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Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Rusia, Ucrania

De la «operación especial» a la guerra

Cuando se aproxima el final del año y se cumplen diez meses del inicio de la intervención militar rusa, que buscaba, según afirmó entonces el presidente ruso, acabar con la guerra que se había iniciado en 2014, Rusia parece estar realizando finalmente una valoración más realista de los hechos y de las perspectivas de futuro. Lejos del triunfalismo de las primeras semanas, cuando incluso la retirada de Kiev podía maquillarse con avances en el sur y especialmente en la zona de Donbass, que había justificado la intervención, Moscú se prepara ahora para una guerra larga que poco tiene que ver con la idea de la operación militar especial con la que en febrero pensó que sería capaz de obligar al Gobierno ucraniano a negociar y aceptar unos términos claros: dejar marchar a Crimea y a Donbass.

Ni la diplomacia de Minsk, ni la amenaza de las tropas del Comando Sur en la frontera habían surtido efecto a la hora de obligar a Kiev a implementar los acuerdos de Minsk, que habrían devuelto Donbass a Ucrania garantizando a la población ciertos derechos que Ucrania siempre consideró inaceptables. Ahora que el proceso de Minsk está cerrado y concluido, Kiev se jacta, no solo de haber rechazado abierta y explícitamente durante siete años implementar los puntos políticos, aquellos que otorgaban derechos a Donbass, sino de haber utilizado ese tiempo para rearmarse y reforzar su ejército. En esa línea, el héroe Zaluzhny afirmaba a The Economist que para las Fuerzas Armadas la guerra comenzó en 2014.

El asedio de Kiev y la rápida pérdida de territorios en el sur, sacrificado para poder utilizar las unidades que habrían podido hacer frente al avance ruso para la defensa de la capital, tampoco consiguió obligar a Ucrania a un acuerdo. Pese a que las negociaciones comenzaron en un momento en el que Kiev parecía contra las cuerdas -el hecho de que uno de los negociadores fuera asesinado en un tiroteo entre diferentes ramas de la inteligencia es ilustrativo del momento-, Ucrania logró dilatar el proceso lo suficiente para conseguir estabilizar la situación, paralizar el avance ruso sobre la capital y animar a sus socios a enviar armas ofensivas para intentar derrotar al ejército ruso en el frente.

El conflicto se convirtió así en una guerra de trincheras que ha causado miles de muertos y una enorme destrucción, consecuencias que habrían podido evitarse en caso de que haberse consolidado el principio de acuerdo que el negociador ruso creyó haber logrado en las negociaciones de Estambul. Sin embargo, el rechazo de Kiev y de sus socios al compromiso, que implicaba aceptar la pérdida de Crimea y negociar por Donbass, ha permitido a Ucrania presentarse como el ejército de la OTAN en la guerra común contra Rusia y recuperar parte de los territorios perdidos.

Aunque el fracaso de la operación militar especial como operación para lograr rápidamente unos objetivos (la negociación y el acuerdo, no la ocupación de toda Ucrania como ha repetido la prensa occidental) fuera evidente desde el momento en el que la guerra entró en las trincheras, el final de cualquier intento de negociación volvió a confirmarlo. Desde abril, la guerra entre Rusia y Ucrania no solo no ha decaído sino que se ha convertido en un conflicto incomparable con las guerras que ha librado Estados Unidos en las últimas décadas, con dos ejércitos bien armados que luchan ahora por cada metro de territorio separados por un frente que se extiende a lo largo de un millar de kilómetros y en el que ambos bandos disponen de herramientas para atacar en la retaguardia enemiga.

En ese contexto, las palabras del presidente Vladimir Putin y el ministro Shoigu apuntan a que Rusia, pese a aferrarse a la ficción de la operación especial, ha comprendido ya que se encuentra ante una guerra que puede extenderse en el tiempo. Así resumía esta semana Boris Rozhin, Colonel Cassad, el subtexto de las palabras de las más altas autoridades rusas:

Si analizamos en conjunto los discursos de Putin y Shoigu ante el consejo del Ministerio de Defensa de la Federación Rusa.

