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2 de mayo, Batallón Azov, Enfrentamientos, Euromaidan, Extrema Derecha, Fascismo, Intercambio prisioneros, Nacionalismo, Odessa, Praviy Sector, Right Sector, Sector Derecho

Ucrania contra Evgeny Mefedov

Evgeny Mefedov en una de las últimas vistas.

Evgeny Mefedov en una de las últimas vistas.

Dos años después de una masacre que costó la vida a medio centenar de personas, la inmensa mayoría en el incendio provocado por los cócteles Molotov lanzados por los nacionalistas contra la Casa de los Sindicatos, Ucrania sigue centrada en juzgar únicamente a activistas anti-Maidan, sobre los que intenta cargar la culpa de lo ocurrido en Odessa el 2 de mayo de 2014. Para ello, y para culpar a la intervención de Moscú que nunca existió, ha sido de especial utilidad el pasaporte ruso de dos de los acusados en el juicio del 2 de mayo: Maxim Sakauov y especialmente Evgeny Mefedov. Ambos residían en Odessa desde antes del golpe de Estado que derrocó a Yanukovich y no hay pruebas suficientes para obtener una condena. Tras dos años de un proceso judicial con el que Ucrania no ha logrado condenar a ninguno de los acusados, y en el que la extrema derecha ha intervenido activamente, su caso parece dirigirse hacia el final más previsible: el intercambio por ciudadanos ucranianos encarcelados en Rusia.

A pesar de las exigencias de sus socios extranjeros, organizaciones no gubernamentales o Naciones Unidas para llevar a cabo una investigación real sobre lo ocurrido en el campo de Kulikovo, Ucrania se ha mantenido firme y ha seguido adelante con un juicio en el que busca únicamente esclarecer las muertes de los nacionalistas que murieron la mañana del 2 de mayo de 2014 en los enfrentamientos que se produjeron en el centro de la ciudad.

Entre ellos siempre se ha dado prioridad a Igor Ivanov, líder del Praviy Sektor en Odessa y héroe de Ucrania a título póstumo. Murió tiroteado aquel día en el cruce entre la calle Deribasivsaya y Preobrazhenskaya que ahora preside su fotografía, siempre acompañada de flores, y a pocos metros de la plaza Grecheskaya, donde nacionalistas y un centenar de seguidores celebraron el 2 de mayo de este año una misa funeral en su memoria. La muerte de Ivanov no solo se ha utilizado para criminalizar a los colectivos anti-Maidan sino también para garantizar la presencia del Praviy Sektor, especialmente de su actual líder Serhiy Sternenko, y otros grupos nacionalistas en cada momento del proceso judicial y político que lo ha acompañado.

Acto homenaje a Igor Ivanov en la plaza Grecheskaya de Odessa el 2 de mayo de 2016

La memoria selectiva ucraniana ha olvidado que no solo murieron en los enfrentamientos de la mañana del 2 de mayo de 2014 en el centro de la ciudad activistas “pro-ucranianos”, nacionalistas, sino que también murieron o resultaron heridos activistas anti-Maidan, habitualmente calificados como “pro-rusos” o “separatistas”. Allí murió por una herida de bala en el pecho Gennady Petrov. En su intervención en el acto que conmemoraba el segundo aniversario de la masacre, su madre le definió como un simple ciudadano de Odessa, ni separatista, ni agente ruso. Momentos antes, había tenido que aguantar las burlas de parte de la prensa ucraniana cuando, destrozada por el dolor, no encontró las fuerzas para lanzar, junto a otras madres, globos negros o una de las palomas de la paz al aire.

Ucrania pretende hacer olvidar también la visita de Andriy Parubiy, entonces presidente del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional y hoy presidente del parlamento, a los radicales nacionalistas o el papel de estos en la preparación del verdadero objetivo de aquel fin de semana: la destrucción del campamento anti-Maidan situado frente a la Casa de los Sindicatos en el campo de Kulikovo.

Pese a tratarse de un grupo variado, formado por activistas de diferentes sensibilidades e ideologías y que con el tiempo habría acabado por fragmentarse por sus propias contradicciones internas, Kulikovo se había convertido en el centro de las protestas que en los meses posteriores al golpe de Estado de febrero de 2014 se produjeron en la ciudad. Las protestas culminaron con una serie de grandes manifestaciones el 1 de mayo y las espontáneas movilizaciones para exigir la puesta en libertad de los detenidos tras el 2 de mayo, todos ellos supervivientes de la masacre de la Casa de los Sindicatos, en lo que el periodista de Odessa Artyom Buzila ha llamado “la última batalla de Odessa”.

