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“¿Volvemos a Ucrania o nos integramos en Rusia?”

Artículo Original: Dmitry Steshin / Komsomolskaya Pravda

El 11 de noviembre, la RPD elige al nuevo líder de la República. El anterior, Alexander Zajarchenko, murió el 31 de agosto en un ataque terrorista. El corresponsal de Komsomolskaya Pravda Dmitry Steshin ha llegado a Donetsk para preguntar sus habitantes que esperan y qué esperanzas tienen.

En el quinto año de guerra, el sufridor Donbass se encuentra en un estado constante de bloqueo. La guerra se ha convertido en posicional: aunque sigue presente, no es visible y, sin embargo, proyectiles siguen cayendo cada día y cada noche en ciudades y pueblos del frente. Los mineros utilizan la frase “proceso de Minsk” como una forma de maldición. Y con silencioso asombro ven cómo los tribunales rusos intentan persistentemente deportar a milicianos a Ucrania. Al mismo tiempo, la madre Rusia ama a Donbass y ayuda cuanto puede. Esto está lejos de ser una lista completa de elementos contradictorios.

Sobre la mesa hay un surtido local de variedades de carne colocadas en tiras al estilo del logo de Adidas. Con ella, berza y berenjenas. Solo quiero dormir –acabo de llegar de la “tierra grande”, de Rusia-, pero mis amigos no van a permitir que me vaya a la cama con hambre. Miro y escucho. Kolya ya lleva diez minutos intentando convencerme de que “Donbass será devuelto a Ucrania”. Acompaña su discurso con razonamiento y hechos mientras pela las patatas y el aceite ya se calienta en el fuego. En el silencio de la noche, se escucha la vaga artillería.

-Ayer vino a la mina un experto del carbón ucraniano. Miró alrededor y preguntó: ¿todos los vagones son rusos? ¿Qué vagones vamos a tener? En el año 2015 enviamos los vagones [llenos de carbón] y nunca los devolvisteis.

Interrumpo el monólogo:

-Que intenten coger los vagones. ¿Qué es eso de la entrega? ¿De dónde te lo sacas?

Kolya me mira fijamente con un cuchillo en la mano. Intento calmar a mi amigo:

-Viene la temporada de frío, están cansados de comprar carbón de Donetsk en Sudáfrica.

La mujer de Kolya entra en la habitación vestida de uniforme mientras nos estamos riendo. Antes de las elecciones, el personal de la RPD ha sido trasladado a los barracones y Anya ha venido un momento para lavarse y recoger algunas cosas. La comida en los barracones no es muy buena. Anya enseguida se da cuenta de todo:

-Dmitry, no le hagas caso, discutimos todo el rato. Es un derrotista.

Anya se relaja y se acerca a su marido.

-Cuando vengan los Nazis y, como prometen, me cuelguen de una farola, ¿tú también te entregarás?

Es un golpe bajo y Kolya grita que todavía recuerda cómo coger una ametralladora. Anya ríe triunfante, recoge las cosas y sale. Kolya sigue hablando mientras cocina:

-Devolvernos-no devolvernos. En 2014, en el referéndum había una cola que daba tres vueltas al colegio. Una abuela me miró y me preguntó: hijo, ¿dónde se vota por Rusia? ¿Ahora qué? ¿Dónde está Rusia?

-El ejército ruso está en Rostov, vete hasta allí para verlo. Si pasa algo, puede estar en Donetsk en un par de horas. La aviación, en cinco minutos.

Kolya se calma otra vez. He visto esta misma reacción muchas veces en personas traumatizadas por la guerra. Pasan de la ilusión a la desesperación sin transición alguna, al instante. Kolya me da de comer y, de repente, tiene prisa por llamarme un taxi:

-A partir de las diez no hay coches, todos se han ido a casa. El toque de queda. Si no, 30 días a la sombra. Después de la muerte de Zajarchenko se relajó un poco, pero después se volvió a endurecer.

Cómo no va a ser así. Hay una guerra.

