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Iniciativa europea

“Gracias, Estados Unidos, gracias por su apoyo, gracias por esta visita. Gracias al presidente de Estados Unidos, al Congreso y al pueblo estadounidense. Ucrania necesita una paz justa y duradera y estamos trabajando precisamente para conseguirlo”, escribió Volodymyr Zelensky apenas unas horas después de que el mundo entero presenciara en directo una humillación pública que ha provocado una doble reacción. Por una parte, el trumpismo ha cerrado filas para agradecer a Donald Trump haber puesto a América primero y defendido la presidencia frente a los excesos de un hombre que exige demasiado y no es capaz de dar las gracias ni pedir perdón. Por otra parte, de forma igual de visceral, voces relevantes del panorama político ucraniano, entre ellas líderes de la derecha radical, armada y capaz de derrocar a un presidente débil al que vieran como un obstáculo.

También la maquinaria de comunicación que es la Oficina del Presidente de Ucrania se puso rápidamente en marcha en defensa de su líder. “El Presidente lucha por nuestro país, por todos los que luchan por una paz justa y duradera. Apoyo al Presidente en su defensa de los intereses de nuestra heroica nación. En cualquier situación”, escribió Andriy Ermak, el cardenal verde, antes de mostrar nuevamente el agradecimiento a quienes les apoyan, “a quienes comprenden que Ucrania no es sólo un punto en el mapa. Es Minas Tirith, que contiene la oscuridad. Agradecemos profundamente al pueblo estadounidense por su apoyo, que acerca el día en que la guerra pasará a ser sólo un recuerdo”. “La postura del presidente de Ucrania Volodymyr Zelensky es impecable, bien argumentada y absolutamente correcta. Una comprensión clara de las causas de la guerra y explicaciones igualmente claras de por qué esta guerra no puede detenerse mediante concesiones demostrativas e injustificadas a Rusia… Las emociones son emociones, pero los hechos son bastante concretos… Igual que las reputaciones”, añadió Mijailo Podolyak. Frente a la imagen de la embajadora de Ucrania en Estados Unidos, que bajaba la cabeza y se tapaba la cara con las manos ante la catástrofe que presenciaba en directo, el equipo de Zelensky y sus principales aliados han relanzado su cruzada para defender al presidente como personificación de la lucha del pueblo ucraniano por la libertad. Tres años después de la invasión rusa, cuando ha quedado claro que la guerra no se libra por la libertad y la democracia sino por el poder, se recupera el discurso de febrero de 2022 para justificar la necesidad de una nueva movilización de recursos para apoyar a Ucrania.

“Hay un agresor: Rusia. Hay una víctima: Ucrania. Tuvimos razón al ayudar a Ucrania y sancionar a Rusia hace tres años, y seguir haciéndolo. Cuando digo “nosotros” me refiero a los estadounidenses, los europeos, los canadienses, los japoneses y muchos otros. Gracias a todos los que han colaborado y siguen colaborando. Y respeto a quienes han luchado desde el principio, porque luchan por su dignidad, su independencia, sus hijos y la seguridad de Europa”, escribió en las redes sociales Emmanuel Macron. “Nadie desea más la paz que los ucranianos. Por eso estamos trabajando en un camino común hacia una paz justa y duradera. Ucrania puede confiar en Alemania y en Europa”, añadió Olaf Scholz. “Querido Zelensky, queridos amigos ucranianos, no estáis solos”, sentenció Donald Tusk. “Ucrania, España está contigo”, escribió, repitiendo el mensaje en inglés y ucraniano, Pedro Sánchez. Todos esos mensajes y muchos más recibieron el repost con el comentario de “gracias por el apoyo” de Volodymyr Zelensky, cuyo equipo de comunicación lleva desde el viernes dando difusión a los mensajes recibidos de sus aliados.

Las dificultades con Estados Unidos, la exigencia del trumpismo de una disculpa pública y la amenaza de “llegar a un acuerdo o estamos fuera” ha dejado a Ucrania con la necesidad de recomponer sus alianzas y una dependencia aún mayor de los países europeos, que ahora intentan recomponerse para garantizar que Ucrania no tenga más remedio que aceptar un hipotético acuerdo que pudiera alcanzar Donald Trump con Vladimir Putin sin la participación, o con participación mínima, de Ucrania y de los países europeos. Ese temor, contra el que la administración Biden y sus aliados europeos creían haberse protegido haciendo la asistencia a Ucrania “a prueba de Trump” ha resurgido con fuerza tras la disputa entre Kiev y Washington por el acuerdo de minerales, el ataque personal del trumpismo contra Volodymyr Zelensky y el escarnio público al que fue sometido en el Despacho Oval. Sin embargo, los países europeos no habían comprendido -o no habían querido comprender- que el interés de Donald Trump estaba en lograr un acuerdo económico con ambas partes, conseguir que Estados Unidos obtuviera beneficio económico tanto en Rusia como en Ucrania, y que los países europeos se hicieran cargo del coste de la guerra y de cualquier garantía de seguridad posterior. Es ahí donde surgen las prisas, los problemas y las dudas de cómo convertir los mensajes de apoyo y los actos de relaciones públicas en algo más que lemas que se publican coordinadamente en las redes sociales. El sábado, por ejemplo, llamó la atención la frase “sed fuertes, sed valientes, no tengáis miedo” (“Be strong, be brave, be fearless”) que escribieron en sus mensajes Antonio Costa, Úrsula von der Leyen o Roberta Metsola.