Con su presión, sus gritos y sin más armas que sus manos, la población de Odessa consiguió liberar a los supervivientes encarcelados en una victoria que no podía durar. La resistencia se apagó desde el momento en que el shock que había supuesto el incendio de la Casa de los Sindicatos, y la actuación de las autoridades aquel día, se unió a las detenciones y amenazas a todo el que pudiera convertirse en líder de un movimiento opositor fuerte.

Maxim Sakauov y Evgeny Mefedov fueron solo dos de las docenas de personas detenidas aquellos días acusadas de los disturbios en el centro de la ciudad, única parte de lo ocurrido aquel día que Ucrania estuvo interesada en llevar a juicio. Apagada la ira inicial de la población por las detenciones de supervivientes de la Casa de los Sindicatos y por el absoluto desinterés de Ucrania por investigar el lanzamiento de cócteles Molotov que prendieron fuego a la Casa de los Sindicatos, el silencio dio paso a un apagón mediático que ha facilitado la labor ucraniana de criminalizar a las víctimas y a los supervivientes en lugar de buscar a los culpables.

Salvo en contadas excepciones, la prensa ha evitado seguir un juicio plagado de retrasos, irregularidades, pruebas que convenientemente desaparecían y constantes presiones de la extrema derecha, siempre presente y siempre con intención de obstaculizar el proceso y amenazar a acusados, familiares o jueces. La prensa ha llegado a ignorar que al menos dos de los injustamente acusados por el caso del 2 de mayo, supervivientes del incendio de la Casa de los Sindicatos, fueron entregados a la RPD, intercambiados como prisioneros de una guerra en la que no habían participado.

Miembros del Praviy Sektor el 2 de mayo de 2016

Miembros del Praviy Sektor el 2 de mayo de 2016

El papel de los nacionalistas

En julio de 2015, un reportaje de Associated Press apuntaba a Todor Panevsky como líder de un grupo de vigilantes que buscaba sustituir a las autoridades policiales que, en su opinión, habían abandonado la lucha contra el separatismo y la quinta columna pro-rusa. En una ciudad en la que, pese a la agresiva propaganda y los constantes intentos de recabar apoyos para la causa nacionalista, la identidad local sigue siendo más importante que la nacional, cualquier disidencia es pro-rusa para las “autodefensas de Odessa” de Panevsky. Junto a ellos actúan habitualmente colectivos similares como Automaidan, la sección local del cuerpo civil de Azov y, sobre todo, el Praviy Sektor de Serhiy Sternenko.

Esa organización y la complicidad de las autoridades, que les permite actuar con total impunidad, ha dado a los grupos nacionalistas un poder ilegítimo, basado en la fuerza y que no se corresponde con el apoyo popular para su ideología, prácticamente inexistente en una ciudad que no es nacionalista.

La presencia de estos grupos, y especialmente de sus dos líderes principales, Panevsky y Sternenko, no ha dejado de aumentar en los últimos meses, siempre facilitando la labor de las autoridades contra la mínima resistencia que supone Kulikovo o contra cualquier acción no aprobada por el nacionalismo. Un nacionalismo que, a pesar de todo, cuenta con unapoyo muy limitado entre la población de la ciudad.

En el último año, estos grupos han presionado y coaccionado a los negocios rusos, han tratado de sabotear muchos de los encuentros que el día 2 de cada mes se celebran en Kulikovo y han intentado impedir todo acto que los nacionalistas, y también las autoridades de la región, han considerado “pro-ruso”, ya fuera la celebración del día de la liberación de Odessa (el 10 de abril), o la pequeña protesta que se produjo este fin de semana contra la idea de renombrar la avenida del mariscal Zhukov por la de las “Centurias Celestiales”.

El 2 de mayo, cuando el Praviy Sektor había anunciado una movilización total para evitar provocaciones, su intervención no fue necesaria para sabotear el acto en memoria de los fallecidos en la casa de los sindicatos. La crueldad de las autoridades y un conveniente y falso aviso de bomba fueron suficientes. Los familiares de las víctimas y los miles de ciudadanos de Odessa que ese día se acercaron a Kulikovo a presentar sus respetos a los allí asesinados tuvieron que hacerlo de forma indigna, lejos del lugar en el que se produjo la masacre.

Los nacionalistas, liderados por Sternenko, sí fueron útiles para que se cumpliera el segundo objetivo de aquel día: evitar que la pequeña delegación del Bloque Opositor llegara hasta Kulikovo. Sin posibilidad objetiva de impedir su llegada a Odessa, las autoridades permitieron que un pequeño grupo de militantes de extrema derecha bloqueara las salidas del aeropuerto para obligar a la delegación a regresar de forma apresurada a Kiev. Sternenko y Panevsky no fueron capaces de derrotar a las madres de Kulikovo y a la ciudadanía de Odessa, pero cantaron victoria al haber impedido la fotografía de Yuriy Boyko, principal figura del Bloque Opositor, y otros miembros del partido frente a la Casa de los Sindicatos.