Lo que funciona

Voy a la administración de Donetsk en busca de la acreditación. En el edificio no hay ni rastro de la “fiesta de la desobediencia de 2014”. No hay pintadas, ni las barricadas de los primeros días de la independencia. Del hall ha desaparecido incluso el mural con las fotos de los defensores de esas barricadas muertos en el frente. Vuelve a ser un aburrido edificio de despachos. Solo hay una señal de tráfico con una flecha “Kiev 777km”. En el contexto actual, parece una muestra de ironía. Ni la milicia va a ir a Kiev ni Kiev va a venir aquí. Aunque siempre está dispuesto a derramar sangre.

En algún lugar cerca del aeropuerto comienza a resonar un tiroteo, posiblemente con ametralladoras. Después vuelve el silencio. Alguien me da una palmada por la espalda. Es Alexey, el teniente que en septiembre me llevó a las posiciones del mar de Azov. Está bien vestido, con el mejor uniforme disponible, como un dandi de Moscú. Los soldados que no tienen familia no tienen dónde gastarse su humilde salario y compran equipamiento. Me mira un poco de lado, ocultando la parte de su cara que sufrió el impacto de la metralla y no puede mover. Alexey sabe que la gente intenta no mirar a su cara paralizada. Pregunto si todo va bien. Media cara sonríe. “Lo único que va bien es que no tenemos a lo malo”. Y empieza a relatar las noticias de las trincheras:

-Tú te fuiste, los pravoseki se retiraron de sus posiciones y vino la brigada aerotransportada. Nos machacaron con artillería durante cuatro días y nos prohibieron responder adecuadamente. A los Nazis se podía, pero a ellos… ¡No, no! El cuarto día, el comando contactó con ellos por radio: “un proyectil más y nosotros también vamos a empezar”. Se calmaron. Enviaron su “bicéfalo”, un blindado por control remoto. Dispara con precisión. Y lo peor de todo, el ruido que hace. Así que así estamos, todo bloqueado. He venido por asuntos electorales, prácticamente todo el ejército ha votado ya.

-¿Se esperan provocaciones de Kiev en el frente? ¿Durante las elecciones?

La pregunta es estúpida por mi parte. ¿Quién puede saberlo ahí fuera en las trincheras?

Instintos humanos

Todo el mundo sabe las cosas por internet, que sigue siendo la principal vía de comunicación con el mundo. No es infrecuente ver a abuelas en la red hablando por Skype con el otro lado. Internet recuerda la vergüenza y no recuerda lo bueno. Inmediatamente después de la muerte de Zajarchenko, comenzó a difundirse la historia de la corrupción de los negocios de la República. Las nuevas autoridades reconocieron algunos “excesos” e inmediatamente tomaron el control, aprobando varias medias importantes: cambio en la recaudación de impuestos, devolución de empresas privadas a sus dueños. Y también se tomaron medidas populistas como reducir tarifas de aduana para las importaciones y rebajar el precio de la gasolina entre tres y cinco rublos. Viniendo de Rusia, esa rebaja puede parecer irrisoria, pero no es tan gracioso cuando, esperando para pagar en el supermercado con un carro completo, la gente detrás de ti lleva la compra en una mano: pan subvencionado, kéfir y poco más. Entonces la realidad es otra, especialmente cuando la cajera te dice: “el queso es caro, 60 rublos [menos de un euro], ¿se lo lleva?”. 60 rublos aquí es la compra estándar. Todos esperan con tensión la respuesta. Y no sé qué decir. Simplemente asiento en silencio.

Aquí eso hace más daño que el fuego y da lugar a extrañas construcciones lógicas. No es casualidad que cualquier indicio de intento de hacer pasar a la República a “la vía pacífica” sea percibido por muchos como una “entrega” de Donbass a Ucrania. Y eso es lo que más miedo da. El exministro de Exteriores de la RPD, Alexander Koffman, apunta con diplomacia y optimismo:

-¿Quién dice que la victoria se pueda conseguir solo con la guerra? Allí (en la parte de Donbass bajo control de Kiev) ya hay descontento por el hecho de que aquí sean varias veces más baratas las facturas y la gasolina. Si aumentamos los salarios y las pensiones, allí continuará la inestabilidad. Al final podremos reunificar nuestra tierra sin guerra.

