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Odessa: dos años sin justicia

dos años sin justiciaOdessa, 2 de mayo

Hoy, 2 de mayo, familiares y amigos de las víctimas y otros ciudadanos de Odessa intentarán homenajear de forma pacífica a las víctimas de la masacre de la Casa de los Sindicatos, de la que se cumplen ahora dos años.

El acto previsto será similar a los que los activistas de Kulikovo vienen realizando cada fin de semana, habitualmente increpados, insultados y en ocasiones agredidos por grupos de extrema derecha que, pese a no contar con el apoyo de la ciudadanía, están perfectamente organizados y dispuestos a imponer sus puntos de vista por la fuerza. A pesar de esos continuos actos de violencia, las autoridades no han intervenido hasta ahora para proteger a unas personas, en su mayoría familiares, cuyo único objetivo es recordar a quienes perdieron la vida allí el 2 de mayo de 2014. En este tiempo, las autoridades ucranianas han hecho todo lo que ha estado en su mano para evitar que los responsables de la masacre respondan por sus actos ante los tribunales de justicia.

Conscientes de las consecuencias de esa ausencia de justicia y de su nula voluntad de reconocimiento de las víctimas como tales, las autoridades ucranianas se han mostrado temerosas ante la posibilidad de nuevos incidentes entre los grupos nacionalistas y quienes tratan de recordar a las víctimas del 2 de mayo en el lugar en el que fueron asesinados. Ese supuesto temor a nuevos enfrentamientos o a “provocaciones” por parte de los activistas de Kulikovo ha llevado a las autoridades regionales del estado, dirigidas en Odessa por Mijail Saakashvili, a exagerar una amenaza para justificar así la solicitud del envío de tropas de la Guardia Nacional, que llegaron a Odessa junto al batallón Azov a mediados de la semana pasada. La ciudad vive así una militarización preventiva que no responde a ninguna amenaza real.

Durante toda la semana la televisión ucraniana ha venido informando de la posibilidad, o incluso de la certeza, de provocaciones “rusas” o “pro-rusas”. Este último término, tan utilizado por la prensa y la política ucraniana para catalogar como peligroso cualquier acto de oposición, sirve en la Ucrania actual para incluir las posibles actividades militantes de grupos tan diversos como socialistas, comunistas, anarquistas o incluso de personas que, como el asesinado Oles Buzina, simplemente defienden el origen común de los pueblos ruso y ucraniano.

El despliegue policial ha ido aumentando progresivamente a lo largo de la última semana, desde el incremento del número de policías en patrullas reforzadas hasta la incorporación de fuerzas armadas de la Guardia Nacional, el SBU y el batallón Azov. En alerta desde el fin de semana, los soldados se han desplegado por los puntos importantes de toda la ciudad, siempre en actitud aparentemente relajada, pero en muchos casos con la cara tapada y la mano en el gatillo.

Dos años después de la tragedia, las autoridades ucranianas tan solo han investigado una parte de lo ocurrido aquel día: los enfrentamientos que se produjeron en el centro de la ciudad en los que murieron algunos activistas partidarios de Euromaidan. En el lugar del memorial improvisado que adornaba hace un año el final de la calle Deribashivskaya –la calle principal de la ciudad-, hay ahora fotografías de dos de estos activistas. Uno de ellos, Igor Ivanov, líder de la sección local del Praviy Sektor, recibió la medalla de héroe de Ucrania a título póstumo. Sus familiares recibieron la medalla de manos del gobernador Mijail Saakashvili.

Por los disturbios de esa mañana y esas muertes, las autoridades ucranianas tratan de juzgar desde hace meses a un grupo de supervivientes del incendio de la Casa de los Sindicatos en un juicio plagado de irregularidades, con pruebas que desparecen y testigos clave que cambian constantemente su versión de los hechos. La ausencia de una verdadera investigación, exigida incluso por Naciones Unidas, ha causado la ira de los familiares y partidarios de las víctimas, que pese a las amenazas jamás han dejado de acudir a Kulikovo para homenajear a quienes fueron allí asesinados. Pero el paso del tiempo y la férrea actitud de las autoridades ucranianas también han causado cierta resignación.

Pese a las exigencias de organizaciones internacionales o de países aliados, Ucrania sigue sin mostrar intención alguna de castigar a los culpables del incendio de la Casa de los Sindicatos y a quienes dispararon, o apalearon hasta la muerte, a las personas que trataban de salir del edificio en llamas. Al contrario, en este tiempo Ucrania se ha mantenido firme en su versión y ha hecho todo lo que estaba en su mano para legitimar a los agresores. Es esa actitud la que ha permitido que se extienda la visión de los hechos del 2 de mayo como una victoria de los patriotas ucranianos frente a la amenaza externa, Rusia, y la interna, los activistas del “mundo ruso”.

