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Nuevos ejemplos de odio racista

Artículo Original: Andriy Manchuk

1020255486El pasado fin de semana se produjo en la capital ucraniana un pogromo por motivos étnicos. El grupo de extrema derecha C14 [Sich, vinculado a Svoboda], destruyó y prendió fuego a un campamento de población romaní situado en Lisaya Gora del que antes había expulsado ya a la población. Las tiendas y los efectos personales de la población fueron quemados y los neonazis posaron ante las cámaras frente a las cenizas mientras prometían nuevas masacres en otros campamentos similares en el territorio de la capital de Ucrania.

Ni la policía nacional ni el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) respondieron ante este crimen, que infringe una serie de leyes ucranianas y que es, en realidad, un ensayo para una limpieza étnica completa. En el lugar, la policía confirmó a los periodistas del canal 112 Ukraina que no pretendían iniciar una causa penal por el incendio intencionado del campamento romaní. Es más, en el ataque participaron miembros de la “Guardia Municipal”, unidad creada por el ayuntamiento de la ciudad de Kiev según el ejemplo de otros grupos de extrema derecha. Eso da a este ataque un matiz prácticamente de oficialidad.

Nada de esto ha sorprendido a observadores y expertos, ya que los grupos Nazis disfrutan de la protección de las autoridades y de los servicios de seguridad, lo que les permite atacar regularmente y con impunidad a ciudadanos ucranianos. Por ejemplo, dos días antes del ataque en Lisaya Gora, los ultras del C14 intentaron expulsar a otro grupo de población romaní que se encontraba en una sala de espera de la estación de Kiev, en la que se concentran ahora numerosas personas sin hogar de diferentes nacionalidades.

Los ataques contra la población romaní no son una novedad en la Ucrania post-Maidan. El año pasado, la extrema derecha prendió fuego a un campamento romaní en Bereznyaki, aunque antes ya habían comenzado a fomentar el odio contra dicha comunidad en internet. La persecución de la población romaní se realiza de una forma abiertamente racista. La ultraderecha les presenta como una nación defectuosa de ladrones y mendigos, aunque las estadísticas oficiales digan que la gran mayoría de ofensas criminales en la capital corren a cargo de la nación “titular”. Entre esas ofensas está el uso de granadas y armas ligeras por parte de los patriotas, ciudadanos incomparablemente más peligrosos que cualquier persona de origen romaní que se dedica a recoger basuras o chatarra.

Recientemente se han producido ataques contra población romaní en otras zonas de la región de Kiev: Obolon, Bereznyaki, Borschagovka del sur y cerca de la frontera con Járkov. Los atacantes no han sufrido el más mínimo castigo. La policía, que llegó al lugar después del pogromo del campamento de Obolon, ni siquiera se molestó en abrir una investigación a pesar de que se habían robado generadores, ordenadores y otros efectos personales y los Nazis abiertamente se jactaron de sus actos en la red.

La misma impunidad ha sido la norma en los ataques que se han producido en otras regiones: Transcarpatia, Lviv, Poltava y Bukovina. En la localidad de Loschinovka, región de Odessa, un pogromo por causas dudosas y alegaciones que más adelante quedaron desacreditadas tuvo relevancia a nivel nacional. Es más, organizaciones de extrema derecha como el cuerpo civil de Azov y otros políticos y expertos expresaron públicamente su apoyo a los ataques contra la población romaní de Besarabia, históricamente asentada en esa zona y reflejada incluso en poemas de Pushkin. El entonces gobernador de la región de Odessa, Mijail Saakashvili, calificó el barrio romaní de burdel. Y el escandaloso Oleh Soskin exigió que toda la población romaní fuera deportada de Ucrania. “Miembros de la etnia gitana asesinaron y posiblemente violaron a una niña de nueve años. Es más, ocurrió en el día de la Asunción. Se puede decir que los gitanos cometieron un asesinato ritual. A esto es a lo que lleva la tolerancia a los extranjeros. Se sienten tan seguros que matan el futuro de nuestra tierra. Los nacional-conservadores defienden que los gitanos deben ser expulsados de Ucrania lo antes posible”, escribió en su perfil de Facebook.

Los ataques contra los miembros de la comunidad romaní llevan mucho tiempo ganando en popularidad entre la extrema derecha de Ucrania, Rusia y Europa. Los Nazis utilizan la vulnerabilidad de la comunidad y abiertamente declaran que sus actos son la continuación de la política Nazi que buscaba la eliminación de este pueblo semi-nómada. Durante la represión Nazi entre 1933 y 1945, fueron asesinados entre 600.000 y un millón y medio de personas de etnia romaní y la comunidad quedó destruida al 90% en países como Austria o Alemania.

Los miembros de la comunidad romaní fueron las primeras víctimas de las ejecuciones de Babi Yar, donde, en septiembre de 1941, cinco de ellos fueron fusilados. Según la investigación del historiador Viktor Koroli, 10.000 miembros de la comunidad romaní de Ucrania fueron asesinados allí, 20.000 en el total de toda Ucrania. En su memoria hay, en el terreno de Babi Yar, un monumento, un vagón de bronce con restos de balas de ametralladora.

