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Un discurso del odio que quedó sin castigo

Artículo Original: Andrey Manchuk / Ukraina.ru

orig-2-1501765782El 20 de julio, en el centro de Chernigov, se linchó públicamente a una persona. Miembros locales del regimiento nazi Azov y otras organizaciones de extrema derecha ataron a un poste a un mendigo local y le colgaron una señal en la que se podía leer: “Soy vatnik. Escúpeme”. Y entonces comenzaron a emitir el vídeo de la tortura en Facebook, en el que periódicamente podía verse a personas escupiendo a la cara del hombre.

Según el autor del vídeo, el sintecho de Chernigov supuestamente había cumplido condena por abuso sexual a menores y recientemente había profanado un memorial a víctimas de las centurias celestiales arrojando botellas. Es probable que estas acusaciones sean falsas: porque los azovets se quejaron de que el hombre había sido puesto en libertad el día anterior. Pero la extrema derecha decidió hacer su propio juicio. Y en esta moribunda ciudad no había otros chivos expiatorios para un pogromo, por ejemplo, población romaní, a la que han atacado otros individuos de ideología similar en otras regiones. “La gente verá estas imágenes y entenderá lo que les va a pasar a los defensores del mundo ruso en Chernigiv”, comentó burlándose uno de los organizadores del linchamiento.

Todo ocurrió en el centro de la ciudad, a pleno sol, entre las aceras destruidas y cubiertas de malas hierbas de Chernigov. Algunos viandantes se indignaron con lo que estaba ocurriendo, pero los nazis sarcásticamente les llamaros humanistas y les ofrecieron que le pagaran un billete a Rusia a la víctima. Y sugirieron que tenían suficiente cinta adhesiva para todos los ofendidos.

Al llegar al lugar, la policía saludó amablemente a los fascistas. “Esta patrulla está en nómina, es de los nuestros. No pasa nada”, comentó alegremente uno de los participantes en el linchamiento al ver aparecer a la policía. La policía se mostró entretenida por esta escena medieval y ni siquiera se apresuró a desatar al hombre.

“Los agentes del orden creen que el hombre se ató al poste por sí mismo”, se quejaron los periodistas que trataron de desatar a la víctima, que recibieron amenazas por su comentario. El hombre no fue desatado ni siquiera cuando llegó la ambulancia porque los nazis amenazaron a los médicos. Solo después de ser apaleado y de haber pasado un largo tiempo al sol pudo ser trasladado al hospital. Los nazis trataron de impedirlo.

Es importante comprender algo: este acto medieval que los azovets presentan como algo similar a los juicios del ISIS, no es un acto de locura de los fascistas. Es perfectamente coherente con las directrices de la élite nacionalista ucraniana que sistemáticamente se publican por todo el país.

El 4 de julio, en una aparición en el canal de televisión de Lviv Zik, el diputado Andriy Biletskiy habló sobre qué hacer con los millones de ucranianos que se niegan a aceptar los dogmas y mitos de la ideología nacionalista del Estado. “Creo que las personas tienen que tomar una decisión: quieres ser un vatnik [término despectivo para referirse a nacionalistas rusos, ahora utilizado en su forma más amplia para incluir también a quienes rechazan el nacionalismo ucraniano-Ed]: puedes estar en el exilio, ser apátrida o estar en prisión. No hay que dudar: esto no es libertad de expresión, son enemigos dentro del Estado. Es así”, afirmó el líder del regimiento Azov y sus estructuras paramilitares como el Corpus Nacional o la Milicia Nacional.

Estas amenazas no están dirigidas a la oposición, aplastada hace tiempo. Biletskiy se refiere al destino de la mitad de la población de Ucrania: todos aquellos que pese a todo, siguen manifestándose en las encuestas a favor de una solución pacífica al conflicto en el este del país, son críticos con la canonización de Bandera o Shujievich, se oponen a unirse a la OTAN, no están satisfechos con las depredadoras reformas neoliberales, con la destrucción de monumentos, con la obligación de cambiar los nombres de las ciudades, o que quieren que sus hijos estudien en su lengua materna. Cualquiera que cante las canciones equivocadas, vea las películas equivocadas, o que simplemente cae mal a la ultraderecha, como ese pobre, enfermo y apolítico sintecho.

El líder de la ultraderecha les niega a todos ellos el derecho a expresar su opinión y exige a los ciudadanos que considera poco leales que se marchen de su país o vayan a la cárcel. Mientras tanto, sus subordinados de Chernigov también prometían enviar a su víctima a Rusia. Aunque la actual Constitución del país impide que un ucraniano sea privado de la ciudadanía de su país.

Todo esto nació del Maidan: fue allí cuando los participantes se jactaron de torturar públicamente a personas inocentes. Les pusieron de rodillas, colgaron del cuello carteles con insultos, los pasearon ante la multitud encolerizada y tuvieron que aguantar que les escupieran, les insultaran y les golpearan. La tragedia ucraniana fue un ejercicio de discurso del odio que quedó sin castigo, cuando miles de personas hasta entonces respetables escribieron artículos insultantes sobre la población de Donetsk, Odessa o Kiev a la que llamaban vata, que habitualmente quería decir que simplemente se oponían al nacionalismo ucraniano.

“No hay que dar la palabra a los vatnik”, afirmaban esas personas inmediatamente después de Euromaidan. En abril de 2014, destacados artistas exhibieron en Kiev imágenes de “vatniks” y “colorados” en jaulas. Y viñetas del odio creadas por la escritora Irina Karpa contribuyeron activamente a que aumentara la hostilidad mutua con su representación de oponentes de Maidan como criaturas feas y descerebradas con las que solo se podía hablar en el lenguaje de las balas y las bombas. Finalmente, tras los horrores de Odessa, se generalizaron los llamamientos a que “arda el vatnik”, un llamamiento explícito a la persecución y destrucción de oponentes ideológicos.

Ahora, cuatro años después, tratan a sus oponentes utilizando métodos medievales como el linchamiento y el pogromo. Si la sociedad ucraniana no es capaz de encontrar la fuerza para detener esta anarquía, el precio que habrá que pagar será verdaderamente terrorífico. Para comprenderlo no hay más que leer los comentarios a los vídeos de Azov en los que se exige asfixiar o quemar vivo al mendigo. Y está claro que estas amenazas no son algo imposible ni alejado de la realidad.

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