Tal y como estaba previsto, el Consejo de Europa logró ayer el deseado acuerdo para la financiación de Ucrania. Pese a haber mantenido en el pasado una postura crítica, todo indicaba que el primer ministro de Hungría, que ya había comenzado a desandar el camino que le había llevado al veto en la anterior reunión, no iba a bloquear en esta ocasión una decisión que siempre estuvo clara. La apertura de Hungría a aceptar el acuerdo y los primeros pasos dados la semana pasada con la aprobación de un fondo de asistencia militar por parte de Orbán dejaban claro que, en esta ocasión, no iba a haber sorpresas. Por activa y por pasiva, la Unión Europea como bloque y algunos de sus principales países a título individual han insistido en vincular la supervivencia de Ucrania en su forma actual, es decir, sin aceptar concesiones territoriales, con la propia existencia y seguridad del bloque. Y pese a las críticas y una postura propagandísticamente dura, Hungría nunca se ha opuesto al fondo, sino únicamente a las formas. Y es posible que Budapest espere utilizar este voto favorable a Ucrania en negociaciones futuras, como la de la cuestión del gas. Hungría no ha obtenido “ningún regalo”, afirmó tras la cumbre Emmanuel Macron.
En un aparente guiño a Hungría, que así lo había exigido, el Consejo de Europa añadió la posibilidad de revisión de la financiación de forma anual, para lo que será precisa, eso sí, unanimidad, lo que anula completamente la posibilidad de bloqueo de uno o varios países descontentos con el compromiso de la UE con la continuación de la guerra. Justificando su voto favorable a la financiación, Viktor Orbán había alegado antes que la ausencia de veto se debía a haber logrado “garantías de control de los pagos”, un argumento cuestionable teniendo en cuenta que Kiev es consciente de tener vía libre para actuar a su antojo sin riesgo de encontrarse con una reprimenda de Bruselas. Vincular directamente el futuro del bloque con el de la victoria de Ucrania en la guerra contra Rusia implica ese tipo de concesiones.
Horas antes de la cumbre, representantes del establishment político tanto de la Unión Europea como de Ucrania habían acudido a la prensa o a las redes sociales para destacar la importancia de lo que ayer iba a anunciarse. “El país necesita desesperadamente munición, ahora y a largo plazo, para defenderse de la agresión rusa”, escribió en las redes sociales el primer ministro neerlandés Mark Rutte para presentar un artículo publicado el miércoles en Financial Times en el que el alemán Olaf Scholz, la danesa Mette Federiksen, el checo Petr Fiala, la estonia Kaja Kallas y el propio Rutte defendían la necesidad de aumentar la asistencia a Ucrania hasta la victoria final. “Rusia no va a esperar a nadie y necesitamos actuar ahora”, afirmaban, para añadir que “si Ucrania pierde, las consecuencias y costes serán mucho más elevados para todos nosotros. Nosotros los europeos tenemos una responsabilidad especial. Así que tenemos que actuar. El futuro de Europa depende de ello”. “Es vital para nuestra propia seguridad y libertad”, concluía Rutte en su mensaje en las redes sociales. La libertad y la seguridad de Europa dependen ahora de un país que se negó a investigar el asesinato masivo de la Casa de los Sindicatos de Odessa, que inició una operación antiterrorista contra la parte de su población que rechazó el cambio irregular de Gobierno que se había producido en Kiev y que firmó un acuerdo de paz que sabía que jamás cumpliría al considerar que los derechos políticos que otorgaba a Donbass eran inaceptables. También durante esos años, el apoyo de la Unión Europea a Ucrania fue prácticamente incondicional. La invasión rusa solo ha introducido en la agenda política de Bruselas la cuestión militar.
