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Pervomaisk: la vida en guerra

Original Yevdokia Sheremetyeva /Little Hiroshima

434572_600¿Quién es ella? Alguien preguntó sobre ello en la sección de comentarios. Entonces me di cuenta de que nunca había escrito nada sobre Olya [Olga Ivanovna Ischenko]. Algunos están orgullosos de haber visto alguna vez a Brad Pitt o de poder decir que conocen a Woody Allen. Otros se enorgullecen de que una vez Putin les estrechó la mano. O de que Obama se sacó un selfie con ellos. Hay muchas razones por las que estar orgulloso. La mía es mi amistad con Olya.

Saqué esta foto en febrero, un mes después de que su marido, el alcalde de Pervomaisk, fuera asesinado. Todavía era enero. Nos dirigíamos a Pervomaisk. Recuerdo aquella llamada por la noche: “chicos, han matado a Zhenya [Yegveniy Ischenko]. Había tres voluntarios de Moscú con él”. Muchos de mis conocidos me dieron por muerta entonces. Sí, podríamos haber sido nosotros de haber llegado un día antes.

Una terrible coincidencia en tiempo y espacio. No llevaba un teléfono conmigo, estaba incomunicada. Tuvimos un grave accidente, el coche acabó hecho pedazos. Salimos vivos de milagro. No escribí sobre ello para no dar argumentos a los trolls. Mi sistema nervioso estaba al límite. Cuatro personas circulábamos en una camioneta de tres asientos y llena hasta arriba con ayuda para Pervomaisk.

Esa llamada fue la última gota. Caímos en una fuerte depresión. Había visto lo que Yegveniy Ischenko había hecho por la ciudad. No me importaba en absoluto su vida anterior. Me niego a leer nada sobre ello porque quiero juzgarle solo por sus actos. Vi cómo todos huyeron de la ciudad, que había sido arrasada por los seis meses de bombardeos. Zhenya permaneció allí e hizo todo lo que pudo por la ciudad. Por sus habitantes. Bajo las bombas, en una situación desesperada, intentaba organizar las cosas. Fue a todas las oficinas, rogando ayuda para la ciudad.

Así es como conocí la catástrofe humanitaria de Pervomaisk. Así es como comenzó mi camino en Donbass. Llevé ayuda a la ciudad. Había otros muchos como yo. Solo gracias a Zhenya.

Pero él ya no estaba.  ¿Qué sería de la ciudad?

En febrero, regresamos con más ayuda. La ciudad, como antes, estaba bajo las bombas. Llegamos al edificio de la administración. Podíamos escuchar las explosiones a lo lejos. La OSCE tenía miedo y no salía de Lugansk. Eran “llegadas”, así es como la población de Donbass se refiere a las explosiones. Daba miedo, no puedo mentir y decir lo contrario. Ese ruido se quedará conmigo para siempre. Se escuchaba cada pocos minutos. La ciudad estaba vacía. No había nadie en las calles.

Todo estaba congelado. Todo estaba cubierto de nieve. Los árboles estaban cubiertos de nieve. Solo los trabajadores de la administración iban de un lado para otro solucionando problemas: cubrir agujeros en las paredes, arreglar las tuberías de gas rotas, las tuberías de agua o cualquier otra cosa. Ayudaban a las víctimas. Ellos solucionaban los problemas mientras la anterior administración al completo había huido.

–¿Quién ha sustituido a Zhenya?

–Olya.

Todos pensaban que la ciudad estaba abandonada. Quien quería deshacerse de Zhenya debió calcular mal. Olya es una bella mujer con un fuerte carácter y gran pundonor. Y ha permanecido en la ciudad todo este tiempo. No ha huido, a pesar de las muchas oportunidades que se le han presentado. Permaneció allí y hasta hoy mantiene la ciudad unida.

Para entrar a Pervomaisk es preciso pasar por un puesto de control. Nadie, salvo los habitantes locales registrados recibe permiso para pasar. Así que ahí llegamos, esperando con nuestra camioneta llena de carga. Ahí se nos acercó un chico. Era evidente que era nuevo. Quería hacerse valer delante de los moscovitas:

–¿Dónde van y para qué?

