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El bienestar de Donbass no importa. Su opinión tampoco.

dd7bdbfe897daf68d741c9a29b6ecc12En su reciente visita al Donbass controlado por el Ejército Ucraniano, Petro Poroshenko reafirmó la disposición ucraniana para celebrar elecciones en la parte de la región controlada por las Repúblicas Populares de Donetsk y de Lugansk, zona que Ucrania prefiere denominar como “zona ocupada” y a la que Poroshenko se refirió como “Donbass ucraniano”.

La celebración de elecciones locales supondría, según el acuerdo firmado en Minsk en febrero de 2015, el comienzo del retorno de la zona a soberanía ucraniana a cambio de un autogobierno local y un estatus especial que deben regirse por una legislación consensuada por las partes. Solo tras ese proceso, Ucrania recuperaría el control de la frontera con la Federación Rusa, exigencia principal de Kiev desde la firma del primer acuerdo de Minsk en septiembre de 2014.

Se prevé que la búsqueda del acuerdo para celebrar las elecciones locales a la mayor brevedad posible sea, otra vez, el punto principal en la agenda de los ministros de Exteriores del Cuarteto de Normandía en las próximas cumbres. En esos términos se ha mostrado en estas últimas semanas el enviado de Rusia en el Grupo de Contacto de Minsk, Boris Gryzlov, que afirmó que existía la posibilidad de celebrar elecciones en Donbass incluso en la primera mitad de 2016. Coincidía en esta opinión, que a juzgar por la situación en el frente y los continuos bombardeos ucranianos parece carecer de realismo alguno, con el ministro de Asuntos Exteriores francés, único de los participantes que se mostraba optimista tras la reunión del Cuarteto de Normandía el 3 de marzo.

Para decepción especialmente de Rusia, dispuesta a aceptar el plan de Francia y Alemania de celebrar elecciones en junio, el ministro Klimkin se negó incluso a considerar la propuesta. Aun así, el ministro francés abandonó la reunión afirmando un acuerdo para la celebración de los comicios en la primera mitad de año, un optimismo que probablemente esté ligado al acuerdo entre Alemania, Francia y Ucrania para elaborar la ley electoral que rija dichas elecciones al margen de Rusia y, por supuesto, de las Repúblicas Populares. La disposición implícita de Rusia a aceptar el acuerdo es también parte de ese optimismo.

 Como ha ocurrido desde hace más de un año en discursos y ruedas de prensa, el presidente ucraniano sigue afirmando que Ucrania está dispuesta a “recuperar los territorios ocupados”, “restablecer la integridad territorial” o “recuperar el control de la frontera”. Vestido de militar -aunque en su discurso afirmó encontrarse en allí por primera vez en misión de paz-, Poroshenko no rebajó en absoluto la retórica nacionalista, tampoco en lo referido a las elecciones, en su visita a Kramatorsk, una ciudad destrozada hace dos años por la artillería ucraniana.

La falta de disposición ucraniana para recuperar Donbass nunca ha sido el problema: el Ejército Ucraniano lo ha intentado por lo militar y el Gobierno ha intentado ahogar a las Repúblicas Populares para forzar su rendición con más de un año de bloqueo bancario y de transporte y pagando pensiones únicamente a quienes pueden cruzar la línea de separación para cobrarlas. Incluso en esos casos, y a pesar de que el acuerdo de Minsk obliga a reanudar los pagos y el sistema bancario, Ucrania trata de evitar pagar también a aquellos pensionistas de Donbass que llegan a territorio ucraniano para recibir su mensualidad.

El problema es que Ucrania está dispuesta a recuperar Donbass y a celebrar elecciones allí únicamente en sus términos, ignorando completamente los términos del acuerdo de Minsk, los compromisos adquiridos en las cumbres del Cuarteto de Normandía y también los intereses y la opinión de la población.

lprSin voluntad alguna de buscar el compromiso y el diálogo directo que exige el acuerdo de Minsk Ucrania, que prefiere negociar con Rusia, el país agresor y ocupante en vez de con las actuales autoridades de Donetsk y Lugansk, se ha centrado en imponer la aplicación de una versión modificada de los acuerdos.

