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Rusia anuncia su retirada del acuerdo de exportación de grano

El sábado, tras denunciar un ataque con drones contra la flota rusa del mar Negro en Sebastopol, Crimea, la Federación Rusa anunciaba la suspensión de su participación en el acuerdo de exportación de grano y productos agrícolas de Ucrania a través de tres puertos del sur del país. Moscú acusa a Ucrania y al Reino Unido de haber utilizado el corredor previsto para las exportaciones para el uso de drones marítimos enviados para atacar los buques del mar Negro. En su línea habitual, Ucrania acusa a Rusia de un ataque a sus propios buques para justificar desvincularse unilateralmente del proceso.

El acuerdo fue negociado con la participación de Naciones Unidas y la mediación de Turquía, que con ello lograba una privilegiada posición ante ambos países en un momento en el que este equilibrio resulta especialmente lucrativo. La negociación se plasmó en dos acuerdos separados, aunque con idénticos términos, firmados por cada país con Turquía y que se firmaron en ceremonias también separadas el pasado 22 de junio.

La firma se produjo en un momento de fuerte inflación de los precios de los alimentos, no solo por el alza de los costes energéticos, sino también por los problemas en la cadena de suministros de productos como el grano, en el que tanto Rusia como Ucrania son dos de los grandes productores mundiales, el acuerdo fue visto como un gran paso adelante. Inevitable en cada momento en el que los dos países dan un paso constructivo, el secretario general de Naciones Unidas mostró su esperanza de que el acuerdo pudiera ser un primer paso hacia la paz. Las ingenuas esperanzas de Antonio Guterres no se han cumplido y, desde entonces, la guerra no solo no se ha detenido, sino que ha entrado en una fase aún más cruel para la población civil de ambos lados de la línea del frente.

El acuerdo buscaba desbloquear la exportación del grano ucraniano a través de un corredor verde que debía ser desminado por la marina ucraniana y por el que, con la mediación de Turquía y previa revisión de la carga, Ucrania podría volver a colocar sus productos en el mercado mundial. Pese a que el peso de la producción de grano ucraniano asciende a alrededor del 3% de la producción mundial, tanto Rusia como Ucrania son países importantes en términos de exportaciones, aspecto fuertemente utilizado como elemento de presión contra Moscú, a quien se culpaba de provocar una hambruna mundial.

En gran parte dominados por la especulación, los precios del grano descendieron inmediatamente después de la firma del acuerdo, cuando ni siquiera había garantías de que el tratado fuera a respetarse. Los antecedentes y el incumplimiento de acuerdos desde el inicio de la guerra en Ucrania, con Minsk a la cabeza, hacían imposible garantizar el cumplimiento de los términos firmados. Sin embargo, al contrario que en el proceso de Minsk, donde el progreso dependía en gran parte de la voluntad de Ucrania de dar ciertos pasos, en esta ocasión el cumplimiento dependía en gran parte de la adhesión de Moscú a los términos firmados.

En estos cuatro meses, Ucrania ha tenido la oportunidad de exportar uno de sus productos estrella, el grano, que según se había insistido en toda la prensa durante semanas, iba a salvar al mundo de una hambruna, con lo que se evitaría también nuevas oleadas migratorias derivadas de la falta de pan. Ese discurso de solidaridad con el mundo menos privilegiado desapareció inmediatamente después de la reanudación de las exportaciones. En uno de sus discursos, el presidente ruso Vladimir Putin acusaba a Ucrania de exportar gran parte del grano a países de la Unión Europea, olvidando a los países del tercer mundo a los que pensaba salvar de la hambruna. Días antes, a finales de septiembre, un artículo publicado por The Wall Street Journal se mostraba en los mismos términos, reflejando el malestar por los productores del este de Europea por la llegada masiva de grano ucraniano a menor precio. Para entonces, también medios que han apoyado incondicionalmente a Ucrania como The New York Times admitían también que los buques de exportación se dirigían a países como Inglaterra o Irlanda con un objetivo comercial y no a Yemen, Etiopía u otros países en riesgo de hambruna. La realidad es que el grano producido por Ucrania, una parte del cual ha de ser destinado al consumo interno y otra se encuentra en territorios fuera de control de Kiev, no puede, en ningún caso, impedir una hambruna mundial si no es parte de una estructura de distribución justa de los recursos.

El 9 de junio, Volodymyr Zelensky llamaba a expulsar a Rusia de la FAO pro arriesgar al mundo a una hambruna a causa del bloqueo ucraniano. Es previsible que este discurso se repita nuevamente como herramienta de presión para que Rusia permanezca o regrese a un acuerdo en el que ha colaborado en la exportación de grano ucraniano. Gracias al acuerdo, Ucrania ha obtenido unos ingresos que probablemente hayan revertido en la compra de armas -Ucrania depende de la Unión Europea para los pagos de salarios y pensiones, por lo que no es ahí donde ha invertido esos fondos-, mientras que Rusia no ha logrado en ningún momento desbloquear sus exportaciones de productos tan importantes como los fertilizantes. “Rusia se ha encontrado con dificultades para exportar productos agrícolas y fertilizantes según el acuerdo debido a que los puertos, aseguradoras, bancos y otras empresas temen ser castigadas por colaborar en las exportaciones rusas”, escribía ayer domingo The New York Times. Estados Unidos y sus aliados no necesitan imponer sanciones contra las exportaciones rusas, que podrían ser criticadas por comprometer la seguridad alimentaria mundial, sino que es suficiente con la amenaza de sanciones secundarias.

El acuerdo de exportación, que expiraba a finales de noviembre y debía ser renovado, había sido ya fuertemente cuestionado por Moscú debido precisamente a que su función parece haber sido únicamente garantizar una fuente de ingresos para Kiev. El ataque a la flota del mar Negro en Sebastopol, entre la que se encontraban, según alega Moscú, buques que participan en el proceso, ha sido el catalizador de algo que posiblemente habría pasado igualmente. Para compensar los problemas de la posible paralización de la exportación de grano ucraniano, detenida temporalmente ayer, pero reanudada hoy aunque sin garantías de seguridad, Moscú ofrece a los países en desarrollo 500.000 toneladas de grano ruso (Ucrania alega que se tratará posiblemente de grano “ucraniano robado”) y fertilizantes a coste cero. En semanas anteriores, Moscú había propuesto la entrega de los fertilizantes rusos retenidos en los puertos europeos a los países en desarrollo también de forma gratuita. A pesar de la importancia de estos productos, cuyo precio se ha disparado a causa del aumento de los precios de la energía y de la paralización de las exportaciones de Rusia, una de las grandes potencias mundiales en el sector, la preocupación de las autoridades europeas por la seguridad alimentaria en el tercer mundo es selectiva. Aunque haya caído en el olvido en las últimas semanas, es probable que aumente notablemente en los próximos días. Al menos hasta obligar a Rusia a firmar un nuevo acuerdo.

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