Desde 2014, la idea de que “Rusia es culpable” se ha convertido en una de las principales bases del discurso ucraniano. En estos años, mucho antes de que las tropas rusas cruzaran las fronteras de Ucrania, Moscú fue culpable de los asesinatos selectivos que ahora sabemos por fuentes occidentales que fueron obra del SBU, de las divisiones políticas, de la existencia de una parte de la población que no aceptó el cambio de Gobierno de febrero de 2014 o de la crisis económica en Ucrania. Más allá de las fronteras de Ucrania, Rusia es ahora también culpable de la situación en Oriente Medio, el hambre mundial y el aumento de los flujos migratorios, tanto los reales como los imaginarios. Por supuesto, Rusia ha sido culpable de la infiltración de sus agentes en Ucrania. Escasos son los políticos ucranianos relevantes que no han sido acusados de ser agentes rusos o han acusado a otros de serlo.
La invasión rusa del 24 de febrero de 2022 y la guerra hasta el final a la que Ucrania y sus socios condenaron al conflicto al rechazar la posibilidad de buscar una solución diplomática han hecho posible que culpar a Rusia de todos los problemas del país y prácticamente del mundo sea incluso más sencillo. Y no es solo Ucrania quien se adhiere firmemente a esta línea. En septiembre se produjo un ejemplo claro. Un bombardeo en la localidad de Konstantinovka, en la región de Donetsk bajo control ucraniano, causó la muerte a decenas de civiles en el mercado de la localidad. Ucrania y la prensa occidental en bloque culparon automáticamente a Rusia. Los titulares simplemente aplicaban la lógica que ha venido utilizándose en los últimos 20 meses y en los ocho años anteriores: la adjudicación de la culpa ha sido siempre automática en los casos en los que los bombardeos se han producido en territorio bajo control ucraniano, mientras que toda información sobre los ataques en las zonas bajo control de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk o directamente en Rusia han sido presentados como alegaciones rusas. Fue así en el lejano 2014, durante los años del proceso de Minsk y, de forma absolutamente exagerada, en los últimos meses.
Konstantinovka, situada a escasos kilómetros del frente en la parte de la región de Donetsk bajo control ucraniano, había sido, sin duda, bombardeada por Rusia. Las autoridades ucranianas fueron un paso más allá y dieron por hecho que se trataba de un bombardeo deliberado. Según esta fanática y falaz versión, Moscú buscaba castigar a la población civil en su genocidio del pueblo ucraniano. Para entonces, las dudas sobre la dirección del proyectil que había causado la explosión habían llegado ya incluso a la prensa occidental, que hubo de matizar los hechos. Varios días después, y con pruebas contundentes, The New York Times daba la razón a la versión rusa: la explosión no se debió a un misil o a la artillería rusa sino a la defensa aérea ucraniana tal y como había argumentado Moscú desde el primer momento. Al contrario que otros ataques atribuibles a Moscú, el bombardeo de Konstantinovka desapareció rápidamente de la lista de agravios de Ucrania y de los incidentes a investigar. Lo mismo ocurrió un año antes, por ejemplo, con el caso de Kramatorsk, donde un Tochka-U, arma que no estaba siendo utilizada por Rusia ni por las Repúblicas Populares, causó la muerte de decenas de civiles que se agolpaban en los alrededores de la estación de tren de la ciudad para huir de la llegada de la guerra.
La desaparición de esos incidentes de la memoria colectiva de la guerra no es incompatible con su uso político contra Rusia. El mismo artículo que desmontaba paso a paso las alegaciones ucranianas en Konstantinovka seguía culpando a Rusia por la muerte de medio centenar de personas bajo el argumento de que Moscú comenzó la guerra. Esa ha sido también la estrategia de los oficiales ucranianos que, sin aceptar abiertamente la versión del misil antiaéreo, se han visto con la obligación de desandar sus pasos para matizar ligeramente los hechos.
