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Batallón Azov, Biletsky, Ejército Ucraniano, Extrema Derecha, Fascismo, Golpe de Estado, Guardia Nacional, Kharkov, Kiev, Mukachevo, Nacionalismo, Parubiy

Los valores del batallón Azov

azov (2)Desde los primeros meses de la guerra en Donbass, el batallón Azov se convirtió en una de los pilares de las fuerzas ucranianas, especialmente en el área de Mariupol, una zona clave para el Gobierno ucraniano en el control del acceso al mar de Azov. Las acusaciones de abusos, no solo de bombardeos sobre zonas civiles sino de torturas y malos tratos a detenidos, también han acompañado la reputación del batallón desde los inicios de la guerra.

Como otros muchos batallones voluntarios, Azov se formó como batallón militar en 2014, con el objetivo de compensar la mala preparación y la reticencia a luchar contra su propio pueblo –entonces aún desarmado- del ejército ucraniano en esas primeras semanas de lo que sería la guerra de Donbass. Nacionalistas ucranianos dispuestos a luchar en una guerra que consideraban que era contra Rusia fueron la base de todos esos batallones.

Pese a que la ideología del batallón, o su simbología de inspiración nazi, nunca fue un secreto –la trayectoria de Andriy Biletsky, líder indiscutible del batallón, en la extrema derecha nacionalista es perfectamente conocida-, Azov ha gozado de un nivel de protección del Gobierno y de su prensa afín del que no han disfrutado otros batallones acusados de crímenes.

Las represalias sufridas por miembros del batallón Azov han sido escasas. Este fin de semana, Andriy Biletsky y otros miembros del batallón protestaban ante el SBU -al que acusaban de traición- contra la detención de uno de sus miembros. Stanislav Krasnov, miembro de Azov-Crimea y uno de los organizadores del bloqueo de la península, fue detenido por las autoridades acusado de tenencia ilícita de armas. Una detención aislada que en ningún caso va a poner en riesgo la posición del batallón dentro de las tropas del ministerio del Interior ni el bloqueo de Crimea por parte de grupos como Azov, Praviy Sektor y otras facciones nacionalistas además de representantes de la comunidad tártara de Crimea afincados en Ucrania, permitidos, si no promocionados por el Gobierno.

Por el contrario, otros batallones nacionalistas como Aidar o Tornado fueron disueltos o reorganizados al ser acusados de violaciones y robos. Incluso el Praviy Sektor -que se “extralimitó” en Mukachevo en un episodio que avergonzó a Ucrania ante sus socios occidentales-, aunque no disuelto, ha sido objeto de una campaña que busca desacreditarlo desde el momento en que comenzó a ser incómodo para Kiev.

El batallón Azov ha recibido el apoyo y la protección de las más altas esferas a pesar de que las graves acusaciones llegaran incluso desde el Congreso de Estados Unidos. Tras meses de negar completamente el papel de la extrema derecha en el golpe de Estado de febrero de 2014, su presencia entre las fuerzas de choque que hicieron posible el cambio de régimen y entre los batallones voluntarios se hizo imposible de ocultar, aunque tanto el Gobierno como sus apoyos en el extranjero siguen tratado de restarle importancia.

En junio, tras una serie de artículos que ponían de manifiesto la presencia de elementos fascistas y neonazis en el batallón Azov, el Congreso de Estados Unidos aprobaba una enmienda propuesta por los congresistas John Conyers (Demócrata) y Ted Yoho (Republicano) que prohibía al ejército estadounidense armar, entrenar o financiar a lo que Conyers definía como la “milicia paramilitar neo-nazi ucraniana Batallón Azov”. En su argumentación, el congresista calificaba también de fascistas y defensores de la supremacía blanca a miembros del batallón.

Esta medida suponía dar visibilidad al extremismo que existe en los batallones voluntarios que luchan del lado ucraniano en Donbass y que son utilizadas para hacer el trabajo sucio que el Gobierno no puede realizar: el bloqueo de Crimea, los ataques contra bancos rusos o la interrupción del tránsito de camiones rusos por territorio ucraniano, acciones que Kiev ha permitido en numerosas ocasiones.

La enmienda de Conyers conllevaba también que no pudiera descalificar como propaganda rusa cualquier mención a los elementos fascistas que han estado presentes entre las fuerzas pro-gubernamentales desde antes incluso de que llegaran al poder. Pero las posibles repercusiones militares de la medida siempre parecieron dudosas.

