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Visiones de la diplomacia

El fracaso diplomático de la cumbre de asesores políticos de los líderes del Formato Normandía celebrada el pasado jueves en Berlín ha servido de catalizador para un nuevo aumento en la tensión mediática y en la histeria informativa relacionada con la ya habitual amenaza de inminente invasión rusa de Ucrania. Apenas unos días después de que la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, afirmara que la administración Biden dejaría de utilizar el término inminente para la supuesta invasión, ya que enviaba un mensaje involuntario. Utilizando ahora la falta de avances en el proceso de Minsk -algo previsible, teniendo en cuenta que era difícilmente factible que siete años de diferencias de interpretación de los acuerdos fueran a resolverse en una reunión de unas horas- como evidencia de ausencia de diálogo y aumento del peligro, Estados Unidos y sus aliados han dado orden de abandonar el país a sus diplomáticos, militares y han pedido a sus ciudadanos que hagan lo propio “mientras siga habiendo opciones comerciales para ello”, ya que no habrá una evacuación como la que se produjo tras la caída de Kabul.

Frente a las plegarias de Volodymyr Zelensky, que afirmaba ayer que el país no percibía ese peligro inminente, exigía que no se creara pánico de forma innecesaria y pedía a sus aliados que compartieran con Kiev esa inteligencia que espera una invasión inminente, la prensa no solo ha aumentado el nivel de pánico sino que ha puesto incluso fecha a la invasión. Atrás ha quedado el tiempo en el que las fuentes anónimas afirmaban que Rusia no invadiría Ucrania durante los Juegos Olímpicos de Beijing. Ahora, las últimas informaciones difundidas por la inteligencia estadounidense a través de los medios afirman que Vladimir Putin ha tomado ya la decisión de invadir Ucrania y podría hacerlo tan pronto como la semana que viene.

“Obviamente no puedo predecir exactamente la forma o el nivel de acción militar que habrá”, afirmó el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos Jake Sullivan el viernes por la noche. “Como he dicho antes, puede tener diferentes formas. Podría ser limitada, podría ser más expansiva, pero hay posibilidades muy reales de que incluirá la toma de una parte significativa del territorio en Ucrania y la captura de grandes ciudades incluida la capital”, sentenció según citaban el sábado los principales medios estadounidenses, una vez más sin exigir pruebas ni poner en duda la lógica de tales movimientos.

Sus palabras se producían minutos después de que un corresponsal de la cadena PBS publicara en su cuenta de Twitter que seis oficiales estadounidenses y de otros países occidentales le habían asegurado que Estados Unidos espera que la invasión comience la semana que viene y que prevén una sangrienta y horrible campaña que comenzaría con dos días de bombardeos aéreos y guerra electrónica seguida de una invasión con el posible objetivo de imponer un cambio de régimen.

Como en cada ocasión en la que la inteligencia estadounidense busca, por medio de filtraciones a la prensa o explosivas declaraciones, elevar el nivel de histeria mediática en relación con la situación en la frontera de Ucrania, diversos medios han planteado ya tanto la fecha del inicio de esta invasión que no llega o las rutas por las que las tropas rusas tratarían de capturar Kiev, Poltava, Járkov u Odessa. NBC, por ejemplo, presenta un mapa con nueve rutas de invasión y el objetivo de alcanzar la ciudad de Kiev en 48 horas desde su inicio. Político, uno de los primeros medios que lanzaron, hace más de 100 días, el inicio de la campaña mediática de denuncia de una invasión inminente que sigue sin producirse, afirmaba ayer sábado que tres fuentes oficiales en Estados Unidos y Europa señalan al 16 de febrero como fecha del inicio de la invasión.

