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Silencio ante la pérdida de derechos sociales

Artículo Original: Nikita Volchenko / Vzglyad.ru

Mukachevo, Transcarpatia

La crisis ucraniana a menudo aporta temas para la reflexión. La economía del país deambula de un desastre a otro. Los repetidos errores en la política económica han derivado en una rápida desindustrialización de Ucrania, resultado lógico del resurgimiento del nacionalismo radical.

Al mismo tiempo, se observa una interesante paradoja. La crisis de la industria y la agricultura de Ucrania es evidente, lo que ha hecho aumentar la tasa de paro. Pero esto no ha causado ningún aumento del ansia de protesta. La tasa “oficial” de paro de 2015 se sitúa alrededor del 10%. Las previsiones apuntan a que aumentará hasta el 12-14% a finales de año.

En la primavera de este año, la tasa de paro entre los jóvenes ucranianos se situó en el 25%. Y aun así, silencio. No hace tanto tiempo, durante el proceso de Euromaidan, la sociedad ucraniana respondió ante la limitación de sus derechos, incluidos los derechos económicos, de forma inmediata y violenta. Como se decía entonces, esos derechos eran infringidos por el “poder criminal” de Yanukovich y sus oligarcas.

Ahora, cuando las condiciones empeoran para todos y el nuevo jefe oligarca, Poroshenko, ha multiplicado por siete su riqueza, el pueblo ucraniano, descendiente de los “cosacos libres”, permanecen en un modesto silencio, recortando con paciencia su nivel de gasto o mudándose a Rusia para buscar trabajo. ¿Por qué?

Esto se debe a la compleja mezcla de corrientes liberales, de izquierdas y nacionalistas que se han formado en Ucrania. A partir de 1991 emergió en la antigua Unión Soviética una economía liberal. El nivel de regulación del Estado cayó a cero y las propiedades públicas pasaron a manos privadas.

En las dos décadas posteriores, la imagen no ha cambiado en exceso. En Ucrania ha reinado la libre competencia. El país se abrió a las multinacionales extranjeras y al mismo tiempo trató de vender sus productos en los mercados internacionales.

Las batallas económicas entre los clanes oligarcas que explotaban los sectores más lucrativos de la industria post-soviética han hecho temblar la economía del país en ciertas ocasiones pero, en general, han mantenido la economía funcionando a un nivel aceptable. También existía una relación de equilibrio dinámico ente los dueños de las empresas y sus empleados. Los trabajadores ucranianos respondieron con grandes huelgas a las reducciones de salarios y derechos a lo largo de los años 90.

En la tradicionalmente industrial Ucrania, con una fuerte implantación de sindicatos en los sectores mineros, metalúrgicos y de producción de máquina-herramienta, los sindicatos continuaron trabajando activamente. Los movimientos de izquierdas también heredaron de la Unión Soviética las tradiciones del Consejo Central de los Sindicatos, que se transformó en la Federación de Sindicatos y creó nuevas organizaciones obreras, desde la oficial Confederación de Sindicatos de Ucrania hasta la organización radical de izquierdas y contra la oligarquía Borotba. 3

Las fuerzas de izquierdas también han sido tradicionalmente fuertes en Ucrania: el Partido Comunista de Ucrania (KPU) ha obtenido regularmente asientos en el parlamento y ha tratado de representar los intereses del movimiento obrero.

Toda esta libertad terminó con la victoria de Euromaidan. Aunque inicialmente se posicionó como un movimiento general de protesta ciudadana, rápidamente se consolidó como una actuación que beneficiaba a los nacionalistas radicales. Se convirtieron en la fuerza de choque y en el símbolo de ese cambio.

Durante el Maidan, la izquierda fue incapaz de desarrollar y consolidar una respuesta a lo que estaba sucediendo. El KPU dudó de forma caótica, tratando de adoptar la postura del avestruz y sin ser capaz de oponerse a los nacionalistas radicales como lo hicieran los comunistas del siglo XX. Desorganizada, la izquierda se fragmentó y una parte apoyó Euromaidan con la esperanza de encontrar un nicho a base de una “alianza táctica” temporal con los extremistas del Praviy Sektor.

El resultado fue triste: la alianza entre oligarcas liberales y las fuerzas de choque nacionalistas aplastó al movimiento de izquierdas de Ucrania. Es una historia común: el capitalismo neoliberal ataca a los sindicatos y otras organizaciones obreras que se supongan un obstáculo a sus grandes beneficios, especialmente en un momento de crisis económica.