El 14 de enero de 2016, en un artículo publicado en The Nation, James Carden afirmaba que, bajo presión del Pentágono, el Congreso había retirado la enmienda de Conyers en noviembre de 2015, dejando en nada una propuesta que, pese a su buena intención, no tenía ninguna posibilidad de ponerse en práctica. En marzo de 2015, el ministro de Interior Arsen Avakov había anunciado que Azov sería uno de los batallones entrenados por las fuerzas estadounidenses en el oeste del país. En aquel momento, el batallón Azov ya había quedado integrado en las tropas del ministerio del Interior, por lo que, como parte de las estructuras oficiales, sería imposible para el Congreso de Estados Unidos controlar el cumplimiento de su enmienda.

En esos meses, pese a la condena explícita del Congreso estadounidense, Azov mantuvo su estatus en las estructuras oficiales ucranianas y mantuvo la protección del Gobierno. Azov siguió participando en las acciones militares en Donbass, tuvo la libertad de celebrar sus marchas de antorchas en Mariupol –algunas de ellas con cierto subtexto antisemita- e incluso dio publicidad a sus campamentos de verano para niños (Azovets).

También el parlamento europeo ha evitado explícitamente condenar al batallón. Federica Mogherini tardó seis meses en responder a una pregunta parlamentaria del diputado español Javier Couso (Izquierda Unida). Couso preguntaba entonces en qué forma iba a contribuir a la democratización de Ucrania la presencia en sus estructuras oficiales de un batallón como Azov, formado por miembros de la extrema derecha más radical. En su respuesta del 9 de octubre de 2015, Mogherini se limitaba a recordar que Azov forma parte del ministerio del Interior de Ucrania, por lo que debe someterse a la legislación vigente.

Al frente del batallón, su cara más conocida, Andriy Biletsky, ha gozado de una protección similar. Incluso aquellos que se han propuesto destapar el papel de la extrema derecha en la nueva Ucrania, han pasado por alto la ideología del líder del batallón Azov. Es el caso del trabajo del documentalista francés Paul Moreira, que tanto molestó a la embajada ucraniana en Francia con su documental “Las máscaras de la revolución”. A pesar de la condena explícita de la ideología del batallón Azov, y de otros batallones de extrema derecha, las preguntas de Moreira en su entrevista a Biletsky se limitan a la ideología del batallón, dejando de lado las ideas del propio Biletsky.

Algo similar ocurre con Andriy Parubiy, a quien el documental menciona solo como funcionario del Gobierno, lo que contrasta con la condena explícita que se hace, por ejemplo, a Oleh Tyahnibok. Todos ellos comparten un pasado común en movimientos de extrema derecha como Patriotas de Ucrania, que ya utilizaba el mismo símbolo hoy en día utilizado por el batallón Azov.

Más allá de los símbolos o de la ideología de sus miembros más conocidos, son los actos del batallón los que dejan claro sus valores. El nacionalismo y la defensa de un concepto de patria basado en tesis propias del fascismo se mezclan con la violencia y la voluntad de utilizarla como arma política para asegurar que ni la prensa ni los representantes políticos se aparten del camino que consideran correcto. En la última semana, dos incidentes han puesto de manifiesto el compromiso del batallón Azov con su propia versión de la libertad de prensa y de la democracia.

56ced063b58c9Fascistas por la libertad de expresión

En la lucha por la libertad de expresión y contra la propaganda, miembros del batallón punitivo Azov -que tras sus inicios como batallón voluntario se integró definitivamente en las tropas del Ministerio del Interior- rodearon las oficinas del canal de televisión ucraniano “Inter”, al que acusaban de traicionar a Ucrania difundiendo información “pro-rusa”.

Así lo contaba ese día Boris Rozhin, Colonel Cassad:

Una lucha ejemplar en Ucrania por la “libertad de expresión” cuando personas con símbolos nazis, de camuflaje y tapadas con pasamontañas capturan medios de comunicación. El símbolo inspirado en las divisiones de las SS sobre el logotipo del canal es, definitivamente, “un símbolo de la libertad”.

Ya que Ucrania se aproxima a la posibilidad de nuevas elecciones, los grupos oligárquicos comienzan a luchar por la redistribución del campo de la información según las necesidades  preelectorales, por lo que batallones punitivos y otros “voluntarios” serán utilizados como herramienta para este objetivo. Suele relacionarse a Inter con el Bloque Opositor, por lo que habría que buscar a los clientes de estos “luchadores por la libertad” entre las estructuras oligárquicas poco amigas de los antiguos “regionales”.