–Traemos ayuda.

–Lo roban todo, a mí me lo van a contar.

Se me hizo un nudo en la garganta.

–¿Quién, compañero?

–¿Todos?

–¿Quiénes son todos?

El joven no había visto ni sabía nada por el momento, pero empezó a dar nombres. Acababa de conocer a todas esas personas que mencionaba. Recuerdo que pregunté a Rostik, que iba por ahí caminando con botas llenas de agujeros en invierno: “¿Necesitarás unas botas, no?” “Dunya, estoy bien. Tengo todo lo que necesito”.

Siempre les preguntaba si necesitaban algo. Y nunca pidieron nada para ellos. Jamás.

Empecé a temblar en el puesto de control. El chico me miró y me dijo:

–Se quedarán con todo lo que llevan.

–Lo llevamos a los comedores, ¿cómo se lo van a quedar?

–No hay comedores, nunca los ha habido. Se lo llevarán a casa y se lo comerán.

–¿Qué quiere decir con que no hay comedores? Sé que existen.

Intentando aparentar un experto, continuó con su discurso.

Diré una cosa: gente como esta causa muchos rumores que llegan a internet y entonces todos comienzan a escribir que lo han visto en primera persona. Y entonces la gente empieza a contar que tienen un amigo allí y que sabe de qué están hablando. Porque ese amigo lo vio. Y solo están sacando la verdad a la luz.

He entregado, en persona, ayuda humanitaria a los comedores. Las mujeres que trabajan allí me conocen personalmente. En verano comenzaron a funcionar nueve comedores sociales. Solo había tres en todo Lugansk. ¿Lo imaginan? Lugansk, la capital, solo tenía tres y la pequeña Pervomaisk: NUEVE.

Y daban de comer a toda la ciudad. Entregábamos ayuda humanitaria para ellos en cada viaje. Lo recordarán de otros artículos. Los cocineros lloraban cuando veían que llegaba la ayuda, cuando se daban cuenta de que el pueblo ruso se acordaba de ellos.

En primavera, Lugansk ordenó a la ciudad que redujera el número de comedores sociales. Pero los nueve siguieron funcionando. Simplemente se escondieron de las autoridades y continuaron alimentando a la población. Gratis. Porque la población no tenía qué comer. Y es verdad, ahora solo hay tres comedores. Pero están en funcionamiento. Olya y todo su equipo están al tanto de ello.

En el puesto de control pensé arañar un ojo a ese idiota por iniciar rumores.

Cuando venimos, Olya intenta venir con nosotros para entregar la ayuda humanitaria a las familias más necesitadas. Todos la conocen. Y ella conoce a todo el mundo: sabe quién tiene qué problemas, qué tejados necesitan reparaciones, qué niños necesitan ayuda, dónde hay un discapacitado que ha sido abandonado.

Estábamos hablando con una mujer mayor en uno de los edificios destruidos. Nos enseñó qué fue de su casa y nos pidió ayuda para conseguir material para reconstruirla. Después de la conversación, todos volvíamos a nuestro coche cuando la mujer me cogió del brazo:

–Hija, espera un segundo.

–Tenemos que irnos, no tenemos más tiempo.

–Diles que la vieja ha perdido la cabeza y no te dejaba marchar.

La seguí a la parte de atrás. Ahí tenía un ciruelo. Grande, con ramas llenas. Vi como recogía unas ciruelas y las colocaba en una bolsa.

–No, por favor, no es necesario.

–Para los hijos de Olga Igorevna. Por favor, dáselas a ella.

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Comentarios

Un comentario en “Pervomaisk: la vida en guerra

  1. Muy buena nota, continúen así. Son un medio imprescindible para conocer la información del Donbass.
    Un saludo desde Uruguay,

    Me gusta

    Publicado por Marcelo | 20/10/2015, 17:12

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