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Georgia, Saakashvili, Ucrania, Zelensky

Un sacrificio inútil

Hace una semana, el expresidente de Georgia y exgobernador de la región de Odessa Mijaíl Saakashvili anunció su retorno a Georgia, donde estaba buscado por la justicia al haber sido condenado por varias causas. Coincidiendo con las elecciones que se celebraban el domingo pasado, el exdirigente fugado esperaba una fuerte movilización popular en su defensa que se tradujera en su puesta en libertad y en una victoria electoral de su partido. Saakashvili, que ha sido una constante en la política de la etapa postsoviética tanto en Georgia como en Ucrania y en las guerras que se han producido en ambos países, ha calibrado erróneamente una vez más su influencia política y su capacidad de movilizar a sus seguidores en el país y a autoridades influyentes fuera de él.

Artículo Original: Andriy Babitsky

Obviamente, Mijaíl Saakashvili se ha visto engañado por sus seguidores. Lo más probable es que ellos mismos creyeran que la mayoría de la ciudadanía de Georgia apoyan al expresidente y estaban dispuestos a seguir al líder si volvía a casa. Es fácil que Saakashvili se haya engañado a sí mismo, ya que cree que la población se ha desilusionado con el partido Sueño Georgiano, que lleva nueve años en el poder, y sueña con el retorno a los tiempos en el que el joven y determinado presidente lideraba al país en el camino de una transformación radical.

Pero resulta que los georgianos no han olvidado el terror de Saakashvili ni las violaciones de los derechos humanos, los secuestros y las represalias a los oponentes políticos a los que se les requisaban empresas, se torturaba en prisiones ni los asesinatos políticos. El apoyo al expresidente ha resultado ser una ilusión y la crisis política con la que contaba su Movimiento Nacional de Unidad no existe. Sueño Georgiano ganó las elecciones con el 46,56% de los votos. Y los actos en defensa del preso resultaron patéticos y poco convincentes. El 4 de octubre, apenas 3000 personas se reunieron a las puertas de la prisión de Rustavi, donde el líder opositor está detenido, exigiendo la puesta en libertad de Saakashvili.

Aún no está claro cómo el exlíder georgiano entró en Georgia. Según una versión, lo hizo escondido en la cabina de ventilación de un camión que transportaba finas hierbas. El camión cruzó la frontera en Poti. Se puede asumir que llegó al puerto georgiano en un ferry desde Ucrania. En cualquier caso, se ha abierto una investigación contra Saakashvili por cruzar ilegalmente la frontera.

El prisionero exige ser trasladado inmediatamente a Ucrania. En este sentido, en una aparición en televisión, el primer ministro del país, Irakli Garibashvili, se refirió al encarcelado expresidente como enfermo mental.

“Quiero expresar con total responsabilidad: Saakashvili cumplirá íntegramente la pena, ya que ha sido condenado a 6 años y su culpabilidad y condena han sido ratificadas en última instancia. Aunque cualquier persona del planeta venga, nos pida, nos apele, no hay nadie en el poder hoy que pondría en libertad a Saakashvili. Ahora Saakashvili insistentemente exige volver a Ucrania. En cuanto se dio cuenta de que estaba en prisión y que eso es duro para él, les pidió a los oficiales que le devolvieran a Ucrania. ¿Pueden imaginar el estado de esta persona? ¿Por qué vino, por qué creía ingenuamente que aquí estábamos todos dormidos y que nadie le seguiría cuando entró ilegalmente? Es una pena que estemos hablando de un hombre que fue presidente durante nueve años, es un desastre y un insulto que voluntariamente renunciara a la nacionalidad de nuestro país. Si quiere volver a Ucrania, que cumpla la pena y después podrá volver a cualquier país”, afirmó el jefe de Gobierno de Georgia.

En teoría, hay una opción para que Saakashvili sea puesto en libertad. Según afirmó Beka Valiskaya, abogada del expresidente, la presidenta del país puede firmar un decreto de indulto. “Todos comprendemos que, como todos estos casos se iniciaron por motivos políticos, su puesta en libertad también es una cuestión política. Al fin y al cabo, Misha Saakashvili es el fundador del nuevo Estado georgiano. Los países democráticos le aceptan como una figura política, diputados de la Unión Europea y senadores de Estados Unidos se reúnen con él. En Occidente responderán muy claramente ante este caso. Creo que estos factores influirán sobre las autoridades georgianas y Salomé Zurabishvili se verá obligada a sacarle de prisión”, explicó. Pero parece que el indulto no será posible. Zurabishvili habló clara e inequívocamente sobre el tema: “Mi respuesta es simple y final. No, nunca”, afirmó la jefa de Estado.

Es notable que la reacción de Washington haya sido bastante moderada, hay quien diría que formal. El Departamento de Estado afirmó: “Disponemos de informes sobre su detención y estamos monitorizando el desarrollo de los acontecimientos” y apeló a las autoridades georgianas a garantizar el respeto a los derechos humanos del expresidente y el principio de igualdad según la legislación local.

En realidad, esto significa que las autoridades de Estados Unidos no pretenden interferir en el curso de los acontecimientos ni tomar a Saakashvili bajo su protección, algo que obviamente esperaba. Es significativo, especialmente en comparación con la detención de Alexey Navalny en Rusia, cuando el Departamento de Estado mostró su dureza y todo Occidente exigió su puesta en libertad, mientras que en el caso de Saakashvili hay completo silencio. Incluso Ucrania se está limitando a la moderación. Volodymyr Zelensky expresó su preocupación y llamó a consultas al embajador georgiano, pero no ha habido exigencias oficiales, aunque Saakashvili es ciudadano ucraniano y tiene actualmente un puesto oficial.

Ya ha quedado claro que el arresto de alto perfil no tendrá consecuencias políticas. El Movimiento de Unidad Nacional ha perdido su valor como activo y el líder del partido está en la cárcel para cumplir una condena de larga duración. El expresidente fue condenado in absentia en el caso del asesinato del banquero Sandro Girgvliani y de la agresión a la diputada Valeria Gelashvili. Por el primer caso, fue condenado a tres años de prisión y a seis por el segundo.

Saakashvili también está imputado en un caso por dispersar una manifestación opositora el 7 de noviembre de 2007, el pogromo en la televisión Imedi TV y apropiación indebida de fondos del Estado. Es decir, hay serias posibilidades de que se añadan más años a la sentencia de nueve años de prisión.

Pese a que su partido recibió un buen resultado con el 31,23% de los votos en las elecciones, el número aún no es suficiente para aprobar leyes en el Parlamento. Así que, aunque es el segundo partido del país, el partido de Saakashvili no podrá ejercer ninguna influencia real en la política del país. Es decir, pese al ruido que causó, la vuelta y detención del exjefe de Estado no fue más que el agua que salpicó una roca al caer en el río. El cielo empezó a encapotarse, pero, en un momento, la bruma se disipó y todo quedó despejado.

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