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2 de mayo, Agresión, Extrema Derecha, Fascismo, Odessa, Praviy Sector, Sternenko

Patriotismo inútil

bca67f58e3dfa19231c1eff040a05b7fComo cada año, el 10 de abril, Odessa conmemoró el aniversario de la liberación de la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial, una fecha importante para la ciudad, que la recuerda como el símbolo de la resistencia contra la ocupación nazi. En esta ocasión, la polémica surgió días antes de la celebración, ya que las autoridades locales advirtieron a la población de que sería detenido todo el que portara lazos de San Jorge o la bandera de la victoria, símbolos que hasta hace no tanto acompañaban esta celebración. Se anunciaba que patrullarían las calles la policía local así como organizaciones “patrióticas”.

Portando banderas de la ciudad de Odessa, que han sustituido a las banderas soviéticas pero que siguen molestando a las organizaciones nacionalistas ya que supone que no haya apenas presencia de la bandera ucraniana, los ciudadanos de Odessa se congregaron junto al monumento al marinero desconocido. Allí un pequeño grupo de nacionalistas, miembros de organizaciones radicales increparon a los presentes hasta crear una pelea en la que la policía se vio obligada a intervenir deteniendo a los agresores, lo que provocó la ira de los radicales, especialmente la de Serhiy Sternenko, exlíder local del Praviy Sektor, que abandonó el acto detenido por la policía. 

El juego de los “patriotas”

Artículo Original: Yuri Tkatchev / Timer

Incapaces de derrotar al “mundo ruso” en Odessa, las autoridades y los “patriotas” prefieren luchar contra lo que puedan, aunque eso no tenga mucho sentido. Activistas de las organizaciones “patrióticas” de Odessa siguen el juego como si estuvieran dirigidos por los dueños de los medios, exageran y buscan la histeria colectiva alrededor de lo ocurrido el 10 de abril en el Paseo de los Héroes, donde docenas de “activistas nacionalistas” provocaron disturbios y finalmente fueron detenidos por la policía.

La postura de la extrema derecha y de sus agentes mediáticos es muy simple: “en Odessa vuelve a levantar la cabeza el mundo ruso y la policía no hace nada para luchar contra ello”. De ahí se puede llegar a pensar en lo ocurrido en la primavera del año 2014 en Donbass. Y detrás de las personas que se acercaron a honrar la memoria de quienes liberaron Odessa del yugo de las anteriores generaciones de la extrema derecha, el público ve a los rebeldes de Donbass y los tanques rusos de la “República Popular de Odessa”.

Pero esas conclusiones llevan a plantearse seriamente el estado mental de las personas que las producen. Es evidente que cincuenta, cien o quinientas personas, aunque vayan cubiertas de arriba abajo por cintas de San Jorge, no constituyen ninguna amenaza para el Estado Ucraniano. En este sentido, suponen una mucho mayor amenaza las políticas del Gobierno ucraniano, así como los actos de los propios “patriotas”, que son libres para crear provocaciones y siguen involucrados en robos, extorsión y otras actividades dudosamente legales por órdenes de oficiales y empresarios. Es eso, no la presencia en las calles de Odessa de un número de personas con cintas y banderas “equivocadas” [además del uso de las cintas de San Jorge o de la bandera de la Unión Soviética, molesta también a los nacionalistas el uso de la bandera de Odessa, con gran presencia entre la población no nacionalista de la ciudad-Ed], lo que desestabiliza la situación tanto en Odessa como en Ucrania.

No hay mejor argumento que las acciones “poco patrióticas” para crear cierta imagen ante la prensa rusa. En los últimos tres años, la realidad ucraniana ha creado para la prensa rusa más que suficientes “imágenes”. En cuanto a Odessa, es difícil imaginar siquiera una imagen más dramática que la creada a manos de los “patriotas” el 2 de mayo de 2014. Pero incluso la prensa rusa ha perdido en gran medida interés por los temas de Odessa: ahora está más preocupada por la información desde Siria. El hecho de que lo ocurrido el 10 de abril pasara desapercibido para la mayoría de los principales medios rusos habla por sí mismo.

