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Frente a las amenazas

A pesar de las veladas amenazas contra la población expresadas por el viceministro para los “territorios temporalmente ocupados” y de las presiones de la diplomacia ucraniana y sus socios occidentales, la República Popular de Donetsk y la República Popular de Lugansk celebraron ayer las elecciones previstas para este año y cuya convocatoria se precipitó por la muerte en atentado terrorista de Alexander Zajarchenko el 31 de agosto. Sustituido hace un año Igor Plotnitksy, elegido en las elecciones de 2014 líder de la RPL y asesinado el primer líder de la RPD, el evidente vacío de legitimidad hizo imposible posponer estas elecciones para no perjudicar el proceso de Minsk, como se venía especulando a lo largo del año.

Como hace cuatro años, cuando Ucrania exigió, apelando a los primeros acuerdos de Minsk de septiembre de 2014, que los resultados de las elecciones fueran cancelados y olvidados, Kiev ha intentado estos últimos días presionar a Rusia para cancelar el proceso electoral. A lo largo de la última semana, Kiev y sus principales socios –Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea- han condenado las elecciones como una grave infracción a los acuerdos de Minsk y han amenazado a Rusia con más sanciones. Anticipándose incluso a la celebración de las elecciones, Estados Unidos amplió la semana pasada la lista de sanciones para incluir, entre otros muchos nombres, al Ministerio de Seguridad de la RPL.

Tras la reunión del Grupo de Contacto celebrada en Minsk la pasada semana, la representante ucraniana, Irina Gerashenko, vicepresidenta del Parlamento de Ucrania, lanzaba un duro mensaje en el que afirmaba que Rusia, tras negarse a cumplir con la orden ucraniana de cancelar las elecciones, había anunciado que reconocerá los resultados de las elecciones. Sin embargo, nada indica que la postura rusa vaya a variar en exceso de la mostrada hace cuatro años, cuando Rusia comentó las elecciones sin jamás reconocer los resultados.

En su deliberadamente alarmante mensaje, Gerashenko advertía además de los paralelismos de la situación actual con la de hace cuatro años, cuando tras las elecciones de noviembre en la RPD y la RPL la situación en el frente empeoró hasta la conclusión de la batalla de Debaltsevo en febrero de 2015. El intento de Gerashenko de plantear la campaña de invierno de 2014-2015 como una consecuencia de las elecciones cae por su propio peso al recordar que, el alto el fuego firmado en septiembre de 2014 en Minsk, aunque vigente sobre el papel, jamás se produjo. La batalla por el aeropuerto de Donetsk nuca se detuvo, como tampoco lo hicieron los bombardeos ucranianos en gran parte de la línea de contacto.

Más centrado en la memoria a corto plazo y siempre dispuesto a tergiversar la realidad en busca de un mejor argumento a su favor, el representante del Departamento de Estado de Estados Unidos para Ucrania, Kurt Volker, buscaba esta semana reescribir aquel otoño de 2014, cuando la RPD y la RPL celebraron sus primeras elecciones para ratificar en sus puestos a Zajarchenko y Plotnitsky, dos de los firmantes de los acuerdos de Minsk. Volker, conocido por haber repetido en numerosas ocasiones la falsa idea de que 2017 había sido el año más violento de la guerra, se refería el sábado a las elecciones que, según su versión, Ucrania intentó organizar en aquel momento. “En 2014 Ucrania intentó organizar unas elecciones locales de verdad como parte de los acuerdos de Minsk, pero Rusia se adelantó entonces con la farsa de las “elecciones” “Republicanas” en noviembre de 2014 en contradicción directa a los acuerdos de Minsk. Nadie aceptó esa farsa de “elecciones” entonces y nadie la va a aceptar ahora”, escribió Volker.

Como en el caso de Gerashenko, su discurso choca con la realidad. Ucrania, sin control sobre el territorio, sin posibilidad de garantizar la seguridad de los candidatos de los partidos ucranianos que quisieran participar en la campaña o en las elecciones y sin intención alguna de negociar la legislación específica ni aspecto político alguno con la RPD y la RPL, jamás estuvo en condiciones de organizar unas elecciones. Es más, meses después, cuando se esperaba un acuerdo en el marco del Formato Normandía sobre esa legislación electoral para Donbass, el tema desapareció repentinamente de la agenda política.

