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El Día de la Liberación de Donbass

Artículo Original: Ruslan Marmazov

Donbass celebra el 75 aniversario de la liberación de los invasores Nazis. Todo Donbass, incluyendo la RPD y los territorios bajo control de los nacionalistas de Kiev. En una parte se hace con grandes actos y como una celebración, mientras que al otro se hace en la oscuridad, con esperanza en el futuro.

El 8 de septiembre de 1943, las tropas soviéticas expulsaron a los Nazis de la ciudad de Stalino, como entonces se conocía a Donetsk. La capital de Donbass era liberada y el enemigo era empujado con firmeza hacia el oeste, hacia el río Dnieper. La fuerza del ataque era tal que el mariscal de campo Erich von Manstein más adelante afirmó que el periodo de 1943-1944 había sido el más duro para el ejército alemán. En este caso, es una afirmación creíble, ya que Manstein experimentó directamente el poder del armamento soviético.

Durante los dos años de ocupación, los Nazis disfrutaron en Donbass en su estilo canibalista. Muchas fábricas y minas quedaron en ruinas. Torturaron y asesinaron a miles y miles de soviéticos. No hace falta especular por qué lo hicieron, ya que el jefe de las SS dio la orden abiertamente: “debemos asegurarnos de que cuando abandonemos las regiones de Ucrania no quede una persona, no quede una cabeza de ganado, ni una fanega de trigo ni una vía de tren; que no quede nada intacto, ni una casa, ni un cobertizo, que no puedan reconstruir por muchos años el sistema; que no quede un solo pozo sin envenenar. El enemigo debe encontrar el país completamente quemado y destruido”.

Hitler, cuando fue evidente que el Reich podía perder Donbass, formuló la tarea en los siguientes términos: “es imprescindible mantener en nuestras manos la cuenca de Donetsk y, al mismo tiempo, todo aquello que no sea estrictamente necesario en la zona de Donetsk ha de ser destruido para que, si se dieran ciertas condiciones de una retirada obligada, el enemigo se vea privado de posiciones económicas importantes”.

Parecía que curar las heridas y recuperar la industria y la infraestructura llevaría décadas. Pero no fue así y Donbass tuvo que ser restaurando en el menor tiempo posible para que pudiera suministrar carbón para el frente. El ejército, aún en operaciones, comenzó a enviar a mineros parar reparar las minas. Los trenes de ingenieros comenzaron a llegar desde el este, desde otras cuencas mineras. En las minas, en lugar de los hombres, muertos o en el frente, trabajaron las mujeres. Consiguieron suministrar carbón al país y completaron la Segunda Guerra Mundial dando el golpe definitivo en el sucio agujero de Berlín del führer alemán, que, curiosamente, ha sido mencionado en la Ucrania moderna como ejemplo de democracia.

Donetsk tras la liberación / RIA Novosti

El 8 de septiembre, día de la liberación de Donbass, ha sido siempre una de las fiestas más celebradas en nuestra región junto al 9 de mayo –Día de la Victoria- y el Día del Minero. Era siempre un acto solemne, recordando a los caídos, honrando a los veteranos con un mar de flores ante el monumento a quienes liberaron Donbass, a las víctimas del fascismo, al general Kuzma Akimovic Gurov, al coronel Franz Andreevich Grinkevich…

Nosotros, estudiantes de los años 70 y 80, también participamos en esos actos. Llenos de orgullo, hacíamos la guardia de honor a los veteranos a los que homenajeábamos. Ahora es difícil de imaginar, pero quienes derrotaron a Hitler y sus secuaces, en los años 1980 y 1985 solo tenían 55 o 60 años. Aún eran jóvenes. En aquellos actos festivos había blindados y los cadetes de la escuela militar local disparaban rifles automáticos. Era toda una ocasión. Con entusiasmo, los chicos intentábamos hacernos los listillos y discutir sobre las capacidades de las armas. ¿Habría algún chico de la ciudad impresionado por ver un blindado o por ver disparar un Kalashnikov hoy en día, cuando se han convertido en elementos de la vida diaria?

Por supuesto, era genial, pero había algo de organizado en ello. Le faltaba algo, como una verdadera comprensión de la importancia de lo que había ocurrido. Nosotros no siempre nos dábamos cuenta de la suerte que teníamos de vivir en un mundo con los héroes de la Gran Guerra Patria. Se les hacían preguntas constantemente, se les pedían hechos, memorias. Pero se hacía de forma formal y muy de vez en cuando. Al final de la época socialista se había perdido la esencia, la educación patriótica no era más que una tarea y las palabras sobre la paz en el mundo no eran más que palabras.

