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El batallón Bratstvo: fundamentalismo cristiano y nacionalismo

El Batallón Bratstvo de Dmytro Korchynsky. Parte 2: Ideología

Al igual que sus seguidores, Dmytro Korchynsky destaca por su ultranacionalismo y sus propuestas extremas. Un rasgo relevante de su visión, no obstante, en la combinación de ideología política y religiosa.

Anarco-Banderismo

En la dimensión nacional, la base ideológica de Bratstvo es, sin duda, el nacionalismo en su versión banderista. El 20 de mayo de 2022, en su análisis de la evolución de los objetivos de la operación especial de Putin, Korchynsky señalaba que, frente a la desnazificación como objetivo declarado de la invasión, éste se enfrenta a “un crecimiento sin precedentes de los sentimientos nacionalistas en Ucrania. A partir de ahora, casi cada ucraniano es de Bandera”.

En 2011, en la entrevista publicada por glavcom.ua, mostraba, sin embargo, una visión peculiar de su nacionalismo, con una nítida dimensión anarco-libertariana: “Lo único que tenemos que es valioso [en Ucrania] y que debe mantenerse es la libertad. Ucrania debería ser una isla de la anarquía, de la verdadera libertad en el mundo actual. El hecho de que todavía tengamos un estado policial serio construido aquí, que haya un policía de tráfico en cada paso, que los inspectores de impuestos y los oficiales de policía están deambulando por detrás de todos, esto ciertamente no va a ninguna parte. La tarea de la sociedad ucraniana es lograr la libertad”.

Una libertad que sólo puede conseguirse a través de la violencia. Como en el Cáucaso, “La libertad solo se puede ganar a través de la violencia política. Estamos listos para apoyar moral y poéticamente cualquier acto de este tipo de defensa propia, y lo principal es que la sociedad está lista”. El héroe ucraniano, para Korchynsky, es aquel que se levanta por la libertad [y por la nación libre] a través del recurso a la violencia.

Destrucción de la Federación Rusa

En su defensa de la nación ucraniana, Korchynsky siempre ha destacado por ser uno de los ideólogos nacionalistas más comprometidos con la dimensión exterior de su combate victorioso. De ahí que mostrara su compromiso con todos los levantamientos internos a la Federación Rusa y se puso a favor de las fuerzas antirrusas en todos los conflictos fronterizos ligados a la disolución de la Unión Soviética. La única excepción relevante fue la Transnistria en la que la UNA-UNSO de Korchynsky colaboró en 1992 con las fuerzas separatistas. El motivo de que, excepcionalmente, los intereses nacionalistas ucranianos se alinearan con los de Rusia era la visión del territorio como ucraniano, por lo que grupos como UNA-UNSO acudieron a Transnistria atendiendo a la petición de apoyo de la unión local de ucranianos (Povernennia) y a la expectativa de incorporación futura de la región a Ucrania.

Muchas fuentes nacionalistas señalan la colaboración de Korchynsky con los sectores prorrusos, en particular en el periodo de la revolución naranja de 2004 en el que se situó del lado de Yanukovich frente a Yuschenko. Justificada por la posición pro-Kuchma de Korchynsky en aquel momento, esto le llevó a participar en acciones antioccidentales junto al Partido Socialista Progresista de Natalia Vitrenko.

En ese periodo se inicia, en cualquier caso, el recurso de Korchynsky y sus aliados a la acción violenta. Algunas fuentes vinculan, de forma más o menos directa, la incorporación en ese periodo de grupos skinheads a Bratstvo (constituido en 2004) con la violencia ejercida contra occidentales presentes en Ucrania, acusados por Korchynsky de tratar de imponer en Ucrania una determinada línea política. Los skinheads opuestos a Korchynsky participaron, por su parte, en la revolución naranja promovida por Yuschenko. En línea con la posición de Korchynsky en Transnistria, durante las elecciones los seguidores de Bratstvo provocaron un conflicto frente a la Comisión electoral al pedir que ésta colocara oficinas electorales en Transnistria.

En ese contexto de oposición a Yuschenko, en los años siguientes, junto a otros personajes ilustres de la actual ultraderecha ucraniana, como Oleksiy Arestovych y Olena Semenyaka, se produce un notable acercamiento entre un sector de los nacionalistas ucranianos, que podría definirse como tercerista y supremacista, con el sector afín del nacionalismo ruso, representado por Alexander Duguin. Junto a Duguin y Vitrenko, Korchynsky se incorpora al Consejo Supremo del Movimiento Euroasiático Internacional. Sin embargo, a la vista a las posiciones y acciones antiucranianas del movimiento, Bratstvo y Korchynsky anuncia en octubre de 2007 su desvinculación.