Los nazis de Azov actúan aquí como simples mercenarios del saqueo que, bajo la tapadera de la “lucha por la libertad de expresión”, buscan un cambio en la propiedad o en la política editorial de un medio de comunicación.

Tras el acto, los “defensores de la libertad de expresión” se alejaron y amenazaron con continuar su protesta de otra forma. Es preciso recordar que la presión de los nazis sobre el canal UT-1 sí dio lugar a un cambio en la política editorial. También hay que recordar la presión realizada al periódico “Vesti”.

Colonel Cassad

Defensores de la democracia, a su manera

Siguiendo los ejemplos de otras actuaciones de grupos de la extrema derecha nacionalista, que ha tratado de influir en la política o en la justicia presionando a jueces, funcionarios o representantes electos, el batallón Azov también ha utilizado la fuerza para conseguir sus objetivos políticos. En septiembre, el batallón asaltaba el Ayuntamiento de Járkov para intentar evitar que Gennady Kernes aspirara a la reelección. En diciembre, también portando banderas del batallón, atacaban con cócteles molotov la vivienda del jefe de policía de una localidad de la región.

Al contrario que con la persecución a Kernes, en esta ocasión el batallón Azov ha tratado de acosar al alcalde de una pequeña localidad, demostrando una vez más que, en presencia de estos batallones nacionalistas, no es posible ningún tipo de discrepancia. El 24 de febrero, miembros del batallón Azov se presentaron ante el ayuntamiento de Belozerskoye, en la región de Donetsk, para exigir la dimisión del alcalde, Sergey Makeyev. Ante la resistencia de los vecinos, que sin dudarlo salieron en defensa de su alcalde, los soldados se vieron obligados a abandonar la ciudad.

En la ciudad de Belozerskoye, en la zona de Donbass bajo control ucraniano, se produjo una pelea masiva entre soldados del batallón Azov y empleados del ayuntamiento. La población local salió en defensa de los empleados municipales.

Los militantes se presentaron en el ayuntamiento cantando lemas pro-ucranianos y afirmaron que se disponían a realizar una marcha pacífica para exigir la dimisión del alcalde. Pero en cuanto el alcalde salió a la entrada del consistorio y exigió que los manifestantes se retiraran los pasamontañas, la pelea comenzó de inmediato.

Los residentes locales expresaron su ira ante los actos de Azov y pronto se reunieron alrededor de la residencia en la que se alojaban los “liberadores” y exigieron la retirada de los soldados. Enfurecidos, los ciudadanos gritaban “¡Vergüenza!”, para después dirigir sus gritos de “vergüenza” también a Kiev.

“Todos corrían hacia aquí. Decían que todos teníamos que venir. Él es nuestro legítimo alcalde, al que hemos elegido”, afirmó una mujer. “Que no le toquen. En Belozersk le queremos y le respetamos. Nosotros no estamos en guerra con nadie. Les queremos fuera de nuestra vista”.

Los militantes abandonaron la ciudad en un autobús con matrícula de Zaporozhie. La policía identificó los actos como hooliganismo y abrió un procedimiento según el artículo 296 del Código Penal de Ucrania.

Antifashist

Pero además de un batallón militar que ahora trata de fabricar su propio modelo de tanque o un grupo que puede utilizarse para conseguir objetivos políticos, el batallón Azov dispone de una estrategia de comunicación que no se ha visto afectada por las acusaciones. Parte de esa estrategia es la organización de eventos que, como el de este último fin de semana, buscan apoyar a las familias de sus soldados caídos en combate.

Radio Svoboda informaba estos días de la celebración de un torneo de boxeo con el que el batallón pretendía recaudar dinero para las familias de sus soldados caídos. El artículo mencionaba específicamente a las familias de los soldados muertos en la batalla por Shirokino, lo que podría explicar el interés por una operación de relaciones públicas realizada la semana pasada para escenificar la captura de una localidad que las milicias habían abandonado hace más de seis meses.

El torneo contó con la participación de la sección local de Cruz Roja como uno de sus patrocinadores.

Curiosamente, el nombre del torneo era “El triunfo de la voluntad”, título de la película de Leni Riefenstahl que mostraba una versión idealizada y épica del nazismo.

Cartel del torneo "El triunfo de la voluntad"

Cartel del torneo “El triunfo de la voluntad”

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