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Debaltsevo, Donbass, DPR, Ejército Ucraniano, Kiev, Logvinovo, Nacionalismo, Rusia, Testimonio, Ucrania

Historias de la guerra: una carta de Ucrania occidental

Artículo Original: Dmitry Steshin en Komsomolskaya Pravda
Fotografías: Aleksandr Kots & Dmitry Steshin

“¡Tío, una foto!”

En febrero, los enviados especiales de KP trabajamos en el escenario más terrible del frente de Donbass, el punto de corte, que bloqueaba firmemente la salida del cerco de Debaltsevo para una fuerza nacionalista de hasta 4.000 hombres. El cierre de la caldera se encontraba en la aldea de Logvinovo, junto a la carretera principal. Lo que allí ocurrió es inédito en la historia militar: el Ejército Ucraniano disparó tres misiles Tochka U contra un pueblo de 15 casas. Por no mencionar las toneladas de bombas y proyectiles…

Vagamos por el campo de batalla entre vehículos y cuerpos quemados mientras, en la distancia, continuaba la lucha en el perímetro del cerco. La cámara captó imágenes apocalípticas acompañadas por el constante ruido de fondo de las ametralladoras, Grads y el sonido metálico de los disparos de los tanques. Los milicianos, que nos habían llevado hasta allí en un cambio de turno, coleccionaban trofeos: chalecos antibalas, kits de primeros auxilios o munición. Junto a la señal azul que marcaba el kilómetro 749 yacían los cuerpos de cuatro soldados ucranianos. Junto a ellos, un Jeep volcado, manzanas derramadas en la nieve y una caja con la inscripción “al gusto de Galicia”. Un miliciano se agachó junto a uno de los cuerpos, que yacía boca abajo, y tiró de la cadena de su chapa de identificación. La dejó sobre la parte de atrás de su cabeza, con cortes de metralla, y dijo: “¡tío, una foto!”. Y la hice.

Desde las “calderas del verano” en Donbass, grababa todas las chapas de identificación de los soldados muertos, nombres escritos en sus máscaras de gas, chalecos antibalas, cascos o mochilas. Lo grabé y pensé: “esta guerra acabará algún día y para los familiares será más fácil encontrar a los suyos. Cuanto antes se encuentre y se entierre a todos, antes llegará la paz”. No me equivocaba.

Una carta de Ucrania occidental

Una semana más tarde, en Moscú, a las tres de la mañana, cuando ya agarraba la almohada y me disponía a dormir, sonó una alerta en mi ordenador. Un mensaje privado en Facebook. Maldiciendo, me levanté para leerlo mientras se me cerraban los ojos… y de repente, el sueño desapareció sin dejar rastro.

“Me dirijo a usted como último recurso. Lo que ocurre es que, grabó su vídeo “Cenizas de la guerra. La carretera de la muerte” y en ese vídeo vi la chapa de mi marido en la cabeza de una de las víctimas. No puedo creer que sea mi marido. Por ahora, está considerado como desaparecido en combate. Quienes estallaron con él en el coche ya han sido identificados y enterrados. No fue encontrado entre los muertos. Usted es mi única esperanza… ¿Tiene más material de ese lugar?, puede que haya visto algún documento… Mi esperanza es que siga vivo. Este es mi marido: O.M.V., nacido el 20/06/1974. ¡AYÚDEME  encontrar a mi marido, al padre de mi hijo! Con esperanza y gratitud, Alice”.

Adjuntaba una fotografía de un chico delgado con pelo rubio corto. En el tranquilo y pacífico Moscú, literalmente me temblaban las manos…

Dmitry Steshin:

“¡Alice, hola! El material fue grabado en la aldea de Logvinovo el 15 de febrero de 2015 hacia las tres de la tarde. Durante 25 años he estado involucrado en la localización y entierro digno de aquellos que fallecieron en la Gran Guerra Patriótica, y sé que esto es muy importante para los familiares. Recopilé todos los brutos de vídeo que puedan tener relación con su marido, los subiré y le enviaré el enlace. Por favor, acepte mis condolencias”.

Alice:

“¡Estoy muy agradecida! ¡Él no quería luchar! ¡Pero a nuestro bastardo gobierno (lo siento) no le importan las vidas de la gente! ¡Ni siquiera ayuda a encontrarlos! Estaba en una compañía médica, era conductor. Fueron a recoger a los heridos (en ese jeep) y pisaron una mina…Tres de los chicos ya han sido identificados, los han traído a Ivano-Frankovsk y los han enterrado…pero mi marido está registrado como desaparecido y…nadie sabe nada…o no quieren saber. Ni siquiera hablaba ucraniano, de verdad…pero se lo llevaron…Y esos que gritan: “muerte a los moscovitas”, ¡están calientes y sentados en sus traseros en Kiev!! ¡Para ellos todo esto es culpa de Rusia! Soy ucraniana, pero de habla rusa, ¡así que hace 5 meses me pintaron el coche con la bandera rusa por la noche! ¡Lo que está pasando en Ucrania es mentira, nos matamos unos a otros y de alguna manera Rusia tiene la culpa! ¡Se han vuelto locos! ¡Para ellos es culpa de todo el mundo menos de Ucrania! ¡Ya no lo puedo aguantar!”