Culpar a Rusia de todas las muertes de la guerra es una estrategia básica de Ucrania que no solo busca un efecto informativo sino legal y económico. Una de las exigencias del plan de paz de Volodymyr Zelensky es la de la creación de un tribunal para juzgar los crímenes de guerra, eso sí, únicamente los rusos. Otro de los puntos importantes del acuerdo es el de las reparaciones de guerra: Rusia ha de cargar con el coste de toda la guerra. Rusia es culpable, de la actual guerra y de la de 2014, por lo tanto ha de ser Moscú quien cargue con las consecuencias legales y económicas. Esta versión elimina deliberadamente todo lo ocurrido antes de 2022 y especialmente todo lo ocurrido en Donbass. La actual guerra rusoucraniana ha hecho olvidar el componente civil de la guerra de Ucrania, ya de por sí silenciado por los grandes medios de comunicación durante los años en los que Kiev saboteaba activamente el único acuerdo de paz existente. Lo ocurrido en Donbass durante los prácticamente ocho años que transcurrieron entre la invención -tal y como admitió Andriy Parubiy, en aquel momento presidente del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa- de la operación antiterrorista para justificar el uso de las fuerzas armadas en territorio nacional contra la rebelión de Donbass y el 24 de febrero de 2022 ha sido silenciado, olvidado y reescrito para culpar a Moscú también de los actos ucranianos en los años en los que las Fuerzas Armadas de Ucrania y sus batallones asociados -entre ellos las unidades de asesinatos selectivos- eran las únicas agresoras. Parafraseando el famoso discurso de Serrano Suñer previo a la marcha de la División Azul al frente oriental, Rusia es culpable también de la guerra civil.
Esa postura se ha mostrado esta semana tanto en la prensa como en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a raíz de uno de los últimos ataques ucranianos contra la ciudad de Donetsk, castigada desde 2014 sin más objetivo militar que atemorizar a la población. Durante los años de guerra en Donbass, la disponibilidad de medios y la situación general hacía imposible el uso de artillería contra el centro de la ciudad, algo que cambió radicalmente en febrero de 2022. Los bombardeos de artillería contra barrios al azar e incluso el centro de Donetsk han sido prácticamente diarios -salvo en los momentos en los que la munición de 155 mm ha escaseado en Ucrania- desde la última semana de mayo del pasado año. El 7 de noviembre, uno de los tres bombardeos de ese día causó la muerte de seis civiles en un edificio del centro de la ciudad. El goteo de muerte de civiles en la ciudad más grande de Donbass aumenta sin que esa población civil sea tenida en cuenta.
En ocasiones anteriores, Ucrania se ha protegido de las acusaciones rusas alegando autobombardeos rusos de sus propias ciudades. Sin embargo, en esta ocasión, Kiev ha optado por justificar los bombardeos de objetivos que nada tienen de militar a base de culpar a Rusia. “Ucrania responsabiliza a Rusia de todas las muertes de la guerra ante el Consejo de Seguridad de la ONU”, titulaba Europa Press horas después de la celebración de la sesión que Rusia había convocado para denunciar los indiscriminados bombardeos rusos de Donetsk. El artículo citaba al representante ucraniano denunciando la “práctica inaceptable del Estado agresor, que está abusando de su presencia en el Consejo para elidir su responsabilidad por la guerra y culpar a la víctima de la agresión”. “En el debate posterior”, explica la prensa de la ONU, “varios delegados arremetieron contra la Federación Rusa por haber convocado la reunión, afirmando que era la única responsable de todas las muertes resultantes de su guerra de agresión contra Ucrania”.
Rusia es culpable, según Ucrania y los países occidentales, de las muertes de Donbass por haber iniciado la guerra, cuyo detonante no fue ninguna invasión rusa sino el envío de tanques ucranianos para aplastar un movimiento que, a excepción de un pequeño foco en Slavyansk, era civil, local, político y desarmado. Rusia es culpable también del fracaso de los acuerdos de Minsk, que Ucrania admite ya que nunca tuvo intención de implementar. Ahora, Ucrania acusa a Rusia de culpar a la víctima de la agresión al referirse a los bombardeos ucranianos contra la población de Donbass, la principal víctima de esta guerra que pronto alcanzará su décimo aniversario sin haber recibido nunca reconocimiento ni solidaridad a nivel nacional o internacional. Estas víctimas de segunda para Kiev y para Occidente son ahora utilizadas como argumento de Ucrania para culpar a Rusia de sus propios bombardeos.
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