Todo ello se ha producido entre la especulación sobre cuándo Vladimir Putin decidirá invadir Ucrania -dando por hecho que el presidente ruso ha tomado esa decisión-, filtraciones de la inteligencia estadounidense o británica sin necesidad de prueba alguna y constantes exigencias de que Rusia regrese a la vía diplomática. Una acusación falsa teniendo en cuenta que Moscú jamás se ha levantado de la mesa de negociación, tampoco cuando los países que le acusan de amenazar con usar la fuerza militar continúan enviando a Ucrania armamento letal que Kiev podría utilizar en el frente de Donbass ahora que, como constata la OSCE, vuelven a aumentar la intensidad y el número de los bombardeos en el frente, especialmente en la zona de Donetsk. En ese contexto de amenazas de sanciones y de aumento del peligro en el frente de la guerra actual, Rusia ha mantenido esta última semana contactos en el formato Normandía, Vladimir Putin se ha reunido con Emmanuel Macron y los ministros de Asuntos Exteriores y Defensa se han reunido o han conversado telefónicamente con sus homólogos británicos y estadounidenses. Tampoco es un detalle menor que el 15 de febrero, 24 horas antes de la nueva fecha señalada por la prensa para la invasión (atrás quedaron ya otras como el 25 de diciembre de 2021), el canciller alemán Olaf Scholtz realizará una visita a Moscú tras su visita a Kiev el día anterior.

Al igual que Macron la pasada semana, Scholtz busca en Rusia y Ucrania una salida al conflicto en Donbass, un camino complicado como se ha demostrado con el fracaso de la cumbre de Berlín, en la que ha vuelto a quedar claro que no puede implementarse un acuerdo en el que una de las partes, Ucrania, rechaza abiertamente tener determinadas obligaciones y culpa a otra parte, Rusia, de incumplimientos propios. En esa labor de rechazar los puntos básicos de los acuerdos de Minsk -una actitud que es, en realidad, un rechazo a los acuerdos en sí sin retirarse formalmente del proceso, lo que daría a Moscú la legitimidad de reconocer a las Repúblicas Populares-, Ucrania no solo cuenta con el inestimable apoyo de sus aliados en Washington, París y Berlín sino también con el de la prensa.

En un editorial publicado el mismo día que el Formato Normandía se reunía en Berlín en lo que calificaba de “un último intento de lograr una solución diplomática”, The Washington Post, tras culpar a Rusia de la crisis, calificaba los acuerdos de Minsk – esos que Ucrania firmó el 12 de febrero de 2015 tras una negociación a cuatro entre Hollande, Merkel, Poroshenko y Putin- de un potencial “vehículo para una mayor y potencialmente fatal desestabilización de Ucrania”. El editorial definía como el mejor resultado posible para la cumbre sería el final del freelancing de Macron, es decir, el final del intento del presidente francés de resolver el conflicto ucraniano a través de la implementación de la interpretación de Kiev de los únicos acuerdos existentes.

Una curiosa visión de la diplomacia que coincide con la actitud de Ucrania. Sin ningún interés en la población -esa a la que ha bombardeado durante años y que sigue bloqueando con el objetivo de mantener un estado de guerra que impide el progreso y la reconstrucción de la región-, Ucrania jamás ha tenido prisa por recuperar los territorios de Donbass y ha demostrado estar dispuesta a dilatar el proceso como forma de presión contra Rusia en busca de concesiones. Una tarea imposible de realizar sin el constante apoyo de socios como Francia y Alemania, que han protegido a sus aliados de Kiev de cruzar líneas rojas como el diálogo con Donetsk y Lugansk o la concesión de derechos políticos a la población de Donbass que Kiev dice considerar propia. Varios medios han apuntado estos días que ni Zelensky ni su Gobierno se han unido a la histeria iniciada por Estados Unidos y han buscado mantener una actitud más cauta hacia esa supuesta amenaza rusa que Washington lleva meses pregonando. Pero Zelensky se ha mantenido también firme en la firme voluntad de Ucrania de no cumplir con los acuerdos que firmó en 2015.

La amenaza de guerra -real o imaginaria- no ha obligado a Kiev a acudir a la mesa de negociación ni a cumplir con sus obligaciones. Sin embargo, no se trata de una muestra de independencia, sino de la certeza de contar con el apoyo de sus aliados en el intento de imponer la interpretación ucraniana del texto y exigir que sea Rusia quien realice concesiones en perjuicio de la población de Donbass, sin voz ni voto tras ocho años de sufrimiento en estado de guerra. Para ello, la extraordinaria presión mediática, política y diplomática a la que Moscú está siendo sometida supone para Kiev una asistencia más importante que las toneladas de armas que están siendo enviadas para luchar contra una invasión inexistente.

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