En su explicación de esta peculiar colaboración cuando esta salió a la luz tras el asesinato de Daria Dugina el pasado septiembre, Oleksiy Arestovych alegó haber participado en el movimiento en calidad de agente de la inteligencia ucraniana (una acusación de colaboración con los servicios que habitualmente se realiza contra Korchynsky, sobre todo a la hora de explicar el origen de la base financiera de Bratstvo). Semenyaka, por su parte, señalaría el fracaso de un intento de atraer al nacionalismo pan-ruso a la causa (de facto igualmente supremacista) defendida por el nacionalismo ucraniano moderno.

A partir de entonces, influido o no por los flujos de dinero del SBU u otros, la posición de Korchynsky vira hacia posiciones de nuevo muy visiblemente comprometidas con el radicalismo nacionalista dominante y se posiciona claramente frente al gobierno Yanukovich y, en línea con sus posiciones originales en UNA-UNSO, frente a Rusia. La radicalización se extrema en torno a los sucesos de Maidán y de la guerra de Ucrania contra Donbass a partir de 2014.

En esa dirección antirrusa, a finales de 2015, Dmytro Korchynsky insiste en sus redes sociales en la necesidad de apoyar a todo aquel que luche contra Rusia, tanto en Ucrania como en el extranjero. “En la cumbre del G-20, los líderes de los países occidentales hablaron con el terrorista de Moscú como si fuera humano, pidiéndole que bombardeara posiciones de ISIS. Es decir, su actitud hacia los terroristas es pragmática”, afirmaba para insistir en que cualquiera que combata contra Rusia merece disponer de asilo en Kiev. “Los servicios de seguridad ucranianos también tienen que ser pragmáticos y por lo tanto efectivos. No es nuestro trabajo detener a los enemigos de Moscú, los islamistas. Solo deberíamos pedirles que disparen con precisión contra los terroristas de Moscú en el Cáucaso y en Siria”.

En febrero de 2016, diputados del Partido Radical de Oleh Lyashko presentaban una propuesta de ley que impulsaba la prohibición del uso del término “Rusia” o “Federación Rusa” para referirse a Rusia. El término políticamente correcto a emplear sería el de Moscovia, principado de Moscú entre los siglos XIII-XVI, que parte del nacionalismo ucraniano utiliza habitualmente para referirse despectivamente a los rusos. A la cabeza del grupo de diputados que impulsaba la propuesta de ley, apoyada de forma decidida por Korchynsky, se encontraba su mujer, Oksana Korchinskaya, igualmente conocida por un nacionalismo que siempre busca la confrontación.

Korchynsky exigía por entonces venganza para los ucranianos en una guerra que no acabará, en su opinión, hasta ver arder el Kremlin. En unas declaraciones a primeros de 2016 en el canal de televisión 112-Ukraina afirmaba: “Tienen que comprender que para nosotros esta guerra durará para siempre, nunca acabará. Mientras exista la Federación Rusa, esta guerra no acabará. Si la Federación Rusa comienza a desintegrarse, estamos obligados a participar en ello. Solo que entonces lucharemos allí y no aquí como ahora. La guerra solo puede acabar en las ruinas del Kremlin. Yo tengo que vengarme y la sociedad ucraniana tiene que vengarse. Aunque los rusos retiren sus tropas de Crimea y de Donbass, eso no será el final de la guerra. Será el principio del proceso.  La guerra no puede acabar hasta que Moscú no arda mientras nos vengamos”.

En su entrevista de 2015 con Al Jazeera, Vitaly Chorny insistía en la misma tesis al hablar de cómo enfocar los acuerdos de Minsk: “Continuaremos nuestra lucha hasta que el Kremlin esté en ruinas, pase lo que pase”.

La voluntad de combate permanente contra la Federación Rusa, ahora rebautizada como Erefia por Korchynsky, se intensifica en 2022, en un momento en el que el mundo se permite contra Rusia “acciones hostiles que hace un mes resultaban inimaginables” y en el que “el mito de la fuerza del ejército moscovita ha sido completamente refutado”.

El 13 de abril de este año se señala en las redes sociales de Bratstvo que «No necesitamos que termine la guerra. Necesitamos luchar hasta que la Federación Rusa se derrumbe, porque la misión del pueblo ucraniano es conquistar el este. Es decir, tenemos que llegar allí con nuestra bandera azul y amarilla, tridente y nuestra cruz, destruir el Kremlin y seguir adelante«. En la misma línea, el 15 de abril se señala que “¡Rusia es un gran error, y tenemos que corregirlo!”. En su visión, “la revancha ucraniana llevará a la eliminación final del tumor canceroso llamado Moscovia”. Una visión que ya no difiere en exceso del discurso oficial que reproducen a diario los asesores de la Oficina del Presidente.