Es lo que recuerdo de esos tiempos. Uno de los principales lugares de celebración de la victoria en Donbass era, como es natural, Saur-Mogila. Allí se libraron duras batallas en 1943, se puede decir que la tierra está empapada de sangre. Tras la guerra se erigió allí un monumento y en 1967 se construyó el gran memorial. Acudieron a su inauguración 300.000 personas. Hay que decir que Saur-Mogila atrae a las personas para estos actos. Se pronunciaban palabras claras, se ondeaban banderas, se lanzaban fuegos artificiales. Es innegable que se sentía el poder del lugar.

Mi padre nos llevó a mi hermana y a mí a Saur-Mogila un día de diario. Estábamos frente a la estepa de Donetsk. Despacio subimos hasta la cima, al obelisco, donde mi padre nos habló de las batallas que se habían librado allí. Él es un estudioso de la historia militar y un gran contador de historias. Nos detuvimos bajo el monumento al soldado soviético. “Vamos a estar un minuto en silencio para pensar en todos aquellos que murieron en la batalla”, dijo. El silencio era tan completo que ponía la carne de gallina. El viento de la estepa levantaba las hojas. “¿Habéis escuchado el silencio?”, dijo, interrumpiendo el vacío. “Es preciso que sea así en todo el mundo, que haya silencio, que no haya guerra. No hay nada peor”. En esas palabras no había dolor, solo sabiduría. Mi padre nació poco antes de la guerra, pasó su infancia en guerra, durante la devastación y reconstrucción de Donbass.

Ahora no es tan infrecuente que vaya a Saur-Mogila. El monumento está destruido, mutilado. Pero la colina es nuestra. Eso es relevante y en la actual e inacabada guerra de Donbass Saur-Mogila ha adquirido un nuevo significado. Y ha encontrado nuevos héroes. Las cruces de sus tumbas son perfectamente visibles en la cima, el signo más importante del heroísmo militar  y un reproche a todos los que han causado esta locura. Nadie habría imaginado en 2014 que sería necesario detener al fascismo aquí otra vez. Quienes lo trajeron no hablaban alemán, hablaban ucraniano o incluso ruso. ¿Pero, qué diferencia hay? Hicieron exactamente lo mismo que aquellos a los que nuestros antepasados expulsaron de Donbass en 1943. La historia tiene giros inesperados. Hace 75 años, en la zona de Saur-Mogila estaba la división Banzer “Das Reich”. Su emblema se asemeja al utilizado por el batallón Azov. Incluso en los detalles quieren ser como sus predecesores ideológicos. El final que les espera es, de hecho, el mismo.

Hoy en día, en Donetsk, Gorlovka, Makeevka, Snezhnoe y otros pueblos y ciudades de la RPD se celebra el Día de la Liberación de Donbass con un sentimiento especial. Ya no hace ninguna falta explicar el peligro del fascismo y por qué la guerra es algo malo. Los argumentos y su representación gráfica están a la vista. De ahí la sinceridad, la gratitud a quienes liberaron Donbass y la emoción. Es un día en el que solo queremos disfrutar de la vida.

Por cierto, ¿creen que el Día de la Liberación de Donbass solo a este lado del frente, donde los monumentos a Tolbujin y Vatutin son monumentos a héroes y no objetos de la farsa de la descomunización? ¡Por favor! Al otro lado, la mayor parte de la gente es gente normal que preferiría ver al fascismo aplastado. Obviamente, para ellos es peligroso celebrar abiertamente. En Ucrania se puede acabar en el banquillo o atacado por los grupos nazis. Así que lo recuerdan en secreto, en silencio, pero lo hace. Porque nuestra causa es justa y el enemigo será derrotado de una manera o de otra.

Lo ocurrido en los últimos años ha hecho que los ciudadanos de Donbass se hayan dispersado por todo el mundo. Pero el 8 de septiembre, todos –a excepción, claro está, de aquellos a los que les hayan comido el cerebro los Nazis (ellos también existen)- recuerdan a los héroes de la batalla por liberar a Donbass de la escoria fascista. Algunos brindarán con una frase que aún se puede encontrar en Donetsk: “por la patria. Por Stalino”.

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