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Agresión, Anticomunismo, Batallón Azov, Derechos Humanos, Enfrentamientos, Kiev, Lviv, Oposición

Prohibida la disidencia

29809Desde el inicio de las manifestaciones masivas en la plaza de la Independencia, que meses después, tras el golpe de Estado del 22 de febrero de 2014, darían lugar a la llegada de los gobiernos proeuropeos de Turchynov-Yatseniuk y de Poroshenko-Yatseniuk después, el discurso ucraniano se ha basado en ensalzar la lucha del país por un futuro europeo y democrático, entendiendo esos dos términos como prácticamente sinónimos. En realidad, la nueva Ucrania miraba más a la OTAN, o a Estados Unidos, que a la UE y no tardaría en mostrar su agenda nacionalista, poniendo por encima de todo los intereses de los buenos ucranianos y marginando a todo el que se opusiera al ensalzamiento de una historia que, en realidad, no existe.

Tras lemas vacíos y expectativas que no se correspondían con la realidad, la situación económica y política recuerda que, dos años después de la victoria de Maidan, el nuevo Gobierno solo ha conseguido uno de sus objetivos: llegar al poder y mantenerlo. El Gobierno de Maidan no solo no ha reducido la corrupción -una de las principales reivindicaciones de las protestas- sino que ésta ha aumentado. Tampoco ha conseguido estabilizar la economía ni frenar la caída del valor de las pensiones. Ucrania, que sigue contando con el inestimable apoyo de autoridades y prensa occidental en su intento de reescribir también el presente, ha demonizado, marginado o incluso encarcelado a quienes han pretendido ejercer la oposición.

Después de perder definitivamente Crimea y causar una guerra que deja ya prácticamente 10.000 muertos, el principal logro social del Gobierno ucraniano puede ser la posibilidad de conseguir la liberalización de visados con la UE, una opción que no implica permiso de trabajo, por lo que los ucranianos que opten por emigrar a la soñada Unión Europea se verán condenados a trabajar en la economía sumergida, en condiciones precarias y sin derechos.

Pero ni la guerra, ni la difícil situación económica que atraviesa gran parte del país, ni el fracaso del Gobierno han logrado hacer desaparecer la esperanza que las élites ucranianas han puesto en una idea de Europa que se ha adaptado a las necesidades políticas ucranianas en cada momento. Si durante las protestas de 2013 y 2014 los valores europeos eran los de dignidad, mejora de la calidad de vida o democracia, dos años después, esos valores se traducen en medidas neoliberales de privatización y destrucción de la industria, en lo económico, y de rechazo a todo lo ruso, en lo político.

lenin zap

Retirada de la estatua de Lenin en Zaporozhie

El intento de hacer desaparecer todo indicio del pasado común de Rusia y Ucrania ha supuesto cambios de nombres de ciudades, desmantelamiento de monumentos soviéticos –esta misma semana se derribaba el monumento a Lenin más grande de Europa, en Zaporozhie-, la revisión de la historia en términos nacionalistas o la prohibición de partidos como el Partido Comunista de Ucrania para dejar así a toda la Ucrania industrial sin alternativa política. Todo ello en nombre de la democracia. Los valores europeos de democracia y tolerancia  sirven en Ucrania para legitimar una acción política basada en la prohibición de opciones políticas o en la represión de lo que se aleja del pensamiento dominante.

Lo han demostrado con sus actos el Estado y quienes, con impunidad, actúan con agresiones y amenazas contra las opciones políticas incómodas para el Gobierno o inaceptables para la extrema derecha nacionalista . Solo en la última semana, grupos violentos han agredido, ante la pasividad policial, a los participantes en una convención por los derechos de la comunidad LGBT que se celebraba a puerta cerrada en Lviv para evitar el previsible ataque de la extrema derecha o a una manifestación antinacionalista en Kiev.

Con el tiempo toda opinión que difiriera del relato nacionalista del presente y del pasado que ha construido el Gobierno ucraniano -en muchos casos heredado de Viktor Yuschenko- se ha calificado como separatismo. Cualquier postura que no resultara suficientemente anti-rusa o anti-soviética se ha llegado a considerar una forma de separatismo y una traición a la patria, una forma de eliminar a la oposición que la Unión Europea, que dice tener la democracia como su principal valor, no se ha molestado en criticar.

Toda disidencia, por pequeña que esta sea, puede ser reprimida. La vida de los pro-rusos o separatistas –en realidad ciudadanos que solo pedían firmas para un referéndum de autonomía- en Odessa no merecía protección, como tampoco merecen justicia los acusados, sin prueba alguna, por los disturbios que causaron la muerte de varios ucranianos nacionalistas. Los mismos grupos violentos que se convirtieran en las fuerzas de choque de la revolución de Maidan pueden amenazar a los jueces o agredir a los acusados sin que haya consecuencia alguna.