Con el apoyo explícito de Francia y Alemania, el parlamento ucraniano aún no ha aprobado la legislación que se comprometió a aprobar: ni la reforma constitucional, ni el estatus especial para Donbass –que sigue además sin definir-, ni la ley electoral ni la ley de amnistía, para la que ahora propone que no se garantice siquiera la presunción de inocencia. Las críticas de Rusia como de los representantes de las Repúblicas Populares se han centrado en la falta de voluntad de Ucrania por aprobar esa  legislación, dando a entender que se ha desistido en el intento de que esa legislación sea consensuada con los representantes de la RPD y la RPL como exigía Minsk.

A cambio, Ucrania ofrece recuperar el control, liberar a Donbass de la ocupación rusa y celebrar unas elecciones en las que puedan participar quienes “no tengan las manos manchadas de sangre” y sientan “a Ucrania en el corazón”, lo que implica que pretende vetar a todo el que haya apoyado o representado a las Repúblicas Populares, especialmente Zajarchenko y Plotnitsky, a los que Kiev sigue exigiendo que renuncien al resultado electoral que les ratificó en sus puestos. Se ha llegado a hablar incluso de retirar la nacionalidad ucraniana a los separatistas, siguiendo el ejemplo de una propuesta de ley francesa que prevé despojar de la nacionalidad a condenados por terrorismo.

Y mientras la celebración de las elecciones centra el debate político, desde la última reunión del Cuarteto de Normandía  la situación en el frente no ha hecho más que empeorar, tanto en Donetsk como en Gorlovka. Desde finales de 2015, cuando el gobernador de la administración civil-militar de la zona de la región de Donetsk controlada por las fuerzas ucranianas admitió abiertamente que Ucrania había ocupado siete localidades de la zona neutral, las posiciones de las partes en conflicto no han dejado de acercarse.

Las tropas ucranianas se han centrado principalmente en cortar la ruta entre Donetsk y Gorlovka, que une también Donetsk y Lugansk y que es de vital importancia para la RPD. El número y la intensidad de los bombardeos ha aumentado, como lo ha hecho también el número de bajas entre las tropas de ambos lados de la línea de separación.

Parte de la prensa, que había abandonado completamente la información sobre la situación en Donbass, ha vuelto a alertar de la posibilidad de que se reanuden los combates. En términos similares se ha manifestado la OSCE, que junto a Rusia y Ucrania anunciaba como un éxito el acuerdo para prohibir la realización de maniobras y entrenamiento militar a menos de cinco kilómetros de la línea del frente.

Pese a la incertidumbre que han causado los bombardeos a la población civil y el temor al inicio de batallas similares a las de hace ahora un año, Kiev no ha iniciado una ofensiva a gran escala, lo que sugiere que los bombardeos de las últimas semanas pueden tener un objetivo más político que militar.

Como demuestra la ocupación de la zona neutral, el Ejército Ucraniano no ha renunciado de ninguna manera a los avances militares, pero los bombardeos son también la advertencia de que Ucrania solo continuará el proceso de Minsk en sus términos. Con sus actos, el Gobierno de Kiev  trata de dejar claro que solo la rendición política y la aceptación de los términos ucranianos tanto en materia electoral como en lo que respecta al futuro de la zona harán cesar definitivamente sus bombardeos.

468331ff874cf9a2ca64cbcb92f8acdcPero las declaraciones y los planes sin sentido que se han publicado en las últimas semanas dejan claro también que Ucrania es consciente de las dificultades que supone el escenario electoral. De ahí que haya tratado de evitarlo a toda costa y que siga exigiendo recuperar el control de la frontera y la presencia de fuerzas de paz internacionales, algo también contrario al acuerdo de Minsk. En esos términos se manifestó hace unas semanas el ministro de Asuntos Exteriores Pavlo Klimkin, que exigía la presencia de una misión armada de la OSCE que recuperara para Ucrania lo que el Ejército Ucraniano no había podido recuperar: el control de la frontera. Esta opción lleva implícita la exigencia de desarme de las milicias, única garantía de seguridad para la población y última vía de presión para que Ucrania cumpla con sus compromisos.

Se ha publicado también que el presidente Poroshenko estaría valorando la posibilidad de celebrar un referéndum en el que sería la población la que aprobara o no la “autonomía” para las regiones de Donbass, un término erróneo utilizado por la prensa occidental que no se corresponde con el autogobierno local que se prevé en el acuerdo de Minsk. Según la prensa ucraniana, el principal problema de la propuesta, que en caso de ser rechazada daría a Ucrania la posibilidad de apartarse del proceso de Minsk, sería precisamente la necesidad de incluir a la población de Donbass en la consulta.