Dmitry Steshin:

“Ahí están los archivos. Cuando grababa el lugar de la muerte, sabía exactamente dónde estábamos por la señal que marcaba el kilómetro en la carretera. Si puede identificar a su marido, intentaré buscar la manera para que pueda ir allí, al lugar. Y encontrar a alguien que le ayude a recoger a su marido”.

Alice:

¡Dmitry, rezaré por ti! ¡Gracias!

Es mi marido.  

Algoritmo de la humanidad

No dormí esa noche, no podía. Empecé a mirar todos los ángulos de la historia, lancé una llamada de ayuda. Tengo ochenta mil seguidores en las redes sociales y esperaba que alguno me diera el algoritmo de qué hacer. Los primeros comentarios que recibí provenían de los incansables guerreros de sofá, irreconciliables luchadores de las trincheras acolchadas de ambos bandos. Aporreaban las teclas con furia: “¡moskali, estás mintiendo! ¡Haces pasar terroristas por hombres!”, “El ukropi está muerto, que se vaya al infierno”, “Para qué cavar, que se pudran”… Borré esos mensajes. Explicarles que “los rusos no utilizan a los muertos para vengarse” no tenía sentido.

Hacia las ocho de la mañana, empezó a despertar la gente normal de ambos lados del frente.

Los periodistas ucranianos que trabajan en Donbass sugirieron algo sensato:

“Dima, hay que buscar a voluntarios ucranianos que hayan trabajado en la caldera de Debaltsevo. Llevaron a los muertos a la morgue en Dniepropetrovsk y Artyomovsk. La chapa de identificación probablemente se perdió o no se registró correctamente. Te enviaremos sus números de teléfono, dáselos a la viuda”.

El escritor de Lugansk Gleb Bobrov, que ya en 2006 predijo todo este infierno en su profética novela “La era que nace muerta”, escribió:

“Coge el teléfono. Sergey Shonin, líder de la asociación de veteranos de Afganistán, negociador principal de la RPL (ha intercambiado a varios cientos de prisioneros)

Él mismo, dos horas después.

“Sergey ha llamado a la viuda, le ha explicado algunas cosas y se ha encargado del asunto. Para la tarde tendrá el teléfono de quien entregó los cuerpos de Logvinovo al bando el Gobierno…”

Justo después de esto, recibí un mensaje del otro lado, de Yaroslav Zhilkin, de la organización de voluntarios ucranianos “Memoria del pueblo”:

“Dmitry, me han pedido que me ponga en contacto contigo en relación a un 200…”

Expliqué la situación al detalle y me comprendió perfectamente.

Yaroslav Zhilkin

Todos los que traían de allí (evacuados) fueron enviados a la morgue en Dniepropetrovsk. Seguramente esté allí, aunque no esté identificado. Aquí están los teléfonos. ¡Y gracias!

Entre los vivos y los muertos

Esa tarde volví a escribir a Alice. El padre del fallecido ha donado sangre para el análisis de ADN y pronto viajarán a Dniepropetrovsk para el proceso de identificación. Alice también envió algunos mensajes de agradecimiento. Por alguna razón, se me hizo muy duro y difícil leerlos. Otra vez no podía decidir de qué lado está dios en esta guerra. A juzgar por el curso de la lucha, debe estar del lado de los milicianos, pero ¿qué fruto puede tener una victoria en esta guerra? ¿Me salvarán las oraciones de la viuda de un “enemigo”?

Claramente recordé cómo al principio de la lucha por Debaltsevo, nosotros, enviados especiales de KP, evitamos de milagro acabar en posiciones ucranianas y nos encontramos con un puesto de control desconocido. Sin banderas ni insignias, gente gris que se confundía con el cielo gris. Apuntaron inmediatamente sus armas a nuestro coche. Y entonces llegó esa dolorosa sensación cuando estás entre la vida y la muerte y en esos segundos amas a todo el mundo y todas las cosas. Y qué tremendo alivio, una catarsis completa, cuando nos dimos cuenta de que eran milicianos. Porque de haber sido del otro lado, del ejército del soldado al que ayudé a enterrar…No quiero ni pensar qué habría sido de mí y del otro enviado especial de Komsomolskaya Pravda, Sasha Kots, “terroristas número 75 y 76 de la lista de buscados del SBU”.

Puedo decir una cosa, he encontrado esta “línea de la maldad”: pasa exactamente entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Solo hay que dar un paso atrás, donde no hay ni dolor ni sufrimiento y las personas dejan de ser enemigas, pueden hablar entre ellos y son capaces de llegar a un acuerdo, al menos para no multiplicar la ira y el dolor. Por eso aún tenemos algunas esperanzas de paz.

* El nombre de la viuda, el número de la chapa y algunos detalles han sido deliberadamente alterados por el autor.

Comentarios

2 comentarios en “Historias de la guerra: una carta de Ucrania occidental

  1. Emocionante este articulo, la tragedia de la guerra que deja sus estragos en la vida de las personas. cuando la superaremos…? será posible o primero estaremos extintos…? muy bien camarada gracias por su ayuda a esta familia, eso muestra que aún hay seres humanos, que somos capaces de ayudar….. aún hay esperanza.

    Le gusta a 1 persona

    Publicado por albe70 | 17/03/2015, 14:49

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