Los nacionalistas radicales ucranianos se presentan como sucesores de los nazis del siglo XX. Recuerdan lo que resultó de 1945 y no pueden tolerar la existencia de la política de izquierdas. La postura del nuevo Gobierno quedó perfectamente clara poco después del triunfo de Euromaidan, cuando se inició la persecución de los comunistas: desde la prohibición oficial al ya débil Partido Comunista hasta el asesinato de activistas y diputados de la izquierda.

La situación del movimiento sindical ucraniano ha seguido un camino ligeramente diferente. Los líderes de los principales sindicatos dieron su apoyo a Euromaidan. Así, el Sindicato Independiente de Mineros de Donbass publicó una declaración de solidaridad. La Federación de Sindicatos de Ucrania cedió sus instalaciones a los manifestantes de Kiev.

Por ese motivo, el movimiento sindical no sufrió problemas importantes de forma inmediata. Pero esa alegría no duró mucho. Las renovadas batallas de los oligarcas por la redistribución de la economía ucraniana y la repentina ruptura de las relaciones de producción con las empresas de Rusia, siempre siguiendo las órdenes de Washington, han llevado al colapso de la industria de Ucrania.

En aquel momento, los líderes sindicales lo intentaron con protestas tradicionales, pero se encontraron ante una nueva realidad. Mijail Volynets, líder de la Confederación de Sindicatos de Ucrania y del Sindicato Independiente de Mineros de Donbass, que luchó por Euromaidan y condenó repetidamente tanto a Rusia como a las Repúblicas Populares, se vio, para su sorpresa, interrogado por el SBU como sospechoso de separatismo. Volynets se declaró en huelga de hambre como protesta contra este tratamiento, pero ¿quién se preocupará ahora?

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Los mineros de Volyn, en el oeste de Ucrania, que regularmente suministraron manifestantes para la revolución de Kiev, han intentado oponerse al cierre de sus minas, que se produjo tras su propia victoria en Maidan. Pero los mineros que protestaron pronto recibieron 800 notificaciones de reclutamiento, lo que suponía la amenaza de ser enviados a la zona de la operación antiterrorista en el este del país.

La Confederación de Sindicatos Independientes de Ucrania intenta denunciar la nueva legislación laboral ucraniana, a la que acusa de contener elementos de esclavitud, aunque en la práctica clama en el desierto.

Se produce así una situación paradójica. En el marco de una desindustrialización a gran escala y una inminente crisis de los derechos laborales, reina un silencio atronador. El SBU y sus vigilantes voluntarios monitorizan de cerca las redes sociales en busca de señales de sedición. La prensa continúa en silencio cada vez que se produce una protesta laboral.

Los ultranacionalistas, que se han unido a los ejércitos privados de los oligarcas, luchan ahora por el control de la propiedad y presionan a importantes activistas. Un ejemplo clásico es la situación en la fábrica de máquina-herramienta PA Yuzmash de Dnipropetrovsk, que lleva tiempo sufriendo. Esta empresa ahora moribunda llegó a dar empleo a 50.000 residentes de la ciudad. Ahora produce un día a la semana, los trabajadores tienen prohibido comunicarse con la prensa y el líder del sindicato de los trabajadores de la fábrica recibió una paliza.

La idea del líder del sindicato independiente de un “nuevo Maidan a favor de los trabajadores”, que tiene el apoyo de los activistas de Maidan de Dnipropetrovsk, es un ejemplo de la ingenuidad proletaria. ¿Quién permitirá a los perdedores que organicen nuevas protestas en Maidan? Están condenados a perder su empresa y a caer en el olvido del público a causa de los lazos de producción con Rusia, que el triunfante “capitalismo nacionalista” de Ucrania ve como criminales.

La actividad en las redes sociales de los miles de empleados de la moribunda Yuzhmash ilustra la crisis de las protestas laborales. Está reducida a la nada: comentarios aislados en un grupo sin actividad del que forman parte 23 individuos en la red social VKontakte. Comparado con la comunidad de VK del Praviy Sektor en la ciudad, 2500 miembros, es una sentencia de muerte.

La izquierda ucraniana ha olvidado la historia de sus predecesores alemanes en los años 30 del siglo XX, que fueron aniquilados por la alianza de la burguesía liberal de Alemania y los soldados de camisas marrones del Partido Nacionalsocialista de Alemania. Ahora aprenden la lección en sus propias carnes.

Rusia (y también sus socialistas) también tiene una reflexión pendiente.

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