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2 de mayo, Donbass, DPR, Ejército Ucraniano, Intercambio prisioneros, LPR, Odessa, Poroshenko, Prisioneros de guerra, Rusia, Ucrania, Uncategorized

Un intercambio de prisioneros con trampas

Después de meses de trabajo y negociaciones, Ucrania y las Repúblicas Populares de Donbass realizaron, finalmente, el intercambio de prisioneros más importante desde el final de las grandes batallas libradas en 2014 y 2015. Este primer gran intercambio de prisioneros en quince meses -todos los que se han realizado desde entonces se han logrado en formatos de “uno por uno” y en grupos pequeños- supone además un intento de cumplir uno de los puntos de los acuerdos de Minsk. Aunque los acuerdos exigen un intercambio según el formato “todos por todos” que no se ha producido y que prisioneros de guerra aún siguen en cautividad, el gran número de presos liberados supone un paso importante hacia el cumplimiento de ese punto del acuerdo, que siempre se consideró el más sencillo.

Días antes, en su comparecencia junto a la canciller Merkel en Alemania, el presidente ucraniano había exigido un rápido intercambio, comentario que, teniendo en cuenta que el proceso de negociación se encontraba en su fase final, pareció un intento oportunista de darse más importancia de la real en unos hechos ya pactados y en los que no había tenido un papel visible. Eso contrastaba con las imágenes de Vladimir Putin y Viktor Medvedchuk, encargado de las negociaciones, en su reunión de hace unas semanas, que culminó con la llamada del presidente ruso a los líderes de las Repúblicas Populares para confirmar su voluntad para realizar este intercambio. Finalmente, tanto la RPD como la RPL cumplieron con sus compromisos y -salvo el caso de una persona que prefirió no regresar a Ucrania- entregaron a todos los prisioneros que habían incluido en las listas. No se puede decir lo mismo de Ucrania.

Además de los medios locales y la prensa rusa y ucraniana, el intercambio ha logrado también captar la atención de grandes medios de comunicación internacionales. Algunos de ellos han querido ver un paso importante hacia la implementación de los acuerdos de paz firmados en Minsk hace más de dos años y medio. Sin embargo, la negativa de Ucrania -que continúa haciendo declaraciones que prometen represión contra quienes hayan colaborado con la PRD y la RPL cuando el territorio regrese a Ucrania- a negociar los puntos políticos del acuerdo o la amnistía para los participantes en la guerra refleja que esa opinión está basada en una interpretación de los acuerdos centrada en los puntos militares y que evita la situación política. Esa visión, centrada exclusivamente en los aspectos militares y evita los políticos, es precisamente la que Ucrania, con la inestimable ayuda de Estados Unidos, lleva meses intentando imponer.

También las organizaciones internacionales como Cruz Roja, que supervisó el proceso de intercambio sobre el terreno, han mostrado su satisfacción por el éxito del procedimiento. “Más de 300 detenidos en relación con el conflicto en Ucrania han sido liberados hoy con ayuda del Comité Internacional de la Cruz Roja. «Esto permitirá a muchas familias de ambos lados de la línea de contacto pasar las fiestas con sus seres queridos», afirma Alain Aeschlimann, director de Cruz Roja en Ucrania”, publicaba en su cuenta oficial Cruz Roja en Ucrania. Al igual que la prensa occidental y de gran parte de la prensa rusa y ucraniana, esta versión ha optado por restar importancia a las discrepancias entre el intercambio previsto, 306 por 74, y el número final de prisioneros liberados.

La alarma comenzó horas antes de que se produjera el intercambio. Varios de los abogados de los presos acusaron a Irina Gerashenko de haber seleccionado personalmente a una serie de presos que, pese a haber sido trasladados a la región de Donbass, no serían intercambiados. La vicepresidenta del Parlamento y representante de Ucrania en el Grupo de Contacto de Minsk habría seleccionado así a una quincena de presos que quedaron atrás cuando los presos fueron conducidos a los autobuses que los llevarían a los lugares de intercambio.

