meses momentos durísimos.

El batallón Vostok fue el primer destino de varios de los voluntarios españoles que acudieron a Donbass en los primeros meses de la guerra. Lo fue también para Alexis Castillo, Alfonso, cuya muerte en combate se conoció este pasado viernes. En Donbass desde 2014, Castillo se incorporó a una guerra ya desatada y en la que existían intereses y objetivos en muchas ocasiones contradictorios. Mientras una parte de los soldados y voluntarios, locales o internacionales, luchaban abierta y directamente por Rusia, otros lo hacían bajo diferentes matices de la bandera roja. Imperialistas rusos, nacional-bolcheviques, nostálgicos de la Unión Soviética e internacionalistas compartieron filas en las milicias de la RPD y la RPL desde el verano de 2014 en una convivencia que no siempre fue fácil, pero en la que todos compartían un objetivo: defender a la población de Donbass de la agresión militar ucraniana.

Consciente de lo ocurrido en Maidan en febrero de 2014, fue la masacre del 2 de mayo la que le impulsó a tomar la decisión de unirse a la lucha. Así se lo explicó hace varios años a Slavyangrad, como lo hizo también a todo tipo de medios generalistas o independientes que acudieron a Donetsk para informar sobre una guerra que había caído en el olvido. Aunque con menor rango que las grandes figuras de la guerra, Alexis se convirtió rápidamente en una de las caras reconocibles de la milicia de la RPD y también de la ciudad de Donetsk, donde era reconocido por las calles.

 “Llegado el momento, si no estás dispuesto a tomar las armas para defender a tu pueblo o para luchar, no puedes llamarte a ti mismo comunista”, explicó al periodista vasco Ibai Trebiño Alexey Markov, comandante de la brigada Prizrak desde el asesinato de Alexey Mozgovoy en 2015 hasta su muerte en accidente de tráfico hace dos años. Como internacionalista -adjetivo que mejor definía su ideología, nada partidaria de aquellos nacionalismos que se disfrazan con políticas aparentemente izquierdistas para ocultar su tendencia reaccionaria-, Alexis añadió a esa idea la necesidad de defender y luchar por un pueblo ajeno. Aunque no lo fue por mucho tiempo. El compromiso de muchos voluntarios internacionales terminó en el momento en el que la guerra entró en las trincheras para no salir durante años de un proceso de constante renovación de un alto el fuego que nunca lo fue.

“Yo lo que quiero es aprender ruso”, decía repetidamente en el grupo de hispanohablantes que se reunían en un café del centro de la ciudad. Su voluntad de aprender no se limitaba al idioma local, sino a las costumbres y a su historia. Para entonces, Castillo había hecho de Donbass su pueblo y de la RPD no solo su ejército sino su hogar, una República en la que veía potencial para una vida digna. Como explicó a Slavyangrad en una larga conversación en la entonces tranquila ciudad de Donetsk, la República contaba con una industria propia y con suficientes tierras fértiles para construir su propia economía. Aunque consciente de la importancia del apoyo ruso, siempre abogó por la construcción de una economía propia. Su destino estaba ya definitiva e irremediablemente ligado a la República Popular de Donetsk. En septiembre de 2016 celebraba que, entre tanta muerte, apareciera una nueva vida, Miguel, nacido en guerra y que ha vivido cada día de su vida sin conocer nunca la paz.

El alto el fuego de Minsk había supuesto la consolidación del frente y la limitación de la batalla a la línea de separación y especialmente a ciertas zonas “calientes”. El peligro para la población civil, especialmente para aquella en la retaguardia, se redujo notablemente, pero no fue así para los soldados de los ejércitos de la RPD y la RPL. En 2017, Castillo resultó herido por segunda vez. La primera había sido a finales de 2015, en la lucha por el aeropuerto de Donetsk. Al contrario que en la primera, que aunque requirió hospitalización, su vida no corrió peligro, la lesión de 2017 pudo haberle costado una pierna además de a su comandante, al que Alexis apreciaba y quería.

Hombre joven y lleno de vitalidad, no perdía la sonrisa ni las ganas de vivir como un joven más a pesar de la guerra, las carencias de una zona bajo un bloqueo económico o las penurias que implica la batalla. Pero, ante todo, nunca le perdió la cara a la guerra. Su primera batalla se produjo en el aeropuerto de Donetsk, posiblemente la zona más caliente de la campaña de otoño-invierno de 2014. Perdió la vida el viernes en la localidad de Peski, a escasos kilómetros al oeste de esas mismas posiciones. Alexis y su grupo trataban de repeler un ataque ucraniano cuando un certero ataque de artillería acabó con sus vidas. Como en sus primeros días, Alexis Castillo luchaba en la primera línea del frente, a escasa distancia de Donetsk, donde las tropas rusas no han logrado alejar a las ucranianas, que continúan atacando la ciudad con ataques de artillería que causan víctimas mortales prácticamente a diario. Como en gran parte de Donbass y a pesar de contar con un equipamiento menos preparado que el de los soldados rusos, las tropas republicanas continúan soportando gran parte del peso de la lucha, especialmente en la primera línea de fuego. El viernes, antes de conocerse las bajas de Peski, la RPD actualizaba los datos de bajas: desde el 1 de enero habían muerto más de mil civiles y más de 3500 soldados de la República Popular de Donetsk.

Apenas unas horas después de confirmarse la muerte de Alfonso, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, escribió en su perfil de redes sociales una frase con la que definió perfectamente a un hombre al que no conoció: “Alexis es un colombiano que ha muerto en el Donbass; sus ideas revolucionarias, quizá equivocadas, quizás no, lo llevaron a esta guerra con los ojos abiertos. Ha muerto un joven que quiso ser revolucionario. La revolución es la Paz. Esto no saldrá en nuestros medios”. Petro se hacía eco de la información de la periodista de RT Helena Villar, que incluía un fragmento de un documental del canal público ruso en el que Alexis Castillo mostraba un arma antitanque de producción española encontrado entre los despojos de la metalúrgica Ilich de Mariupol. “Esto es un arma para la guerra”, explicaba el miliciano. “Así no van a conseguir la paz”, añadía, consciente desde hace muchos años de que la paz no ha sido el interés de las potencias occidentales ni de sus países satélite. Al contrario que el presidente Petro, ni el presidente Pedro Sánchez ni el Ministerio de Asuntos Exteriores de España, país del que Alexis Castillo también era ciudadano, se han pronunciado por el momento.

Hace unas semanas, Alexis comunicaba la noticia de la muerte de otro camarada internacionalista. En su despedida, como había hecho en ocasiones anteriores, prometía seguir adelante. Habrán de ser otros quienes lo hagan ahora por él y por sus compañeros caídos. Ayer, el Comité Central del Partido Comunista de Donetsk, del que era miembro, anunciaba la noticia definiendo a Alexis como un hombre digno y modesto que fue fiel a su labor internacionalista hasta el final.

Es probable que Alexis no reciba uno de los grandes funerales que se han visto en Donetsk en estos años y que no reciba medallas a título póstumo. Es posible también que aquellos que en vida trataron de distorsionar su figura y sus intenciones para construir su propio relato sigan haciéndolo en la muerte. Propagandistas ucranianos ya se jactan de que el soldado, hace años incluido en la lista Mirotvorets, vinculada a figuras del Ministerio del Interior de Ucrania, ha sido “liquidado”. No era esa la población a la que apelaba Alexis Castillo, ni como comunista ni como soldado, siempre consciente de haber ido a la guerra a proteger al pueblo, no al sistema que había creado las circunstancias que llevaron a la guerra.

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