Y aunque no sean los propios “patriotas”, al menos sus superiores tienen que comprender eso y lo comprenden. Saben que, a día de hoy, los “patriotas” en activo en Odessa son una insignificante minoría. Por ejemplo, el 10 de abril tomaron parte en los incidentes en el Paseo de los Héroes del lado de los “patriotas” alrededor de quince o veinte personas. Es un número similar al de los participantes en otras acciones “patrióticas”. En total, pueden llegar a sumar alrededor de doscientos activistas, eso solo cuando atraen a “turistas” de otras ciudades.

En cuanto a sus oponentes, opositores activos a las políticas del actual Gobierno por un lado y al nacionalismo radical por otro, el principal problema es que no es posible determinar cuántos son. Al contrario que en 2013-2014, estas personas comprenden lo inútil de cualquier acción pública para conseguir algún resultado político coherente. En lugar de actos públicos se ha dado paso a la sombra y aquellos que no mantienen disciplina o no cubren las apariencias, acaban en las mazmorras del SBU. Y ni siquiera son muchos, alrededor de cien personas, mientras que, en 2014, pasaron por las reuniones del campo de Kulikovo decenas de miles de personas en total. Pero esta población no ha desaparecido.

Hay quienes no están preparados (tanto mental como físicamente) para participar en verdaderos mítines contra el Gobierno y no van a las reuniones de Kulikovo por el simple deseo de no perder el anonimato. Están esperando su oportunidad. Y los “patriotas” comprenden esto perfectamente. Y no hay nada que puedan hacer al respecto. Todo lo que les queda en esta situación es intentar sabotear lo que puedan sabotear, ya sean los homenajes en el campo de Kulikovo o actos como el que tuvo lugar el 10 de abril. Y sí, no tiene ningún sentido. Pero así parece que están haciendo algo y para el nuevo régimen ucraniano del que forman parte los “patriotas, lo más importante siempre son las apariencias.

La situación a la que se enfrentan las fuerzas del orden es ligeramente diferente, aunque no menos patética. Por una parte, son incluso mejores “patriotas” y son conscientes del bajo nivel de lealtad de la sociedad al régimen. Por otra parte, aunque disponen de un mayor arsenal de herramientas para influir sobre esa lealtad, su capacidad para utilizarlo es más limitada que la de los “patriotas”. En cualquier caso, el régimen ucraniano tiene que adherirse a cierta apariencia de democracia a ojos de sus socios occidentales o al menos a no permitir acciones antidemocráticas demasiado visibles (en otros casos, los socios occidentales están dispuestos a mirar para otro lado, como ya han hecho más de una vez).

Bajo pretexto de una falsa amenaza de bomba, las autoridades ucranianas impiden el acceso a la Casa de los Sindicatos, donde debía celebrarse el acto de conmemoración del segundo aniversario del 2 de mayo.

Y otra vez, todo lo que pueden hacer es responder a las manifestaciones de deslealtad del público. Y recurren aquí a la hipocresía para justificar sus acciones, por ejemplo, alegando “motivos de seguridad”, como ya ocurrió en el campo de Kulikovo el 2 de mayo de 2016. En este aspecto, los “patriotas” crean para las autoridades motivos para dudar de la seguridad de los participantes en actos masivos. Evidentemente, se trata aquí de la motivación y no de amenazas reales: los mismos hechos del 10 de abril demuestran que, cuando hay voluntad política de acabar con esas “amenazas”, el Gobierno puede hacerlo sin problemas.

Base de las tropas del Praviy Sektor, principal grupo nacionalista en Odessa, el pasado 2 de mayo de 2016 con su entonces líder Serhiy Sternenko al frente.

No hay ningún problema para “lidiar con las amenazas”. El problema es no permitirlas, es decir, prohibir las actividades de la oposición bajo pretexto de la preocupación por la seguridad de los participantes. Y eso tampoco tiene ningún sentido. Manifestándose en contra de actos públicos, que ni siquiera son la punta del iceberg sino una forma fundamentalmente diferente de manifestarse, las autoridades no van a conseguir cambiar las posturas contrarias al régimen de los segmentos de la población dispuestos a rebelarse. Es más, el efecto es el contrario: la frustración y la desafección no desaparece con el uso de la fuerza, sino que refuerza la imagen negativa del régimen ucraniano. Sin embargo, al hacerlo, las autoridades pueden informar de otra actuación de “lucha contra el mundo ruso”.

Lo importante son las apariencias de que se hace algo, incluso aunque los actos sean como intentar apagar un fuego con gasolina. Esta situación es característica de lo que ocurre en la Ucrania post-Maidan.

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