Esta estrategia de destrucción de la Federación Rusa obliga a renovar, en paralelo, las alianzas en el frente común frente a Rusia. En una intervención conjunta difundida el 4 de marzo, Korchynsky, en nombre de Bratstvo, y el comandante del Batallón checheno Sheikh Mansour lanzan un llamamiento a los pueblos del Cáucaso: “Ha llegado el momento de derrotar a los bárbaros, cuyas ambiciones imperiales no conocen límites, de una vez por todas. El futuro del Cáucaso depende de los acontecimientos que se están desarrollando hoy. Todo caucásico que se preocupe por el destino de su propio pueblo debe ponerse del lado de la resistencia a la agresión rusa. No habrá mejor momento para esto. ¡Construiremos un mundo de naciones libres sobre las ruinas de Rusia!”.

El 30 de octubre de 2022, en Kiev, en presencia de Korchynsky, representantes de los movimientos y batallones de Chechenia y Daguestán señalan haber creado una alternativa política a las autoridades de ocupación en el Cáucaso. También afirman haber activado el movimiento de liberación sobre el terreno.

Muerte al bárbaro moscovita: más que subhumano, no humano

La situación bélica de 2022 se traduce en una reafirmación aún más nítida del odio nacionalista y racista al llamado moscovita, o katsap, por parte de los dirigentes de Bratstvo, tal y como ponen de manifiesto sus redes sociales.

El 10 de abril, se señala que: “Durante toda su existencia, los katsaps solo robaron y destruyeron. Esta es la naturaleza de su existencia: destruir y estropear la belleza. No tienen su propia cultura, sentido de la belleza. A los moscovitas les gusta vivir en casas de barro y en ruinas, vestirse con harapos y vivir peor que los cerdos. Por eso odian a los ucranianos, porque estamos reconstruyendo y mejorando”. La voluntad de revivir y restaurar se presenta, precisamente, como una de las muchas diferencias “entre nosotros y los moscovitas”. De ahí un paso, que se da el 11 de abril, para lanzar el grito de “¡Moscovitas al cuchillo!”.

El 15 de abril se señala que “Nos dimos cuenta hace mucho tiempo que estamos luchando contra un ejército de degenerados”. “Horda de mendigos y salvajes, no imaginaban que las aldeas ucranianas vivían más prósperamente que ellos. Los moscovitas solo son capaces de destruir, saquear y estropear”.

De forma mucho más explícita en la definición que busca deshumanizar a todo lo ruso, el 12 de mayo aparece escrito lo siguiente en las redes sociales del Batallón Bratstvo de Dmytro Korchynsky:

Muchos de nosotros, incluso los nacionalistas, a veces pensamos que los moscovitas son de alguna manera similares a nosotros, que son una especie de ucranianos simplificados con un habla poco sofisticada y un hígado enfermo.

Este es un error categórico. He tratado con muchas de sus variedades, subgrupos y razas durante mucho tiempo y he llegado a la conclusión de que aunque sus palabras nos parezcan comprensibles, no entendemos lo que dicen. Se diferencian de nosotros más que los caucásicos, más que los turcos, más que los balcánicos. Se diferencian de nosotros más que otras personas porque no son humanos. []

También dicen que un buen moscovita es un moscovita muerto. Esto es extremismo y por lo tanto no es cierto. Un buen moscovita es un moscovita inventado imprudentemente por Bronstein, con la voz de Ina Hoff y la música de Frenkel”.

Por lo tanto, no cabe sino disparar con calma porque enfrente sólo hay “objetivos, no personas”.

Máxima dureza con Donbass

El odio a Rusia se traduce en una petición de extrema dureza en el trato a los rebeldes en Donbass.

El 18 de junio de 2015, distintos medios recogían las declaraciones efectuadas por Korchynsky en el canal de televisión 112 Ukraina sobre el conflicto en esa región. En ellas Korchynsky hace un llamamiento a bombardear barrios residenciales de las Repúblicas Populares de Donetsk o Lugansk y también a crear campos de concentración para la población de Donbass.

Según Korchynsky, Ucrania debería seguir la política aplicada por los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial: “Durante la Segunda Guerra Mundial, en América sobrevivieron todas las instituciones de la democracia, las elecciones, etc. Pero millones de ciudadanos de los Estados Unidos fueron deportados a campos de concentración, los ciudadanos estadounidenses de origen japonés. Representaban un peligro potencial”.