Sin intención de negociar unas elecciones en una zona aún en guerra y en la que la población era perfectamente consciente de qué ejército era el culpable de los bombardeos, por lo que los candidatos ucranianos no tenían opción alguna de victoria, Ucrania no solo infringió los puntos militares del primer acuerdo de Minsk sino también violó otros postulados como el de tomar medidas para mejorar la situación humanitaria en Donbass.

En el otoño de 2014, Ucrania impuso un bloqueo de transporte y bancario de Donbass que aún no ha eliminado. Las medidas vinieron acompañadas por la oficialización por decreto del impago de pensiones y prestaciones sociales a la población de la RPD y la RPL que, en la práctica, ya había comenzado aquel verano. La situación de guerra, unida al impago de pensiones en un momento en que la RPD y la RPL aún no habían logrado crear su propio sistema y al bloqueo económico impuesto por Ucrania (que incluía el bloqueo bancario, por lo que la población perdió incluso acceso a sus cuentas bancarias) creó una situación catastrófica en el crudo invierno de 2014, posiblemente el momento más crítico de la guerra en términos humanitarios.

Como hace cuatro años, las elecciones de la RPD y la RPL buscan legitimar a unas autoridades ya en el poder. Nunca ha habido duda alguna de que Pushilin en Donetsk y Pasechnik en Lugansk serían ratificados en sus puestos. Sin el entusiasmo que provocó el referéndum del 11 de mayo de 2014, tras el que se proclamó la independencia, ni el sentimiento de reafirmación de la región que se mostró en noviembre de ese año, la población de Donetsk y Lugansk se enfrentaba a estas elecciones sin grandes opciones de cambio. El objetivo de garantizar que las autoridades de estos territorios se mantengan firmes en su apoyo a los acuerdos de Minsk hacía imposible la participación de candidaturas abiertamente hostiles a los acuerdos o que buscaran una mayor integración en Rusia, cerrando la puerta a un retorno a Ucrania con un estatus especial o autonomía política, opción que ha defendido Moscú desde el inicio de la guerra.

A pesar de las numerosas advertencias de Ucrania de inminentes invasiones rusas, la postura de Moscú no ha cambiado en los últimos cuatro años. Sin embargo, Kiev ha explotado cada gesto y cada medida a favor de la población de Donbass como si se tratara de un reconocimiento de las Repúblicas. Es el caso de la aprobación de medidas temporales de reconocimiento de los documentos expedidos por la RPD y la RPL en Rusia, que ahora incluyen también el reconocimiento de los títulos académicos, incluso los universitarios. Consciente de que ninguna de esas medidas supone realmente el reconocimiento ni el interés de Rusia por incorporar los territorios como sí ocurriera en Crimea, Ucrania trata de explotar también esa idea. La semana pasada, el director del SBU, Vasily Gritsak hablaba en esos términos. En su opinión, la intención de Moscú no era más que entregar los territorios a Ucrania siempre que estos se garantizaran la posibilidad de veto a la entrada de Ucrania en la Unión Europea o la OTAN. “Moscú busca nombrar líderes de las Repúblicas a marionetas controladas que no tengan sangre en las manos y entonces sentarles en la mesa de negociación con Ucrania”, argumentaba Gritsak. Su versión olvida un detalle importante: Rusia siempre ha defendido la negociación directa entre Donbass y Ucrania. Gritsak olvida también que Ucrania, cuyas manos están manchadas de la sangre de la población civil de Donbass y de la de sus propios soldados, enviados a la muerte en batallas como la de Ilovaisk, es quien en estos cuatro años se ha negado a negociar políticamente con la RPD y la RPL como exigía Minsk.