  1. La guerra con Occidente en Ucrania será larga. El curso hacia la consecución de los objetivos de la operación militar especial no ha cambiado. La lista de objetivos oficiales se pronunció en el discurso de Putin del 24 de febrero (a lo que hay que sumar las regiones de Jersón y Zaporozhie). Los objetivos extraoficiales pueden ser interpretados de formas muy diferentes.
  2. No habrá negociaciones, porque Occidente no está dispuesto a aceptar a Rusia en igualdad de condiciones. Rusia no tenía cabida en el “mundo civilizado”. Excelente.
  3. El ejército tendrá más recursos: más material, financiación, recursos humanos. Pero sin fanatismo, para no dañar la economía. La idea de “pistolas en vez de alimentos” no es nuestra opción. Se intentará buscar un equilibrio razonable.
  4. Se han observado diversos errores del periodo anterior a la entrada en la guerra en términos de suministro de tropas, sistema de movilización, instalaciones para la reparación, subestimación el papel de los drones y el concepto de las operaciones multidominio. Las críticas sobre los errores son deseables.
  5. El ejército espera una reforma significativa, que es consecuencia tanto de las carencias que se han observado durante la operación como de las crecientes amenazas de Estados Unidos y la OTAN. La soberanía del país estará basada en el aumento de las capacidades de la triada nuclear como único garante fiable real de la soberanía militar y política.

En un comentario en las redes sociales, Rozhin escribía también que, ante la ausencia de una declaración de guerra de ninguna de las partes, Moscú puede aferrarse a la denominación de operación militar especial. Sin embargo, las palabras de Putin y Shoigu, el anunciado aumento de efectivos en las Fuerzas Armadas y la constatación de que el país se prepara para una guerra larga en la que tendrá que defender, no solo los territorios recientemente capturados sino también la península de Crimea e incluso sus bases militares en la retaguardia, hace ver que Moscú ha aceptado la realidad de una guerra de trincheras que requerirá de más financiación, más armamento y también más peligro.

Aunque la intención rusa el pasado febrero fuera la de terminar una guerra que había comenzado en 2014, el argumento de defender al pueblo de Donbass tampoco ha podido cumplirse en este año. Es más, Donbass ha sido en los últimos meses el lugar más peligroso para la población civil. Aunque las bajas civiles se acumulan en todos los lugares en los que persisten los combates, la situación es más grave en los alrededores de Donetsk, punto más poblado de Donbass (más de un millón de personas en su área urbana, que contrastan, por ejemplo, con los 70.000 con los que contaba Artyomovsk), donde los bombardeos ucranianos diarios causan un goteo continuo de muerte y destrucción. Una situación de difícil solución para las tropas rusas y republicanas.

Así lo explica Boris Rozhin:

Sobre el debate sobre los bombardeos de Donetsk:

  1. La única forma real de reducir la intensidad de los bombardeos de la ciudad es la liberación del oeste de Donbass.
  2. El fuego de contrabatería es necesario, pero solo puede afectar de forma indirecta a la intensidad de los bombardeos, ya que el oponente, que ataca desde posiciones cercanas, no se queda quieto. E incluso la reacción más rápida, puede solo aumentar los costes para las Fuerzas Armadas de Ucrania, no garantizar la ausencia de bombardeos.
  3. Cuanto más lejos de Donetsk se encuentre el frente, menos armas podrán ser utilizadas para atacar la ciudad. En las actuales circunstancias, el frente debe alejarse al menos 30-40 kilómetros para privar al oponente de la oportunidad de usar lanzacohetes múltiples convencionales y artillería de 155 milímetros.
  4. Incluso en ese caso, el enemigo puede utilizar artillería de largo alcance para los bombardeos, aunque será más difícil y más caro y su efectivad será más baja.
  5. Por otra parte, algún tipo de asalto frontal a Avdeevka tampoco promete nada significativo, ya que el resultado no está garantizado e implicaría una gran cantidad de bajas. El bombardeo de Donetsk continuaría durante el asalto. Pero ese es el dilema.
  6. En las actuales circunstancias, es necesario apretar en Marinka y avanzar hacia Krasnogorovka y Kurajovo. Y también intentar presionar las defensas enemigas en la zona de Vodianoe y en dirección a Tonenkoe

El análisis implica una situación complicada especialmente en la zona de Donetsk, fortificada durante ocho años y donde las Fuerzas Armadas de Ucrania cuentan con una enorme cantidad de posiciones desde las que bombardear diferentes zonas de la ciudad. Como vienen demostrando desde finales de mayo, cuando comenzaron los bombardeos del centro de Donetsk, las tropas ucranianas están dispuestas a seguir atacando indiscriminadamente la ciudad mientras tengan la opción de hacerlo.

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