17 de maarzo

“17 de marzo. El pueblo eligió la Unión”

De la misma forma, sin temor a ninguna reacción policial, miembros del batallón Azov y de otras organizaciones de la extrema derecha nacionalista ucraniana pueden agredir a un pequeño grupo de manifestantes, muchos de ellos pensionistas, que se reunieron hace unos días en Kiev en una concentración liderada por Natalia Vitrenko, líder del Partido Socialista Progresista y organizada por la Oposición de izquierdas, un grupo de partidos y organizaciones de izquierdas que no ha conseguido captar la atención de la población ucraniana. Junto a Vitrenko se encontraba también Alexander Bondarchuk, exdiputado del parlamento y acusado de amenazar “de forma indirecta” la integridad territorial de Ucrania por haber publicado una entrevista a Pavel Gubarev. Hace ahora un año, Vitrenko encabezaba una manifestación de apoyo a Bondarchuk en la primera vista del juicio. Tras nueve meses en prisión preventiva, el periodista fue liberado el 31 de diciembre de 2015.

Bajo el lema “el pueblo eligió la Unión”, los manifestantes se concentraron frente al Museo Nacional de Historia de Ucrania para conmemorar el 25º aniversario del referéndum del 17 de marzo de 1991 en el que tanto el pueblo ruso como el ucraniano votaron a favor de mantener la unidad del país, la Unión Soviética. Aunque la concentración había sido anunciada y aprobada de antemano, las imágenes de los incidentes muestran que no había presencia policial en las inmediaciones. En un comunicado publicado en su web, Natalia Vitrenko afirma haber solicitado esa presencia policial ante la posibilidad de un ataque de la extrema derecha, habitual en actos políticos no organizados por partidos u organizaciones nacionalistas.

La versión publicada por el Batallón Azov

Sin presencia policial y en un acto perfectamente planeado, un grupo de miembros del batallón Azov y de otros grupos de extrema derecha se abalanzaron contra los manifestantes para lanzar pintura blanca sobre ellos y arrebatarles sus banderas y sus carteles. Esa es al menos la versión del batallón Azov, que publicó un vídeo con una versión reducida de los hechos. En un comunicado publicado en sus perfiles oficiales en las redes sociales, el batallón se jactaba de haber reducido a los manifestantes y haber requisado material pro-ruso y separatista.

En realidad, los manifestantes portaban banderas rojas y azules y de la Ucrania soviética  y de la Oposición de Izquierdas también basadas en la bandera de la República Socialista Soviética de Ucrania y carteles recordando el papel de la Unión Soviética en la historia de Ucrania. Ucrania es producto de la sovietización, recordaba uno de esos carteles.

Al margen de los hechos, la prensa ucraniana, al igual que los miembros del batallón Azov, calificó a los manifestantes de separatistas y volvió a recordar que en la Ucrania europea, cualquier disidencia puede ser reprimida. También la de un grupo de pensionistas que osaron recordar a los nacionalistas una verdad incómoda que la nueva Ucrania nacionalista está empeñada en hacer olvidar: que Ucrania es, al menos en parte, consecuencia de su pasado soviético.

Reescribir la historia no es un problema para la nueva Ucrania. De la misma forma que se reescribe el pasado para resaltar a unos héroes por encima de otros –a los miles que lucharon del lado de OUN-UPA del lado de la Alemania Nazi frente a los millones que lo hicieron en el Ejército Rojo, por ejemplo-, los nuevos héroes ucranianos también están dispuestos a reescribir el presente. Así lo demuestra el vídeo completo del enfrentamiento entre los miembros del batallón Azov y varios pensionistas.  Golpeados con sus propios bastones, los pensionsistas ofrecieron una resistencia inesperada para los militantes nacionalistas que les obligó a abandonar el lugar y a publicar un vídeo que solo contenía el primer asalto para poder así cantar victoria. Minutos después, una ambulancia atendió al único herido grave.

Versión publicada por Natalia Vitrenko

Con sus actos, Ucrania ha demostrado estar dispuesta a aplastar cualquier acto de rebeldía, aunque eso suponga permitir que matones con la cara tapada agredan y amenacen a un grupo de pensionistas a los que acusan de separatismo por manifestarse pacíficamente en la capital del país para recordar que, donde las autoridades ucranianas buscan ahora construir un muro, tanto físico como ideológico, el pueblo soviético, también el ucraniano, eligió mantener unido al país.

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