Estados Unidos habría conseguido hacer compatible la guerra contra sus enemigos con el mantenimiento de las normas democráticas “y un alto nivel de humanismo” cuando lanzó su ataque nuclear contra Japón o durante el bombardeo angloestadounidense de las ciudades alemanas. Se trataba de “bombardear a conciencia las zonas residenciales para socavar la moral de los soldados alemanes en el frente”, el único modo que ahora debería tener Ucrania para comunicarse con los moscovitas.

En sus declaraciones de 2016 a 112-Ukraina, Korchynsky se reafirmó en su férrea postura sobre el bloqueo completo de Donbass. Ucrania debería reforzar la línea de demarcación de Donbass y disparar contra cualquier vehículo que trate de escapar de ahí: “El contrabando existe porque no hay un bloqueo completo…porque el Gobierno no ha hecho nada para evitar cualquier relación económica con el enemigo. Si lo hiciera, habría un muro de cemento y nadie podría pasar. Es decir que si un coche pasa, se le dispara. A todos”. A principios de 2017, tras una iniciativa lanzada por los batallones nacionalistas, que bloquearon físicamente las vías, el entonces presidente Poroshenko impuso el bloqueo completo de Donbass. Pese a llevar en su programa el levantamiento de ese bloqueo, el presidente Zelensky jamás lo eliminó.

Una Iglesia guerrera

En contraste con el paganismo militante del movimiento Azov, el rasgo más claramente diferencial del Bratstvo es su dimensión religiosa. De hecho, Bratstvo se registra en 2004 como Partido de Jesucristo y Red Nacional-Cristiana.

En la entrevista publicada por glavcom.ua en 2011, Korchynsky destacaba uno de los rasgos de su grupo ultraderechista, elitista y marginal, su “actividad religiosa”. Y señalaba que su lucha era definitivamente una cuestión de fe: “Me gustaría tener un [grupo] Talibán ortodoxo aquí en Ucrania”; “Estamos tratando de preparar las condiciones para la aparición de los Talibanes Ortodoxos y hacerlo poco a poco”. Chorny, Serediuk y Zaverukha serían así la encarnación de ese propósito.

Bratstvo destaca, en cualquier caso, por la combinación de nacionalismo y religiosidad ortodoxa, con una nítida preocupación por la “pureza de la fe”. De ahí que definiera el objetivo global de su organización política de la siguiente forma: “Hacer del pueblo ucraniano la espada de un dios vivo en el mundo moderno. El pueblo ucraniano debe ser totalmente cristianizado y preparado para una guerra santa por la fe. Oramos todos los días para que finalmente comience”.

Un rasgo asociado es la visión de su movimiento como “organización militar”, una organización orientada a luchar por “la libertad con sangre” en la que Korchynsky aparece como líder carismático, casi religioso y con tendencia a compararse con revolucionarios islámicos y militantes caucásicos.

Esta posición situó a Korchynsky en una posición marginal en la vida política de la Ucrania pre-Maidán, pero que le ha sido útil para consolidar una estructura, ahora de nuevo operativa durante la guerra.

Como señalaba el 16 de mayo de este año, Korchynsky sigue defendiendo en Ucrania la necesidad de construir y organizar una iglesia militante: “Dicen que la iglesia tiene una mala relación con el nacionalismo. No es así. Como un comandante opera regimientos, así Dios opera naciones. La tarea de nuestra iglesia es hacer del pueblo ucraniano la espada del Dios vivo en el mundo. Solo una iglesia militante podrá destruir el mal en su centro, en Moscú«. Y en fase cercana a la alucinación, al día siguiente proclama: “Dios nos envía enemigos para obligarnos a las victorias, permite el mal, porque el bien no es estático, el bien existe solo en la forma de luchar por el bien”. «¡El Reino de los Cielos es tomado por la fuerza! ¡Y solo el que se esfuerza lo consigue!«.

Bratstvo es un grupo de liturgia dominical, causa común de los combatientes del Batallón. “Roguemos al Señor que nos de fuerzas y juntos derrotemos al enemigo, porque Dios es Abogado y Refugio de todos los que en Él creen y esperan firmemente”, se señala en sus redes sociales.

Según Korchynsky, existe una transformación religiosa en el proceso de resistencia ucraniana que se acerca a la idea de milagro. Ve ese milagro “en las hazañas de las Fuerzas Armadas”, en las acciones de «gente de la que nunca esperaron tanto heroísmo, esta es otra nación”. “Aparte de nuestro Señor Jesucristo, no tenemos a nadie en quien esperar, es Él quien realizó este milagro en nuestras almas. Esto no es solo patriotismo o sentimiento nacional, es un milagro de Dios que está sucediendo ahora«.

