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A pesar de la propaganda oficial

Artículo Original: Andriy Manchuk

Hace solo cinco años, el Día de la Victoria era posiblemente una de las celebraciones más pacíficas y menos politizadas del calendario ucraniano. El 9 de mayo, se celebraban en el país grandes fiestas a las que la población acudía con sus familias en las calles de primavera, visitaban los monumentos a los héroes de la Gran Guerra Patria, ponían flores y recordaban a los caídos. El Gobierno preparaba una celebración oficial, los partidos de izquierdas hacían sus manifestaciones y el público nacional-patriótico se mofaba de “la victoria de Kolima [Siberia] frente a Buchenwald” [una forma de equiparar a Stalin y Hitler]. A pesar de todo, la fecha se mantenía como un día para el recuerdo al que no afectaba especialmente la coyuntura política de cada momento.

Los últimos años han cambiado radicalmente la situación. Los actos memoriales se han convertido en una forma de manifestación de la desobediencia civil y política. El 9 de mayo -que por el momento no se ha conseguido eliminar de la lista de fechas memorables para la población ni retirarle la categoría de festivo a nivel nacional- se ha convertido, de forma inesperada, en un vehículo para la protesta política contra las políticas de las autoridades. Cientos de miles, si no millones, de ciudadanos ucranianos celebraron el Día de la Victoria desafiando la política oficial de reemplazar esa celebración con el “Día de la Reconciliación” el 8 de mayo y de reescribir la historia de la victoria contra el Nazismo equiparando a la Unión Soviética con el Tercer Reich. Y las autoridades se encuentran claramente perdidas ante esta espontánea acción colectiva, incapaces de contrarrestarla de forma efectiva, principalmente porque no hay suficientes cárceles para tanta gente que participó.

No es ningún secreto que la Ucrania post-Maidan ha limitado drásticamente la libertad de pensamiento y de reunión. En la práctica, el país permite únicamente acciones masivas progubernamentales o actividades de la extrema derecha, también asociadas a diferentes agencias del Gobierno. Solo puede criticarse al Gobierno desde la derecha, exigiendo de él aún más nacionalismo y más guerra. Con la izquierda purgada del espectro político y con cualquier intento de organizar protestas sociales calificado como provocación del Kremlin, no existe más protesta que la de la derecha. Pero las fiestas oficiales sancionadas por el Gobierno, principalmente asociadas con la agenda nacionalista, nunca se han convertido en verdaderas fiestas populares.

En estas condiciones, el Día de la Victoria es prácticamente la única ocasión para salir y expresar una posición sociopolítica. Cualquier otro día, la población es reticente salir a la calle con carteles contra el aumento de los precios de los servicios básicos por temor a ser calificada de quinta columna de Putin. Los nacionalistas tienen la capacidad de detener a cualquier persona que porte banderas rojas y la policía puede arrestar a quien lleve lazos de san Jorge. Pero los actos del 9 de mayo siguen estando permitidos y son legales, así que las fotografías de los abuelos vestidos con sus uniformes del Ejército Rojo están tomando un carácter de eslogan político y bandera de la insatisfacción general con la política socioeconómica y humanitaria del Gobierno.

Incluso que se haya visto masivamente el concierto festivo [dedicado al Día de la Victoria] que emitió el canal Inter y que reunión a una audiencia de más de trece millones de personas se ha convertido en un problema tanto para el presidente Poroshenko como para los Nazis de la “Milicia Nacional”. Este ejemplo de resistencia moral ha causado una gran impresión en la sociedad, ya que muestra cuánta gente está en desacuerdo con las políticas que, desde hace cuatro años, se intentan imponer desde las autoridades.

Es más, se puede decir que el intento de romper a la población ucraniana y el intento de obligarles a abandonar la memoria de sus familiares en el Ejército Rojo -calificados de obedientes esclavos sin cerebro, carne de cañón, ciegos instrumentos en manos del Politburó de Stalin- no solo ha fracasado, sino que ha conseguido el efecto contrario. Es ejemplo de ello la presencia en los actos del 9 de mayo de los jóvenes, que odian a las autoridades y que extienden ese odio a los valores que se les imponen en los colegios.

“Ayer vi a alguien con un folio en el que, con la escritura de un niño, ponía “Día de la Victoria”. En principio, es algo lógico, si les bombardean con más de este petliurismo y banderismo, puedes esperar nuevos héroes-pioneros”, escribió el periodista de Kiev Dmitro Gorulko.

Podemos asumir que Bankova [el Gobierno de Ucrania] se adaptará y en el futuro intentará parar la amenaza que supone la nueva expresión pública del Día de la Victoria. El líder del Instituto Ucraniano de la Memoria Nacional, Volodymyr Vyatrovich, recordó que el Parlamento ya tiene en su poder una ley con la que privar al 8 de marzo y el 9 de mayo el estatus de día festivo. Además, existe ya un constante aumento de la propaganda oficial, que pretende borrar el Día de la Victoria de la memoria de los ucranianos presentando esta celebración como un mito soviético y un legado de un pasado totalitario [como calificó el 9 de mayo Vyatrovich en una entrevista a RFR/RL apenas horas antes de que miles de personas salieran en Kiev y otras ciudades ucranianas a celebrar el Día de la Victoria-Ed].

Sin embargo, por otra parte, muchos políticos ucranianos ven claramente la necesidad de tener en cuenta los sentimientos reales de sus potenciales votantes. Y tras mínimos cambios en la situación política podríamos volver a ver a representantes del establishment político al frente de actos del 1 de mayo y del Día de la Victoria para evitar que tengan tintes obvios de manifestaciones de oposición.

“Este año, el Gobierno, que ha decidido crear una nueva, pero muy extraña Ucrania, ha recibido ya dos golpes de los días festivos: como el 8 de marzo, el 9 de mayo mostró cuánto significa a nivel nacional. Para casi todas las familias. Es una celebración con lágrimas en los ojos, pero celebración, al fin y al cabo. Después de esta semana, creo que muchos políticos en Ucrania ya están pensando en cómo cambiar las cosas y conseguir hacerse con la celebración y liderarla. Aunque, para ser sinceros, no me gustaría: mejor que las iniciativas surjan desde abajo y que sean un reto para las autoridades”, escribió el publicista Andrey Blinov.

En resumen, hay una cosa clara: aunque los ucranianos aún no sean capaces de protestar de forma efectiva contra las políticas del actual Gobierno, que ha atemorizado con éxito a todos los descontentos, pero han aprendido a celebrar las cosas a pesar de nuestros líderes. Y eso es una reserva considerable para el futuro, algo que da un motivo para un cauteloso optimismo.

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