Uno de los más fanáticos activistas del nacionalismo ucraniano, Andriy Medvedko, se atrevía hace unos días a realizar un paralelo con el declive de toda disidencia en Kiev para formular la esperanza de la pronta eliminación en Odessa de cualquier vestigio de presencia de ese mundo ruso tan despreciado por el nacionalismo ucraniano: “Paso a paso estamos acabando con los zelotes del ‘mundo ruso’ en nuestra tierra. Hace nueve años, el equilibrio de poder entre nosotros y ellos en Kiev era de unas pocas decenas a más de mil, ¡y los hemos echado fuera! Y esto sucederá en Odessa y otras ciudades. Ni las autoridades locales, ni Rusia ni los separatistas entre fuerzas del orden podrán detener este proceso”, escribía sin ningún temor uno de los posibles asesinos de Oles Buzina.

Es con ese espíritu con el que los nacionalistas ucranianos, convocados a las once del mediodía, se presentarán el 2 de mayo ante el campo de Kulikovo, contando para ello con la protección de las autoridades. Enfrente, vigilados, entre otros, por el Batallón Azov, previo paso por detectores de metales para evitar que nadie porte armas, otra parte de la ciudad, más numerosa aunque menos organizada, seguirá exigiendo la justicia que hasta ahora se le ha negado.

Es así cómo, mientras una parte ruega justicia, la otra seguirá celebrando el 2 de mayo como su victoria en Odessa, primero tratando de impedir el acto de Kulikovo y más adelante recordando a sus compañeros caídos. Pero a pesar del triunfalismo del nacionalismo radical ucraniano, que reivindica esa “victoria” como suya, el 2 de mayo solo fue el primer paso en el desmantelamiento de cualquier atisbo de resistencia a la nueva Ucrania nacionalista en Odessa. Tras la masacre de la Casa de los Sindicatos, que jamás habría alcanzado los límites a los que llegó si las autoridades hubieran actuado a tiempo, las instituciones ucranianas iniciaron un proceso de represión que está terminando con la desaparición de cualquier grupo que pueda suponer una amenaza a un régimen nacionalista que carece de suficiente legitimación en la ciudad.

En dos años, todos los grupos que podrían haber tenido la capacidad de crear una resistencia organizada han desaparecido. En junio de 2015, la sede del Partido Comunista fue tomada y saqueada por el Praviy Sektor ante la indiferencia de las autoridades. Alexey Albu, líder de Unión Borotba en la ciudad y superviviente del 2 de mayo, se vio obligado a huir unos días después ante la amenaza de una detención inminente. Los anarquistas de Vyacheslav Azarov, que en el pasado habían mostrado cierta capacidad de convocatoria, aún permanecen en la ciudad pero sus actividades son mínimas. El grupo ni siquiera ha sido capaz de mantener una mínima presencia en la calle para conmemorar el 1 de mayo, como sí había sucedido en años anteriores. El 10 de abril, cuando trataban de conmemorar la liberación de la ciudad, Azarov fue brutalmente agredido.

En estas circunstancias, la limitada resistencia que persiste en la ciudad se reduce a los activistas de Kulikovo, un grupo diverso de personas y cuyas actividades se limitan a mantener las reuniones semanales de recuerdo de las víctimas y de exigencia de justicia. Sin una organización real que la sostenga, Kulikovo no cuenta siquiera con un grupo capaz de proteger a sus miembros, en su mayor parte madres de los fallecidos, de los ataques de los grupos de extrema derecha. Sin posibilidad de autodefensa, cada acto de Kulikovo está a merced de la actuación de las autoridades, las mismas que les niegan justicia después de permitir, con su inacción, que el 2 de mayo de 2014 se produjera una masacre en Odessa.

Igual que hace un año, cuando las autoridades trataron de evitar, en general con éxito, que los dos bloques entraran en contacto, el despliegue policial y militar se encargará de impedir que los grupos nacionalistas causen nuevos disturbios en Kulikovo. Las autoridades locales han advertido que detendrán a quienes traten de ingresar al recinto con la cara cubierta o armados.

Pero los grupos nacionalistas, organizados y con tácticas claras, cuentan ahora con mayor experiencia y tienen interés en desestabilizar a un régimen que, sin dejar de reforzar al nacionalismo banderista, busca legitimarse internacionalmente. Hace tan solo unas semanas, en un acto con tintes de ensayo general para el 2 de mayo, militantes del Praviy Sektor, Falcon, Autodefensas de Odessa y otros grupos nacionalistas cercaron Kulikovo para expulsar a quienes trataban de homenajear a las víctimas y prendieron fuego a las flores que habían depositado. Desde entonces, la inscripción “Recordamos el 2 de mayo” y la cruz que habían pintado en el suelo está cubierta de pintura blanca.