La iglesia de Bratstvo es sin embargo igualmente siniestra. El artículo de Al Jazeera de 2015 captaba perfectamente esta dimensión en unos personajes que, al estilo de Vitaly Chorny explicaban por entonces “la necesidad de una cruzada al estilo del siglo XIII contra Rusia”, encarnación suprema del mal satánico, de Satanás. Como sostiene en la actualidad Bratstvo, Chorny afirmaba entonces en la entrevista: El enemigo, las fuerzas de la oscuridad, tienen todas las armas, tienen mayor número, tienen dinero. Pero nuestros soldados son los portadores de las tradiciones europeas y de la mentalidad cristiana del siglo XIII. Representamos el lado de la luz contra el lado oscuro. Los partidarios de Putin son representantes del diablo”.

Tanto para Chorny como para Serediuk, los batallones ucranianos cristianos son la base de la reconquista de la nación a través de la guerra. “La gente tiene la imagen de un cristiano como un abad pacífico, alguien sentado alrededor de velas encendidas”, declaraba Serediuk a Al Jazeera en 2015. Para añadir a continuación: “No somos solo una organización religiosa. Somos la espada en lugar de la cruz. Lucharemos hasta que caiga el Kremlin”.

En eso se resume, en definitiva, la ideología de Korchynsky y de los suyos, la ideología de Bratstvo.

Bratstvo, Korchynsky y la ideología del Estado de Ucrania

A diferencia de otras propuestas, la visión de Korchynsky siempre ha sido básicamente elitista y marginal. Le bastaba con ser una docena en su grupo para sentirse cómodo, sobre todo si se trataba de gente joven.

Pero no debe olvidarse una afirmación de Korchynsky en sus declaraciones de 2011: “Podré liderar gentes, pero no hacia la política, sino hacia un pogromo”. Porque, según él, quienes hacen historia son gentes como Al Qaeda o como Doku Umarov, el entonces emir de los militantes chechenos. Y Korchynsky es de los que, definitivamente, querrían cambiar la historia. A su manera, la de los talibanes ortodoxos. “Está claro que me gustaría ser un ayatolá en Ucrania. Pero para esto necesitas preparar el terreno”.

En 2011, era bien consciente de que no había llegado el momento: “No tengo ilusiones de que nosotros, al estar en una posición legal, podemos hacer algo serio”. Sólo el “terror tiene sentido. Para cualquier actividad sistémica contra el sistema”. Lo otro es activismo. “Sería más apropiado lidiar con el terror aquí, pero estos son asuntos para los jóvenes, grupos ilegales que espero aparecerán pronto”. “Actualmente estamos ocupando este enlace. Está claro que si ocurre la desestabilización, nos apresuraremos a robar una joyería más rápido que nadie. Pero aunque no ha pasado nada, nos vemos obligados a «cortar bajo el suelo«.

Líder provocador pero práctico, Korchynsky sabe que la guerra le devuelve a otro tiempo, aquel en el que vuelve a tener sentido – ¡Gloria a Jesucristo!, diría él- ofrecer su propuesta “por una cantidad muy modesta a personas de buena voluntad”.

En 2022, Bratstvo ha encontrado en la guerra una vía para expresar su mensaje nacionalista, en el que el pueblo ucraniano está representado históricamente por grupos como la UPA, más allá del arte y de las acciones marginales y meramente simbólicas. Y, quizás no tan curiosamente, lo consigue no sólo a través de la incorporación a la guerra santa ucraniana sino también a través de la difusión masiva de sus acciones a través de los medios de comunicación occidentales.

Y avanza con cierta eficacia. A pesar de su apariencia, su propuesta política aparentemente marginal tampoco acaba siéndolo del todo. Como ya se comentó en este blog en el pasado, la política ucraniana en materia de derechos humanos, los bombardeos indiscriminados en zonas de población civil, el bloqueo económico, social y humanitario a Donbass, y el radicalismo ideológico de los gobernantes de Ucrania en su aproximación a la cuestión ruso-ucraniana muestran que el discurso de Korchynsky ya no fue, desde 2014, “el de un hombre aislado y marginal que transmite a la audiencia propósitos inaceptables bajo la influencia del delirio. El tipo de ideas delirantes que defiende reflejan el pensamiento del establishment político ucraniano, o al menos de una parte significativa de él”.

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