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Anticomunismo, Euromaidan, Extrema Derecha, Fascismo, Ley anticomunista, Ucrania

Sobre el Primero de Mayo

Artículo Original: Andrey Manchuk

Bandera roja sobre una vivienda de la región de Odessa, gesto que le ha costado a su dueño una denuncia y una multa por utilizar este prohibido símbolo para celebrar el 1 de mayo.

Después de Euromaidan, el Primero de Mayo fue inmediatamente colocado en la lista negra de las fiestas sospechosas, ya que el nuevo Gobierno la consideraba demasiado “roja”. En 2014, los Nazis de Kiev amenazaron con atacar a los manifestantes y fue el primer o de los muchos años en los que la fiesta pasó prácticamente a la clandestinidad. En Járkov y en Odessa, por el contrario, la población salió a la calle a protestar contra las políticas de Turchinov y Yatseniuk. Pero fueron los últimos actos masivos de los comunistas ucranianos, que no volvieron a producirse tras la tragedia del día siguiente en la Casa de los Sindicatos de Odessa.

La bandera roja desapareció de las manifestaciones. El Gobierno ucranianos realizó forzosamente la descomunización, prohibió los partidos de izquierdas, sus símbolos y hasta la ideología del movimiento socialista. Las autoridades trabajaron codo con codo con los radicales de extrema derecha, que “monitorizaron” los derrotados y empobrecidos actos del Primero de Mayo y atacaron a los participantes o los entregaron a la policía.

En 2016, Avakov se jactó de que no más de un centenar de personas habían acudido a manifestaciones en Ucrania y alegó que eso acercaba al país a Europa. Curiosamente, ese mismo día, me encontraba en la ciudad europea de Barcelona, donde se celebraron cinco manifestaciones festivas y donde se reunieron miles de personas de sindicatos y grupos de izquierdas, ya que el 1 de mayo sigue siendo considerado una fiesta importante en los principales países de la Unión Europea.

Un año después, en 2017, Poroshenko decidió cambiar el nombre al Primero de Mayo. Sería simplemente el Día del Trabajo, intentando así borrar cualquier memoria de la solidaridad internacional de los trabajadores, a los que se había quitado cualquier amago de derecho con las políticas antisociales. La decisión causó cierto murmullo incluso entre los serviles sindicatos ucranianos, que llevan una política de compromiso con los empresarios y el Estado, pero cuya opinión no interesa lo más mínimo a Bankova. Los nacionalistas iban a acabar con el día festivo, algo que activamente buscaba Vyatrovich.

Los cambios no han comenzado hasta este año. Irónicamente, han sido causados por la crisis del coronavirus. La desastrosa situación en el país ha causado que los activistas de izquierdas se pongan de acuerdo para cooperar en el desarrollo de un programa preparado a iniciativa del conocido defensor de los derechos humanos y exdiputado Vladimir Chemeris. “La crisis es también una oportunidad. Una oportunidad para cambiar una sociedad construida sobre el beneficio, explotación, desigualdad y comodificación de todo en una sociedad humana, de ayuda mutua, cooperación, libertad e igualdad. Una oportunidad de cambiar la dirección del movimiento social. Para luchar por las reformas sociales que necesitamos hace falta una fuerza política de izquierdas que defienda los intereses de la clase trabajadora, acabar la guerra y devolver la democracia al país”, afirmó Chemeris. Muchos entienden ahora que en ausencia de partidos de izquierdas, prohibidos e ilegalizados tras Maidan, el país no tiene ninguna oportunidad de tener un futuro mínimamente humano.

Así que la izquierda ucraniana celebró su primer Primero de Mayo a través de Zoom e inmediatamente todos pudieron constatar que este Primero de Mayo virtual reunió a mucha gente. Al fin y al cabo, en estos años nadie se había atrevido a salir a las calles controladas por los Nazis. Es más, la red permitió que muchos emigrantes que han tenido que abandonar el país a causa de la persecución política o en busca de trabajo participaran en la reunión. Al acto virtual ucraniano se unieron personas desde Rusia, Polonia, Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Lituania y Chile.

Los participantes hablaron del pasado, el presente y el futuro. Apelaron a la tradición histórica de la izquierda ucraniana, ya que exactamente hace 130 años, se celebró en Ucrania en primer Primero de Mayo, algo que aún se recuerda en un placa de acero en el ayuntamiento de Lviv. Hablaron de la triste realidad de nuestros días, cuando el Gobierno cierra clínicas y despide a especialistas médicos ignorando la pandemia. Hablaron de la destrucción de la educación, la industria, la ciencia, el medio ambiente, las infracciones de los derechos humanos y libertades, la censura política y la incitación al odio. Y soñaron con un futuro justo y brillante, perfectamente conscientes de que tendrán que luchar mucho por él.

La lucha tiene lugar en este momento, cuando la crisis está despertando incluso a los ucranianos que están acostumbrados ya a todo tipo de humillación. Por ejemplo, el 1 de mayo se celebró una pequeña acción de protesta de los trabajadores de ambulancias en toda Ucrania, trabajadores que a diario arriesgan sus vidas por una miseria: entre 600 y 1000 grivnas. Estas protestas comienzan ahora. Los trabajadores médicos que están siendo despedidos como parte de la segunda fase de la reforma sanitaria o que están viendo reducidos sus salarios acudieron a actos en Kiev, Járkov, Dnipropetrovsk y otras ciudades de Ucrania pese a que los amarillos sindicatos hace tiempo que les han abandonado a su suerte.

La tarea de emancipar al movimiento sindical ucraniano es una de las claves de la nueva agenda de la izquierda ucraniana. “Para cambiar la situación, es necesario que los sindicatos vuelvan a tener su significado original, porque estas asociaciones fueron creadas para luchar por los derechos laborales y sociales. Y es hora de que los líderes sindicales y miembros ordinarios dejen de esconderse en vísperas del Primero de Mayo, rechacen la conciencia de clase y la política de izquierdas. Este día ha sido el día más importante de la lucha sindical desde mucho antes del nacimiento de la Unión Soviética. Solo hay que leer la historia del Primero de Mayo para saber que ha sido siempre un día de lucha laboral” afirmó Sergey Guz, fundador del Sindicato Independiente de Profesionales de los Medios.

Un acto virtual nunca podrá sustituir a acciones masivas reales, pero puede contribuir a su organización, a devolver a la izquierda ucraniana a las calles. “Veo las noticias llenas de nostalgia por el último Primero de Mayo legal en 2014. Podíamos hacerlo entonces, podremos hacerlo cuando caiga el régimen”, afirmó el conocido activista de Odessa Vyacheslav Azarov. Pase lo que pase, esta celebración del Primero de mayo online pasará a la historia de Ucrania, que algún día escribirán los vencedores.

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