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Anticomunismo, Donbass, Nacionalismo, Rusia, Ucrania

Mi “vergüenza ucraniana”

Artículo Original Andrey Manchuk

En lengua rusa, hay una expresión llamada “vergüenza española”, que llegó a través del inglés y se refiere a la vergüenza que una persona siente por las palabras o los actos de otros. Al ver los intentos de discriminar a la población de habla rusa en Ucrania, al escuchar al presidente del Parlamento Parubiy, al leer los posts de Farion y Nitsoy incitando al odio contra la población rusófona, a menudo siento esa sensación. Aunque esos chovinistas y yo no tenemos nada en común y no debería sentirme responsable por sus actos.

Obviamente, esto no tiene nada que ver con España, donde al menos se ha intentado buscar una solución democrática a la cuestión de la lengua. Como pude comprobar en España, los folletos turísticos están en castellano, pero también hay traducciones en lengua catalana, vasca y gallega. Por eso llamo a este sentimiento “mi vergüenza ucraniana” y ayer [en referencia al día en que se aprobó la ley-Ed] tuve esa fuerte sensación tras la aprobación de la polémica y anticonstitucional ley sobre los derechos exclusivos de la lengua ucraniana [por encima de otras lenguas que se hablan en el país, especialmente el ruso, lengua materna de una parte importante del país-Ed].

Esta ley no me amenaza a mí personalmente. La lengua ucraniana, junto a la rusa, es mi lengua materna. Crecí en una familia ucraniana y en el pueblo, mi familia política solo habla ucraniano en el día a día, no en el lenguaje literario de Poltava y el Dniéper, sino en el dialecto de Volinia Polesia, lleno de regionalismos e influencia del polaco. Aprendí ucraniano desde la infancia y en la buena escuela soviética, donde los profesores con talento nos inculcaron el amor a los clásicos ucranianos. Mis padres tenían gran cantidad de libros ucranianos, incluidas nuevas publicaciones de autores ucranianos y literatura extranjera, que se publicaron masivamente por varias editoriales y que traducían también al ruso a Shakespeare, Cervantes, Dante, Balzac, Goethe o Mark Twain.

“Sobre la cuestión de la política lingüística en la Unión Soviética. Los partidarios del actual bando en el poder hablan sobre lo mala que fue la URSS para la lengua ucraniana. En mi niñez había dos canales de televisión íntegramente en ucraniano. Además de la televisión, pregunten las cifras de circulación de los libros de autores ucranianos que se publicaban. Mi abuelo era periodista y sus ensayos periodísticos fueron publicados con una tirada que para el momento era modesta: India-31.000 copias, Japón, 49.690 copias, Australia-65.430 copias. La mayor parte de los escritores ucranianos actuales ni siquiera se pueden permitir soñar con esas cifras”, escribió la periodista de Kiev Aksinia Kurina.

He escrito numerosos textos en ucraniano, algunas veces he compuesto versos y siempre me ha gustado memorizar e interpretar canciones de escritores ucranianos poco conocidos. Durante muchos años incluso lideré el proyecto online Ukrevcult, que busca preservar ejemplares poco conocidos de escritores y poetas medio olvidados de primera mitad del siglo pasado, que ideológicamente no son aceptables para Vyatrovich y Kirilenko.

Los nacionalistas ucranianos hacen como si estuvieran actuando en mis intereses, al fin y al cabo explican, de forma hipócrita, que sus actos buscan proteger a los ciudadanos ucranianos. Sin embargo, me avergüenzo de su vergonzosa ley porque, utilizando la lengua, el Gobierno nacionalista busca artificialmente infringir los derechos de mis compatriotas rusófonos en favor de los ciudadanos ucranianos de la etnia “titular” de la nación.

Al haber viajado a todas las regiones de Ucrania, conozco a muchas personas que han vivido en un ambiente históricamente de habla rusa. Y el hecho de que se intente, con persistencia, impedir que utilicen su lengua materna en el servicio público, en la educación, en la prensa, televisión, radio, cines y teatros y, en general, en la esfera pública, que incluye la medicina, es insultante e injusto.

No es una exageración decir que la ley sobre el uso de la lengua es la culminación del curso nacionalista que se tomó tras la victoria de Maidan en un país multicultural en el que convivían varias lenguas. Muestra las consecuencias del constante giro a la derecha, la política de descomunización del Gobierno ucraniano ha surgido de forma natural con la negación de los principios fundamentales de la democracia burguesa: “libertad, igualdad, fraternidad”. Los ciudadanos de este Estado, al que pagan impuestos, deberían ser capaces de ejercer sus derechos constitucionales al margen de su lengua, religión u opción política. Pero esa igualdad ya no existe porque las restricciones al uso de la lengua materna automáticamente amenazan con convertirles en “ucranianos de segunda”. En Ucrania, como si se tratara de una farsa, la libertad [Svoboda] y fraternidad [Bratstvo] hace tiempo que se han convertido en nombre de partidos de extrema derecha que activamente abogan por la discriminación contra la población de habla rusa.

Todo esto era de esperar, aunque hace cinco años mucha gente se reía a carcajadas cuando trataba de alertarles de que el nuevo Gobierno se iba a empeñar en dividir a la sociedad, limitar las libertades, desatar las manos de los neonazis, introducir censura para reescribir la historia, demoler monumentos, cambiar los nombres de calles y ciudades y que después iba a marginar a la población de habla rusa. Sin embargo, era evidente que ese era el futuro de Ucrania para la clase intelectual liberal de habla rusa, aunque entonces esas declaraciones fueron calificadas como historias del Kremlin. Incluso ahora, una parte de los patriotas ucranianos se pegan un tiro en el pie al limitar la lengua en la que ellos mismos hablan y escriben.

“La adopción de la draconiana ley sobre el uso del lenguaje, una ley que viola la Constitución. La legislación es contraria a la voluntad del 75% de los ucranianos. Una ley que impone una sociedad monoétnica en el siglo XXI por medio del antediluviano Parlamento sovok [soviético] y así divide al país y expulsa definitivamente a Donbass. Estoy sorprendida de lo rápido que mis colegas literarios de habla rusa han empezado a esconderse ante el miedo al conflicto étnico. ¿Cobardía o trauma, chicos?”, se preguntaba la poetisa de Kiev Evgenia Bilichenko. Pero en este caso no es un caso de “vergüenza española” sino de síndrome de Estocolmo, en el que las víctimas protegen a sus agresores.

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