¿Por qué vuelven a producirse estos ataques? Según los representantes de las organizaciones romaníes, el Gobierno ucraniano no se comunica con ellos. Según el último censo, Ucrania cuenta con 50.000 miembros de la comunidad romaní, aunque la cantidad real es muy superior, ya que su índice de natalidad es de los mayores de Ucrania. Al mismo tiempo, las autoridades ucranianas no hacen nada para favorecer la integración de la comunidad en la vida social y económica del país, abandonándolos a su suerte. Además, el racismo les ha empujado a lo más marginal de la crecientemente empobrecida sociedad ucraniana. Habitualmente son falsamente acusados de robos, explotando los estereotipos más racistas, o de rechazar trabajos, sanidad o educación.

El ataque en Loschinovka permitió destapar la vergüenza que es que los niños romaníes se vean obligados a acudir a escuelas especiales, segregadas como en los tiempos del apartheid: “este es un colegio común cerca de un asentamiento romaní, donde se enseña solo a esos niños, ahí no van niños eslavos. Las condiciones realmente no son nada buenas, no hay dinero para reparaciones”, admitió al diario Vesti un representante de la administración regional de Odessa. Pero la población romaní confirma que sus niños no son aceptados en otras escuelas. “No se les niega el derecho, pero dicen que las clases están llenas o que hay que llevar toda una serie de referencias. No todos los nuestros saben los papeles que son necesarios para los colegios, así que no se enfrentan a los oficiales. En mi experiencia, hay casos de niños que han sido rechazados en un colegio por no entregar un certificado que no era necesario. Y una vez, el alcalde de un pueblo dijo: mientras yo esté aquí, no habrá niños gitanos en el colegio”, explicó Sergey Ermoshkin, activista por los derechos humanos y representante de la comunidad romaní en la región de Odessa.

La situación permite deducir que el número de ataques contra la población romaní continuará. Al fin y al cabo, son una víctima demasiado fácil para los nacionalistas, que además cuentan con el apoyo implícito de las autoridades. “Podemos estar seguros de que pronto escucharemos retórica anti-romaní de la mayor parte de los políticos ucranianos que dicen ser verdaderos europeos y tolerantes liberales. Exigirán una solución para la “cuestión gitana” con los métodos más estridentes. Y para una buena imagen de televisión no sobran unas cuantas excavadoras acompañadas de la Guardia Nacional o los modelos de la nueva policía para destruir un par de campamentos y ganarse unas medallas militares de Poroshenko. La población romaní ha aparecido en la política ucraniana en el momento adecuado, es casi raro que los nacionalistas y políticos no los hayan incluido hasta ahora en la lista de odiados enemigos”, advirtió el periodista y activista Alexander Rybin.

Apoya esa predicción la reacción a los ataques. Muchos representantes de la extrema derecha de la sociedad ucraniana se apresuraron a defender abiertamente los ataques, exigiendo deportaciones masivas y represión. Todo ello en el contexto del odio y racismo masivo que inunda las crónicas informativas de Ucrania.

Por ejemplo, el 20 de abril, cumpleaños de Hitler, en Odessa apareció la inscripción “un mundo sin judíos. Matar al judío”. Los observadores recordaron que, el día anterior, miembros del C14 habían vandalizado el complejo memorial a los caídos en la Segunda Guerra Mundial en la ciudad, sobre el que lanzaron pintura. Lo mismo ocurrió en Poltava. Desconocidos decoraron el monumento a las víctimas del Holocausto con inscripciones como “muerte a los judíos” y pintando una esvástica y un bigote de Hitler en el monumento a la madre de luto. Todo ello es consecuencia evidente de la política de nazificación de la sociedad ucraniana, que ha visualizado de forma escandalosa la historia de Mariana Batiuk, diputada y profesora de Lviv, que publicó una fotografía en Facebook en la que sus discípulos hacían el conocido saludo Nazi.

“Aumentar el nivel educativo y el carácter moral de una sociedad es muy difícil. Y aquí la degradación y la deshumanización ocurren con extremada rapidez. Aun sabiendo que la degradación de la educación y la crisis generalizada del sistema llevan inevitablemente al ascenso del neofascismo y neonazismo, ni siquiera yo habría dicho que ocurriría tan rápido. Y, lo que es más importante, con un silencio conforme prácticamente general. ¿Os dais cuenta de que estáis educando a los monstruos del siglo XXI? ¿Por qué pensáis que la total inmersión en la oscuridad y deshumanización no os afectará a vosotros o a vuestros seres queridos”, se pregunta, con razón, la socióloga de Kiev Vitalina Butkalyuk.

Tampoco hay que olvidar que, tras la población romaní, los Nazis acabaron en Babi Yar con miembros de las demás nacionalidades presentes en Ucrania. Y aquellos que ven con indiferencia las imágenes de los ataques a la población gitana mañana pueden convertirse en la próxima víctima. Por ejemplo, estos días, miembros del C14 han atacado en Kiev a los taxistas que usaban el sistema de búsqueda ruso Yandex. Fueron atacados en la calle, humillados y entregados a la policía, demostrando que el nacionalismo es peligroso para todos, al margen de la nacionalidad o el color de piel.

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Comentarios

2 comentarios en “Nuevos ejemplos de odio racista

  1. Que raro!!! Israel ayudo mucho al establecimiento de este regimen y ahora resulta que este es antijudio….

    Me gusta

    Publicado por Guillermo | 07/05/2018, 01:01

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  1. Pingback: Consecuencias del odio racista | SLAVYANGRAD.es - 26/06/2018

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