La prueba definitiva de que Ucrania no está dispuesta a conceder ningún tipo de autonomía más allá de una descentralización administrativa y un autogobierno local con poderes limitados es la propuesta más alocada que se ha publicado en las últimas semanas.  A mediados de marzo, la prensa informó de la existencia de lo que se denominaba “plan Medvedchuk” para resolver el conflicto en Donbass. La base del plan de este político que se considera cercano a Vladimir Putin era sustituir a los actuales líderes de la RPD y la RPL por candidatos aceptables tanto para Kiev como para Moscú.

Todas estas propuestas tienen en común, no solo que ignoran los compromisos que Ucrania adquirió en Minsk, sino que tratan de evitar la participación de la población de Donbass en la toma de decisiones. Las elecciones locales solo son posibles en términos ucranianos y sin la participación de quienes han defendido durante dos años a la población de los ataques ucranianos, mientras que Poroshenko ni siquiera plantea la posibilidad de que sea la población la que elija al gobernador de la región. Ucrania exige a las Repúblicas Populares anular el resultado de las elecciones del 2 de noviembre de 2014 no para que el gobernador pueda ser elegido en unas elecciones que considere libres y justas sino para allanar el camino a un nombramiento que llegue de Kiev.

En este caso, el llamado plan Medvedchuk propondría, según la prensa ucraniana, al oligarca Rinat Ajmetov y al líder del Bloque Opositor Yuriy Boyko como gobernadores de las regiones de Donetsk y de Lugansk respectivamente.

Las reacciones no se hicieron esperar. Igor Plotnitsky, líder de la RPL, calificó la idea del posible nombramiento de Yuriy Boyko para el puesto de gobernador de la región de Lugansk como “otra estupidez” y afirmó que sería detenido nada más cruzar la frontera de la República. “Por dos motivos: como cómplice de los castigadores de Kiev en su apoyo a la operación antiterrorista y el genocidio de nuestro pueblo. En segundo lugar, como cómplice del oligarca ucraniano Sergey Kurchenko, cuya presencia o la presencia de sus asociados está prohibida en el territorio de la República”, afirmó.

El líder de la RPD, Alexander Zajarchenko, también aconsejó a Rinat Ajmetov y Yuriy Boyko no inteferir en Donbass. Zajarchenko recordó también que la idea de que Kiev nombre a los líderes de las regiones de Donetsk y de Lugansk es contraria al acuerdo de Minsk. “Ofrecernos a oligarcas como gobernadores es inútil. Esto con respecto a Rinat Ajmetov. No estamos en contra de los empresarios. Al contrario, que trabajen en la República y paguen impuestos. Pero si a un empresario se le entrega el poder, como dicen en la prensa ucraniana, es un ejemplo de libro de oligarquía. No es para nosotros. Donbass nunca aceptará un sistema oligárquico”, afirmó.

Zajarchenko también acusó al Bloque Opositor de complicidad en el genocidio de  la población de las Repúblicas Populares: “para este partido, el ticket de entrada para participar en las elecciones locales es una rectificación pública ante nuestros residentes y la condena de los crímenes del régimen de Kiev. Sin eso, no les recomiendo que vengan a Donetsk o a Lugansk. Las Repúblicas Populares tienen buena memoria”.

En su intento por reescribir el resultado de la guerra, en la que no fue capaz de derrotar a las Repúblicas Populares, Poroshenko confía en que Zajarchenko se equivoque y que la retórica nacionalista y triunfalista unida a la propaganda y a prometer viajes a Europa sea suficiente para que la población olvide lo que vio con sus propios ojos: quién bombardeó sus pueblos y quién disparó, y sigue disparando, contra sus casas.

Kiev ha dejado claro que su mayor temor no es a los tanques rusos o a la ocupación económica de Moscú, ni siquiera a que la continuación de la guerra mine aún más su ya maltrecha economía, sino a la propia población de Donbass y a su rechazo a las políticas de la nueva Ucrania. Dispuesta a seguir bombardeando la zona hasta la rendición y completa sumisión, Kiev ha dejado claro que el bienestar de la población de Donbass no importa. Su opinión, tampoco.

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