Más lejos fue la semana pasada otro de los representantes ucranianos en el proceso de Minsk, Evhen Marchuk, que representa a Ucrania, no solo en la capital bielorrusa, sino en dos grupos “secretos” que, sin la participación de la RPD y la RPL, tratan, según afirma el oficial ucraniano, de llegar a un acuerdo para la introducción de una misión de paz de Naciones Unidas en Donbass. Ahora que el proceso de Minsk amenaza con perpetuarse en el tiempo y en el bloqueo permanente como lo hiciera el proceso de Minsk para Nagorno Karabaj, Marchuk afirmó que el grupo de trabajo avanza en el proceso de acuerdo para la introducción de una administración internacional en la RPD y la RPL. Esa opción, la “opción croata” que busca desde hace años Ucrania, contradice, no solo los acuerdos de Minsk en cualquiera de sus interpretaciones, sino también la postura mantenida por Rusia en todo este tiempo. Siempre dispuesto a un compromiso, incluso a dejar pasar puntos importantes de los acuerdos de Minsk en busca de algún avance, Moscú siempre ha rechazado la idea de una administración internacional, en realidad una administración de ocupación, en Donbass.

Esa posibilidad, de la que solo se conocen los detalles interesados filtrados por Marchuk en busca de crear más incertidumbre en Donbass, supondría una rendición sin siquiera garantizar a Donbass unos mínimos derechos políticos. Frente a la idea rusa de un retorno a Ucrania como entidad política propia y con derechos políticos garantizados por la Constitución de Ucrania, Kiev y su principal socio y defensor, Estados Unidos, han marcado una línea roja. Así lo atestigua el artículo de Charles North, presidente del US Institute for Peace, institución gubernamental creada en tiempos de Reagan para fomentar la influencia de Estados Unidos, publicado por The Moscow Times y difundido por Kurt Volker, que resume a la perfección las intenciones occidentales con respecto a Donbass.

En el artículo, que defiende la versión oficial estadounidense de la necesidad de una misión armada de entre 20.000 y 40.000 efectivos además de una administración política formada por una 5.000 efectivos (ucranianos y extranjeros) que devolviera el territorio a Ucrania, North se refiere al “estatus especial” que Minsk prevé para Donbass y que Kiev nunca ha tenido intención de garantizar. “Los acuerdos de Minsk prevén un estatus especial para las zonas actualmente bajo influencia rusa, incluyendo poderes específicos para sus autoridades locales. Muchos ucranianos desconfían de este tipo de arreglo, que se aplicaría únicamente en esas zonas, como una forma de Rusia para seguir subvirtiendo la gobernanza en Ucrania. Adherirse a esta provisión aumentará el resentimiento hacia los separatistas e inhibirá su reintegración”, afirma abiertamente North, que propone una descentralización local (administrativa, sin poder político alguno) para todo el país. Es decir, Estados Unidos exige una rendición a cambio de una administración de ocupación y el incumplimiento de las mínimas concesiones políticas que Minsk preveía para Ucrania.

Mientras Donbass elige a las autoridades que les representarán en las conversaciones de Minsk –en realidad principal objetivo de estas elecciones–, Estados Unidos reafirma su apoyo a Ucrania en su negativa a negociar directamente con cualquier autoridad local de Donbass. “En primer lugar, Putin ha insistido en que Ucrania tiene que negociar directamente con las autoproclamadas repúblicas”, afirma North, olvidando que es el acuerdo de Minsk, no la presidencia rusa, la que exige esa negociación. “Como es natural, Ucrania se niega. La coordinación con las repúblicas, en lugar de ser manejado por Rusia o a través del proceso de Minsk, sería más propiamente llevado por el representante especial de Naciones Unidas”, continúa North, que de un plumazo elimina así los dos puntos principales de los acuerdos negociados con la mediación de Alemania y Francia: la negociación directa y la búsqueda de un encaje de Donbass en Ucrania como entidad política propia.

En su intento por acallar completamente la voz de Donbass, incluso estas elecciones con opciones limitadas y que buscan principalmente legitimar la opción de proseguir el proceso de Minsk y los acuerdos con Ucrania, son un obstáculo para Kiev y para Washington, cuya única oferta para Donbass es una ocupación internacional que devuelva el territorio a Ucrania de forma incondicional.

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