Que cada cual lo tome como quiera. Pero se puede seguir hablando a base de eslóganes o admitir que no hay una solución militar al conflicto en Donbass. Al menos de momento. Por medios militares solo se puede mantener la situación como hasta ahora. Hace tiempo que la población lo ha comprendido. El dueño de un taller de reparación, que participó en la guerra en 2014, explica:

-Compro piezas en Rostov, dejo algo para mí y el resto se lo paso a mi socio en Mariupol. Sí, a través del frente. Todo está solucionado. Tengo un amigo que luchó allí, en nuestro bando, ahora es taxista en Járkov. En la frontera se quedan cinco litros de whisky y ya está.

Tumba de Alexander Zajarchenko en Donetsk

Hacia qué lado

Zhenya Martinova es una estrella de internet en Donbass. Volvió a casa en el momento más oscuro, en el invierno de 2014. No podía vivir en Ucrania. Por culpa de internet no puede viajar. Solo a Rusia. Si quisiera ir más allá, tendría que renovar su pasaporte ucraniano. Eso es imposible cuando estás en la lista de Mirotvorets. En el mejor de los casos, no lo permitirán. En el peor, puedes acabar en prisión. Pero ella es optimista y empieza la conversación con lo bueno:

-Hemos mejorado, ahora casi no hay sitio para aparcar. Comida, cosas, hay de todo. Puede que no esté todo tan bonito como antes de la guerra, pero para una persona normal, con lo que hay es suficiente. Han pasado casi cinco años, la necesidad de tener los beneficios de la civilización ya ha pasado. Si quieres algo, siempre se puede llegar a esa civilización por la frontera. Es un experimento social de supervivencia. Lo único importante que nos falta es reconocimiento. Y certeza, claro. Que disparen, volveremos a repararlo todo, sobreviviremos, pero solo quiero saber a qué lado iremos. ¿Sabes, por un casual, si volveremos a Ucrania o si nos integraremos en Rusia?

Es difícil para mí llevarle la contraria. Le digo que Rusia no está lejos. Ahora se reconocen como rusos los diplomas de la universidad de medicina de Donetsk, el proceso de integración existe. Pero para Zhenya es triste ver una segunda ola de emigración de Donetsk, algunos de los que volvieron en 2015-2016 empiezan a marcharse.

-La gente se marcha. Yo vivo a un minuto del centro. Hay dos médicos, una pensionista y poco más. ¿Y los demás? Pero, ¿qué se puede esperar cuando la gente no sabe qué va a pasar? La gente no cree en nada. El romanticismo de 2014 se ha pasado. “Hay que esperar”, eso era 2015 y 2016, seguir en contacto con los familiares al otro lado. Ahora nadie piensa en una campaña para liberar Slavyansk o ir a Mariupol. Hay un sentimiento de que no nos reuniremos con nuestros seres queridos en este mundo. Y eso da miedo.

-Entonces, ¿volver a Ucrania o no?

-Si miras los datos, ya nos hemos ido tan lejos de Ucrania que no hay vuelta atrás.

Zhenya sigue analizando todo y desahogándose. Sobre los rumores de que “Rusia reconocerá la RPD y la RPL a principios de diciembre”, lo ve con ilusión, pero le parece que no ocurrirá:

-La tragedia es que dos tercios de Donbass siguen allí, nuestros familiares, amigos y sus tumbas.

-¿Esperas algo de las elecciones? Se dice que las cosas cambiarán. Zajarchenko era un verdadero líder militar. Ahora, gane quien gane, será un civil y habrá diferentes políticas.

-¿Cómo qué?

-“La vía pacífica”.

Suspiros.

-No sé cómo se puede pasar a la vía pacífica cuando hay ataques todos los días, Dima. Es una paradoja, es una locura. Se habla de Minsk todos los días, pero por el momento siguen cayendo bombas cerca de una ciudad de un millón de personas. La agenda de la paz solo es útil de cara al exterior. Nosotros, desde aquí, desde Donetsk, no vemos ninguna salida.

Zhenya tiene razón y, aunque dice lo que no les gusta decir a los políticos y oficiales: ni en Minsk ni en Donetsk se ve una salida a este bloqueo.

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