Aún sigue siendo visible el símbolo del batallón Azov que los nacionalistas pintaron, semanas antes, en la valla que impide el paso a la puerta principal de la Casa de los Sindicatos. Pero el batallón Azov, que hasta ahora ha formado parte de los grupos que trataban de impedir las reuniones semanales en Kulikovo, se presenta ahora, por medio de su indiscutido líder Andriy Biletsky, como garantía de que los actos se celebren sin incidentes. Sus soldados, muchos de ellos con la cara cubierta, patrullan la ciudad desde el pasado jueves. Con su presencia en Odessa, en un momento que la prensa y las autoridades ucranianas intentan hacer parecer crítico, Azov busca legitimar su papel y su profesionalidad como fuerza del orden y dejar de ser el batallón voluntario al que incluso el Congreso de Estados Unidos llegó a calificar como neo-nazi.

Fue un miembro de Azov el que dirigió el desfile militar que Ucrania celebró el sábado por la mañana en el campo de Kulikovo. Policía, Guardia Nacional y Batallón Azov desfilaron junto a camiones y vehículos militares, algunos de los cuales llevaban también el distintivo de Azov, en un breve desfile que tan solo atrajo la atención la prensa. Tras el desfile, fue ese mismo comandante, en cuyo chaleco antibalas podía leerse claramente SS, el que informó a la prensa de los detalles del dispositivo de seguridad. Las referencias a la Alemania Nazi no son nuevas: recientemente Azov utilizó el título de una de las más famosas películas de la propaganda nazi para dar publicidad a un torneo de boxeo.

Miembro del batallón Azov entrevistado por la prensa ucraniana tras el defile

Miembro del batallón Azov entrevistado por la prensa ucraniana tras el defile

En un momento en el que toda oposición se considera una provocación por el régimen, la presencia del batallón Azov es algo que los activistas de Kulikovo deben aceptar sin rechistar. Tampoco es una provocación que el SBU registrara estos días las viviendas de varios de los miembros más conocidos de Kulikovo, en busca precisamente de preparativos de “provocaciones”, y que los citara a declarar el 2 de mayo. También se intensifica la anulación simbólica de los oponentes. Las autoridades policiales locales afirmaron esta semana haber llegado a un acuerdo para evitar el uso de lazos de san Jorge, símbolo de la lucha antifascista, un uso que se consideraría una provocación en el acto de Kulikovo.

Elogiando el despliegue militar, y confundiendo la realidad con la propaganda, el exasesor presidencial Anton Gerashenko afirmaba estos días que así nadie sería capaz de “preparar revueltas separatistas”. La realidad es que los objetivos de los preparativos del 2 de mayo nunca han sido tan ambiciosos, como tampoco lo fueron los de las protestas de Kulikovo en 2014. Calificados de separatistas pro-rusos, los activistas se limitaban a recoger firmas para un referéndum de autonomía de la región.

Los activistas de Kulikovo tan solo esperan poder recordar a las víctimas en un acto pacífico en el que se muestre la unidad de la ciudad ante la exigencia de justicia. Esa es la verdadera “provocación” que temen las autoridades, la que ha causado el gran, e innecesario, despliegue militar para infundir miedo en quienes estén pensando en acudir al acto. Los detectores de metales y el control de los accesos a Kulikovo por parte de la policía son medidas más que suficientes para impedir que la extrema derecha logre acercarse a la Casa de los Sindicatos y así prevenir toda posibilidad de violencia. La presencia de la Guardia Nacional y el batallón Azov no es más que otro castigo a una ciudad en la que el golpe de Estado generó protestas y que se negó a elegir como alcalde al candidato del presidente, razón por la que ahora se intenta derrocar por la fuerza al mandatario elegido por el pueblo.

Pero la militarización de esta semana es también algo más. Es un recordatorio de que la nueva Ucrania no dudará en usar la fuerza para someter hasta la rendición a cualquier tipo de oposición, por mínima que esta sea.

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Comentarios

4 comentarios en “Odessa: dos años sin justicia

  1. The fascism of Sparta | vgiannelakis
    https://vgiannelakis.wordpress.com/2014/09/12/the-fascism-of-sparta/

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    Publicado por rizes | 02/05/2016, 05:47
  2. Reblogueó esto en Oktyabr63's Blog.

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    Publicado por oktyabr63 | 02/05/2016, 10:53

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