“La UE está teniendo una buena y adecuada discusión ahora mismo. No solo en las cumbres, sino también entre bastidores”, escribía ayer por la mañana Mijailo Podolyak, que añadía que el bloque tenía dos opciones: continuar con las dudas o actuar con decisión. Una vez más, el asesor de la Oficina del Presidente exigía “aumentar fuertemente los suministros militares a Ucrania y llevar la guerra hacia la obligatoria derrota de Rusia. Más rápido, más grande, sin burocracia, juntos”, sentenciaba. En la misma línea se mostraba tras la reunión el presidente del Consejo de Europa. “Tenemos un trato. #Unidad”, escribió, exultante, Charles Michel al anunciar el voto favorable de los 27 miembros de la UE a los 50.000 millones de euros para cuatro años con los que la Comisión Europea “blinda una financiación firme, a largo plazo y predecible” para Kiev. De ellos, 33.000 millones de euros corresponden a créditos, contribuyendo así a la acumulación de una deuda cuyo servicio supone actualmente alrededor del 8% del gasto de Ucrania.
La asistencia y los compromisos a largo plazo han sido la seña de identidad de la aportación de la Unión Europea (como bloque, aunque no necesariamente de sus países a título individual, que en muchos casos han añadido asistencia militar propia a la común) frente a las ayudas a corto plazo estadounidenses. Mientras Washington aporta el grueso de la asistencia militar, Bruselas se ha encargado de garantizar una mínima estabilidad económica y financiera del Estado ucraniano, que pese a las compungidas súplicas en busca de mayor financiación, se jacta de haber logrado un crecimiento mucho más elevado que el de cualquiera de los países de la UE. Aun así, Zelensky ha advertido -o amenazado- de la posibilidad de verse obligado a interrumpir los pagos de pensiones en caso de no obtener nuevos fondos, una admisión explícita de la dependencia absoluta de Ucrania de la financiación enviada por sus aliados, que actualmente sostienen al Estado, pagan a sus soldados y les surten del material militar con el que continuar luchando.
La financiación europea está, al menos en parte, dirigida a preservar las instituciones y el Estado en sí, un paso necesario para hacer posible que el ejército se mantenga en pie, aunque insuficiente a ojos de Zelensky. La razón de ser del Estado ucraniano es la guerra, que debe lucharse hasta la recuperación de la integridad territorial según sus fronteras de 1991, y la financiación europea no alcanza para hacerlo. El presidente ucraniano ya había afirmado a principios de esta semana que la aportación europea sería escasa en caso de desaparecer o reducirse la estadounidense y la aprobación de 50.000 millones de euros a entregarse entre 2024 y 2027 no han cambiado su opinión. El exigente líder ucraniano no perdió tiempo y tras agradecer a sus socios la nueva financiación demandó 5.000 millones de euros más al año en asistencia militar. Para ello, Zelensky apeló al argumento norcoreano, una falsa amenaza que resulta tremendamente eficaz para movilizar a sus socios occidentales.
“La inteligencia ha confirmado que Rusia recibirá un millón de municiones de artillería de Pyongyang”, afirmó Zelensky, consciente de que ningún medio occidental va a cuestionar si la inteligencia militar ucraniana dice la verdad o si el argumento es simple desinformación para justificar más peticiones. Curiosamente, la cifra dada por Zelensky es la misma que la Unión Europea prometió en marzo de 2023 que entregaría a Ucrania en doce meses. El miércoles se conoció que los 27 solo serán capaces de entregar algo más de la mitad de esa munición, lo que ha dado pie a Ucrania a volver a argüir que sufre una fuerte escasez. El argumento contrasta con el reciente aumento de los bombardeos de artillería en lugares con escasos objetivos militares como los centros urbanos de Donetsk y Gorlovka, donde Ucrania sigue quemando munición a pesar de esas carencias que afirma sufrir.
Las exigencias de más esfuerzos seguirán siendo una de las bases del discurso ucraniano y también del europeo. Tampoco Úrsula von der Leyen quiso malgastar tiempo y, al anunciar los nuevos fondos, afirmó que «hoy, con los 50.000 millones de euros, hemos demostrado nuestro apoyo a Ucrania y creo que será también un aliento para que Estados miembros asuman su parte”. La Unión Europea garantiza sus fondos colectivos, aunque espera también que los países miembros aumenten, a título individual, su aportación a la seguridad de Ucrania, es decir, a la guerra.
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