Entre esos abogados que denunciaron este cambio de planes de última hora se encontraban Tetiana Montyan, conocida por haber defendido el caso de Ruslan Kotsaba. La abogada ucraniana denunció a primera hora de la mañana que uno de sus clientes, de nacionalidad, estonia, no iba a ser intercambiado. Montyan añadía, además, que su cliente debía ser puesto en libertad según el acuerdo al que se había llegado con la fiscalía. Sin embargo, ni fue intercambiado ni puesto en libertad.

A las palabras de Montyan se unieron las del abogado Valentin Rybin, que denunció que tres de sus clientes tampoco iban a ser entregados a la RPD como estaba previsto. Entre ellos se encontraba Evgeny Mefedov, el caso más conocido ya que ha sido uno de los acusados en el caso del 2 de mayo que concluyó en Odessa el pasado mes de septiembre. Este ciudadano ruso residente en Odessa fue acusado de incitar y participar en los disturbios de la mañana del 2 de mayo de 2014 en la ciudad. Esos incidentes se saldaron con la muerte de seis personas (incluyendo el líder local del Praviy Sektor) esa mañana, horas antes de que los nacionalistas prendieran fuego al edificio de la Casa de los Sindicatos, causando casi medio centenar de muertos.

Mefedov resultó herido y fue detenido en los días posteriores al 2 de mayo. La acusación contra Mefedov se basaba, en su totalidad, en dos pruebas: menos de un segundo de imágenes que le colocaban en el lugar de los hechos y un testigo. El vídeo, que únicamente probaba la presencia del acusado en el lugar y no violencia alguna, desapareció hace meses. Tras demasiados cambios en su versión, el único testimonio que incriminaba a Mefedov fue rechazado por los jueces el pasado agosto. En aquel momento, Yuri Tkatchev, el periodista del medio de Odessa Timer resumió la situación afirmando que dos años y medio de vistas se habían ido “como se suele decir, al infierno”.

A pesar de la escasez de pruebas contra él, y en ocasiones contra el criterio de los jueces, Mefedov ha permanecido en prisión durante los tres años que ha durado la más que cuestionable investigación y la instrucción del caso. La presión de la extrema derecha para retirar su decisión de trasladar a arresto domiciliario a Mefedov y otros acusados o el inicio de nuevas causas contra él (habitualmente con el exlíder del Praviy Sektor en Odessa, Serhiy Sternenko, como testigo o denunciante) le han mantenido en prisión preventiva durante más de tres años y medio.

Como el resto de acusados en el caso, Mefedov fue declarado inocente por el caso del 2 de mayo el pasado mes de septiembre. Sin embargo, en la misma sala, Mefedov fue detenido de nuevo y acusado de incitación al separatismo. En lugar de ser puesto en libertad tras ser declarado inocente, fue enviado de nuevo a prisión preventiva, donde ha permanecido estos meses. Su situación cambió hace unos días, cuando finalmente fue trasladado a arresto domiciliario y fue incluido en las listas para el intercambio de prisioneros celebrado el 27 de diciembre.

Al finalizar el intercambio, las Repúblicas Populares entregaron a Ucrania a 73 prisioneros, uno menos de lo previsto, ya que una persona eligió no regresar a territorio ucraniano. Entre los prisioneros liberados estaban, por ejemplo, los ultras del Zorya Lugansk acusados de espionaje y cuya libertad exigían los miembros del batallón Azov.

Del otro lado, las Repúblicas Populares recibieron a antiguos miembros de las milicias, aunque también afirman haber recibido a civiles acusados de apoyar a la RPD además de personas encarceladas por actos de sabotaje en Ucrania. Destaca sobre todas las demás la historia de un hombre que, según afirmaron en el momento de la detención las autoridades ucranianas, se había acercado a un puesto de control ucraniano para entregar a los soldados un gran tarro de miel. Al abrirlo, el explosivo que supuestamente había introducido explotó causando la muerte de un soldado y heridas a dos más.

También llamó la atención la imagen de un prisionero que, ante la pregunta de por qué viajaba con un gato, respondió que el animal había sido, durante los dos años que había pasado en la prisión de Járkov, su único antidepresivo.