Sternenko pasa revista a sus tropas antes del acto homenaje a Igor Ivanov

Sternenko pasa revista a sus tropas antes del acto homenaje a Igor Ivanov

Sternenko y Panevsky contra Evgeny Mefedov

No hay otro ejemplo que mejor represente la complicidad entre los nacionalistas de extrema derecha y las autoridades que el juicio del 2 de mayo, especialmente en lo que respeta a los dos ciudadanos rusos acusados. Al contrario que Maxim Sakauov, miembro de una organización cosaca y que admite haber participado en las movilizaciones de las semanas previas al 2 de mayo, Evgeny Mefedov afirma haber tenido una participación limitada.

Las pruebas contra Mefedov se limitan a un vídeo de escasos segundos que le coloca en las inmediaciones de la plaza Grecheskaya, donde se produjeron los enfrentamientos, y cuya copia original desapareció hace meses. A ello se une el testimonio de Alexander Posmischenko, un testigo que ha cambiado su declaración tantas veces que ha perdido toda credibilidad.

El periodista Yuriy Tkachev, editor jefe de Timer, que pasó las noches posteriores a la tragedia escondido entre los arbustos del campo de Kulikovo para comprobar que Ucrania no escondía pruebas, define a Mefedov como un preso político. “Su único crimen es arder en la casa de los sindicatos y tener un pasaporte ruso”, escribió en su perfil de Facebook a finales de mayo.

Mefedov fue detenido en el hospital, donde se recuperaba de las heridas sufridas el 2 de mayo. Encarcelado desde entonces, Mefedov se ha visto sometido a un proceso de criminalización que aún continúa. En los últimos dos años, con la inestimable ayuda de Sternenko y sus aliados, Mefedov ha pasado de ser un simple residente en Odessa que tomó parte en una serie de manifestaciones hasta convertirse en un “terrorista” al que no se puede poner en libertad bajo ningún concepto. Para ello solo ha sido necesaria una fotografía en la que viste de militar, desarmado, en una manifestación en Odessa. Sin más prueba necesaria que esa imagen y su pasaporte ruso, Sternenko no solo ha creado una amenaza sino que ha creado también la solución.

Serhiy Sternenko presiona a los jueces en noviembre de 2015. Por primera vez, la extrema derecha evita la puesta en libertad de Evgeny Mefedov

Serhiy Sternenko presiona a los jueces en noviembre de 2015. Por primera vez, la extrema derecha evita la puesta en libertad de Evgeny Mefedov

Los jueces firmaron por primera vez la orden de puesta en libertad, bajo fianza y en régimen de arresto domiciliario, para Mefedov y otros detenidos a finales de noviembre del pasado año. Avisados de la inminente salida de prisión de los detenidos, activistas de Euromaidan, acompañados de miembros de Automaidan, Autodefensas de Odessa y Praviy Sektor, irrumpieron en el tribunal para exigir de dimisión de tres de los jueces. Con Sternenko sentado a la mesa junto a ellos, los jueces cedieron. A pesar de haber depositado ya una fianza de alrededor de $8.500, Mefedov volvió a prisión. Se había añadido otro cargo, el de separatismo, para dificultar que pudiera producirse una situación similar en meses posteriores.

Ni el escándalo que debería haber supuesto la forma en que la extrema derecha interfirió en un proceso judicial ni una huelga de hambre o un intento de autolesionarse en plena sesión del juicio fueron suficientes para llamar la atención de la prensa, que en su mayoría olvidó el caso hasta el mes de mayo. En este tiempo, Mefedov ha tenido que soportar los insultos de los nacionalistas y los constantes retrasos en un juicio que jamás ha avanzado. El intercambio de Nadia Savchenko por los rusos Evgeny Erofeyev y Alexandr Alexandrov volvió a hacer surgir la duda de por qué Rusia no había tratado de liberar a Evgeny Mefedov.

Apenas dos días después de dicho intercambio, Serhiy Sternenko lanzaba a través de las redes sociales un llamamiento a la movilización completa. Poco después se confirmaba que, sin pruebas para probar siquiera la presencia de Mefedov en los disturbios, los jueces habían dado por segunda vez orden de poner en libertad al acusado. El Praviy Sektor y otros grupos nacionalistas ya habían bloqueado el edificio del tribunal. Un vehículo militar rodeado de militantes formaba un puesto de control por el que Sternenko prometía que no pasaría el vehículo en el que viajara Mefedov.