El nuevo lema de la Unión Europea busca recuperar el discurso de hace tres años en defensa de Ucrania y volver a poner en el centro del debate la obligación moral de continuar apoyando a Ucrania mientras sea necesario. Para ello, Antonio Costa había convocado ya una cumbre urgente para el próximo 6 de marzo, a la que se ha adelantado Keir Starmer. El Reino Unido, pese a haber abandonado la Unión Europea, ha encontrado en la cuestión ucraniana la causa con la que mostrarse como líder continental y, junto a Francia, ha tomado la iniciativa.

El avión presidencial de Volodymyr Zelensky aterrizó en el Reino Unido el sábado por la tarde. El presiente ucraniano fue recibido en Downing Street por el primer ministro Starmer en un encuentro mucho más amable y sonriente al que había precedido una llegada flanqueada por varias centenas de personas que manifestaban su apoyo a Ucrania. En su encuentro con el premier británico, el Reino Unido se comprometió a entregar a Ucrania 5.000 misiles para la defensa aérea y confirmó la concesión de un crédito por valor de 2.740 millones de euros, un alivio financiero a corto plazo y un aumento de deuda a largo plazo sin el que Ucrania no puede subsistir. El domingo por la tarde, se celebró en Londres la cumbre «Securing our Future» a la que Starmer había convocado a una serie de selectos dirigentes. Como ocurriera hace unas semanas con la reunión convocada por Emmanuel Macron, los países bálticos protestaron su exclusión. Al contrario que en la convocatoria de Macron, en esta ocasión sí participó, por ejemplo, Justin Trudeau, que en su fase final de mandato, ha hecho de Ucrania una de sus principales causas.

La principal conclusión de las maniobras diplomáticas de este fin de semana es que en este intento de control de daños, los países europeos son conscientes de que no pueden actuar solos. “¿Puede Europa enfrentarse a Rusia en Ucrania sin el apoyo del ejército estadounidense?”, se preguntaba ayer la BBC presentando un dilema que, al menos por el momento, no es real. Cuando aún no han comenzado las negociaciones, los países y medios europeos se plantean ya qué ocurriría con una misión de disuasión europea enviada a Ucrania tras el acuerdo si se produjera un ataque ruso. Todo gira en torno a qué haría Estados Unidos. En otras palabras, los países europeos son conscientes de que su capacidad de movilización de financiación -y en estos tres años ha quedado claro que, cuando hay voluntad, es posible encontrar los fondos necesarios para una necesidad, especialmente si es bélica- no se traduce en potencia militar. “La UE y Estados Unidos tienen un interés común en una paz justa y duradera en Ucrania, una paz a través de la fuerza”, afirmó Anouar El Anouni, portavoz de Exteriores de la UE, para subrayar que “debemos situar a Ucrania en la posición más fuerte posible ante cualquier conversación”. Como es habitual, todo es culpa de Rusia y “lo importante ahora es asegurarnos de no caer básicamente en las trampas que Rusia está tendiendo”. En la misma línea se mostraba Mark Rutte, secretario general de la OTAN, que llamaba a Ucrania a reparar la relación con Estados Unidos. “Creo que Zelensky tiene que encontrar alguna forma de recomponer su relación con Trump”, afirmó a la BBC. El líder de la OTAN insistió también en que Ucrania debe “reconocer todo lo que ha hecho Estados Unidos” en estos tres años.

Tras el fiasco del viernes en el Despacho Oval, al igual que hace unos meses cuando Trump comenzó a hablar de paz o cuando se anunció la conversación con Vladimir Putin, los países europeos reaccionaron alabando a Ucrania, destacando su coraje y valentía -aplicable no a todo el pueblo ucraniano, sino al que lucha en el lado correcto del frente o el que se ha refugiado de la guerra huyendo al oeste y no al este- y prometiendo una movilización de “varios centenares de miles de millones” en defensa del país. Sin embargo, la realidad manda y las garantías de seguridad, principal -quizá única- obsesión de Ucrania, siguen dependiendo de la participación de Washington.

“Europa está preparada para contingencias y para ayudar a financiar nuestro gran ejército. También necesitamos el papel de Estados Unidos en la definición de las garantías de seguridad: qué tipo, qué volumen y cuándo. Una vez establecidas estas garantías, podremos hablar de diplomacia con Rusia, Europa y Estados Unidos. La guerra por sí sola es demasiado larga, y no tenemos armas suficientes para expulsarlos del todo”, escribió Zelensky el sábado. Pese a la evidente negativa de Trump a tratar las garantías de seguridad, que pretende dejar en manos de los países europeos, ese paso es, como Ucrania ha dejado claro desde hace meses, el paso más importante de la negociación. Solo entonces, podrá darse el siguiente paso, incorporar a la UE, para finalmente, presentar unos términos a Rusia.

En esa labor, Keir Starmer anunció ayer que el Reino Unido, Francia y Ucrania preparan una propuesta conjunta de alto el fuego que presentarán a Estados Unidos, el país excepcional e imprescindible que tiene que dar el visto bueno. A juzgar por las declaraciones de Starmer, que afirmó que quiere “botas británicas sobre el terreno y aviones en el aire”, todo índica que se trata de una versión ampliada a más países -una coalición de voluntarios, “coalition of the willing”, misma frase utilizada por George W. Bush para Irak- de la propuesta anglo-francesa de envío de una misión de paz de países europeos miembros de la OTAN -lo que garantiza el rechazo ruso- que Starmer y Macron presentaron por separado a Donald Trump la semana pasada. El intento de los países europeos de recomponer lo que se fracturó el pasado viernes ha comenzado y la ofensiva se centrará en conseguir esas garantías de seguridad que Zelensky exige, no para detener la guerra, sino para iniciar una negociación que pudiera conseguirlo más adelante.

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