Como destaca el diario Timer, entre los prisioneros entregados había también nueve personas procedentes de la cárcel de Odessa, algunos de ellos acusados de “espiar” para la RPD. Entre los presos políticos de Odessa entregados estaba también Alexander Kushnarev, padre de uno de los fallecidos el 2 de mayo, falsamente acusado de intento de secuestro del diputado Goncharenko (que el 2 de mayo entró en la Casa de los Sindicatos y, sin ningún pudor, se fotografió con los cadáveres que aún no habían sido retirados). Según denunció la defensora del pueblo de la RPD, Daria Morozova, las autoridades ucranianas no habían entregado a los prisioneros su documentación, por lo que, en la práctica, personas como Kushnarev se han visto obligadas a elegir entre permanecer en prisión o el destierro a una zona en guerra y bajo un bloqueo comercial y de transporte.

Morozova confirmó también que cuatro personas decidieron no regresar a la RPD y la RPL, que finalmente recibieron medio centenar de personas menos de las previstas, hecho que las autoridades ucranianas explicaron, a lo largo de todo el día, alegando que todos ellos habían rechazado regresar a “territorio ocupado por Rusia”. Por la noche, Viktor Medvedchuk, que había llevado el peso de las negociaciones, aclaró que 43 de esas personas habían sido puestas en libertad al haber cumplido ya sus sentencias en Ucrania. En realidad, esas personas nunca debieron estar en las listas de intercambio.

Pero el caso más llamativo es el de una quincena de personas, muchos de ellos de nacionalidad rusa, de los que, durante horas, se repitió que habían rechazado voluntariamente ser entregados a las Repúblicas Populares. Entre ellos estaban el ciudadano estonio defendido por Montyan y los ciudadanos rusos defendidos por Rybin. Ambos negaron rotundamente que sus clientes, que llevaban semanas preparándose, hubieran rechazado el intercambio, hecho confirmado también por Elena Berezhnaya, directora del Instituto de Política Legal y Protección Social, que personalmente constató que todos los prisioneros exigían ser intercambiados como estaba previsto. Berezhnaya denunció que, tal y como ya habían afirmado los abogados, los presos habían sido devueltos a las prisiones de las que procedían. En el caso de Mefedov, que se encontraba bajo arresto domiciliario, Berezhnaya y Rybin afirman que ha sido devuelto a la prisión de Odessa, donde permanecerá por el momento.

Por la noche, medios rusos como Komsomolskaya Pravda justificaban la ausencia de los ciudadanos rusos en el intercambio alegando que, al tratase de ciudadanos extranjeros, según la legislación vigente, solo podían ser entregados a través del Ministerio de Asuntos Exteriores. El hecho de que fueran incluidos en las listas para los intercambios y que ni los propios prisioneros ni sus abogados fueran notificados de cambio alguno hace poco creíble esta versión.

Sin embargo, en su triunfal aparición, vestido de militar y rodeado de religiosos, presos liberados y sus familias, fue el propio presidente ucraniano el que desmintió tanto la versión rusa como la que las autoridades ucranianas habían mantenido durante todo el día. Poroshenko confirmó lo que era evidente desde el principio: los presos rusos no habían sido intercambiados específicamente por su nacionalidad. Pese al engaño de que fueran incluidos en las listas de intercambio Poroshenko y su emisaria Gerashenko nunca tuvieron intención de entregarlos. Jugar con el destino de personas que ya han cumplido con los requisitos necesarios para ser puestos en libertad (ya sea sin cargos o con el indulto presidencial necesario para entrar en las listas de intercambios) es más rentable que cumplir con los compromisos adquiridos, así que, como el presidente Poroshenko admitió abiertamente serán utilizados, en la práctica como rehenes, para forzar a Rusia a liberar a Roman Sushchenko, Oleg Sentsov, Alexander Kolchenko, Stanislav Klykh, Nikolai Karpyuk y otros ciudadanos ucranianos encarcelados en prisiones rusas.

Satisfechas con el resultado del intercambio de prisioneros, las autoridades ucranianas exigen que continúen las negociaciones para un nuevo intercambio en los próximos meses.

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