El Praviy Sektor, y especialmente su líder, cantó de nuevo victoria el 27 de mayo. Sternenko admitía que solo era una pequeña victoria local, pero era una victoria al fin y al cabo. Mefedov había vuelto al calabozo, esta vez acusado de amenazas de muerte, con el agravante de odio racial o étnico, a Alexander Posmischenko, el testigo que lo acusaba en el caso del 2 de mayo.

El 7 de junio, cuando los abogados de Mefedov probaron que el acusado no había podido enviar el SMS amenazante a Posmischenko, que el testigo borró inmediatamente sin mostrárselo a nadie más, radicales de extrema derecha volvieron a bloquear la corte para prevenir lo que parecía inevitable: por tercera vez, los jueces iban a trasladar a Mefedov a arresto domiciliario. Y por tercera vez, con la inestimable ayuda de los nacionalistas, Mefedov regresó a prisión, esta vez por alterar el orden público.

Cuando al día siguiente los abogados de Mefedov confiaban en que su apelación al caso de amenazas diera resultado, la fiscalía había obtenido ya las pruebas necesarias para justificar la prisión preventiva para el acusado. Había nuevos testigos de las amenazas a Posmischenko: Panevsky y Sternenko.

Serhiy Sternenko se burla de Evgeny Mefedov en la última sesión ante el tribunal

Serhiy Sternenko se burla de Evgeny Mefedov en la última sesión ante el tribunal

Desde entonces, adelantándose a la especulación de la prensa, Sternenko volvía a apelar la petición que él mismo había registrado el 31 de mayo en la página web de la presidencia ucraniana para utilizar a los dos ciudadanos rusos acusados en el caso 2 de mayo para un intercambio por dos ciudadanos ucranianos condenados en Rusia. La petición tan solo ha recibido 199 firmas de las 25.000 necesarias para obligar al presidente de Ucrania a considerar la propuesta, aunque sí ha recibido el apoyo de diputados como Dmitro Yarosh o  Andriy Lozovoy, del Partido Radical de Oleh Lyashko.

Las autoridades ucranianas han admitido ya que los trámites para un posible intercambio están en marcha. Vasily Gritsak, director del SBU, informó esta semana que Ucrania había entregado ya las peticiones necesarias para proceder a los trámites diplomáticos. Los abogados de Gennady Afanasiev y Yuri Soloshenko, condenados en Rusia por planear acciones terroristas en Crimea y por espionaje respectivamente, ya han solicitado un indulto al presidente ruso, paso necesario para que el intercambio pueda tener lugar.

Viktor Medvedchuk, que gestionó con Vladimir Putin el último intercambio de condenados, ha dado a entender también que Rusia está interesada en repatriar a los dos detenidos en Odessa acusados en el caso 2 de mayo. Con la última detención, Ucrania ha ganado tiempo para gestionar un intercambio con el que evidentemente sale beneficiada. Ucrania recuperaría así a dos personas condenadas por acciones violentas, y que probablemente utilizará para su propaganda contra el Estado agresor, a cambio de deportar a Rusia a dos personas que residían en Odessa legalmente y a los que no consigue condenar, pero que no se puede permitir poner en libertad.

Pero a Ucrania se le acaba el tiempo. Todo indica que Mefedov no podrá ser condenado por el caso del 2 de mayo, por mucho que pudiera ser condenado por amenazas a Posmischenko gracias al testimonio de Sternenko y Panevsky, un delito que podría acarrear una pena de 5 años de cárcel. La ley Savchenko, que la voluntaria del batallón Aidar presentó en el tiempo que permaneció encarcelada en Rusia y que busca eliminar los abusos de la detención preventiva, da valor doble al tiempo que un detenido ha permanecido en prisión antes de la condena. Según dicha ley, Mefedov debería ser puesto en libertad tras haber cumplido dos años y medio de cárcel. Su cautiverio dura ya 25 meses, por lo que en cinco meses podría salir en libertad con el tiempo cumplido. Después de dos años de construir para él la imagen de un peligroso terrorista ruso, ni Ucrania ni los radicales nacionalistas en los que se apoya pueden permitirse esa opción.

Las declaraciones de los representantes ucranianos parecen indicar que el intercambio será inevitable, aunque Mefedov ha rechazado abiertamente esa posibilidad. Cara a cara con Todor Panevsky, Evgeny Mefedov le advertía que no aceptaría ser intercambiado por terroristas. Pero puede que su destino no esté en su mano y su opinión ni siquiera sea tenida en cuenta. Es posible, además, que un intercambio sea su única posibilidad para abandonar la cárcel de Odessa sin correr peligro de ser agredido y amenazado por la extrema derecha que tanto ha hecho por mantenerle en la cárcel.

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